miércoles, 25 de mayo de 2022

CARTEL EN LA PARED DE UNA CALLE: "SE BUSCA, VIVO O MUERTO"

 Foto: J.X.

A veces confesaba que tenía cuentas pendientes y era un gran deudor.

Había apostado todo el capital de su inocencia y había hecho grandes estafas de amor.

Le perseguían los acreedores del pasado.

Ella también le había dado todo su crédito, le había entregado todo el amor que tenía reservado, y él lo había malbaratado aquí y allá, en lugares remotós y sombríos.

Ella era la principal acreedora de ese amor que él no supo valorar en su momento. Ahora se ocultaba malherido, víctima de los ajustes de cuentas con que se vengaban los justicieros de todo ese amor perdido.

Pese a que ella lo protegía de la persecución y amenazas de los justicieros, defendiéndolo una vez más, contra todos, por el mal causado, él ya no era el mismo y, aunque seguía huyendo bajo el amparo de ella, esperaba que le alcanzara pronto el golpe definitivo, mortal, en el próximo ajuste de cuentas.

Desde entonces, pues, sería objeto de caza y captura, vivo o muerto, por haber corrompido y malbaratado el corazón, por haber prostituido el regalo misterioso del amor que había recibido.

Dos flores de sangre encubren el silencio del resto de esta historia.

viernes, 20 de mayo de 2022

LA INDIGNACIÓN Y El DOLOR SUBÍAN Y BAJABAN POR LA ESCALERA

Foto: J.X. 

Estar más p'allá que p'acá”, como decía la vecina gitana que malvivía en el entresuelo de un viejo edificio, donde entonces vivían también mi amigo y su novia, en tiempos de penuria.

La gitana era una joven muy bella, madre de una niña y un niño. Su marido era un déspota que le marcaba el cuerpo a palizas.

La novia de mi amigo, cuando aún no se había ausentado y perdido en el bosque para siempre, subía y bajaba la escalera indignada, preocupada por la vecina gitana, y llamaba a la puerta del entresuelo para enfrentarse al marido, o avisaba a la policía. Pero todo era en vano: ella, la joven gitana, siempre afirmaba que se había caído y se había golpeado en la cara y en los brazos.

Día a día, aunque con muchas dificultades, mi amigo y su novia fueron pacificando la relación con la familia gitana, y se hicieron amigos de la mujer y de los niños. Evitaron un posible navajazo y mantuvieron al marido en una cierta calma (una calma difícil) cuando vio que aquella pareja de vecinos apreciaban a sus hijos y les regalaban lápices de colores y libretas y cuentos para dibujar y pintar.

Un día, casi por sorpresa, sin decir nada a nadie, la familia gitana se trasladó a otro barrio. Tiempo después, los periódicos informaban que él, el marido gitano, fue asesinado a disparos en un reyerta entre clanes familiares.

Esto sucedía cuando la novia de mi amigo no era la novia muerta, la novia que desapareció en el bosque para siempre, la novia que subía y bajaba por la escalera, indignada, sufriendo por la vecina gitana. 

Una mañana de abril, en la barandilla de la escalera, había una enramada de flores de papel, desde el entresuelo al piso 2º. Travesuras de felicidad de la jardinera, de la novia muerta.


miércoles, 18 de mayo de 2022

EL AZAR Y LA MUERTE (Dos cuentos)

Foto: J.X.

Cuentos escritos en una pared.

CUENTO DE HADAS

La suerte está echada y los dados trucados no le han sido favorables.

La suerte tenía otros pretendientes.

No querer despertar al día siguiente, no querer despertar más.

No sabemos cuánto medía la profundidad de su tristeza. No lo sabemos. Ni lo sabremos nunca.

Hablaba con las flores y decía:  "A veces pienso que hubiera sido mejor no conocerte. Así no habría encontrado la bondad y la belleza de una desconocida, en invierno, con una boina afrancesada y un abrigo verde, en una tienda de la calle Escudellers."


CUENTO SINIESTRO

La muerte del ser más amado, le hizo regresar en el tiempo, volver a su juventud, a un pasado de amor y fracaso.

Le hizo volver y revivir aquellos años de destrucción en que, todas las noches, echaba unas monedas en la máquina de discos del bar las Tres Sevillanas, y escuchaba los desgarros de cante hondo de Manolo Caracol, Camarón de la Isla, Fosforito y Chocolate. Escuchaba una y otra vez, de espaldas al mundo, de pie ante la máquina de discos, abstraído, sin hablar con nadie del bar, escuchaba aquellas voces quemadas, desgarradas, en una calle estrecha del barrio viejo del puerto.

He perdido el corazón, le decía a su amigo de la infancia.

¿Todo el corazón?, preguntaba el amigo.

Todo, todo, respondía él. 

Hice apuestas demasiado arriesgadas y perdí todo el contenido del corazón, aquel pequeño tesoro que, en mi infancia, me entregó mi madre a escondidas de los demás, para que lo guardara.


lunes, 16 de mayo de 2022

EL PASEO

Foto: J.X.

