domingo, 23 de mayo de 2021

NOTICIA SORPRENDENTE DEL HOMBRE DEL BAR

 Foto: J.X.

El hombre del bar viene hoy acompañado. Nos presenta.

Muy sorprendido, le digo que ya conozco a sus acompañantes, y él me responde que ya lo sabe. Quienes lo acompañan son el espíritu que resbala con las flores y el espíritu que bebe cerveza natural, templada, haga frío o calor.

Les digo que es una coincidencia muy grande, muy extraña. Pero me explican que no es ninguna coincidencia.

Resulta que el hombre del bar (hoy ya compañero de tertulia) también hace visitas al bosque de los espíritus para estar un rato con su novia muerta, y allá, en una de sus frecuentes visitas, por mediación de su novia, conoció a una novia muerta que le habló de mí y le pidió que viniera al bar y me conociera. Le dijo que podríamos hacernos un poco de compañía y compartir la ausencia refugiados en este bar solitario, hablando de nuestras cosas, aunque ya le advirtió que hay días que "él está absorto, lejos de todo y de todos, y no suele hablar de casi nada".

Él aceptó el encargo amoroso, y fue así como nos conocimos en el bar, en un encuentro premeditado, organizado desde el bosque de los espíritus por las novias muertas, sin que yo lo sospechara.

Pero hoy han querido venir los tres juntos al bar, los dos espíritus y él, para hacerme esta revelación e iluminar el misterio cotidiano en que hemos estado viviendo ambos en el bar: él contándome historias y yo escuchándolas, y hablando apenas, como ya le habían anunciado en el bosque de los espíritus.

Resuelto el enigma de las idas y venidas entre el bosque de los espíritus y el bar, brindamos los cuatro con dos cervezas frías y dos cervezas naturales, templadas, una para el espíritu friolero y otra para mí, que aún no estamos en verano, comento. El compañero del bar y el espíritu que resbala con las flores se sonríen al vernos a nosotros dos brindando con un vaso de cerveza templada.

sábado, 22 de mayo de 2021

UNOS PÉTALOS EN EL SUELO

 Foto: J.X.

Con un vaso de cerveza entre las manos, como si rezara, me ofrece un poema:

En el balcón hay una planta cuyas flores se deshojan al menor soplo de aire.

Recoge unos pétalos que hay en el suelo. Los acaricia.

Con la punta de los dedos, toca la suavidad, la delicadeza de estas flores que se deshojan enseguida con el aire.

Con la punta de los dedos, toca la ternura que se oculta en la tierra de esta maceta cuyas flores son tan frágiles.

Son sus flores, las de este balcón, son las flores de la novia muerta.

Unos días después, apartó las macetas y se arrojó por el balcón. Era un segundo piso y tuvo la mala suerte de sobrevivir, como decía él mismo. Pero quedó cojo de la pierna derecha. Así pues, ahora, para mayor tragicomedia, viviría cojeando.    

...................................................

Cuando vuelvo a casa, abro el balcón y veo una estrella fugaz.

Hay unos pétalos en el suelo del balcón. Imito al personaje del poema que me ha ofrecido el compañero del bar, y con la punta de los dedos toco los pétalos caídos, la flor, la tristeza. No aparto las macetas.


viernes, 21 de mayo de 2021

UNA MANO EN EL BALCÓN

Foto: J.X.

Aunque nos encontramos en un bar de mala muerte, hay días en que abunda el ruido alocado de la vida, y se hace difícil hablar. Una o dos voces estentóreas son capaces de acabar con el sosiego que necesito para escuchar a mi compañero de bar. De todos modos, pese al jolgorio que suena y resuena en una de las mesas, escucho con atención lo que me cuenta (esta vez no me habla mediante susurros y le oigo mejor).

Ayer por la mañana, me dice, la mano de la novia muerta se posó en su mano y lo condujo hasta el balcón para que no se olvidara de regar las plantas. Si no llueve, hay que regarlas por lo menos cada dos días. Las plantas y la flores son muy frágiles, y pueden morir de delicadeza por culpa de nuestra indiferencia, si no las miramos y las atendemos como es debido, concluye mi compañero de bar.

No hablamos más. El ruido nos expulsa del bar de mala muerte.

jueves, 20 de mayo de 2021

LA CRUCIFIXIÓN INTERIOR

Foto: J.X.

Cada día apuro el cáliz amargo de una cerveza en este bar de mala muerte, donde nos hemos conocido, me dice.

Y prosigue, hablándome en susurros:

Digo de mala muerte porque este lugar es el único que puede acogerme para apurar otro cáliz y hacer más llevaderos los pasos con que voy ascendiendo al Monte de las Cruces.

Mortificado por dentro a lo largo de la ascensión, cuando llegue a la cumbre estaré ya crucificado y muerto (les ahorraré una cruz a los verdugos), y podré ya ser arrojado abajo, directamente al vertedero con los otros crucificados que no son santos ni inocentes, como Cristo, sino culpables por haber malbaratado la vida de la peor manera.

No confesaré, no te confesaré nada más. Aunque sí que puedo añadirte que apuro el cáliz amargo de cerveza que me sirven cada día en este bar -en este lugar de mala muerte que acoge mi crucifixión interior-, por haber cometido delitos de amor en mi vida abismal, alucinada (ahora dicen “vida marginal, vida maldita”, no saben lo que dicen).

Hay arrepentimiento y castigo íntimos, como lo prueba la crucifixión interior que te destruye, pero no habrá confesión de los pecados en un confesionario, ni penitencia ni absolución de la pena. Hay autocastigo, crucifixión de uno mismo en soledad, incomunicado de todo el mundo, pero no habrá confesión, ni penitencia, ni perdón. Faltan las palabras.

