viernes, 22 de enero de 2021

EL REFUGIO DE LAS PALABRAS

Foto: J.X.



Hoy las palabras están cerradas. Abres una, y está vacía; abres otra, más vacía aún.

No hay refugio. Se acabaron los escondrijos. Dentro o detrás de las palabras, no hay refugio.

Escribes una palabra, la miras, la tocas, la abres: está vacía.

Vacía. Ocupada por la ausencia. Es decir, más vacía aún. No tiene refugio.

domingo, 17 de enero de 2021

UNA MAÑANA FRÍA

 Foto: J.X.

La brisa del mar se introduce entre las ramas de los cipreses, bajo el sol frío de la mañana.

El viento sopla fuerte y extiende una alfombra de flores frescas, flores marchitas y flores de ropa y de plástico sobre el suelo del cementerio.

El rumor de las flores, moviéndose por el suelo como si se hubieran extraviado y buscaran un destino, llevan un perfume delicado a las manos de las novias muertas.

viernes, 15 de enero de 2021

EL PESO DE LA AUSENCIA

 Foto: J.X.

Cada día se incorpora al alma un poco más de ausencia.

Kilos y kilos de ausencia que pesan en el alma y vampirizan al cuerpo, gastándolo, chupándole tuétano y sangre, haciendo que se arrastre por calles y casas con el alma a cuestas, tan cargada.

No se puede tocar, la ausencia, pero su peso puede llegar a ser insoportable.

jueves, 14 de enero de 2021

LEJOS

 

Foto: J.X.

Pasa el tiempo, y todo es en vano.

Está a tu lado, te rodea. Pero es en vano. Por mucho que estires el brazo y alargues la mano, no puedes alcanzarla. Siempre está más allá. Son la estrategias que tiene la ausencia.

Lo más querido, una vez que se ausenta, siempre está más allá, lejos de tu alcance.

Es la ausencia, no puedes tocarla.

miércoles, 13 de enero de 2021

SPIRITUAL BREVE

 

Foto: J.X.

El desconocido se acerca a mí -esta vez no me sonríe con malicia-, y me canta un spiritual, muy breve, según sus palabras:

Cuando mueren dos cuerpos, / si sus espíritus se rozan a escondidas de los vivos, / hay ramos de flores marchitas / que vuelven a florecer en balcones y ventanas; / y los dos niños muertos, enamorados, / reviven su amor más allá de las montañas, / donde la brisa se vuelve silencio.”


sábado, 9 de enero de 2021

EL PAPELEO Y LA VIDA

 Foto: J.X.

Cuando naces, todo es papeleo nuevo

Cuando mueres, todo es papeleo, un papeleo siniestro.

Mientras vives, no cesa el papeleo, ni mucho menos: te empapelan una  y otra vez el cuerpo y el alma (también el alma, o, cuando menos, lo intentan).

Lo quieren todo empapelado. Toda la vida y toda la muerte, empapeladas.

¿Quiénes?

¿Quiénes? Los de siempre, que, aun cuando no sean los mismos, puesto que ya habrán vivido y muerto empapelados a su vez, continúan siendo los de siempre, manteniendo e incrementando día a día el papeleo de la vida y de la muerte.

Hay que vivir y morir con los papeles en regla.

martes, 5 de enero de 2021

FLORES COJAS

Foto: J.X.


Tengo un vaso en la mano. El desconocidos me agarra del brazo, y unas gotas de cerveza caen en la barra del bar. Me habla de un sueño que tuvo hace unos días:

Andaba con muletas, de un sueño a otro.

Era como si el corazón anduviera con muletas, no yo.

Era mi corazón, cojitranco, dando pasos largos y confusos por un camino laberíntico, hacia el precipicio que se abría no lejos de allí."

Y luego me explica:

"Hay plantas de flores que crecen en los abismos y precipicios, / que no se pueden trasplantar, / y mueren, cojas de pétalos, / enraizadas en las paredes rocosas", oí que cantaban -mientras yo caía por el precipicio- una niña y un niño muertos, que entraban y salían de las tumbas para amarse en el bosque.”

Salí del bar, confuso por las flores cojas de aquel desconocido, y los dos niños muertos que aún se aman y cantan en el bosque.


lunes, 4 de enero de 2021

NO ES HABLAR POR HABLAR...

 Foto: J.X.