Me dijo:

“Salí a dar una vuelta. Ya era de noche. Sentí un escalofrío. Una mano fría me daba la mano, como si la novia muerta ascendiera de la tierra y viniese a pasear conmigo, poniendo su mano entre las mías.”

Me sorprendió su confesión.

Al salir del bar y despedirnos, sentí su escalofrío en mi mano.

domingo, 15 de mayo de 2022

SIN EL CONTENIDO DEL CORAZÓN

Foto: J.X.

Trabajar con restos..., restos de poesía.

Sin el contenido del corazón, pero con un resto de alma fluyendo extraviada por la red de las venas.

Laberinto de venas abiertas..., ahora cosidas..., no, embastadas (a medio coser, no en vano su madre y su “tieta” habían estudiado “Corte y Confección”). Con las venas embastadas, luego de haberse derramado ensangrentando una rosa blanca, una rosa solitaria que había florecido casi en secreto en el musgo de una esquina. 

(Si él se hubiera suicidado -pensaba después-, también habría matado el amor por ella. Continuaría viviendo, pues, a pesar de todo y sin tener ganas de vivir, para que no muriera el amor que la vivificaba a ella. Como un homenaje. Ahora viviría para sentir la muerte donde habitaba ese amor, el perfume de las últimas flores.

Hasta el final de todo, hasta morir ambos: él y ese amor que se habría resistido a la muerte voluntaria.

Hasta el final de todo.)



sábado, 14 de mayo de 2022

ESA COSA DE LA VIDA

Foto: J.X.

La vida ya no iba con él.

La vida era cosa de los otros, esa cosa de la que hablan los demás, pero que no iba con él.

Desde que la persona que le capacitó para amar se ocultó en la frondosidad de los bosques y no volvió a salir, la vida ya no iba con él.

jueves, 12 de mayo de 2022

DESPUÉS DEL NAUFRAGIO, A LA DERIVA POR LAS AGUAS SOLITARIAS DEL MAR

Foto: J.X.

¿Qué más pueden hacer las palabras

manchadas de tanta sangre,

cuyas letras sanguinolentas

circulan perdidas, envenenadas,

por el enramado de la venas?

Después del naufragio,

a la deriva por aguas nocturnas, solitarias,

¿qué más pueden hacer las palabras

sino callar el dolor, ahogar el grito

en las profundidades del mar?

domingo, 8 de mayo de 2022

¿UN CUALQUIERA?

 Foto: J.X.

Cuentan que fue la pasión y muerte

de un cualquiera.

Pero el cuento ignora

que aquel dolor

no fue un cualquiera.

Un dolor cualquiera.


viernes, 6 de mayo de 2022

REZAR

Foto: J.X. 

Sólo queda rezar.

¿Rezar qué? ¿Rezar a quién?

Silencio. Silencio.

Rezar un verso, o dos o tres palabras, o una mezcla de silencios. 

En cualquier lugar, en casa, en la calle, en la iglesia, en los bosques, sólo queda contemplar y rezar.

Rezar sin esperanza.

Rezar el silencio, sin saber lo que rezas.

Y que salga una flor en cada herida. Las últimas flores.

Desconsuelo, al llegar el tiempo de las últimas flores. Todo era desconsuelo.

Crucificado por amor, fue rescatado y salvado por amor, a pesar de sí mismo, hasta que la muerte se interpuso.

Entonces, con las últimas flores, quiso vivir muerto cuando ella desapareció en el bosque para siempre.

Amor enraizado en una muerte que florecería entre las piedras. Con las últimas flores.

La puta vida, la puta muerte, arrancando las últimas flores.


jueves, 5 de mayo de 2022

EL ÚLTIMO INSTANTE

Foto: J.X.

En un instante

lo había perdido todo.

Un instante

de vida y muerte.

Y, desde entonces,

le faltaba la vida,

le faltaba la muerte.

martes, 3 de mayo de 2022

SIN RASTRO

Foto: J.X.

Por mucho que él anduviera, no dejaba huellas.

Pese al bulto que arrastraba, no dejaba ningún rastro en el polvo de los caminos, ni en la arena de las playas, ni en el suelo de las casas, ni en la suciedad de las calles de la ciudad.

Como si él y el bulto que arrastraba no hubieran pasado jamás por ningún lugar.

Andaba por andar, según el viento, como las nubes, sin destino alguno.

Como si nunca hubiera existido.

¿Qué bulto arrastraba?, se preguntaban quienes lo veían pasar arriba y abajo.

Pero todo era silencio.

Ya era demasiado tarde para hacer preguntas.

Uno de los cuatro amigos que aún le quedaban, explicaba a los curiosos del barrio, que ya de joven, por culpa de un mal de amor, andaba por las calles sin corazón, y de ahí que no dejara huellas, que no dejara ningún rastro al andar.

Porque había perdido, ya entonces, en su juventud, el peso del corazón.

Andaba y andaba, hasta caerse muerto. Pero luego se levantaba y seguía andando.

Hasta que un día cayó en un matorral de flores silvestres y malas hierbas, y las hojas y los pétalos lo cubrieron para siempre. 

