miércoles, 30 de diciembre de 2020

CUANDO EL SOL NO PENETRA

Foto: J.X.

Invierno. El sol no entrará en el balcón de las flores hasta mediados de Marzo. ¿Conservan las plantas y las flores y las piedras memoria del calor del sol?

Si el reencuentro no es posible como imaginamos, quizá la sangre amorosa, la que nadie puede derramar, conserve algunos instantes sublimes de nuestra vida. Y penetre el sol en el invierno de la ausencia y reanime lo que parecía marchito, muerto.

¿Y si en tu vida no ha habido instantes sublimes?

La piel fosilizada del mundo siempre conservará instantes de vida de cualquiera de nosotros, no importa lo sublimes o poco sublimes que hayan sido los instantes de nuestra breve vida, comenta uno de los espíritus del bosque, el que bebe cerveza templada y resbala con las flores.


domingo, 27 de diciembre de 2020

CUANDO SE ACABA LO MÁS QUERIDO

Foto: J.X.

Es una ausencia sin fin, que se alarga en una espiral infinita.

Si se ata al cuerpo y lo va enroscando, lo desgarrará a cada gesto, a cada palabra, a cada movimiento. hasta convertirlo en pura herida.

Si sujeta el alma, la señalará rasgándola hasta lo más profundo, como en un sortilegio. La estigmatizará a fuerza de caídas, a zarpazos envenenados.

Es una ausencia que nunca se acaba, y se abre la herida hacia abajo, hacia lo hondo sin fin.

Que nunca se acaba.

Es la ausencia de lo más querido.

Cuando se acaba lo más querido, comienza la ausencia, su ausencia.

Se inicia entonces la repetición de la ausencia de lo más querido.

Infinita, la que nunca se acaba, hasta..., hasta no sabemos cuándo...


sábado, 26 de diciembre de 2020

DETRÁS

 Foto: J.X.

Detrás. ¿Qué hay detrás?

¿Quieres decir: detrás de la puerta, de la pared o del muro?

Detrás, más allá del fondo, más allá de todos los horizontes, más lejos aún.

Acaso una luz. No, una luz, no. Más bien un resplandor, el resplandor de una luz, tal vez. O el de una sombra, una sombra que resplandece más allá del fondo, de los horizontes, más lejos todavía, más lejos.

Un resplandor, o una sombra que resplandece, como sangre amorosa, la sangre que no puede ser derramada, detrás, más allá, detrás de ti, detrás de mí, más allá de todo. Detrás, detrás.

jueves, 24 de diciembre de 2020

PESE A TODO...

 Foto: J.X.

I

Pese a todo, seguía caminando.

Se tapaba los ojos para no ver, se tapaba los oídos para no escuchar a los humanos. A veces tropezaba, pero seguía adelante, seguía caminando, con una flor mustia en el ojal de la americana.

Así no se puede vivir”, le decían algunos.

Justamente por eso, porque “así no se puede vivir”, para no escuchar frases como ésta, se tapaba los oídos y se tapaba los ojos para seguir avanzando, con una flor mustia en el ojal, camino a ninguna parte.

II

Mire donde mire, oiga lo que oiga, ya sea de modo personal o escuchado al azar, todo, todo se ramifica hasta la nueva estancia desconocida de la novia muerta.

Con una figura en espiral de rosas blancas señalando los senderos y atajos que conducen de un bosque misterioso a otro, con una sombra de resplandor al fondo, cruzados todos los ríos y lagos del camino a ninguna parte.



miércoles, 23 de diciembre de 2020

EXTRAÑA POSTAL DE NAVIDAD

Foto: J.X. 

Ser prisionero entre dos palabras: la primera y la última de la frase que sentenciara a cadena perpetua el contenido sospechoso del corazón. No hay otra explicación para este encarcelamiento, para esta soledad encadenada al muro. Detrás del cual no se abre la libertad, sino el abismo, en cuyo fondo, tal vez, si la luz no engaña, si no es un falso deslumbramiento, tal vez se abra un atajo a la libertad... Año Nuevo, Vida Nueva”.

Éste es el texto que me ha dejado escrito el desconocido en una postal de Navidad. Ha sido el encargado del bar quien me la ha entregado, cuando volvía a casa después de visitar y dejar las dos rosas blancas -no, hoy han sido dos rosas rojas, en el kiosco de las flores ya no tenían de blancas-, junto a la estancia de la novia muerta, que hoy estaba ausente paseando por las afueras del cementerio y no nos hemos encontrado. 


martes, 22 de diciembre de 2020

LOS DESCONOCIDOS

 Foto: J.X.

