Pere Gastó, Retrato de Judith Xifré
Tal vez sea éste
el último poema,
en tierra limítrofe.
Agarrarse a un clavo ardiendo,
cada día.
Agarrado a una palabra,
a otra palabra,
hasta el final,
hasta el último poema.
Habitaciones
Pere Gastó, Retrato de Judith Xifré
Tal vez sea éste
el último poema,
en tierra limítrofe.
Agarrarse a un clavo ardiendo,
cada día.
Agarrado a una palabra,
a otra palabra,
hasta el final,
hasta el último poema.
Foto: J.X.
I
Un Orfeo de barrio
cruza otra vez la tierra limítrofe,
y traspasa el corazón de las tinieblas.
Observa que unos restos de luz
permanecen en las flores que ardieron en este lugar,
pero sin alcanzar a iluminar el otro lado,
el lugar donde la Eurídice de barrio
desapareció.
Ambos,
el Orfeo de barrio
y la Eurídice de barrio,
prosiguen buscándose en vano
en esta tierra de cenizas,
en este inframundo.
El Orfeo de barrio
alarga la canción
para que ella,
Eurídice de barrio,
reviva.
Pero no es consuelo
ese canto, ni milagroso.
No hay sonido alguno
que pueda enmascarar
la ausencia, la muerte,
más abajo
del corazón de las tinieblas.
II
Colgado en la cruz de papel
del poema,
el Orfeo de barrio
repasa las tentaciones
que malgastaron el amor.
Al mismo tiempo
que lo anuncia,
duda
del propósito de enmienda,
y decide
no contar nada más.
Es anunciación
de aquello
que no se encarnará
en el poema.
Los exorcistas,
sin ángeles caídos a la vista,
sin ángeles caídos al oído,
se quedaron sin palabras,
con la boca abierta.
III
Te presiento.
Al extender la mano,
con los dedos abiertos,
sobre el cristal de la ventana,
te presiento.
Sin embargo,
no encuentro el rastro de tu cuerpo,
y en vano, con mis canciones,
me encomiendo a tu alma.
No sé dónde,
en qué lugar profundo del bosque,
entre qué raíces,
podríamos encontrarnos.
Toda la tristeza de la tierra
se derrama en estos versos,
arrasadas las raíces
hasta lo más hondo.
Desclávame, querida ausente,
las garras de agujas de coser
que me clavan a esta cruz de papel,
y que, sin ti, me atormentan.
Subamos la escalera,
vayamos a casa,
y no miremos atrás,
no miremos.
IV
Cuando empezamos
a bajar y subir
del inframundo,
desbaratando ataduras
y raíces,
al cabo de poco tiempo
era ya como si lo hiciéramos
por la escalera de nuestra casa,
acostumbrados al paliativo del dolor.
Las plantas y flores
de balcones y ventanas
se iban apagando,
como nosotros mismos
en la oscuridad de la escalera.
No hay canto
que pueda consolar.
Enmascararé la ausencia,
pondré un antifaz
a la voz de la novia muerta.
Foto: J.X.
I
Esta mañana viviré
para decir
que dejo de escribir,
que no te escribiré
aquello que deseaba hablar contigo,
y de lo cual
tan sólo anunciaré
las primeras palabras.
Infinita, la desoladora ausencia de ti.
II
VOLVER A ESCRIBIRLO
Quería desaparecer.
Ser succionado
por la tierra de un bosque,
por otro cuerpo,
o por el mar,
succionado hasta el fondo,
hasta el final.
Dejar de escribir
la inocencia,
el amor,
el fracaso.
Dejar de escribir
la culpa,
el desamor,
la dificultad de vivir.
Dejar de escribir
el perdón imposible,
la redención,
la muerte.
Dejar
de escribir,
de una vez por todas,
y, pese a todo,
vivir,
y volver a escribirlo.
III
ADIVINAR
EL SUEÑO
Dar
forma
a otro poema
-clavo al rojo vivo-,
donde agarrar
el agujero del alma,
en que, tal vez, resulte
al fin,
cero flamante,
círculo o circo luminoso.
El poema,
limpieza interior
del cuerpo.
El poema,
“clínica y lavajes”
del alma.
Purificación necesaria,
agradecida,
aunque vana talvez.
Soñar,
y no decir
aquello que sueñas.
Enardecer, sin embargo,
la deliciosa sospecha
que alguien (no sabemos quién)
lo adivina,
y entra por la rendija
de tu sueño.
Ver, juntos,
cómo se funde
el tiempo de la soledad mal vivida.
La encarnación y la ceniza del poema.
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Poemas publicados en: https://cafemontaigne.com/tre.../escalera-de-palabras/admin/
Foto: J.X.
Un día, mi amigo el cantante,
me confesó que tenía, muy adentro,
un pequeño diablo,
un ser endemoniado,
al cual había matado
a fuerza de sacrificios.
(No contaba, jamás,
a qué sacrificios
se refería.)