Dicen que lo que acabó con él no fue un sueño de amor, ni una tristeza amorosa, sino un desgarro del alma. Puro desgarro. Le faltaba la vida. Le faltaba la muerte.



domingo, 1 de mayo de 2022

APOYADA EN UN ÁRBOL...

 Foto: J.X.

No hay escapatoria: al final del camino, apoyada en un árbol (¿tal vez un almendro en flor de la infancia?), le espera desde hace tiempo su amiga noctámbula la desolación.

Al final del camino.

Un día escuchó en la calle: "Ya no estás dentro de mí. No tengo sitio para ti."

Al final del camino puedes escuchar frases como ésta.

No hay escapatoria.

Le espera desde hace tiempo

su amiga noctámbula la desolación,

apoyada en un árbol

(¿tal vez un almendro en flor de la infancia?)

domingo, 24 de abril de 2022

BAILE SOBRE UNA ALFOMBRA DE FLORES

Foto: J.X. 

Una día después de Sant Jordi, celebrado ya el día del libro y la rosa, él se ajusta la mascarilla contra la pandemia y sube al autobús, que ha de conducirle al cementerio donde, en el jardín de la entrada, el kiosquero de las flores le venderá dos rosas, componiendo un pequeño ramo.

Después, él se dirigirá al lugar de la cita donde le espera su novia, dispuesta ya a bailar un vals entre los difuntos que salen a tomar el sol del mediodía, bajo las nubes blancas que cruzan el azul.

A causa del viento y la lluvia de ayer, hay ramas y agujas de ciprés extendidas en el suelo, que, con los ramos de flores deshojados por el viento, tejen una perfumada alfombra donde los novios se deslizan con ligeros pasos de baile.

El novio tiene una cruz tatuada en el brazo izquierdo. La novia le muestra un puñado de flores de tilo para limpiar la sangre reseca.


viernes, 22 de abril de 2022

DÍAS DE LIMPIEZA DEL HOGAR

Vivía solo. Era soltero por convicción, el “más solterón de los inquilinos”, como decía la portera del edificio.

Cada jueves de cada semana, unas horas antes de que llegara la mujer de la limpieza, procuraba que el lavabo estuviera limpio, como hacía a diario por otra parte. Sin embargo, un día antes, los miércoles, vigilaba más el estado, no sólo del lavabo, sino de la vivienda en general.

Cualquier mancha era eliminada de inmediato, y las motas enmarañadas de polvo que se hubieran podido esconder durante la semana por los rincones y detrás de las puertas. eran recogidas y tiradas a la bolsa de la basura.

Tal era su obsesión, los jueves de cada semana, que, pese a las molestias que le provocaban las corrientes de aire, abría de par en par el balcón, la ventana y la puerta trasera del patio interior, para que se ventilaran a fondo todos los rincones y el pasillo de la casa.

Por si acaso, también perfumaba las dos habitaciones del piso con tres o cuatro pulverizaciones de ambientador. “Pistoletazos de perfume con olor a lavanda”, indicaba él, sonriendo, satisfecho por la batalla sin cuartel que mantenía contra la posible suciedad, cada jueves de cada semana, antes de que llamara a la puerta la mujer de la limpieza.

De entre sus manías tragicómicas, ésta era la más reciente, la más nueva, desde que faltaba alguien en su vida.

La verdad es que estaba harto, confesaba a su amigo más íntimo, de quien se rumoreaba que estaba enamorado desde la infancia... Muy harto de su cuerpo y de su alma, de tanta vida muerta y de tanta muerte viva.

También comentaban algunos familiares que su mayor pecado o delito fue traicionar la bondad de una persona querida. Pecado grave para el que no habría confesión que lo perdonara. O delito para el cual no habría absolución posible. Y que por eso mismo, por esa traición a la bondad de un ser amado, se ha convertido él, en su propia casa, en una especie de Fray Escoba del hogar. O como un niño abandonado en la puerta de una inclusa para niños sucios, delincuentes, advertía un ex-cuñado. "Un desalmado, que sería mejor arrojar de cualquier casa, limpiando con lejía su presencia de arriba abajo", añadía el ex-cuñado, con una sonrisa malévola.  

Así malvivía, con el alma balanceándose de un lado a otro, pendiente de un hilo.

Con el alma en vilo, balanceándose de acá para allá, colgada de un hilo de telaraña.

Lejos de su casa, en una pared húmeda, había un graffiti dibujado en verde, que decía: Piensa en mí.


domingo, 17 de abril de 2022

UNA LATA DE CONSERVAS ABOLLADA, CON GOTAS DE SANGRE

Foto: J.X.

No sabía dónde sostenerse. No sabía cómo hacerlo.

Había perdido cualquier asidero. De tanto abusar del sostén de una rama enraizada en el abismo, ésta se había roto.

Sin presente, sin futuro, tenia aún memoria de los días vividos. Pero los recuerdos estaban muy gastados, quebradizos como una raspa de sardina en aceite, extraída de la lata que la conservaba.

