Foto: J.X., Ventana sellada
Y la muerte no tendrá dominio.
Dylan Thomas
La novia muerta está en la escalera, esperando.
Es la cita que tiene él con la novia muerta. Ella ha subido la escalera y le está esperando en el rellano de la casa. Pero él ya no vive aquí. La casa está vacía. Esa casa donde hay, dentro, escondido, un amor antiguo.
A él no le dejan entrar al portal y subir la escalera. No puede acudir a la cita.
Desencuentros que despojan al amor. Pero la muerte no puede arrojar, al abismo, todo lo que ha robado y que se le va cayendo por el camino, ocasión que el amor aprovecha para saltar y escaparse a través del bosque y más allá del mar.
Al final de la cruel ausencia, él consigue subir por la escalera y llegar a la casa donde ambos hace ya tiempo que no viven, y rescata a la novia muerta que le estaba esperando en el rellano, ante la puerta cerrada.
Los dos bajan por la escalera, dándose la mano, y el amor sobrevivirá en un lugar, más allá de los bosques y del mar, en que la muerte no tendrá dominio.










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