De vez en cuando, sin embargo,
este ser demoníaco,
muerto a manos de él
y sepultado dentro de sí,
resucitaba,
por obra y gracia del azar,
y le obligaba a hacer
“fechorías de higo en rama”,
como él lo llamaba, poetizando
los avatares de la piel.
En realidad, se trataba
de enamoramientos breves,
o de seducciones efímeras,
que él consideraba
que lo ensuciaban por dentro,
poseyéndolo en cuerpo y alma,
devorándolo,
con el objetivo de alimentar
a ese ser endemoniado
y mantenerlo, dentro, resucitado.
Por mucho que se lavara,
enjabonándose,
frotándose de arriba a bajo,
decía que se sentía sucio.
Sucio, embrutecido,
de la cabeza
a la cintura,
del corazón a los pies,
y, descendiendo,
bajando, bajando,
de los pies
al alma,
y del alma
al vacío.
Foto: J.X.
COMPONIENDO EL SIN MAÑANA
La angustia de existir
te hace sentir la angustia de crear,
que se calma en el “placer del texto”
(recordando a Roland Barthes).
No en las grietas de otro cuerpo,
sino en las grietas del lenguaje
que te hace gozar el placer del texto.
Aquí, por ejemplo,
en este espacio poético,
exprimes el fruto ausente,
las últimas gotas de la substancia
que derrama un trozo de alma hereje,
¿la tuya?, ¿la de quién?,
medio quemada.
El cuerpo, vacío.
El lenguaje, vacilante,
pero afilado,
entrometiéndose
en la intimidad agrietada
de nombres y formas,
con nocturnidad y alevosía verbal,
figuras imaginadas
(con pelos y señales),
y amadas.
COMPOSICIÓN DEL POEMA
Llegas por el amor muerto y el dolor,
a la hoja de afeitar que te rasga por dentro,
hasta hacer trizas la entraña.
Este es el poema que amasas
con tu carne troceada,
echándole por encima
gotas de tu propia sangre derramada,
que se desprenden de la hoja de afeitar.
Pastel de carne y sangre
del poema.
....................................
Foto: J.X.
1
Antes,
no podía confiar en su cuerpo,
ni en su alma.
A medias, los primeros estudios,
los primeros trabajos.
A medias, las primeras pruebas de amor.
Todo a medias,
excepto la muerte,
las primeras muertes.
2
Ahora,
anda a trancas y barrancas,
con frases a medias,
que se resisten a ser dichas,
por temor a las últimas palabras
de las frases enteras.
Sigue, pues, andando
a medias.
Foto: J.X.
Aparece y desaparece
la novia muerta,
como una niebla
que se levanta de la cama,
a media tarde.
Abre y cierra la puerta
con suavidad.
Baja por la escalera
y sale del Hospital.
Regresa a casa,
con toda naturalidad,
la novia muerta.
Le espera
en el rellano de la escalera,
para no asustarle
llamando a la puerta.
Los vecinos,
al pasar,
no la ven,
suben y bajan
sin percibir la aparición
de la novia muerta,
que está esperándole
en el rellano de la escalera.
Foto: J.X.
"AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE",
ESCRIBÍA FRANCISCO DE QUEVEDO,
CUANDO ERA YA DEMASIADO TARDE
PARA ESE AMOR, EN VIDA.
O, MODIFICANDO LA BELLEZA DE LA CITA:
EL MALABARISMO SALTIMBANQUI DEL AMOR.
Ha
cerrado la puerta,
sin hacer ruido,
y nos ha dejado.
Él, aunque esté aquí,
también se ha ido,
muy lejos.
Ambos
nos han abandonado.
Él se ha ido con ella,
detrás de la novia muerta.
Foto: J.X.
Con el tiempo,
poco a poco,
ahora una pócima,
ahora un embrujo,
sometido
a enamoramientos efímeros,
de visión en visión,
desorientado...,
un pájaro, que descendió de las nubes,
le fue vaciando los ojos
y lo enloqueció de sangre oscura,
mojado de arriba abajo,
sucias las manos
de tanto malbaratar el amor.
Foto: J.X.
como arma maldita de seducción,
tarde o temprano te condenará
a deambular, callejeando,
por desiertos del alma,
donde todos somos reos encadenados
al furtivo deseo.
Sólo, con el tiempo,
manos visionarias
podrán cerrar las heridas abiertas.
Recuérdalo,
al escribir
un poema,
al escribir con las manos,
furtivas,
otro poema.
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DOS
CUENTOS-POEMAS
1
EL DELITO DE HABER NACIDO
Y HABER MAL AMADO
El delito mayor del hombre
es haber nacido.
Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño.
El cuerpo del delito,
en este maldito caso,
es, por supuesto, un amor.
Aparecido el cuerpo,
atado a las tinieblas del espíritu,
el delito mortal es haber nacido y haber mal amado.
Haber caído,
un deseo tras otro,
en la maldición del amor y el desamor.
El delito de haber conocido el amor, y, sin embargo, haberlo dilapidado en las apuestas organizadas por el deseo clandestino, efímero.