Eso es, ahora resultaba que se sentía como una sardina en aceite, con una raspa de espinas rotas, fuera de la lata, fuera de casa, abandonada, arrojada del plato a la bolsa azul de la basura. Por lo menos, era azul, diría alguien.

Es verdad. Volvamos a decirlo: la bolsa era azul, y los recuerdos estaban muy manoseados, los recuerdos (volvamos a decirlo) muy manoseados, muy raspados por la falta, por la ausencia en que vivía, sin saber dónde agarrarse, dónde sostenerse una vez más, un día más. No sabía cómo hacerlo.

Todo estaba roto, destruido, como una lata de conservas, abollada, con gotas de sangre seca de alguna mano que se había cortado al abrirla. Una lata vacía arrojada al vertedero.

Su destino trágico, su fatalidad era la ausencia. La añoranza, la nostalgia que sentía en lo más hondo, desde niño, cuando se ausentaban y se alejaban de él, acaso para siempre, aquellas personas a quienes amaba.

La sangre ayer derramada vierte la sangre derramada hoy, cantaba un vagabundo con una lata de cerveza mal abierta en la mano.

jueves, 14 de abril de 2022

LA RENDICIÓN

Foto: J.X.

Cuando el cuerpo se rinde, sin fuerzas, exhausto,

y el alma se escapa escaleras abajo y huye por la calles hacia el bosque, hacia el mar,

también se escapan, también huyen todas las palabras

que se habían ido acumulando en la memoria,

a veces como un tesoro, a veces como una carga.

El cuerpo, entonces, ya no podrá vivir por sí mismo,

y cualquier ayuda solo servirá para mantenerlo así,

rendido, sin fuerzas, exhausto,

herido de muerte por la huida del alma, fugitiva, que se ha escapado a lo lejos, a lo desconocido.

Tampoco el poema, al querer iluminar esa rendición, esa pérdida del espíritu vital, esa huida del alma,

podrá ir más allá, y cada una de sus palabras rozarán el suelo, se romperán contra la pared, sílaba a sílaba, desorientadas, impotentes,

y caerán, besarán el suelo, golpeadas,

vencidas como el cuerpo.

Y se hará el silencio, el dolor de lo inexplicable.

miércoles, 13 de abril de 2022

LAS ÚLTIMAS PALABRAS

Foto: J.X.


Con el cuerpo cojeando y el alma medio muerta y de parranda, la palabra como forma de suicidio resultó ser más un objetivo que un refugio.

Palabras encorvadas, palabras malheridas, palabras con heridas leves, palabras cojas, palabras que arrastran lo que ven, lo que encuentran, palabras que llevan encima a otras palabras, o a rastras, palabras abandonadas, palabras no dichas a tiempo, palabras camufladas, palabras afiladas, palabras medio dichas, palabras acuchilladas, palabras solitarias, palabras condenadas al silencio, palabras de lo contemplado, palabras de lo perdido, palabras ausentes, palabras olvidadas, palabras visionarias, palabras caídas, palabras resentidas, 

palabras derramando sangre, palabras balbuceando, apenas si respirando, palabras que, sin embargo, siguen latiendo, solidarias, palpitando arriba, en medio, abajo, tus palabras, mis palabras, sus palabras, 

palabras lanceadas por los cuatro costados, lanceadas como el costado de un Cristo agonizante cuyas últimas palabras llaman en vano al Padre, rogándole que le ayude a apurar el cáliz, palabras de súplica, las últimas palabras que se van desangrando y gotean en el cáliz de la tierra, hasta derramarse e impregnar la lejanía del subsuelo, que se resquebraja y se oscurece entre palabras de asombro y fe, entre palabras de grito, de vacío, exclamaciones de palabras, los últimos gritos, las últimas palabras dolidas, desoladas, palabras de luz, palabras resucitadas, 

las últimas palabras, que así sea, todo callado, todo en sombras, en el silencio oscuro de las últimas palabras, de amor y muerte, de amor. 


sábado, 9 de abril de 2022

LA REDENCIÓN DE UNA CULPA DE AMOR

Foto: J.X.

Así como santas y santos se redimían en soledad y ahuyentaban nuevas tentaciones, así también él se redimía y mantenía a distancia las tentaciones.

Nos contaba que sus ejercicios de redención se basaban en la palabra, o mediante algunos castigos físicos, pero leves, ya que el cuerpo no era más culpable que la mente. Al contrario, decía, es la mente, el alma quien debe responder por las causas de la redención.

¿Cuáles eran esas causas? ¿Acaso había matado a alguien? ¿Había estafado? ¿O había roto el corazón de una amante? Aquí ya no quería ser tan explícito, y hablaba de relaciones, de naturaleza enigmática, decía, para una mayor confusión del oyente.

No obstante, añadía que, aparte de tales relaciones o encuentros enigmáticos, había otros desvíos, mucho peores, más graves, que no podían ser confesados sino era en soledad, con el alma contra la pared. Ni sacerdotes, ni amigos, ni novias, entenderían jamás tales desvíos. Solo con el alma puesta contra la pared le era dado manifestar, mordiéndose los labios hasta sangrar, toda la destrucción acumulada a lo largo de su vida.