Cuando salimos del bar y nos despedimos, nos separamos como si cada uno arrastrara por dentro una cruz, dudando al avanzar por la calle, después de apurar otro cáliz amargo de cerveza. Cada uno con su cáliz, cada uno con su cruz. Por delitos de amor.

miércoles, 19 de mayo de 2021

LA HUMEDAD

Foto: J.X.

Vivía en una ciudad húmeda desde que nació, y además en un barrio cerca del puerto. No es de extrañar, pues, que las manchas de humedad fueran una constante en su vida.

Aparte de las típicas manchas de humedad en las paredes de las casas, él sentía también la acción agresiva de la humedad en su interior.

Le costaba mucho recuperar el calor del cuerpo, incluso en verano. En cuanto al alma, siempre la tenía con escalofríos, con el consiguiente debilitamiento general.

Como si las manchas de humedad se hubieran instalado dentro de su cuerpo y se extendieran hasta manchar el alma. Como si ésta fuera un trozo de pared húmeda que le provocaba esos escalofríos que lo debilitaban para llevar una vida normal.

Esas manchas de humedad que aparecían en su interior imposibilitaban cualquier equilibrio, y por eso dudaba tanto cuando salía a la calle y coincidía con algunos amigos o conocidos: siempre estaba a la espera de que se produjera, en cualquier momento, la próxima caída.

Cuando la duda se agudizaba y los escalofríos del alma lo amenazaban con sepultarlo en la humedad, se veía obligado, con toda la discreción posible, a recurrir a algún pretexto urgente para irse cuanto antes y abandonar cualquier relación o reunión. Intentaba huir, salvarse de la corrosión de las manchas de humedad en el corazón, que lo iban desconchando poco a poco hasta abrirlo y resquebrajarlo.

lunes, 17 de mayo de 2021

LA DESPEDIDA

Foto: J.X.

Me invita a una cerveza, y cierra un ojo (esta vez no es uno de sus guiños habituales), antes de hablarme de la muerte.

Cuenta que en la memoria resonarán siempre los pasos de la muerte cuando uno la ha oído acercarse por los pasillos de los hospitales o de las casas.

De vez en cuando se oculta, como si no estuviera. Pero está ahí, merodeando arriba y abajo por el pasillo.

Hasta que se decide a empujar la puerta señalada, entrar en la habitación y llevarse a la víctima que ha escogido hoy. La víctima, indefensa, abre mucho los ojos, como despedida desesperada, en un grito silencioso, más como rebelión última de la naturaleza que de acatamiento o resignación. No sabemos si, mediante esa mirada, vislumbra un lugar de luz, o una oscuridad inmensa, o nada...

Quien está a su lado, indefenso también en este momento único, de abandono mutuo, definitivo, calladas todas las palabras, deslumbrado por esa mirada fija cuyo vacío no puede describir ni entender, le cierra los párpados en un acto amoroso final, que nunca olvidará, por mucho que el mundo le gaste el alma.

domingo, 16 de mayo de 2021

LAS DOS PARTES, LAS DOS MITADES

Foto: J.X.



Cuando me lo contó no podía comprenderlo.

La muerte -me dijo-, con una fina hoja de acero, le había cortado por la mitad, seccionándolo en dos partes casi iguales.

Pero estaba condenado a sobrevivir con las dos mitades a cuestas: una mitad, viva, y la otra mitad, muerta.

Una de las dos partes, la viva, mueve los pies y anda todavía por ahí, vagando por las calles y mirando al azar, o entrando en este bar, donde a veces nos encontramos.

La otra parte, la muerta, la del corazón muerto, cuelga detrás de la parte viva, atada a su espalda, como si arrastrara un gran saco de días y recuerdos acumulados -unos, maltrechos, rotos a pedazos; otros, enteros, pero embalsamados-, todos ensangrentados desde el día en que la vida fue cortada en dos, por la mitad.

Vida de otro tiempo embutida en un saco de muerte sangrante, un saco agujereado, que gotea por las costuras y va dejando un rastro de sangre allá por donde pasa la parte viva y la parte muerta.

Ahora, con el paso del tiempo, he comprendido lo que me contó sobre las dos partes, las dos mitades de su vida.

sábado, 15 de mayo de 2021

ABRIR Y CERRAR LA PUERTA

 Foto: J.X.



Oigo unos pasos ligeros en la escalera.

Se detienen en el rellano de mi casa y llaman a la puerta.

Abro y no hay nadie. Sin embargo, ella entra, sin que yo la invite a pasar.

Le pregunto quién es, cómo se llama. Y me responde que es la representación de la ausencia, la mediadora entra la vida y la muerte.

Nos acercamos al balcón y hablamos un rato, de pie. Me informa que ha venido a quejarse de mi insistencia como doliente. Se queja de que siempre me lamento y la acuso de mis males a ella, a la ausencia. Le digo que lo siento por abusar de su nombre.

Hablamos un poco más. Me recrimina también que hace días que no visito ni brindo con la novia muerta. Mucho lamentarse en casa y quejarse de la ausencia, y luego... Le pido disculpas una y otra vez, le ruego por favor que me perdone por recurrir tanto a ella y evocar su nombre.

Ahora tiene que irse ya. Le doy una flor de una maceta del balcón,  como prueba de cordialidad y desagravio, y nos despedimos.

Abro y cierro la puerta, sin hacer ruido, y ella, la ausencia, baja por la escalera con pasos ligeros.

En casa, hay una pared resquebrajada, con una mancha de humedad,  rectangular, que aparece y desaparece según el clima de los días, como si hubiera un ojo triste en la pared que a veces llorara a escondidas. 