Aquel desconocido del bar me cuenta que un día alguien, otro desconocido -a quien podríamos llamar el segundo desconocido-, le hizo esta pregunta:

Si has sido un canalla como tantos de esta maldita tierra, ¿te puedes convertir en un ángel, en el futuro?”

Y él mismo, el propio segundo desconocido, se respondió: “No deja de haber una esperanza, después, como es lógico, de un proceso de pasión, dolor y muerte.”

Y luego añadió: “Si el único trasto que todavía queda en casa eres tú, ¿a qué esperas para salir y subir al bosque y purificarte en cuerpo y alma?”

Desde entonces, dice el primer conocido, el del bar, que prefiere hablar sólo con desconocidos, y bajar del bosque muy de vez en cuando. 

Así, pues, él y yo, pregunto, ¿qué somos, conocidos o desconocidos?

Bueno, sí, estos últimos días nos hemos visto en el bar, pero seguimos siendo, no obstante, dos desconocidos, y por lo tanto dignos de confianza (“Confío en las flores de los desconocidos”, decía ella). No sabemos siquiera nuestros respectivos nombres, cosa que no importa en absoluto, al contrario, es mejor así, afirma.

Hoy salgo yo primero del bar y me despido del desconocido (le sigo denominando así, el desconocido, porque ambos ignoramos cómo se llama el otro: el otro desconocido).



sábado, 19 de diciembre de 2020

DOS INSTANTES SUBLIMES

 Foto: J.X.



Hoy todo le duele,

desde una hormiga bajo la suela de un zapato,

hasta un corazón cualquiera roto por la ausencia;

desde el hueso y la piel en espiral de un melocotón echado a la basura como un ramo marchito de fruta,

hasta un amor hecho piel y hueso. Todo le duele.

Para distraerse del dolor entra en el bar, a ver si encuentra a aquel desconocido que siempre le sorprende con sus ocurrencias.

Ahí está, en la barra del bar, como esperándole.

Le dice hola y se sienta a su lado.

Al cabo de unos segundos, el deconocido le deja un papel doblado encima de la barra y desaparece.

Es un escrito. Lo lee:

Todo el amor y toda la muerte del mundo se reducen a dos momentos, a dos instantes: la primera vez que tocas la vida y la primera vez que tocas la muerte.

Después de esos dos momentos, de eso dos instantes sublimes, después de sentir por vez primera a la vida y por vez primera a la muerte, no cabe esperar un sentir más hondo, más desgarrador, donde se concentre todo el amor y toda la muerte del mundo.”

Después de leerlo, vuelve a doblar el papel y se lo guarda en el bolsillo. 

Esos espíritus..., murmura, sonriendo.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

AQUEL DESCONOCIDO

 Foto: J.X.

Volviendo a casa, entro en  el bar. Aquel desconocido me sorprende otra vez y me dice que me quiere explicar el final de una historia amorosa.

Después de un largo silencio observándome si respondo o no (permanezco también en silencio y no respondo nada), me lo cuenta entre susurros, casi balbuciendo de tristeza: “Iba cada sábado a entregar dos flores blancas, y se dejaba morir poco a poco al lado de la novia muerta, brindando con ella en el cementerio. Ya con un amor de piel y hueso -inmenso sin embargo-, ambos arrebujados por un manto de pétalos de violetas y de claveles amarillos y blancos, que aíslan los cristales de hielo."

Así finaliza esta historia amorosa, me dice, salta del taburete y, antes de salir del bar, me anuncia: “Nos encontraremos en el bosque”.

Sale a la calle. No sé si volverá a entrar.

Una vez solo, pido otra cerveza, balbuciendo.

Conmovido aún por lo escuchado, sospecho si ese personaje desconocido no será uno de ellos, un espíritu del bosque,  disfrazado, haciendo de espía. Pero, ¿por qué esa necesidad de disfrazarse? Me siento confuso.

Un gorrión entra y sale del bar, brincando entre mis pies, picoteando migajas de pan.  


sábado, 12 de diciembre de 2020

LA DEUDA SACRIFICIAL

Foto: J.X.

Hoy, esta mañana, esta tarde, esta noche, no hay más que decir.

Todo está dicho.

O todo está por decir.

Lo dicho no es lo que hubieras querido decir.

Instantes de duda, de temor, ante la verdad sacrificial.

Lo pendiente es lo no dicho, lo que queda por decir.