Hay quienes murmuran que lleva en el alma una novia muerta, torturada por sus padres y sus dos hermanas, y que al final la encerraron en su habitación para que no se escapara con él, ambos culpables por amarse. Murió encerrada en la misma habitación donde nació. nacido. Cuando un día él se enteró de su muerte, al perderla a ella, lo perdió todo. Desde entonces -quienes murmuran- observan, unos con burla, otros con tristeza, cómo pasa calle arriba, calle abajo. Como un alma en pena que no sabe desprenderse de su propio cuerpo, y sigue andando, andando, a rastras, cuidando que nunca le falten flores a la novia difunta. Cuidándola, muerta, en el corazón.


viernes, 8 de abril de 2022

LA CONFESIÓN DEL BAR

Foto: J.X.

Me dijo: “Estoy anonadado, algunos compañeros de oficina me han dicho que soy homosexual, aunque yo no lo sepa. Como argumentación, les he dicho que he tenido una primera novia que me abandonó, pero que no dejó de quererme a pesar de los amantes que tuvo. Y una segunda novia que me quiso mucho, y que yo tuve que aprender, con el tiempo, a quererla tanto. También he tenido enamoramientos efímeros, irreales, pura imaginación. Entonces me preguntaron si sabía lo que era un beso de lengua o el sexo oral, y les respondí que sí, que lo había leído y lo había visto en algunas películas. Fue entonces cuando me lo dijeron: me declararon homosexual (aquí entonces aún no te llamaban "gay").”

Me quedé atónito con esa confesión tan íntima de mi amigo. Pero no dije nada.

Yo también había sido demasiado platónico (con novias reales, novias y novios imaginarios y novias de alquiler). Un puto novio, hablando en plata, como diría Arturo, el de la Mesa Triangular, un novio de la prisión “Modelo”, que leía a Rimbaud, según explicaba la monitora del Taller de Encuadernación a sus alumnos presos (“internos”, ordenaban decir las autoridades).

Nos bebimos otra cerveza y salimos del bar. Era de noche, las calles estaban desérticas. Titubeando, nos cogimos de la mano y fuimos a dar una vuelta por el barrio. Teníamos las manos frías, como si una novia muerta subiera de la tierra y viniese a pasear con nosotros, poniendo su mano entre las nuestras.


jueves, 7 de abril de 2022

RECITAL GROTESCO EN EL BAR

Foto: J.X.
Después de tomar unas cuantas cervezas se ponía trágico y dramatizaba, gesticulando, recitando con voz grave, como si estuviera interpretando a Shakespeare en un ejercicio del Instituto del Teatro, donde estudió un año, solo un año, reiteraba, porque en su vida ya había suficiente teatro para, además, tener que estudiarlo con nuevas técnicas dramáticas.

Se subía a una silla, manteniendo el equilibrio a duras penas, y recitaba, trágico, pero con voz y gestos  grotescos:

Todos dormiremos en un ataúd,

sin soñar, sin despertar.

O acabaremos en un horno, incinerados,

que viene a ser casi lo mismo,

pero sin ratoncitos con pétalos de flores

que nos perfumen

por fuera y por dentro del ataúd,

como en un cuento de Allan Poe,

pero con flores.

Sin soñar, sin despertar.

miércoles, 6 de abril de 2022

EL HOMBRE DEL SACO

 

Merodeaba por el barrio con una bolsa grande, abultada, echada al hombro, parecía pesada, repleta de cosas.

Nadie sabía dónde vivía. No era un vecino, pero merodeaba por el barrio.

Una de las vecinas, hija de unos tenderos propietarios de una carnicería, explicó que este hombre le recordaba a una vendedora que, en los tiempos de la dictadura, cuando había estraperlo de trigo, de aceite, de carne, etc., llegaba de noche a la tienda de sus padres con un saco al hombro, donde traía, envuelta en un trapo ensangrentado, una pieza grande de ternera (era una pieza muy fresca, sangrante aún, de esa “carn de Girona” (“carne de Gerona”, tan valorada entonces por su buena calidad). Y fantaseaba con un crimen pasional o mafioso, con el despiece de algún empresario o político, o el de una amante, que el hombre del saco iba transportando a piezas para enterrarlas en un lugar solitario, por ejemplo, en un descampado cerca del barrio, decía, con mirada intrigante, detectivesca.

Aunque los vecinos eran temerosos y no se fiaban de aquellos que merodeaban por el barrio, nunca llegaron a sospechar, de manera seria, que ese transeúnte misterioso pudiera ocultar en el saco una parte del cadáver de algún enemigo mafioso o político, o el de una amante. Algunos sí que lo comentaban bromeando, más que nada para asustar a los oyentes. Pero no lo decían en serio.

El descubrimiento de la verdad, el día en que se desgarraron las costuras del saco y cayó todo el contenido en medio de la calle, fue una sorpresa para todos.