Hay unas señales grabadas dentro de ese rectángulo húmedo, que semejan esas rayas en la pared de una cárcel que cuentan los días que van pasando.


viernes, 14 de mayo de 2021

LA CAÍDA AL ÚLTIMO VACÍO

 Foto: J.X.

Al final, el alma se le cayó de la penúltima palabra, al vacío, como si ésta, la palabra, fuera un acantilado, y el alma un escalador que tiene mala suerte al poner el pie en el saliente de una roca.

O tal vez le ha abandonado la fe para seguir la ascensión. O le han faltado las fuerzas para escalar, palabra a palabra, todos los obstáculos que se interponían al subir hacia la misteriosa cumbre, de donde nadie -si hubo una vez alguien que la alcanzó- ha regresado jamás para contarlo.

Así fue la caída desde la penúltima palabra, la caída al último vacío, y el desamparo dejó de mortificarle.

jueves, 13 de mayo de 2021

DESPERTAR


Foto: J.X.

En el bar estamos él y yo, solos, tranquilos, como en una iglesia.

Mira de reojo a la calle y me dice que el problema no es despertar al día siguiente, despertar a la vida de nuevo, sino despertar y vivir un día más la violencia de todo tipo, violencia política, violencia laboral, violencia amorosa, violencia callejera. Despertar, además, a ese control administrativo, agresivo, del cuerpo y el alma, para identificarte de los pies a la cabeza, sin escapatoria. Todo es indiferencia, todo es violencia. En este mundo eres un simple número, zarandeado por todas partes, a cada momento.

Desde que naces y despiertas a la vida (exceptuando a madres y padres, pero no a todos), nadie se esfuerza por tutelar amorosamente los pasos de tu vida, sin valerse de la coacción para dominarte.

Por eso mismo -resume-, despertar cada día no es para él una satisfacción, sino una prolongación de la violencia constante, cuya visión no le deja reposar completamente en ningún lugar de la ciudad, salvo en algún bar como éste o en una iglesia un día laborable.

Porque, cuando menos te lo esperas, ahí surge de nuevo un problema grave, sangrante, otra violencia. Ahí está esperándote otra vez el golpe, la sangre derramada.

Por eso hay quienes, como él, preferirían no despertar, no ver ni un día más el mundo terrible de siempre.

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL CONFESIONARIO

 Foto: J.X.

El vagabundo entra en la Iglesia de Betlem a descansar un rato.

Se sienta en el banco solitario de una capilla donde está el confesionario, justo enfrente del banco.

Al cabo de unos minutos se presenta un sacerdote joven -el padre confesor-, abre con llave las dos puertas del confesionario y enciende las dos luces interiores. Le invita a pasar, a entrar a confesarse. Pero el vagabundo le dice que no, que no está esperando para confesarse, que sólo ha venido a descansar. El confesor mueve un poco la cabeza y no dice nada. Merodea un rato por la capilla, como si aguardara una rectificación por parte del vagabundo, que le animara a confesarse.

¿Acaso no tenía nada que confesar?, parecía preguntarle a veces, mirándole de soslayo. Al contrario -le hubiera contestado-, su delito no podía ser absuelto ni en éste ni en ningún otro confesionario, ni en otro lugar, por ejemplo un tribunal de justicia, tampoco.

Como el sacerdote sigue ahí, dando vueltas por la capilla, como a la espera de un penitente, el vagabundo se levanta y busca reposo en el banco de otra capilla de la Iglesia. Acto seguido, el joven confesor apaga las luces y cierra otra vez con llave las dos puertas del confesionario.

Hay vagabundos y otros solitarios sin esperanza, que entran y salen de las iglesias para descansar de las calles endemoniadas y conseguir unos instantes de paz interior. No van a confesarse.

En realidad no pueden confesarse con nadie: les falta la esperanza y la palabra. No pueden pedir la absolución y recuperar la inocencia: un alma muerta o un corazón arrancado no puede hablar, no puede abrirse para ser escuchado, utilizar la palabra para comunicarse y sanar. Los arrepentidos, los absueltos mediante la confesión y el cumplimiento de una penitencia, son aquellos que aún pueden hablar en un confesionario o delante de un juez cualquiera, y reconciliarse con el mundo.

Los vagabundos y los solitarios con el alma muerta merodean arriba y abajo por caminos de perdición, en silencio, sin palabras, donde no hay salvación posible. Por lo menos, entre los límites de ese mundo roto, desesperado.Y más allá, quizá tampoco...

martes, 11 de mayo de 2021

MERODEANDO POR LA CALLE CON EL BOLSILLO AGUJEREADO

Foto: J.X.

Tristeza en el bolsillo.

La mano escarba. No hay nada. El bolsillo tiene un agujero, un diminuto vacío, por donde se escapa un trozo de alma, que cae al suelo y es pisoteada por el bullicio de la calle.

En el bolsillo sólo queda, en torno al vacío del agujero, un conjunto de hilillos rotos con los que la mano hace un pequeño ramo de tristeza.

Nadie sabe nada, ningún transeúnte percibe el aroma del ramo de la tristeza oculta.

lunes, 10 de mayo de 2021

UN VALS NOCTURNO

Foto: J.X.

 

Eran dos viejos amantes que, pasada la medianoche, salían de su tumbas y bailaban un vals.

Mientras bailaban, ambos silbaban la melodía de un famoso vals, El Danubio Azul.

Sus pasos de baile eran como suaves tropezones alrededor de un ciprés.

Después del baile, cada uno regresaba a su nicho.