En consecuencia, no todo está dicho.

Espectros de día y espectros de noche te siguen los pasos y te acosan, te buscan por calles y casas para ajustarte las cuentas pendientes, las viejas y las nuevas deudas que tienes con las palabras.

No lo olvides, hoy, esta mañana, esta tarde, esta noche, no olvides que tienes una deuda con las palabras no dichas, y que tarde o temprano te ajustarán las cuentas, te ajustarán las palabras, si no satisfaces a tiempo la deuda pendiente, la deuda sacrificial.

Calla, no hables más. Pronto hará un año. Hoy no habrá brindis secreto, escondido entre los cipreses. 

Fuertes rachas de viento han hecho caer las flores de los vasos funerarios y de los floreros, algunos de los cuales también han caído y se han roto. Por el suelo y entre los cipreses, se extiende una alfombra de hojas, flores y jarros rotos. 

Un saludo, estornudas, hace frío, te disculpas. Entregas las dos rosas blancas, dices cuatro palabras, das un paseo un rato acompañando a los muertos, y luego te vas.

viernes, 11 de diciembre de 2020

EL FONDO ILUMINADO DETRÁS DE LO OSCURO

Foto: J.X.

Enrollarse cuerpo y alma con el alambre de un engranaje para no perder el equilibrio.

O encadenar una palabra tras otra, como si fueran piezas de un cadena que ha de mantenerte colgado de una pared escarpada del abismo.

Desde este encadenamiento, desde esta atadura a la pared, él estará a salvo y podrá ver abajo un fondo engañosamente oscuro, unas  profundidades sinuosas, unas tinieblas petrificadas que en realidad  no son oscuras. 

La oscuridad aparente es un fondo resquebrajado, un cúmulo de heridas abiertas que se desangran en un vacío iluminado, que se van convirtiendo -heridas y vacío- en sangre amorosa, que ya no se derrama.

No era sino una falsa ilusión óptica aquella oscuridad, aquella falta de luz que envuelve en tinieblas a cualquier herida que se derrama en el vacío, que luego se transformará en sangre amorosa, la misma que te acogerá cuando la caída ya sea irremediable, esa sangre que no se derrama, que ya no puede ser derramada, amorosa.

En tales situaciones, escenificadas con frialdad por el destino abismal, puede haber una segunda oportunidad de salvación, siempre difícil en el mejor de los casos. Pero nunca la posibilidad de una tercera, que te ayude a salir de escena haciendo equilibrios, como es el caso de la situación imposible en que él, nuestro personaje, se ve atrapado y atado al abismo. 

Por lo tanto, la solidez del alambre o cadena no es de máxima seguridad, y no tardará demasiado en romperse, en quebrarse como una rama delgada y seca enraizada en la pared del abismo, con tres o cuatro flores marchitas.

De la misma forma, pues, a imagen y semejanza del conjurado destino abismal, suele repetirse la acción peligrosa cuando te cuelgas de la primera o de la última sílaba de algunas palabras, a modo de rama, alambre o cadena atada a la pared escarpada de una casa o de un precipicio, para que detengan la caída. 

Aguantas suspendido en pleno vacío, balanceándote, grotesco, de un lado a otro, a fin de no caer todavía en el abismo.

Abismo cuya luz arde abajo, muy abajo, aunque el resplandor se oculte detrás de lo oscuro para que no nos deslumbre durante la caída.

Abajo, muy abajo, donde la luz se descompone en cristales azules que reflejan la mano herida de la novia muerta. Resplandecen los huesos en lo oscuro.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

BUSCANDO UNA SALIDA

Foto: J.X.

Dar vueltas y vueltas en el laberinto, esquivando las trampas del subsuelo que conduce a los bajos fondos de la vida.

Encontrar al fin una salida y seguir caminando en línea espiral (no hay otra línea de camino a la vista), hasta llegar al confín.

Pero es un confín aparente. Hay que saltar y cruzarlo para alcanzar el otro lado del límite.

Llegar, pues, al otro lado del confín, donde se anuncia (¿quién lo anuncia?) que es posible hallar lo perdido: personas y momentos de la vida. Perdidas tanto las palabras pronunciadas, como las palabras pendientes de ser dichas. Perdidos los hechos, perdido lo pendiente.

Anuncian que, atravesando el confín, más allá del límite, será posible hallar todos los instantes perdidos que se nos escaparon en el silencio, en un abrir y cerrar de ojos.