No era el despiece de un enemigo político o mafioso o el de una amante. No eran los miembros cortados de un cadáver, envueltos en trapos ensangrentados, como había fantaseado la hija de los tenderos carniceros. Nada de eso, sino juguetes de madera, de aluminio y de plástico, trenes, coches, muñecos, peonzas, un tablero de parchís, otro de damas, el juego de la oca, una pistola, una cartuchera y un sombrero de vaqueros del Oeste, una placa de sheriff, plateada, un arco con un par de flechas, entre otros muchos juguetes que fueron cayendo del saco, como los títeres de una infancia muerta. O tal vez simplemente unos juguetes rotos que el hombre del saco había recogido de un vertedero de basuras. 


domingo, 3 de abril de 2022

LO PEOR

Foto: J.X.

No hay nada peor. Es lo peor. No existe nada tan peor.

Es peor que la muerte, repetía, es lo peor.

Pero no decía lo que era tan peor. Por mucho que se lo preguntaras, no respondía qué era eso tan peor. Peor que la muerte.

Si se lo volvías a preguntar, se le ponían los ojos tristes, y parecía llorar por dentro, sin lágrimas, pero con los ojos húmedos, como si quisiera confesar algo. Algo que es impronunciable. De lo que no se puede hablar, porque es inconfesable, peor que la muerte. 

Lo peor.


viernes, 1 de abril de 2022

MIRANDO LA LEJANÍA DEL SUELO

 Foto: J.X.

No hace muchos años, cuando volvía a casa, después de dar vueltas y vueltas por las mismas calles, le gustaba abrir el buzón y mirar los mensajes, las revistas y los libros que solían enviarle por correo. Pero, de un tiempo a esta parte, tiene miedo de su buzón, lo mira de reojo cuando entra en el portal y teme siempre malas noticias. Sobretodo, teme encontrar avisos urgentes de Hacienda, del Ayuntamiento o de la Administración de Fincas que le alquiló el piso hace cuarenta años. Cumple con las leyes, pero nunca espera buenas noticias. Ni tampoco espera recibir generosas cartas, ni notas delicadas, amorosas.

Va por la calle mirando al suelo. Solo mira al suelo, como si buscara algo que hubiera perdido. Cuando levanta la cabeza para cruzar una calle, para entrar en una tienda o para devolver un saludo, pronto vuelve a mirar al suelo, aterrorizado por la realidad, por lo que ha visto en derredor.

Desde que lleva una novia muerta en el corazón, o como se llame ese lugar de su interior donde ella se reanima y sobrevive, esto lo sufre más a menudo. Porque se trata de un sufrimiento radical, no de un duelo más de la vida, decía.

Merodea, pues, como si fuera un sospechoso de todo, con la mirada perdida en el suelo, en la lejanía del suelo de unas calles donde ellos dos, la novia muerta y él, acostumbraban a pasear, sin miedo a mirar lo que les rodeaba, o lo que, a veces, les acechaba parapetado en las esquinas del barrio.

Hubo un tiempo, demasiado largo, en que llevó una vida desordenada, no por la propia vida, sino por la muerte. Una vida desordenada por la muerte.

Cuando en la sala blanca le quitaron casi toda esperanza y, sin embargo, le propusieron nuevas terapias, ella, enérgica, se levantó de la silla y respondió: "Basta ya, es la última vez, se acabó". Ante el silencio profesional de los médicos, él dijo algo, en un vano intento de prolongar la esperanza, la vida. Pero ella respondió lo mismo, las mismas palabras. Entonces él, sin decir nada más en aquella sala blanca, se quedó aferrado a un resto de vida, a una promesa, desde la desesperación. Recuperaría, de la muerte, de la pérdida, todo lo felizmente vivido con ella, en casas, en calles, en bosques y playas, con nombres y cosas, y palabras, sobre todo palabras y miradas. Pero también lo malvivido por ambos, y él solo, y ella sola, al margen de las casas y las calles, sin bosques, sin el mar, sin nombres ni cosas, y sin palabras, sobretodo sin palabras ni miradas. Desde la desesperación. recuperaría todo lo felizmente vivido y, a la vez, no renunciaría al dolor de lo malvivido, ella sola, él solo, al margen, en los desvíos del trayecto sin fin, a ninguna parte. "A mitad de camino entre ninguna parte y el olvido", como dice el narrador de una película.

Y eso fue lo que hizo. Dar la palabra al primer encuentro, dichoso, jovial, pero también a las dolorosas separaciones, hasta alcanzar el último reencuentro, un reencuentro vivificado, cicatrizado de raíz.

Hay secretos para los cuales nunca es tarde la revelación. Revelarlos elimina, mediante la palabra, el elemento demoníaco de la vida oculta, de la vida secreta que, al no poder manifestarse, se convierte en incomunicación angustiada del mal frente al bien, como advertía Sören Kierkegaard. La palabra purifica. La aceptación de la culpa y del dolor, la revelación, es el sacrificio que hay que ofrecer.


miércoles, 30 de marzo de 2022

UN DÍA DE LLUVIA

Foto: J.X.