Los viejos amantes se habían suicidado juntos. Pero como no estaban casados ni habían previsto nada para el día después de su muerte, los descendientes enterraron a cada uno en el nicho que las familias respectivas tenían alquilado.

Por eso estaban separados en nichos distintos y, para verse, se citaban cada día, pasada la medianoche, junto a un ciprés. Se daban la mano, paseaban un rato y, antes de despedirse, bailaban un vals alrededor del ciprés, con suaves tropezones.

Mañana volverían a la cita.

domingo, 9 de mayo de 2021

UNA LUCHA DESIGUAL

 Foto: J.X.

No has escrito todas las palabras, aunque sí que has repetido una y otra vez algunas palabras y frases y variaciones sobre las mismas. ¿Por qué? ¿Una cuestión de estilo? Creo que no. ¿Cuál es el problema, entonces?

Es la mano alargada de la tristeza, que se introduce sin contemplaciones dentro de uno, sacudiéndole el alma y vampirizándole el cuerpo, desangrándalo hasta alcanzar la extenuación de la tristeza.

Frente a este ataque brutal, hay algunas palabras y frases de defensa que, con sus variaciones oportunas, se vuelven necesarias para oponerse a esta agresión desmedida de la tristeza.

Una lucha por otra parte desigual, ya que esa tristeza agresiva, tan violenta, no puede ser vencida sino con la muerte común de uno mismo y de la tristeza, desangrados ambos en el cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo, quedando el alma colgada en el vacío. 

Acabando de ese modo la vida y toda aquella tristeza que alargaba la mano dentro de ti, chupándote la sangre y manoseando el alma.

viernes, 7 de mayo de 2021

CUANDO LA AUSENCIA AGRIETA LAS PAREDES

 Foto: J.X.

No tengas prisa por llegar a casa. La ausencia no saldrá por el balcón, ni se irá por la ventana.

Te custodia la casa desde que vino y se instaló un mal día. Comenzó a señalar las paredes, a marcarlas, con cada uno de los recuerdos que se escondían en la casa. Los buscaba por rincones y armarios. Éstos pueden ser pequeños, grandes, buenos o malos recuerdos. A la ausencia, que te custodia la casa, no le importa el tamaño ni la calidad de esos recuerdos: los marca todos rascando las paredes. Hasta que uno de ellos perfora más que los otros, las agrieta y las hace sangrar.

Será después, quien regrese y viva entre esas paredes rascadas, el que sufrirá lo que la ausencia haya marcado con sangre. A no ser que una plegaria invoque a lo desconocido y un tiempo favorable descienda sobre el balcón y la ventana. Y entonces las flores se ramifiquen y broten en las paredes, aliviando el dolor, limpiando la sangre al florecer en las rascaduras y vacíos que la ausencia a abierto entre un recuerdo y otro.

(Al acabar de escribir este texto, una chica grita en la calle de una forma desgarradora, apoyando la cabeza y una mano en las paredes de las casas. En la otra mano, lleva la correa de un perrito asustado. La he visto gritar desde el balcón de casa. Nadie se ha acercado a ella, por temor. Se ha ido por otra calle, gritando. Luego, el silencio.)

Las palabras se habían convertido en un presagio aterrador del grito.

jueves, 6 de mayo de 2021

COMO UNA HORMIGA

 Foto: J.X.

Viene por detrás y se pone a mi lado, en un taburete de la barra del bar. Nos conocimos hace ya unos cuantos días, y siempre me sorprende: hoy me dice que se siente como una hormiga.

Pero que hay una diferencia entre ellas, las hormigas, y él. A simple vista, dice, si uno las observa bien, puede ver que corren en zigzag, como sin rumbo. Aunque no es así. Ellas corren en busca de algo, alimento o la ruta de su nido, el hormiguero. Aquel zigzag, pues, que parece una correría alocada, siempre tiene una finalidad, un destino.

Él, por el contrario, que anda también en zigzag por un enorme territorio, no sabe a dónde va, cuál es su destino.

De todos modos, dice, tampoco le importa mucho a donde le lleve ese vagabundear, ese recorrido sin sentido. Sea cual sea el punto de llegada, ya sabe que no encontrará lo que ha perdido. Nunca.


UN ESTORBO

 Foto: J.X.

Era una mujer que se consideraba un estorbo, un trasto inútil, como una cosa vieja que estaba de más y sobraba.

A las 10 de la noche bajaba a la calle con una silla y se sentaba a esperar.

Esperaba que llegara, con puntualidad, el camión de los trastos viejos, y a ver si esta vez tendría más suerte, se decía, y querrían recogerla y llevarse en el camión de los trastos viejos toda aquella vida  que se le había ido acumulando, envejeciendo por los rincones de la casa.

Pero los del camión no le hacían caso, ni miraban siquiera aquel bulto que se movía en una silla, y pasaban de largo.

Entonces, subía otra vez por la escalera, con la silla a cuestas. Hasta el día siguiente, a las 10 de la noche, que bajaba otra vez a la calle para esperar de nuevo al camión de los trastos viejos. Volvería a intentarlo, un día tras otro. Porque ella tenía en su casa toda una vida muerta que sobraba, que era una basura, un estorbo, les decía, e insistía para que lo recogieran todo y se lo llevaran cuanto antes, lejos de aquí, lejos de su casa, donde ya todo había muerto. Ella también, aunque nadie se diera cuenta, ella también había muerto, estaba muerta, ¿no querían llevárselo todo, por favor?


lunes, 3 de mayo de 2021

EL ALMOHADÓN DEL VAGABUNDO

 

Un vagabundo, un “sin techo”, que duerme, se despierta y malvive junto a una muralla romana de Barcelona, cuando se hace de día pone un cojín negro, uno de esos pequeños almohadones de sofá, a un lado del Paseo de la Muralla, con un bote de tomate vacío encima, a modo de corona real, para las monedas de los transeúntes.