Me dice aquel desconocido del bar (ambos cada vez menos desconocidos el uno para el otro, aunque no sepamos ni preguntemos por nuestros nombres):

No es hablar por hablar. No es porque sí, que uno se gira de pronto y habla con el silencio que viene por detrás.

Que habla con la ausencia que le rodea, que le envuelve con su vacío sedoso.

Y habla con el frío esquinado de las paredes.

Habla con lo que le pilla más a mano, y tiene más cerca del corazón.

Habla a un objeto en que fulge un aura que lo separa de los demás. Encontrar un recuerdo y hablarle.

No es en vano que uno habla con las paredes.

No es un hablar por hablar.”

Nos tomamos una cerveza y esta vez nos damos la mano.

domingo, 3 de enero de 2021

UN RESTO DE PALABRAS

Foto: J.X.

Cuando ya no hay más palabras, queda, todavía, un resto de palabras.

Un resto que te pueda permitir seguir agarrado en la pared de las tres sílabas del abismo, suspendido entre las cuatro letras y los dos guiones que enlazan la a con la o, al pronunciar a-bis-mo sílaba por sílaba.

Un resto de palabra donde puedes hacer una parada.

Un reposo en la visión del horizonte breve de los dos guiones: a-bis-mo, lo que un espíritu profesoral, conceptual, calificaría como una pausa de horizontalidad.

Sostenerse en el vacío, así, saltando de una sílaba a la otra, doble, triple salto mortal, sin red, como en algunos circos de este mundo, endiablado mundo.

Recuerda: cuando no hay palabras, cuando se acaban las palabras, siempre queda un resto de ellas. Un resto, aún, con el que seguir moviéndote de un espacio a otro de la hoja de papel o de la pantalla o de la materia que sea, o más allá de cualquier materia, donde cabe un resto de palabras.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

CUANDO EL SOL NO PENETRA

Foto: J.X.

Invierno. El sol no entrará en el balcón de las flores hasta mediados de Marzo. ¿Conservan las plantas y las flores y las piedras memoria del calor del sol?

Si el reencuentro no es posible como imaginamos, quizá la sangre amorosa, la que nadie puede derramar, conserve algunos instantes sublimes de nuestra vida. Y penetre el sol en el invierno de la ausencia y reanime lo que parecía marchito, muerto.

¿Y si en tu vida no ha habido instantes sublimes?

La piel fosilizada del mundo siempre conservará instantes de vida de cualquiera de nosotros, no importa lo sublimes o poco sublimes que hayan sido los instantes de nuestra breve vida, comenta uno de los espíritus del bosque, el que bebe cerveza templada y resbala con las flores.


domingo, 27 de diciembre de 2020

CUANDO SE ACABA LO MÁS QUERIDO

Foto: J.X.

Es una ausencia sin fin, que se alarga en una espiral infinita.

Si se ata al cuerpo y lo va enroscando, lo desgarrará a cada gesto, a cada palabra, a cada movimiento. hasta convertirlo en pura herida.

Si sujeta el alma, la señalará rasgándola hasta lo más profundo, como en un sortilegio. La estigmatizará a fuerza de caídas, a zarpazos envenenados.

Es una ausencia que nunca se acaba, y se abre la herida hacia abajo, hacia lo hondo sin fin.

Que nunca se acaba.

Es la ausencia de lo más querido.

Cuando se acaba lo más querido, comienza la ausencia, su ausencia.

Se inicia entonces la repetición de la ausencia de lo más querido.

Infinita, la que nunca se acaba, hasta..., hasta no sabemos cuándo...


sábado, 26 de diciembre de 2020

DETRÁS

 Foto: J.X.

Detrás. ¿Qué hay detrás?

¿Quieres decir: detrás de la puerta, de la pared o del muro?

Detrás, más allá del fondo, más allá de todos los horizontes, más lejos aún.

Acaso una luz. No, una luz, no. Más bien un resplandor, el resplandor de una luz, tal vez. O el de una sombra, una sombra que resplandece más allá del fondo, de los horizontes, más lejos todavía, más lejos.

Un resplandor, o una sombra que resplandece, como sangre amorosa, la sangre que no puede ser derramada, detrás, más allá, detrás de ti, detrás de mí, más allá de todo. Detrás, detrás.

jueves, 24 de diciembre de 2020

PESE A TODO...