La suerte de tenerlo y, al mismo tiempo, la mala suerte o el desamor de apostarlo todo en juegos de azar, y perder.
Una travesía extraviada por malos sueños, que se convierten en deudas de amor, impagables.
Delito de amor, sin perdón.
2
LA CRUEL AUSENCIA
And
death shall have no dominion.
Dylan
Thomas
Y
la muerte no tendrá dominio.
Dylan Thomas
La novia muerta está en la escalera, esperando.
Es la cita que tiene él con la novia muerta. Ella ha subido la escalera y le está esperando en el rellano de la casa. Pero él ya no vive aquí. La casa está vacía. Esa casa donde hay, dentro, escondido, un amor antiguo.
A él no le dejan entrar al portal y subir la escalera. No puede acudir a la cita.
Desencuentros que despojan al amor. Pero la muerte no puede arrojar, al abismo, todo lo que ha robado y que se le va cayendo por el camino, ocasión que el amor aprovecha para saltar y escaparse a través del bosque y más allá del mar.
Al final de la cruel ausencia, él consigue subir por la escalera y llegar a la casa donde ambos hace ya tiempo que no viven, y rescata a la novia muerta que le estaba esperando en el rellano, ante la puerta cerrada.
Los dos bajan por la escalera, dándose la mano, y el amor sobrevivirá en un lugar, más allá de los bosques y del mar, en que la muerte no tendrá dominio.
Fotografía primera: https://www.totbarcelona.cat/cultura-i-oci/
Fotografía segunda: Judith Xifré
Foto: J.X.
Escapar de la vida,
del terror,
del odio,
de cualquier crucifixión,
ahora mismo,
cruzar el límite,
ir al otro lado de la sangre derramada.
Clandestino,
furtivo,
desertar,
ir por delante, camuflado,
ir por detrás,
ir por los lados,
por ambos lados,
por los dos costados,
el del corazón y el otro,
por arriba,
por abajo,
fugarse,
desertor, camuflado, emboscado.
De súbito, incorporarse, dejar atrás
la maldición de la tierra,
levantarse una vez
detrás de un árbol,
levantarse de nuevo
detrás de otro árbol,
y escapar de la vida que no es vida,
sino maldición.
Hacerlo -escapar-, sin resentimiento,
con un residuo amoroso, puro aún,
indestructible, dentro.
DOS CUENTOS-POEMAS PUBLICADOS EN:
Café Montaigne, Revista Cultural
INTENTO DE IDILIO ROMÁNTICO
EN EL SUPERMERCADO
Cuando la veía desde la calle,
atendiendo en la caja del supermercado,
se apresuraba a entrar,
escogía un paquete de té
o de pañuelos de papel,
se dirigía a la caja,
y le preguntaba
a la cajera,
titubeando,
si disponían de cambio
de un billete de 50 euros.
Siempre la misma pregunta,
a la misma cajera,
que invariablemente
le respondía que sí.
¿Por qué tanto misterio?
Le gustaba,
mediante la operación de cambio
del billete de 50 euros,
demorarse
con monedas y pequeños billetes,
y poder rozarle así
las puntas de los dedos.
Llegando incluso, a veces,
aparentando confusión,
a rozarle
parte de la mano.
A Ella
-que no era ella,
ni ésta ni aquélla,
sino la hechicera caminando
bajo el cielo de los bosques-,
no le hubiera gustado esta parodia,
ese transformismo poético
mediante dinero en metálico,
de un idilio ridículo en el supermercado.
O sí, ¿por qué no?
Sí.
Ven conmigo
-primero,
sal del escondite, hechicera-,
y te mostraré
a este viejo amigo nuestro
ensayando folletines románticos
con la cajera del supermercado.
EL CUENTO DE LA MADRIGUERA
I
Se oía
el rumor de una voz.
Al distinguirla mejor
y escuchar mejor el cuento,
adivinabas siempre la misma historia,
con variaciones
y disonancias.
Decía la voz:
“Nadie vendrá
a salvarme,
y seguiré aquí,
en esta madriguera
de conejos perseguidos,
atrapado en las montañas más altas.
Nadie vendrá
a esta guarida destinada
a los desertores de la vida.
Nadie vendrá a rescatarme
de las garras del terror.
Ni tampoco aparecerá, iluminada,
la desconocida del cuento.”
II
Sólo de este modo,
contando su triste leyenda,
se consolaba
las noches en que salía
a mirar las estrellas,
alejándose un poco de la madriguera,
con la esperanza de encontrar, tras un árbol,
la flor mágica de los bosques perdidos.
Aquella inmensa flor encendida
cuyos pétalos
adormecieran las heridas del fugitivo,
lacerado por dentro.
Sin embargo, ella,
que era la amada del bosque,
la bella desconocida del cuento,
tenía también vulnerado el cuerpo,
por el veneno de un mal amor.
No podía levantarse y andar
para llegar a la madriguera
donde se ocultaba el desertor,
liberarlo y ofrecerle otro refugio
y un consuelo de fruta abierta.
Fotografía: J.X.