Fotografía: J.X.
I
El viejo trovador
atraviesa el desierto,
con un saco roto
a la espalda,
repleto de canciones muertas
que
va perdiendo por el camino.
II
Las tentaciones de una aparición,
en un espejismo del desierto,
quieren confortar el peso muerto
que el viejo trovador
lleva dentro, en el saco roto.
Una imagen lo embauca
mezclando pócimas del desierto.
III
No es el beso,
aún
-le advierte la bruja
de los mal enamorados.
De todos modos,
si escribes
un verso tras otro,
dedicados a la vida,
el poema compuesto
besará a quien,
labio contra labio,
pronuncie,
de cada verso,
las palabras.
Si las deja entrar,
labios adentro,
sacudiendo el vacío,
la vida
recibirá la intromisión
y el consuelo
de las sílabas delicadas,
sea cual sea
la dureza de la travesía
por el desierto
de
tu cuerpo dolido.
IV
Sólo entonces,
con el sonido de las palabras,
habladas, escritas
o imaginadas,
besarás aquello que nunca
podrías besar de otro modo
-según pronostica
la bruja de los mal enamorados.
V
El viejo trovador,
ya de regreso,
atraviesa otra vez el desierto,
con un ramo de flores dentro
del cuerpo,
depositado en su costado izquierdo,
junto a la novia muerta,
que siempre espera
volver a casa,
dando la mano al viejo trovador.





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