 Foto: J.X.

I

Pese a todo, seguía caminando.

Se tapaba los ojos para no ver, se tapaba los oídos para no escuchar a los humanos. A veces tropezaba, pero seguía adelante, seguía caminando, con una flor mustia en el ojal de la americana.

Así no se puede vivir”, le decían algunos.

Justamente por eso, porque “así no se puede vivir”, para no escuchar frases como ésta, se tapaba los oídos y se tapaba los ojos para seguir avanzando, con una flor mustia en el ojal, camino a ninguna parte.

II

Mire donde mire, oiga lo que oiga, ya sea de modo personal o escuchado al azar, todo, todo se ramifica hasta la nueva estancia desconocida de la novia muerta.

Con una figura en espiral de rosas blancas señalando los senderos y atajos que conducen de un bosque misterioso a otro, con una sombra de resplandor al fondo, cruzados todos los ríos y lagos del camino a ninguna parte.



miércoles, 23 de diciembre de 2020

EXTRAÑA POSTAL DE NAVIDAD

Foto: J.X. 

Ser prisionero entre dos palabras: la primera y la última de la frase que sentenciara a cadena perpetua el contenido sospechoso del corazón. No hay otra explicación para este encarcelamiento, para esta soledad encadenada al muro. Detrás del cual no se abre la libertad, sino el abismo, en cuyo fondo, tal vez, si la luz no engaña, si no es un falso deslumbramiento, tal vez se abra un atajo a la libertad... Año Nuevo, Vida Nueva”.

Éste es el texto que me ha dejado escrito el desconocido en una postal de Navidad. Ha sido el encargado del bar quien me la ha entregado, cuando volvía a casa después de visitar y dejar las dos rosas blancas -no, hoy han sido dos rosas rojas, en el kiosco de las flores ya no tenían de blancas-, junto a la estancia de la novia muerta, que hoy estaba ausente paseando por las afueras del cementerio y no nos hemos encontrado. 


martes, 22 de diciembre de 2020

LOS DESCONOCIDOS

 Foto: J.X.

Aquel desconocido del bar me cuenta que un día alguien, otro desconocido -a quien podríamos llamar el segundo desconocido-, le hizo esta pregunta:

Si has sido un canalla como tantos de esta maldita tierra, ¿te puedes convertir en un ángel, en el futuro?”

Y él mismo, el propio segundo desconocido, se respondió: “No deja de haber una esperanza, después, como es lógico, de un proceso de pasión, dolor y muerte.”

Y luego añadió: “Si el único trasto que todavía queda en casa eres tú, ¿a qué esperas para salir y subir al bosque y purificarte en cuerpo y alma?”

Desde entonces, dice el primer conocido, el del bar, que prefiere hablar sólo con desconocidos, y bajar del bosque muy de vez en cuando. 

Así, pues, él y yo, pregunto, ¿qué somos, conocidos o desconocidos?

Bueno, sí, estos últimos días nos hemos visto en el bar, pero seguimos siendo, no obstante, dos desconocidos, y por lo tanto dignos de confianza (“Confío en las flores de los desconocidos”, decía ella). No sabemos siquiera nuestros respectivos nombres, cosa que no importa en absoluto, al contrario, es mejor así, afirma.

Hoy salgo yo primero del bar y me despido del desconocido (le sigo denominando así, el desconocido, porque ambos ignoramos cómo se llama el otro: el otro desconocido).



sábado, 19 de diciembre de 2020

DOS INSTANTES SUBLIMES

 Foto: J.X.



Hoy todo le duele,

desde una hormiga bajo la suela de un zapato,

hasta un corazón cualquiera roto por la ausencia;

desde el hueso y la piel en espiral de un melocotón echado a la basura como un ramo marchito de fruta,

hasta un amor hecho piel y hueso. Todo le duele.

Para distraerse del dolor entra en el bar, a ver si encuentra a aquel desconocido que siempre le sorprende con sus ocurrencias.

Ahí está, en la barra del bar, como esperándole.

Le dice hola y se sienta a su lado.

Al cabo de unos segundos, el deconocido le deja un papel doblado encima de la barra y desaparece.

Es un escrito. Lo lee:

Todo el amor y toda la muerte del mundo se reducen a dos momentos, a dos instantes: la primera vez que tocas la vida y la primera vez que tocas la muerte.

