Foto: J. X.
Desde que ella ha muerto,
cuentan algunos vecinos
que él parece un muerto viviente.
Habla siempre de ella,
consigo mismo
y con los demás.
Con todo el mundo,
habla de ella.
Parece que intenta
mantenerla viva,
reavivarla.
Aunque tenga que llevarla
colgada a la espalda,
o en las entrañas,
bromean otros
sobre la muerta
y el muerto viviente.
Por el contrario,
en vida hablaba poco de ella,
siguen contando los vecinos.
Como si temiera ser amado
y poseído como un objeto.
Como si se avergonzara
-ésta es la palabra,
dicen unos-,
de que hubiera alguien
que le quisiera
-ésta es la palabra,
dicen otros-.
La vergüenza de amar,
la vergüenza
de ser amado.







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