Pero se presentan las autoridades y el servicio de limpieza y se llevan el cojín negro y la corona de lata: le advierten que un almohadón de sofá no puede obstaculizar el tránsito peatonal. Ni almohadones ni coronas de lata. El vagabundo no contesta, sólo mueve la cabeza.

Ni en la calle ni en casa se puede vivir tranquilo”, comenta alguien.

No hay lugar, no hay sitio libre para los vagabundos, ni para los enlutados por amor o desamor. Cuando la desesperación del alma se ramifica por dentro e invade todo el cuerpo, apenas si restan unas poca palabras gastadas, que no sirven para mediar ni compartir nada con nadie.

Por eso los vagabundos y los enfermos de amor sienten siempre mucho frío y van muy abrigados: tienen el cuerpo y el alma tan frágiles que se vuelven quebradizos, como un fino cristal expuesto a una corriente de aire frío.

Como almohadones abandonados y coronas de lata, oxidadas, arrojados por el viento de una calle a otra.


domingo, 2 de mayo de 2021

SIN APELACIÓN

 Foto: J.X.

No espera la absolución. Dice que no será absuelto. Ha sido ya condenado por las pequeñas y grandes cosas de la vida, y no hay salida posible: no tiene testigos de descargo, que hablen a su favor.

Al final, se ha hecho realidad, realidad dura, cotidiana, aquel horror del solitario acosado, perseguido, que leía entonces en algunas novelas. Ahora se encarna con dolor en la vida de uno mismo.

Porque de un tiempo a esta parte, aquellas acusaciones y persecuciones, absurdas pero legalizadas, no las sufre un personaje de novela, sino él mismo, en carne propia y en el alma, que van siendo colgadas en el abismo por los garfios del tiempo y sus formularios esclavistas. 

Cada día otra infracción, o un nuevo delito, una pena nueva, por el hecho de vivir. Incluso muerto tienes que declarar y justificar tu estado. Aunque ante la imposibilidad física de presentarte a la oficina de control, aceptan que sea un familiar o un representante tuyo quien aporte los datos de la defunción, para que por fin te den de baja definitiva del mundo. 

Sin apelación.

jueves, 29 de abril de 2021

NO SABEMOS NADA MÁS

Foto: J.X. 

“Agárrate a las palabras”, se decía. “Agárrate a ellas, que soportarán el peso.”

Pero llegó un día en que las palabras ya no podían sostenerlo.

Demasiado peso. No es que llevara muchas cosas encima. Pero el peso de esas pocas cosas le destruye. Cada uno tiene su resistencia, un límite más allá del cual no puede seguir avanzando.

Era el peso de pocas cosas, consideradas una por una, pero el conjunto de todas ellas lo hundía cada vez más

“No puedo con el peso de tantas pocas cosas que me destruyen”, se dijo finalmente, y desapareció por una calle que desembocaba en el mar.

No sabemos nada más.

UNA HISTORIA DE DOCUMENTOS OFICIALES

 Foto: J.X.

Para vivir en este mundo era un aguafiestas, la encarnación viva, absoluta, de la preocupación, de la desesperación, decían los vecinos y otros muchos.

Un ejemplo: como ahora vivía solo, le preocupaba quién pagaría los gastos funerarios del traslado de su cuerpo desde casa o desde el Hospital al Tanatorio (sin ningún tipo de ceremonia, ni religiosa ni civil). Más tarde, la marcha inevitablemente protocolaria al Cementerio (donde, por otra parte, hacía ya tiempo que había contratado un nicho de propiedad para la estancia de la novia muerta, y donde él también reposaría y sería olvidado por el viejo y ruidoso mundo, que decía de él que era un aguafiestas).

Sin embargo, rezaba. Rezaba para que las cosas no le preocuparan ni le pesaran tanto. Rezaba mucho, pero no tenía fe, no creía en nada (él solía decir: "No pidas nunca ayuda a nadie, no pidas cobijo ni esperes que alguien te acoja en caso de necesidad, nadie te acogerá, se anticiparán y te darán mil excusas cuando teman que vas a pedir ayuda, aunque seguramente no la habrías pedido -no podemos, la casa es pequeña, no hay espacio, no tenemos habitaciones...- y te cerrarán la puerta con amabilidad, sintiéndolo mucho, ¿acaso tú no dirías lo mismo si alguien te pidiera refugio?, acepta tu soledad, que estás solo en el mundo, que, rodeados de gente, estamos solos en este maldito mundo"). 

Entonces, ¿por qué rezaba si no tenía esperanza? ¿Era un rezar porque sí, un rezar en vano? ¿Tal vez para alcanzar un día un poco de paz de espíritu, aun sin creencias, sin sentir fe alguna en nada ni en nadie? Nunca lo sabremos. 

Pero lo cierto es que él continuaba rezando. Rezaba al vacío para que las cosas, incluso las más pequeñas, se conmovieran y se apiadaran de su débil espalda y no le pesaran tanto.

martes, 27 de abril de 2021

UN DILEMA

 Foto: J.X.