Después de esos dos momentos, de eso dos instantes sublimes, después de sentir por vez primera a la vida y por vez primera a la muerte, no cabe esperar un sentir más hondo, más desgarrador, donde se concentre todo el amor y toda la muerte del mundo.”

Después de leerlo, vuelve a doblar el papel y se lo guarda en el bolsillo. 

Esos espíritus..., murmura, sonriendo.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

AQUEL DESCONOCIDO

 Foto: J.X.

Volviendo a casa, entro en  el bar. Aquel desconocido me sorprende otra vez y me dice que me quiere explicar el final de una historia amorosa.

Después de un largo silencio observándome si respondo o no (permanezco también en silencio y no respondo nada), me lo cuenta entre susurros, casi balbuciendo de tristeza: “Iba cada sábado a entregar dos flores blancas, y se dejaba morir poco a poco al lado de la novia muerta, brindando con ella en el cementerio. Ya con un amor de piel y hueso -inmenso sin embargo-, ambos arrebujados por un manto de pétalos de violetas y de claveles amarillos y blancos, que aíslan los cristales de hielo."

Así finaliza esta historia amorosa, me dice, salta del taburete y, antes de salir del bar, me anuncia: “Nos encontraremos en el bosque”.

Sale a la calle. No sé si volverá a entrar.

Una vez solo, pido otra cerveza, balbuciendo.

Conmovido aún por lo escuchado, sospecho si ese personaje desconocido no será uno de ellos, un espíritu del bosque,  disfrazado, haciendo de espía. Pero, ¿por qué esa necesidad de disfrazarse? Me siento confuso.

Un gorrión entra y sale del bar, brincando entre mis pies, picoteando migajas de pan.  


sábado, 12 de diciembre de 2020

LA DEUDA SACRIFICIAL

Foto: J.X.

Hoy, esta mañana, esta tarde, esta noche, no hay más que decir.

Todo está dicho.

O todo está por decir.

Lo dicho no es lo que hubieras querido decir.

Instantes de duda, de temor, ante la verdad sacrificial.

Lo pendiente es lo no dicho, lo que queda por decir.

En consecuencia, no todo está dicho.

Espectros de día y espectros de noche te siguen los pasos y te acosan, te buscan por calles y casas para ajustarte las cuentas pendientes, las viejas y las nuevas deudas que tienes con las palabras.

No lo olvides, hoy, esta mañana, esta tarde, esta noche, no olvides que tienes una deuda con las palabras no dichas, y que tarde o temprano te ajustarán las cuentas, te ajustarán las palabras, si no satisfaces a tiempo la deuda pendiente, la deuda sacrificial.

Calla, no hables más. Pronto hará un año. Hoy no habrá brindis secreto, escondido entre los cipreses. 

Fuertes rachas de viento han hecho caer las flores de los vasos funerarios y de los floreros, algunos de los cuales también han caído y se han roto. Por el suelo y entre los cipreses, se extiende una alfombra de hojas, flores y jarros rotos. 

Un saludo, estornudas, hace frío, te disculpas. Entregas las dos rosas blancas, dices cuatro palabras, das un paseo un rato acompañando a los muertos, y luego te vas.

viernes, 11 de diciembre de 2020

EL FONDO ILUMINADO DETRÁS DE LO OSCURO

Foto: J.X.

Enrollarse cuerpo y alma con el alambre de un engranaje para no perder el equilibrio.

O encadenar una palabra tras otra, como si fueran piezas de un cadena que ha de mantenerte colgado de una pared escarpada del abismo.

Desde este encadenamiento, desde esta atadura a la pared, él estará a salvo y podrá ver abajo un fondo engañosamente oscuro, unas  profundidades sinuosas, unas tinieblas petrificadas que en realidad  no son oscuras. 

La oscuridad aparente es un fondo resquebrajado, un cúmulo de heridas abiertas que se desangran en un vacío iluminado, que se van convirtiendo -heridas y vacío- en sangre amorosa, que ya no se derrama.

No era sino una falsa ilusión óptica aquella oscuridad, aquella falta de luz que envuelve en tinieblas a cualquier herida que se derrama en el vacío, que luego se transformará en sangre amorosa, la misma que te acogerá cuando la caída ya sea irremediable, esa sangre que no se derrama, que ya no puede ser derramada, amorosa.