Era un día de lluvia. Había abierto el paraguas y andaba arrastrando los pies, más muerto que vivo, por un calle peatonal, sin aceras.

Llegó una camioneta y la conductora le dijo que se arrimara a la pared si no quería morir atropellado.

La conductora tenía razón y se arrimaba cada vez más a las fachadas de los edificios.

Llegó otra camioneta y el conductor le dijo, a voz en grito: ¡No se arrime tanto a la pared, que uno sabe conducir y no voy a atropellarle!

Este conductor también tenía razón. Siguió andando, bajo el paraguas, más muerto que vivo.

Entre esta dos voces de conductores, pensó entonces en otra voz, en otras voces, y se preguntó: "Cuando una voz te mata por amor o por desamor, ¿se puede andar por la vida de otra manera que no sea arrastrando los pies, un día de lluvia, por calles peatonales sin aceras, bajo un paraguas?"

Tenía todo el cuerpo invadido de ausencia. La extrañeza le subía de los pies a la cabeza. En estas condiciones, ¿qué más podía hacer un alma gastada?

lunes, 28 de marzo de 2022

LAS ALMAS TAMBIÉN SE RESFRÍAN

Foto: J.X. 

Lo primero que hacía al entrar en un local: tienda, bar, ateneo, centro cívico, cualquier local abierto al público -pues hacerlo en casas privadas era muy difícil, tarea casi imposible, aunque se podía intentar-, era mirar si había dos puertas opuestas, contrarias, abiertas: la de entrada y salida, y otra al fondo o en un lateral, generando corrientes de aire.

Así, pues, en caso de que el local tuviera dos puertas y ambas estuviesen abiertas, hiciera frío o calor, él ya se preparaba, con disimulo, para cerrar una de ellas en cuanto le fuera posible.

Cuando, pese a todo el trabajo de astucia que requiere un disimulo bien realizado, le pillaban con las manos en la masa, es decir, con la manos en la puerta que ya estaba a punto de cerrar, y le preguntaban, ¿qué estaba haciendo, por qué cerraba la puerta?, él tenía, como argumento rápido, una excusa espiritual: les decía que las corrientes de aire le enfriaban el alma.

Pero con tal excusa solo conseguía que los cálculos y preparativos para cerrar una puerta se le vinieran abajo y se le complicara la tarea del cierre con toda la burla de que era objeto.

Entonces, agarraban la puerta de inmediato y abriéndola otra vez, le respondían de mala manera que lo que le pasaba era que tenía un miedo terrible a los resfriados. Que era un miedoso y además un incívico que hacía las cosas sin consultar a los demás.

Vapuleado por todas partes, se despedía como podía, pidiendo disculpas y estornudando. Mientras los otros se reían y lo arrastraban a la calle, él se defendía diciendo que estornudaba por culpa de las dos puertas abiertas, y que muy pronto se quedaría sin alma, ahuyentada por esas corrientes de aire. Que si estornudaba -añadía-, era porque las almas también se resfrían.

Su esposa y sus tres hijos también se reían -con cierta ternura- de  esta lucha extravagante, de este duelo a espadas que él mantenía contra las corrientes de aire, aunque a veces tuvieran que ir a la comisaría o al hospital a recogerlo.

viernes, 25 de marzo de 2022

EN BUSCA DEL TESORO

Foto y encuadernación,   J.X.

Se acercó a una mesa situada al fondo del bar, muy al fondo -un poco a oscuras por falta de luz-, donde estaban hablando dos personas, una mujer y un hombre, de mediana edad. Él se acercó más y se puso de rodillas junto a la mesa, casi rozando una de las sillas, y dijo:

Por favor, déjenme participar en sus confidencias, déjenme amarles como si nadie hubiera muerto aún.”

El hombre y la mujer no escucharon lo que les decía, y sin mirarle siquiera, llamaron al camarero para que echara a aquel vagabundo lejos de su mesa..., "si es fuera del bar, mejor", aconsejaron ambos al camarero. con una sonrisa cómplice.

Pero antes de que el camarero lo agarrara por el brazo, él se levantó de prisa y se marchó corriendo del bar.

Con los latidos del corazón resonando en las manos apretadas, cada vez más confundido, salió a la búsqueda de otro lugar, de otra mesa y de otros comensales.

En busca de otros seres vivientes, no tan indiferentes, que tuvieran la bondad de escuchar su plegaria, y de corresponder a la oferta de participar en el descubrimiento de un tesoro: ese tesoro de amor con que se estremecen los corazones.

(Dicen algunos que ya de joven, a partir del día en que alguien no acudió a una cita primordial para él, de vida o muerte, comenzó a ir por mal camino, y que unos años más tarde se entregaba ya, de manera descarada, a la mala vida propia de un sinvergüenza. Por eso ahora, en su vejez, como redención, iba arrodillándose por los bares ofreciendo a los desconocidos un tesoro de amor, más imaginario que real, puesto que él no sabía lo que era amar. Nunca había querido a nadie y, por esa misma falta de amor, había hecho daño y había traicionado a amigos y amigas. Lo que se dice un perfecto sinvergüenza, que, para redimirse, ahora que es viejo, se arrodillaba en cualquier bar, ante desconocidos, para pagar una cuenta pendiente, una trágica deuda de amor (hablan de una novia muerta). Todo un misterio que no vamos a profanar, como él hubiera hecho.