Se pone a mi lado y me susurra, con un vaso de cerveza entre las manos, como si rezara:

“Si la cara es el espejo del alma, como dice la gente, ¿qué hacer, sino ocultarse, cuando esa cara es el espejo resquebrajado, el espejo roto del alma? Si quieres sobrevivir en sociedad, habría que utilizar alguna estratagema para disimular la herida interna y poner lo que se dice buena cara al mal tiempo. Pero es algo muy difícil cuando el rostro queda tan marcado, como rajado a cuchillazos, por los cristales que se desprenden del espejo roto del alma. En estos casos, lo mejor sería ocultar el rostro, la mala cara, bajo tierra, lo antes posible. Así no habría que soportar que la viera nadie y te preguntara qué te pasa. De todos modos, esto último, levantar la mano contra uno mismo y ocultarse bajo tierra, no está al alcance de todas las manos”.

No sé qué decir, meneo la cabeza y le pongo la mano en el hombro, mientras él sigue con el vaso de cerveza entre las manos, como si rezara.

Él, al observar mis ojos y ver mi silencio triste, me cuenta, quizá para animarme, que en el balcón de su casa tiene muchas flores y, en especial, unas de amarillas. Son unas flores cuya planta arraiga en el corazón de un pajarillo muerto, amarillo, sepultado en una de las macetas. Un “motón de amarillo”, como llamaba su novia muerta al pajarillo: ambos, dice, el pajarillo y la novia, renacen de la tierra húmeda en cada nueva flor amarilla.

Las flores de esta maceta, que antes eran de colores variados en primavera, florecen, desde entonces, todo el año y todas amarillas.


sábado, 24 de abril de 2021

COMO DOS FURTIVOS

 Foto: J.X.

Estamos los dos solos en el bar. Me confiesa que hace días que no va a visitarla. No es por falta de ganas, ni mucho menos, dice, sino que necesita recuperar algo de fuerza física y espiritual para ir a verla y brindar con ella, a escondidas, como novios furtivos entre los cipreses; o como unos viejos amantes recordando aquellos días de noviazgo (también ellos, los viejos amantes, celebraron sus fiestas de juventud y tuvieron sus malentendidos, esos momentos críticos, trágicos, con separaciones dolorosas y reencuentros fríos, al principio, y con reconciliación sentimental al cabo de los días, si hay suerte, advierte).

Se refiere, como siempre que coincidimos un momento en el bar y hablamos, a la novia muerta.

Le escucho en silencio, asombrado y conmovido a la vez por la fuerza de los amores póstumos y los brindis aplazados, a la sombra de los cipreses.

viernes, 23 de abril de 2021

OTRA VUELTA DE TUERCA

 Foto: J.X.

Vueltas y más vueltas alrededor de la ausencia, que provoca, desde la distancia devoradora de sus cuervos, otra clase de vueltas.

Vueltas de tuerca de la desolación en el cuerpo y el alma. La tuerca aprieta y aprieta el tornillo puntiagudo, que ya traspasa la piel, horada la carne, perfora el hueso, y se atornilla más y más, hasta tocar una parte del alma, a la que también agujerea. Ignoramos cuál de los dos, si el cuerpo o el alma, está más atornillado, más acabado, mordiendo el polvo de los callejones solitarios, cada día, laborables y fiestas.

Hasta el estrangulamiento liberador de la última vuelta.

jueves, 22 de abril de 2021

UN SANT JORDI DE OTRO ABRIL

Foto: J.X. 

El detective cantante del barrio, después de buscar y descubrir los libros de poesía que no figuran en los escaparates de las librerías el día de sant Jordi, y habiendo constatado que la poesía se sigue vendiendo muy poco (dejando aparte el misterio de aquellos editores y poetas que proclaman vender mucho, pero que liquidan en el más allá, post-mortem), aprovecha la ocasión, dice, para regalar enigmas poéticos este día de sant Jordi, que es también, no lo olvidemos, el día del libro y la rosa en Catalunya.

Así pues, el cantante detective propone el enigma de un verso de la poeta María José de los Santos: Mil veces mil rosas.

Y como el detective cantante vive en una confusión aritmética (entre otras confusiones, dice), pide ayuda para resolver el enigma sobre la cantidad de flores que hay en Mil veces mil rosas.


ENIGMA: Mil veces mil rosas. Al no poner una coma después de "Mil veces", ¿significa el verso que "cada vez es una rosa" y que, en consecuencia, mil veces equivale a 1.000 rosas?

O bien, "mil veces mil rosas", al no haber una coma que se interponga entre mil veces y mil rosas, ¿lo que nos está diciendo el verso es que en este caso las rosas se multiplican y que, por lo tanto, debemos multiplicar 1.000 rosas por 1.000 veces, y que el producto o cantidad resultante será entonces de 1.000.000 de rosas?


Foto: Judith Xifré (Un día de Sant Jordi, en el puesto de libros en la Rambla, junto al Liceo de Barcelona (de la desaparecida Librería Arrels, de Aurelia Pérez), con Manuel Vázquez Montalbán y un servidor hablando sobre familias y cosas del barrio). 



miércoles, 21 de abril de 2021

UNAS MANOS MUY LARGAS

 Foto: J.X.

Unas manos muy largas, monstruosas, de cien dedos, que le atenazan, que se le enroscan al cuerpo con sus múltiples anillos y le hacen morder el polvo de los rincones.

Es la extensión monstruosa de la tristeza que pone barrotes invisibles en ventanas y balcones de su casa.

Barrotes de ausencia que transforman la casa en jaula o celda donde abundan las manos de cien dedos de la tristeza, que lo agarran, lo arrojan contra el polvo y no le dejan levantar cabeza, fuera de los rincones.

¿Levantar cabeza?, ¿para ver qué?”, pregunta una voz irónica de ultratumba.