En tales situaciones, escenificadas con frialdad por el destino abismal, puede haber una segunda oportunidad de salvación, siempre difícil en el mejor de los casos. Pero nunca la posibilidad de una tercera, que te ayude a salir de escena haciendo equilibrios, como es el caso de la situación imposible en que él, nuestro personaje, se ve atrapado y atado al abismo. 

Por lo tanto, la solidez del alambre o cadena no es de máxima seguridad, y no tardará demasiado en romperse, en quebrarse como una rama delgada y seca enraizada en la pared del abismo, con tres o cuatro flores marchitas.

De la misma forma, pues, a imagen y semejanza del conjurado destino abismal, suele repetirse la acción peligrosa cuando te cuelgas de la primera o de la última sílaba de algunas palabras, a modo de rama, alambre o cadena atada a la pared escarpada de una casa o de un precipicio, para que detengan la caída. 

Aguantas suspendido en pleno vacío, balanceándote, grotesco, de un lado a otro, a fin de no caer todavía en el abismo.

Abismo cuya luz arde abajo, muy abajo, aunque el resplandor se oculte detrás de lo oscuro para que no nos deslumbre durante la caída.

Abajo, muy abajo, donde la luz se descompone en cristales azules que reflejan la mano herida de la novia muerta. Resplandecen los huesos en lo oscuro.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

BUSCANDO UNA SALIDA

Foto: J.X.

Dar vueltas y vueltas en el laberinto, esquivando las trampas del subsuelo que conduce a los bajos fondos de la vida.

Encontrar al fin una salida y seguir caminando en línea espiral (no hay otra línea de camino a la vista), hasta llegar al confín.

Pero es un confín aparente. Hay que saltar y cruzarlo para alcanzar el otro lado del límite.

Llegar, pues, al otro lado del confín, donde se anuncia (¿quién lo anuncia?) que es posible hallar lo perdido: personas y momentos de la vida. Perdidas tanto las palabras pronunciadas, como las palabras pendientes de ser dichas. Perdidos los hechos, perdido lo pendiente.

Anuncian que, atravesando el confín, más allá del límite, será posible hallar todos los instantes perdidos que se nos escaparon en el silencio, en un abrir y cerrar de ojos.

En un abrir y cerrar de ojos o de boca, que es el silencio de lo no dicho, el silencio de lo no amado justo entonces, el silencio de todo lo perdido en un instante, de todo lo pendiente que aún nos convoca en las grutas del tiempo.

Resuena una voz a ras de tierra: "En el subsuelo de los caminos, en el entramado oscuro y húmedo de las calles, tomar un vermut a solas se vuelve más amargo".

Claro que si oye el lamento y viene a echarte una mano el espíritu que de vez en cuando pide una o dos cervezas, y resbala con las flores (beba o no unos vasos de cerveza)..., entonces...

lunes, 7 de diciembre de 2020

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS DE BALDOMER XIFRÉ-MORROS, ASESOR ARTÍSTICO

Foto: B. Xifré-Morros, con sus amigos pintores

                                        B. XIFRÉ-MORROS, MARXANT, ASESOR ARTÍSTICO

UNA SORPRESA EN EL BAR

 Foto: J.X.

Hoy ha tenido una sorpresa agradable y metafísica a la vez, cuando, al volver de entregar las dos rosas blancas de cada sábado a la destinataria ausente, ha visto que entraban en el bar (el bar que suele frecuentar cuando regresa del cementerio) algunos espíritus del bosque, entre ellos el que resbala con las flores, que ha pedido una cerveza. El resto del grupo ha pedido una vaso de agua del grifo, de agua corriente, con una rodaja de limón y sin hielo (parece que nos les gusta el agua fría, ni embotellada).

Al descubrirle ahí, sentado a una mesa, o mejor dicho, intentando esconderse en la mesa que hay detrás de una columna del bar, han ido a saludarle enseguida y le han informado que venían a verle justamente a él, porque allà arriba, en el bosque, hay mucha añoranza y echan en falta a los que aún merodean por aquí abajo, sin hacerles una visita de vez en cuando.

Luego, han añadido: “Así como algunos brindáis en el cementerio,  del mismo modo podríais subir al bosque con una cerveza en la mano". 

"No hay ningún problema, en absoluto", confirma el espíritu que resbala con la flores, mirándole a él y haciéndole un gesto cómplice mientras alza su vaso de cerveza.

