Foto: J.X.
Salta el límite,
y cállate.
El hecho de saltar
por encima o por el costado
del límite,
ya habla por ti.
Deja que la novia muerta
ocupe las estancias
de tu memoria.
Entreabre las puertas,
ábrelas al espacio sin fin,
y luego escribes
lo que has entrevisto,
lo que has adivinado,
y escribe lo que debas escribir.
Que tengas
buena suerte gitana.
Por otra parte,
eres apenas nada,
con esa lengua de perra
materna con la que hablas.
“Ven, muchacho,
con lengua de perro”,
como te identificaban
en las oficinas de hielo,
un hielo peludo, velloso,
de los funcionarios del Sindicato
Vertical,
que te enmudecieron
al iniciar tu vida laboral.
De ahí, acaso,
ese primer poema
de juventud, desespero y descaro,
Aquella nuestra noche de pena y perro,
escrito por un joven e inexperto poeta,
al cual Rilke no envió una carta,
sino Vicente Aleixandre,
que remitía cartas de ánimo,
desde su frágil aislamiento,
a todos los poetas jóvenes perdidos.
El poema, o redención por amor.



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