Cuentan que, antes de morir, su cuerpo y su alma derramaron tanta sangre que, desde entonces, la novia muerta yace envuelta en rosas y sábanas rojas.)

jueves, 24 de marzo de 2022

LA MASCARILLA DE LAS PALABRAS

Al principio, se ponía la mascarilla para cortar la intercomunicación con el virus de la pandemia que andaba suelto por el mundo -”la intercomunicación viral”, como decía él.

Pero, al poco tiempo, comprobó que la mascarilla era también una ventaja muy útil para ocultar las conversaciones íntimas consigo mismo mientras merodeaba por las calles.

De este modo, mediante la mascarilla, conseguía mantener bajo secreto diplomático sus discusiones imaginarias con determinados vivos (líderes políticos y de opinión, representantes sociales, militantes de sindicatos, de partidos políticos, y, en suma, con periodistas y demás opinadores mediáticos con los que estaba en total desacuerdo).

Pero, sobre todo, era una manera de hablar con sus queridos muertos, sin llamar la atención.

Hablar tranquilamente con los muertos y cortejar a su novia difunta mientras callejeaba, sin temor al qué dirán los vivos fisgones de tales amoríos furtivos.

Todo gracias a la función aislante de la mascarilla, que disimulaba los movimientos labiales y ocultaba las palabras susurradas a los muertos.

Una vida secreta que era posible mantener por ir enmascarado, por ser el transeúnte enmascarado.

Con la mascarilla en la boca, en la nariz y en las palabras.

"Tengo que olvidar tantos buenos recuerdos..., para sobrevivir", decía, balbuceando, con los dos ojos tristes y la mascarilla puesta, en el interior de aquel bar, al fondo, más al fondo, en esta mesa, gracias.

miércoles, 23 de marzo de 2022

UN ASUNTO DE VIDA Y MUERTE

Foto: J.X.

No puede hacer esto o lo otro, ni puede atender las peticiones de los vivos.

Tiene a su cargo a alguien, a una persona que le exige toda la atención.

No para mantener viva a esta persona.

Porque es ella, la novia muerta, quien, desde la muerte, intenta mantenerlo con vida a él.

Pero, a cambio, él ha de ofrecerle la debida atención.

Son asuntos de vida y muerte.

Cosas difíciles de explicar y que los vivos puedan comprender.


domingo, 20 de marzo de 2022

LO QUE NO PUEDE SER NOMBRADO

Foto: J.X.

Hay un trozo de tierra en un lugar solitario, con una planta cuyas raíces se impregnan de la sangre del alma de la novia muerta.

Porque hay restos de almas que aún sangran en los escondrijos de la tierra, y cuyas flores no son rojas.

Tienen un color que no puede ser nombrado.

Son flores innombrables.

Las palabras del poema pueden arriesgarse e ir más allá, ¿pero sabrán encontrar después el camino de regreso? 

Si vuelven al poema, ¿será posible descifrar y entender lo que digan? ¿Lo que han entrevisto, lo que han adivinado?

Hay algunas flores cuyo color no puede ser nombrado.


viernes, 18 de marzo de 2022

EL DESTINATARIO AUSENTE

Foto y papel jaspeado: J.X.

Con las manos sobre el mármol jaspeado de la mesa del bar, me confiesa que casi todos los días escribe cartas al novio  difunto. O poemas.

Lo envía por correo a una dirección facilitada por un funcionario que le aseguró que conoce bien estos trámites y cómo muchos de ellos acaban en nada por mala gestión en la comunicación.

No se desanima, pues, cuando le devuelven los sobres por destinatario ausente. El cartero o mensajero no escribe, en el dorso del sobre, “destinatario desconocido”, sino “ausente”. Solo ausente. En consecuencia, esto significa que los vecinos de tal lugar no desconocen al destinatario del correo, sino que ahora mismo estaría ausente por un tiempo.

Calla unos segundos..., y me susurra, entrelazando las manos sobre el mármol jaspeado de la mesa: “En realidad, todo lo que le escribo no son cartas ni poemas, sino “actas de acusación” contra mí misma, sin derecho a defensa propia.”

Un silencio..., y añade: “Autoinculpaciones algo embellecidas, claro está, confesiones respetuosas en la medida de lo posible, por amor y por delicadeza. Para que la forma suavice el contenido crudo de esas cartas al destinatario ausente.”

Las cartas devueltas las sepulta bajo las flores, en la tierra de unas macetas. Escribe cartas nuevas -con el mismo texto, aunque modifica o añade algunas frases-,  y las envía de nuevo al novio difunto. 

Mientras ella habla, no puedo evitar pensar en el poeta Jacint Verdaguer y en su escrito en defensa propia cuando era perseguido y acusado por los poderes religiosos y periodísticos de la época.