La cruda realidad es que, entre las manos largas de cien dedos de la tristeza y los barrotes invisibles de la ausencia, vive como si, resignado, sólo estuviera pendiente de una llamada telefónica que ha de confirmarle el delito de su vida y la anunciada pena de muerte.

martes, 20 de abril de 2021

DEUDA DE SANGRE

Foto: J.X.

Se postraba, sin fe. Se ponía de rodillas en un banco de cualquier iglesia, y se arrepentía de toda su vida, de lo que había hecho y no había hecho. Se arrodillaba, pero sin fe.

Hasta que una noche vio un corazón clavado en la pared de un callejón solitario. Encogido, reseco, ya no sangraba. El corazón parecía llamarle. Se acercó a él y oyó estas palabras: “Por desamor me ves aquí, colgado, clavado en la pared. Y tú me debes, no sé si lo recuerdas, una cantidad de sangre amorosa que me hiciste perder en un juego sucio, con trampas y hechizos de brujería.”

Desesperado, al regresar a casa se encerró en el lavabo y se cortó las venas. La sangre se derramó por el pasillo, fluyó por debajo de la puerta de casa y fue cayendo por la escalera, peldaño a peldaño. Unas gotas se derramaron hasta la calle fluyendo en busca del callejón solitario, donde había aquel corazón clavado en la pared.

Un vecino, mientras tanto, llamó a un ambulancia y consiguieron salvar milagrosamente al presunto suicida.

Pasado un mes, él volvió a entrar en el callejón solitario, en busca del corazón, pero ya no estaba ahí, clavado en la pared. En su lugar había cinco palabras escritas: “Gracias por la sangre derramada.”

Ahora, cuando se arrodilla en las iglesias -sin fe aún-, siente, sin embargo, un estremecimiento inefable entre las costillas, como si el alma no estuviera ya tan arrugada y vacía. 

domingo, 18 de abril de 2021

JUGARSE EL PELLEJO

Foto: J.X.



Si uno vive solo le es más fácil ser piel y hueso y despellejarse.

Despellejarse hasta el alma.

Porque no hay nadie en casa que te espere y te mire a la cara y te advierta que te estás despellejando, que te estás jugando el pellejo.

Solo, puedes seguir con tu tarea, desollándote día a día. 

Después, pasado un tiempo, te aventurarás a recorrer un bosque de huesos, el cuerpo transparente, el tuyo, y llegarás por fin a contemplar el vacío del alma, ya desollada, despellejada dentro de ti.

El vacío del alma, sin el pellejo, un vacío, sin embargo, que pesa hasta la extenuación.

sábado, 17 de abril de 2021

UN OJO

Foto: J.X.

La vida le ha puesto uno ojo más triste que el otro.

Todo está escrito en el ojo más triste.

Sueños, fracasos, extravíos, culpabilidades, humillaciones, engaños, vergüenzas, arrepentimientos, nuevas adversidades y caídas y extravíos al caminar por el laberinto del tiempo, silencios, ausencias mortales, desolación, todo, todo está escrito, pero velado, en su ojo más triste.


viernes, 16 de abril de 2021

TROPEZAR EN UNA ESCALERA INFINITA

 Foto: J.X.

Resignado al absurdo del día a día y al desastre final de todo, andaba por la vida como sonámbulo, entregado, sin defensas ya, tropezando en todos los agujeros y baches de las calles, en todos los charcos y socavones que entorpecían el camino. 

De tal modo, que se hundía cada vez más en ese monstruo de oquedades que era para él la vida cotidiana. Cada vez más abajo, como si hubiera tropezado bajando una escalera infinita, sin llegar nunca al último peldaño, al desastre final.

miércoles, 14 de abril de 2021

MALHERIDOS EN UN ÁNGULO DEL ALMA

Foto: J.X. 

Encontrar la voz y decir lo no dicho. Iluminar lo oculto, todo aquello que un día no fue justamente revelado.

Y desangrarse en cada sonido, en cada sílaba, hasta que el cuerpo y el alma, resecos por el silencio que se desangra, malheridos por lo escondido en un ángulo del alma, renazcan de la misma sangre derramada en la voz, en las palabras.

Encontrar la voz y decirlo.

lunes, 12 de abril de 2021

¿QUIÉN HAY MÁS?

Foto: J.X.

Vayas adonde vayas, ¿quién hay ahí?

Agáchate y anda, o incorpórate, levántate y anda, ¿quién más hay ahí?

Novias alquiladas por las esquinas de la ciudad, ¿esperando a alguien que no las maltrate o asesine? Novias muertas por las esquinas de la ciudad, ¿aguardando un novio que no las humille más después de muertas? 

Ramos de flores marchitas, declaraciones póstumas de amor colgadas de las paredes de las calles, cerca del cementerio.

Trozos de frío nocturno en el alma, cortando como el filo de un cuchillo en las venas. El silencio ocupa balcones y ventanas de las casas. Estrategias de vida y muerte serpenteando de una calle a otra.

Adondequiera que vayas, ¿quién más anda ahí, por las esquinas, que no esté muerto por desamor?

¿No hay ningún lugar para los cuerpos que aún sobreviven con las almas muertas?


sábado, 10 de abril de 2021

EL REFUGIO

Foto: J.X.

Es recomendable refugiarse en una iglesia, decía.

Cuando te encuentras perdido o extraviado y nadie puede indicarte el camino..., cuando tampoco hay nadie dispuesto a perdonarte las posibles culpas o absolverte de lo que sea, entonces, es recomendable buscar el refugio, el silencio de una iglesia. Aunque no creas en Dios, pero lejos del mundanal delirio -le gustaba substituir la palabra “ruido” (el popular “lejos del mundanal ruido”) por “delirio”.

En el cobijo, en el silencio de una iglesia cualquiera, te será dado recuperarte de las graves heridas del alma.