Él les pide disculpas, y les ruega que le permitan acompañarlos, ahora mismo o más tarde, cuando ellos dispongan.

De pronto, ve en la barra a aquel cliente habitual del bar que a veces le presta algunas frases (ahora no recuerda su nombre). El personaje se acerca a su mesa, mientras los espíritus vuelven a la barra para apurar sus respectivos vasos de agua con limón y el vaso de cerveza, y le susurra al oído: “Todo es añoranza. Ausencia en todo veo y siento.”

Él sonríe, sin entender del todo la frase, y el personaje, el cliente habitual del bar cuyo nombre no recuerda, le da una palmada en la espalda.

viernes, 4 de diciembre de 2020

SIN RESPUESTA

Foto: J.X.

Al cabo de un rato de leer el periódico, levanto la vista y veo al mismo personaje del otro día, sentado en el mismo taburete de la barra del bar.

Está observándome. Intento disimular y desvío la mirada hacia la calle, pero él ya se aproxima a mi mesa, sonriendo.

Me saluda y me anuncia que tiene nuevas frases para mí, dignas de ser anotadas. Le respondo que las guardaré en la memoria y más tarde las apuntaré en un cuaderno o, si le parece bien, en el blog de mi ordenador. Puestos de acuerdo, va a buscar la cerveza que tiene en la barra y se sienta frente de mí. Las frases son las siguientes, un poco más largas que la vez anterior, las del otro día, me advierte guiñando un ojo.

Dicen así: “Uno quiere arrepentirse por haber vivido y por haber conocido, pero no sabe cómo hacerlo. Si fuera católico, dice, bastaría con la confesión para arrepentirse, rezar las plegarias que le fueran encomendadas por el confesor, y ya está, ya se habría arrepentido y habría sido absuelto. Pero como no es católico, y apenas creyente, no sabe cómo hacerlo, no sabe a quién debería dirigirse para ser absuelto por haber vivido y por haber conocido. Y este no saber, esta falta de absolución, le angustia, le desespera hasta despellejarle el corazón y el alma”.

No sé qué contestar. Desolado, le aprieto una mano, en silencio. Me gustaría poder decirle que yo tampoco he sido absuelto, pero no quiero aumentar el peso de su angustia.

Se levanta de la mesa y sale del bar precipitadamente. No nos hemos despedido.


LA SILLA PETRIFICADA

 Foto: J.X.

Pasa por su lado y no está.

Ha pasado por su lado, pero no estaba. Había otra persona allí, sentada en una de esas sillas petrificadas instaladas en la vía pública, donde ella tomaba el sol mientras esperaba a que él saliera de la Biblioteca.

Entonces ella ya estaba enferma, pero le gustaba hacer un esfuerzo e ir caminando desde casa hasta aquella plaza (la "Plaza de los 8 árboles", la llamábamos) a esperarle, sentada en una de las sillas pétreas clavadas en el suelo, eligiendo siempre aquella que estuviera mejor orientada al sol.

Pero, ahora, cuando sale de la Biblioteca, pasa por su lado y no está. La silla está vacía, o bien hay otra persona.

Ella no está. No puede decir su nombre en voz alta. Lo susurra.

Pasa por su lado y no está.

jueves, 3 de diciembre de 2020

LA SEÑAL AL FINAL DEL CAMINO

 Foto: J.X.

Dicen que al final de un camino hay una marca, una señalización en cuyo dorso hay una palabra escrita, que es la palabra transmutadora, vivificadora.

La palabra que te sostendrá en el aire y te salvará de precipitarte en el mar y hundirte con todos los náufragos de la vida y la muerte.

La palabra transmutadora que te rescatará y te conducirá a donde, entrelazadas las manos, pasean los enamorados ahogados y las novias muertas.

También dicen que no pueden orientarte, que ignoran dónde está el origen de ese camino y su destino final.

Por lo tanto, no pueden indicarte el lugar exacto donde aquella señalización aguarda nuestra llegada. ¿Dónde, la marca, la señal en cuyo dorso dicen que se oculta la palabra transmutadora, aquella palabra escrita para cada uno de nosotros, los pretendientes náufragos y los que fueron definitivamente ahogados en el trayecto de la vida?, vuelves a preguntar.