En un abrir y cerrar de ojos o de boca, que es el silencio de lo no dicho, el silencio de lo no amado justo entonces, el silencio de todo lo perdido en un instante, de todo lo pendiente que aún nos convoca en las grutas del tiempo.

Resuena una voz a ras de tierra: "En el subsuelo de los caminos, en el entramado oscuro y húmedo de las calles, tomar un vermut a solas se vuelve más amargo".

Claro que si oye el lamento y viene a echarte una mano el espíritu que de vez en cuando pide una o dos cervezas, y resbala con las flores (beba o no unos vasos de cerveza)..., entonces...

lunes, 7 de diciembre de 2020

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS DE BALDOMER XIFRÉ-MORROS, ASESOR ARTÍSTICO

Foto: B. Xifré-Morros, con sus amigos pintores

                                        B. XIFRÉ-MORROS, MARXANT, ASESOR ARTÍSTICO

UNA SORPRESA EN EL BAR

 Foto: J.X.

Hoy ha tenido una sorpresa agradable y metafísica a la vez, cuando, al volver de entregar las dos rosas blancas de cada sábado a la destinataria ausente, ha visto que entraban en el bar (el bar que suele frecuentar cuando regresa del cementerio) algunos espíritus del bosque, entre ellos el que resbala con las flores, que ha pedido una cerveza. El resto del grupo ha pedido una vaso de agua del grifo, de agua corriente, con una rodaja de limón y sin hielo (parece que nos les gusta el agua fría, ni embotellada).

Al descubrirle ahí, sentado a una mesa, o mejor dicho, intentando esconderse en la mesa que hay detrás de una columna del bar, han ido a saludarle enseguida y le han informado que venían a verle justamente a él, porque allà arriba, en el bosque, hay mucha añoranza y echan en falta a los que aún merodean por aquí abajo, sin hacerles una visita de vez en cuando.

Luego, han añadido: “Así como algunos brindáis en el cementerio,  del mismo modo podríais subir al bosque con una cerveza en la mano". 

"No hay ningún problema, en absoluto", confirma el espíritu que resbala con la flores, mirándole a él y haciéndole un gesto cómplice mientras alza su vaso de cerveza.

Él les pide disculpas, y les ruega que le permitan acompañarlos, ahora mismo o más tarde, cuando ellos dispongan.

De pronto, ve en la barra a aquel cliente habitual del bar que a veces le presta algunas frases (ahora no recuerda su nombre). El personaje se acerca a su mesa, mientras los espíritus vuelven a la barra para apurar sus respectivos vasos de agua con limón y el vaso de cerveza, y le susurra al oído: “Todo es añoranza. Ausencia en todo veo y siento.”

Él sonríe, sin entender del todo la frase, y el personaje, el cliente habitual del bar cuyo nombre no recuerda, le da una palmada en la espalda.

viernes, 4 de diciembre de 2020

SIN RESPUESTA

Foto: J.X.

Al cabo de un rato de leer el periódico, levanto la vista y veo al mismo personaje del otro día, sentado en el mismo taburete de la barra del bar.

Está observándome. Intento disimular y desvío la mirada hacia la calle, pero él ya se aproxima a mi mesa, sonriendo.

Me saluda y me anuncia que tiene nuevas frases para mí, dignas de ser anotadas. Le respondo que las guardaré en la memoria y más tarde las apuntaré en un cuaderno o, si le parece bien, en el blog de mi ordenador. Puestos de acuerdo, va a buscar la cerveza que tiene en la barra y se sienta frente de mí. Las frases son las siguientes, un poco más largas que la vez anterior, las del otro día, me advierte guiñando un ojo.

Dicen así: “Uno quiere arrepentirse por haber vivido y por haber conocido, pero no sabe cómo hacerlo. Si fuera católico, dice, bastaría con la confesión para arrepentirse, rezar las plegarias que le fueran encomendadas por el confesor, y ya está, ya se habría arrepentido y habría sido absuelto. Pero como no es católico, y apenas creyente, no sabe cómo hacerlo, no sabe a quién debería dirigirse para ser absuelto por haber vivido y por haber conocido. Y este no saber, esta falta de absolución, le angustia, le desespera hasta despellejarle el corazón y el alma”.

No sé qué contestar. Desolado, le aprieto una mano, en silencio. Me gustaría poder decirle que yo tampoco he sido absuelto, pero no quiero aumentar el peso de su angustia.

Se levanta de la mesa y sale del bar precipitadamente. No nos hemos despedido.


LA SILLA PETRIFICADA

 Foto: J.X.