Tales eran a veces sus consejos y recomendaciones, tan fuera de lo común, que siempre me dejaban asombrado. Pero la verdad es que luego, en caso de algún problema íntimo, yo mismo buscaba el refugio solitario de una iglesia, como él recomendaba. Y lo hacía en el mayor de los secretos, sin revelárselo a nadie, ni siquiera a él.


jueves, 8 de abril de 2021

EL TRÁNSITO

Foto: J.X.

Un día me contó una anécdota de su vida cotidiana: “Deambulando siempre a un palmo de la vida, a un palmo de la muerte, pero aún voy al mercado del barrio a comprar acelgas a las payesas, acelgas, muy buenas para el tránsito intestinal”.

Me quedé asombrado, atónito, con su referencia a las acelgas y al tránsito intestinal. No sabía qué pensar. ¿Era una parodia del tránsito de la vida a la muerte, ya que tenía las dos, vida y muerte, a un palmo de distancia, según él mismo contaba? ¿O realmente iba al mercado y compraba acelgas a las payesas para favorecer el tránsito intestinal? ¿O ambas cosas a la vez: realidad y parodia de la realidad? 

Aquel día preferí no preguntárselo. Ante mi silencio, él, que era un aficionado a la literatura mística y fantástica desde su juventud, me recitó unas rimas espirituales de un tal Angelus Silesius: La rosa es sin porqué. Florece porque florece. / A ella misma, no presta atención.  No pregunta si se la mira.

Al salir del bar, nos despedimos con un abrazo.

miércoles, 7 de abril de 2021

REGRESO AL BOSQUE DE LOS ESPÍRITUS

 Foto: J.X.

Volver a empezar. Volver al bosque de los espíritus y buscar entre los árboles y las plantas, entre los arbustos, las piedras y las flores.

Indagar el paradero del espíritu que resbala con las flores, y el del otro espíritu, aquel que de vez en cuando bebe una cerveza templada.

Reencontrarlos y reanudar, con ambos, los paseos con las novias y los novios muertos por los caminos del bosque. Recordar instantes felices y momentos horribles, desvíos y distancias angustiosas, extravíos tristes y vuelta a casa, heridos. Recordarlo todo, y querer y perdonar y seguir paseando entre los árboles del bosque de los espíritus.

Una forma de consuelo frente a tanta ausencia como se acumula en los rincones de las casas de aquí abajo.

domingo, 4 de abril de 2021

LA SUPERFICIE HELADA

Foto: J.X.

Extender las manos, extender las palabras, y no tocar sino la superficie helada del cristal de la ausencia.

Contra ese frío duro chocan y rebotan las manos y las palabras, y caen al suelo, desoladas, solitarias.

Transformadas, unas, en gestos de manos vacías, que tiemblan en los bolsillos, escondidas. Y las otras, las palabras, en sílabas inaudibles, encogidas y mudas en un rincón de silencio.

Moviéndose, unas y otras, como insectos perdidos que van de un rincón a otro de la casa ocupada por la ausencia.

sábado, 3 de abril de 2021

EL BRINDIS

 Foto: J.X.

Hoy me domina la tristeza de la cabeza a los pies”, me dice el hombre del bar. No ha podido ir a brindar con la novia muerta.

No se sentía en condiciones para llegar al lugar sagrado, donde ella y él brindan, con suma discreción. No quieren escandalizar ni a los vivos ni a los muertos con esos brindis llenos de nostalgia. Quizá, por otra parte, haya más gente brindando en el cementerio, con igual discreción, o bien haciendo declaraciones de amor póstumas, y no lo sepamos, añade antes de pedir otra cerveza.

El hecho de no haber ido hoy a ese brindis hace que le aumente el desconsuelo. No lo puede evitar, dice, y por eso le domina la tristeza de la cabeza a los pies.


viernes, 2 de abril de 2021

DE UNA IGLESIA A OTRA

Foto: J.X.

Aunque ella no era creyente, él iba de una iglesia a otra, buscándola. Quería encontrarla a toda costa.

La buscaba desesperadamente para declararle su amor, todo el amor que no le había declarado en vida.

Y pedirle que, desde donde ahora estuviera su espíritu, se sirviera de algún ángel demoníaco para darle muerte, puesto que él no se atrevía a hacerlo. O mejor dicho, temía equivocarse (ya hubo al parecer un primer intento en sus días de juventud), no acertar en la dosis y despertar nuevamente, y volver a sentir aquel frío húmedo, aquel desconsuelo que se acumula en los rincones abandonados de las iglesias y en los armarios de las casas visitadas por la muerte.

Ésta fue la más extraña historia de su vida (algo dantesca) de todas las que me contó en el bar, un día que venía de otra iglesia, desolado, sin haberla encontrado por ningún lado, decía. Por eso malvivía así, a salto de mata, y seguía buscando el amor y la muerte en cualquier iglesia,  añadía.

jueves, 1 de abril de 2021

NUNCA MÁS

 Foto: J.X.

No poder hablar nunca más con otra persona, con una persona querida; sobre todo, no poder hablar jamás con la persona más querida, es el gran peso, el peso insoportable de la ausencia.

Y más aún, cuando no confías en la mediación de los ángeles ni de los espiritistas, como era su caso -me explicaba en el bar, cuando volvía de brindar con la novia muerta, ya sin el botellín de champán, que había tirado en una papelera; con las dos copas en la bolsa envueltas aún en hojas de periódico, para no levantar sospechas al salir del cementerio.

Eso es lo que contaba en el bar, entre una cerveza y la tristeza  deformando el ojo derecho.