Pero te recomiendan que si buscas ese destino dentro y fuera de ti acabarás por encontrarlo en el lugar más inesperado. Eso sí que lo saben y te lo recomiendan. Busca dentro de ti y en el lugar más inesperado, y un día, por fin, vislumbrarás el final del camino, y la señal estará ahí, con la palabra transmutadora en el dorso, aguardando, esperando ser leída por el recién llegado.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

LA ENIGMÁTICA FRASE DE UN DESCONOCIDO

 Foto: J.X.

De pronto, aquel desconocido se levantó del taburete de la barra del bar, se acercó a mí y me preguntó si me molestaría escuchar lo que estaba pensando mientras me observaba desde el otro lado de la barra. Le contesté que sí, que podía explicármelo. Fue entonces cuando me sorprendió aquella frase enigmática: “Si llevas la tristeza en un solo ojo pesa más que en una mano”.

Se dio media vuelta, sin hablar más, y se sentó de nuevo en el taburete de la barra.

Cuando me disponía a salir del bar, al decirle adiós, me cogió del brazo y me advirtió, pronunciando más lentamente la frase de antes: “Si llevas... la tristeza en un solo ojo... pesa más... que en una mano”.

¿Y si la llevas en los dos ojos, la tristeza sigue pesando más que si la llevas en las dos manos?, hubiera podido preguntarle, pensé después.

martes, 1 de diciembre de 2020

HABLANDO EN EL RELLANO DE LA ESCALERA

 Foto: J.X.

Se oyen unos susurros en el rellano de la escalera.

Se acerca a la puerta y escucha.

Son los espíritus del bosque: se están poniendo de acuerdo para entrar en casa y convencerle que suba cuanto antes al bosque de los espíritus, por donde se pasean las novias y los novios muertos, esperando que suban los pretendientes extraviados de abajo y les hablen. Y así puedan proseguir la ternura interrumpida, escindida de súbito el peor día.

Las cosas del corazón, y cuanto más si hay una herida profunda que no cicatriza, no deben demorarse tanto tiempo -escucha él que debaten en el rellano, entre susurros.

Ni aquí arriba ni allá abajo, dicen, es bueno retrasar la cita, el reencuentro de unos con otros, los separados por la muerte.

Las cosas del corazón, malheridas, partidas a trozos por los rayos del sol oscurecido y por una luz de luna que ensangrienta el mar, esperan emerger del fondo junto a los enamorados náufragos, ahogados por la vida, y ascender con ellos al bosque de los espíritus.

Abre la puerta y les interrumpe. Entran en casa con un ramo de flores marchitas. Saben que son las preferidas de él.


lunes, 30 de noviembre de 2020

DOS ROSAS BLANCAS PARA EL ABANDONO

 Foto: J.X.

El primer abandono serio fue el típico e inevitable conflicto de juventud: la falta de edad, la desbordada urgencia vital de los veinte años. Se resolvió, a modo de secuela poética, como dice el verso de un poema: “Aquella nuestra noche de pena y perra”.

El segundo abandono, sufrido a otra edad, ya de mayor, y no provocado por las urgencias de la vida, sino por la sombra traidora de la muerte, no ha podido aún convertir la secuela en verso. Ahora parece más arduo, más doloroso, transmutar el abandono, resolverlo en un verso definitivo, que lo fije en el tiempo como un instante de infinito, como un ejercicio breve de eternidad.

Habrá que seguir buscando, no la piedra, sino la palabra filosofal, alquímica, transmutadora del abandono.

Pero, mientras tanto, ahí están, recién puestas y abriéndose en un florero metálico del nicho 1230, la dos rosas blancas de cada sábado para la novia muerta, entregadas por el aprendiz de jardinero que viene de parte del abandono. Con la palabra perfumada, dispuesta entre las dos rosas, aguardando la señal.

domingo, 29 de noviembre de 2020

ACORRALADO POR LA AUSENCIA

J.X.:  

Recorrer calles y calles, andar, andar, cruzar más calles y plazas, y siempre igual, ese toparse siempre con ella, con la ausencia.

Laberintos, kilómetros de ausencia.

La presencia ausente, la más pura ausencia.

Delante, detrás, arriba, abajo, a derecha e izquierda, siempre igual, siempre toparse con la misma ausencia.

La presencia ausente, la presencia de la ausencia.