Pasa por su lado y no está.

Ha pasado por su lado, pero no estaba. Había otra persona allí, sentada en una de esas sillas petrificadas instaladas en la vía pública, donde ella tomaba el sol mientras esperaba a que él saliera de la Biblioteca.

Entonces ella ya estaba enferma, pero le gustaba hacer un esfuerzo e ir caminando desde casa hasta aquella plaza (la "Plaza de los 8 árboles", la llamábamos) a esperarle, sentada en una de las sillas pétreas clavadas en el suelo, eligiendo siempre aquella que estuviera mejor orientada al sol.

Pero, ahora, cuando sale de la Biblioteca, pasa por su lado y no está. La silla está vacía, o bien hay otra persona.

Ella no está. No puede decir su nombre en voz alta. Lo susurra.

Pasa por su lado y no está.

jueves, 3 de diciembre de 2020

LA SEÑAL AL FINAL DEL CAMINO

 Foto: J.X.

Dicen que al final de un camino hay una marca, una señalización en cuyo dorso hay una palabra escrita, que es la palabra transmutadora, vivificadora.

La palabra que te sostendrá en el aire y te salvará de precipitarte en el mar y hundirte con todos los náufragos de la vida y la muerte.

La palabra transmutadora que te rescatará y te conducirá a donde, entrelazadas las manos, pasean los enamorados ahogados y las novias muertas.

También dicen que no pueden orientarte, que ignoran dónde está el origen de ese camino y su destino final.

Por lo tanto, no pueden indicarte el lugar exacto donde aquella señalización aguarda nuestra llegada. ¿Dónde, la marca, la señal en cuyo dorso dicen que se oculta la palabra transmutadora, aquella palabra escrita para cada uno de nosotros, los pretendientes náufragos y los que fueron definitivamente ahogados en el trayecto de la vida?, vuelves a preguntar.

Pero te recomiendan que si buscas ese destino dentro y fuera de ti acabarás por encontrarlo en el lugar más inesperado. Eso sí que lo saben y te lo recomiendan. Busca dentro de ti y en el lugar más inesperado, y un día, por fin, vislumbrarás el final del camino, y la señal estará ahí, con la palabra transmutadora en el dorso, aguardando, esperando ser leída por el recién llegado.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

LA ENIGMÁTICA FRASE DE UN DESCONOCIDO

 Foto: J.X.

De pronto, aquel desconocido se levantó del taburete de la barra del bar, se acercó a mí y me preguntó si me molestaría escuchar lo que estaba pensando mientras me observaba desde el otro lado de la barra. Le contesté que sí, que podía explicármelo. Fue entonces cuando me sorprendió aquella frase enigmática: “Si llevas la tristeza en un solo ojo pesa más que en una mano”.

Se dio media vuelta, sin hablar más, y se sentó de nuevo en el taburete de la barra.

Cuando me disponía a salir del bar, al decirle adiós, me cogió del brazo y me advirtió, pronunciando más lentamente la frase de antes: “Si llevas... la tristeza en un solo ojo... pesa más... que en una mano”.

¿Y si la llevas en los dos ojos, la tristeza sigue pesando más que si la llevas en las dos manos?, hubiera podido preguntarle, pensé después.

martes, 1 de diciembre de 2020

HABLANDO EN EL RELLANO DE LA ESCALERA

 Foto: J.X.

Se oyen unos susurros en el rellano de la escalera.

Se acerca a la puerta y escucha.

Son los espíritus del bosque: se están poniendo de acuerdo para entrar en casa y convencerle que suba cuanto antes al bosque de los espíritus, por donde se pasean las novias y los novios muertos, esperando que suban los pretendientes extraviados de abajo y les hablen. Y así puedan proseguir la ternura interrumpida, escindida de súbito el peor día.

Las cosas del corazón, y cuanto más si hay una herida profunda que no cicatriza, no deben demorarse tanto tiempo -escucha él que debaten en el rellano, entre susurros.

Ni aquí arriba ni allá abajo, dicen, es bueno retrasar la cita, el reencuentro de unos con otros, los separados por la muerte.

Las cosas del corazón, malheridas, partidas a trozos por los rayos del sol oscurecido y por una luz de luna que ensangrienta el mar, esperan emerger del fondo junto a los enamorados náufragos, ahogados por la vida, y ascender con ellos al bosque de los espíritus.

Abre la puerta y les interrumpe. Entran en casa con un ramo de flores marchitas. Saben que son las preferidas de él.