Todo vacío, todo cargado de ausencia.

Haciendo equilibrios en la cuerda floja, en el hilo de alambre, con un peso de ausencia en cada mano. A los lados, ausencia.

También en los rincones, cantidades, no de sombra y polvo, sino de ausencia.

Por todas partes, ausencia.

Todo vacío, todo ausente.

Ausente ella misma, la ausencia.

Rodeado de ausencia, acorralado por la ausencia.

Sin más destino que la ausencia, el resplandor apagado de la ausencia.


sábado, 28 de noviembre de 2020

ENCUENTRO EN LA CALLE

Foto: J.X.

Andaba despistado por la calle y una voz dice su nombre.

Vuelve la cabeza y se encuentra a sus espaldas, como si fuera un ángel de la guarda, al espíritu borrachín, aquel que bebe alguna que otra cerveza y resbala con la flores.

Le dice que se está demorando mucho, que los días van pasando y no sube como antes, al bosque de los espíritus, a hacerles una visita.

Él se disculpa lo mejor que puede. Le explica la verdad: que anda un tanto perdido, desorientado, y se confunde fácilmente de camino. Ojalá pudiera subir y bajar tan a menudo como antes, hace unos meses, o subir y ya no volver a bajar, que es lo que él quisiera, confiesa.

El espíritu asiente, responde que lo entiende. Va a decir algo más, pero resbala con una flor tirada en el suelo y guarda silencio, intentando mantener el equilibrio en la acera. Instantes después, sorprendido por el resbalón con la flor, dice que hoy no ha bebido todavía ninguna cerveza aquí abajo, como suele hacer cuando baja para ver cómo andan las cosas por aquí, en este lugar de encantamientos poco espirituales, advierte.

Andamos desorientados, todos, las cosas y nosotros, responde él.

Ambos sonríen, se dan un abrazo en el aire, y quedan en verse arriba, muy pronto, en el bosque de los espíritus.


jueves, 26 de noviembre de 2020

EL TRAPO DEL POLVO (“EL DRAP DE LA POLS”)

 Foto: J.X.

En esta ocasión, no lleva el trapo del polvo como amuleto. Se lo ha dejado en casa, colgado de la pared.

Así no puede conjurar el polvo de las profundidades de la tierra y el cielo para que no se le confundan los caminos. Se pierde, se extravía otra vez por un camino de perdición que no conduce a ninguna parte.

Tampoco hay nadie a quien preguntar: ¿Dónde hay una salida, o una entrada al bosque de los espíritus?

Si llevara el trapo del polvo todo sería distinto. Desde que fue a limpiar el polvo de la lápida, se impregnó en sus costuras un resto de polvo de la novia muerta, que ahora le podría iluminar y le indicaría cómo salir de este camino y entrar en otro. Un camino nuevo que le salve de esa esclavitud de la confusión y del dominio de la ausencia.

El trapo para sacar el polvo al desconsuelo.

El drap de la pols per netejar el desconhort.

martes, 24 de noviembre de 2020

EL ASEO Y LA MUERTE

 

Foto: J.X.

Ahora ya no se duchaba como antes, pensando en la visita de la muerte, para que lo hallara bien aseado en cuanto fuera a buscarle y entrara en la habitación, o le llamara por la calle.

Ahora tenía otro aliciente más valioso, aunque fuera una forma de lavarse semejante, e igual de triste. Se aseaba para visitar a la novia muerta y brindar con ella. Mientras estuviera con ella, brindando, escurriría el bulto y la muerte se iría de vacío. Sin embargo, no la temía; es más, a veces era él quien reclamaba su presencia y acabar de una vez con tanta comedia de vida y muerte, con tantas vanas esperanzas. No temía, pues, a la muerte, sino al dolor que a menudo la anuncia a distancia. 

De todos modos, ahora iban a hacer un brindis y para poder celebrarlo era necesario escurrir el bulto a la muerte (y hacerlo con discreción, sin escandalizar a otros visitantes, ni llamar la atención de algún funcionario que podría amonestarles por el tintineo de las copas y por querer revivir un brindis en la Isla II del cementerio). 

La muerte tendría que aguardar otro día, otro momento, para salirse con la suya y llevárselo al polvo más puro, donde dicen que los huesos, aunque pelados de piel, siguen enamorados, y la sangre amorosa no sangra.