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miércoles, 5 de noviembre de 2008

RESPUESTA A "UN LECTOR ANÓNIMO"

Agradezco el elogio del lector anónimo a mi lectura del poema DEA, de Pere Gimferrer, y al mismo tiempo me permito agregar algunos comentarios mas. Ya que el lector anónimo ha hecho alusión a mi oficio quiero precisar que, si bien es imposible quitar de mis ojos el cristal psicoanalítico porque ya forma parte de ellos, he intentado que ese cristal no distorsione mi lectura de simple lector de poesía. Cuando Heidegger lee y comenta a Trackl no sólo lo hace como filósofo sino, creo que fundamentalmente, como lector apasionado que busca el placer estético a la par de la iluminación y sabiduría que el poeta anticipa al recoger en su obra el sentir/saber de su tiempo. Una anticipación que luego desplegarán la ciencia y el pensamiento. Allí, en esa anticipación, está la grandeza ética de la poesía, que no es sin arreglo al bien decir. Y allí es, según mi modesta opinión, donde el poema de Pere Gimferrer no está a la altura exigible. Justamente allí donde Fray Luis, lector y comentador del rey poeta, sí lo está. Para ilustrar lo que intento decir os regalo una coplilla de amor de cuyo autor no diré el nombre, pero que, tal vez algún erudito reconozca.

Pelusilla de tus labios
es la del durazno prisco,
por eso es que más que al beso
tu boca tienta al mordisco.

Alejandro Gómez-Franco

martes, 4 de noviembre de 2008

COMENTARIO DE UN LECTOR ANÓNIMO












Boccioni, Visiones simultáneas




Comentario al análisis de Alejandro Gómez-Franco

El análisis al poema Dea de Gimferrer realizado por Alejandro Gómez-Franco es irrefutable, apabullante casi y extremadamente completo. Acaso por su profesión de analista lacaniano, al autor le falta, sin embargo, un acercamiento al tema estrictamente literario, quiero decir el realizado desde la perspectiva de la historia de la literatura. En este sentido, creo que el poema en cuestión aparece con un siglo de retraso. Se trata de un texto típica y tópicamente modernista, como escrito por un discípulo otoñal y sutilmente rijoso de Rubén. Un texto que nace un punto arqueológico, como si se tendiera un puente abarrocado por encima de toda la producción poética del siglo XX, para enlazar lo más cursi y floral del modernismo hispánico con la tradición escatológica del iberismo, que Cela llevó a sus más altas cotas contemporáneas.


No dudo, sin embargo, de la eficacia del poema como broma o juego de alcoba en una tradición literaria, la nuestra, tan pudibunda y poco dada a ejercicios en este terreno.


Un Lector Anónimo

domingo, 2 de noviembre de 2008

Más debate: LECTURA MINIADA DEL POEMA "DEA", DE PERE GIMFERRER






















Dalí, Venus y amorcillos

¿Poesía amatoria?, ¿poesía amorosa? En verdad no me parecen buenos adjetivos ninguna de las dos variantes. Sin duda no dicen lo mismo. Amatoria es excesivamente gimnástica, y amorosa adolece de una cierta ñoñería, y lo digo con esta palabra para acentuar más esa calidad de ñoño.

Amatoria alude más al acto, y amorosa descarna demasiado el acto dejándolo en una cortesía que no llega a rozar a la dama. Aunque los poemas de amor cortés no se privaban de la escatología. Ambas restan y ninguna suma. La una acentúa la vertiente combativa y la otra la amistosa. El equilibrio es difícil, no solo en poesía.
Al amor, cuando se trata de cantarle, no le conviene la forma descriptiva. Le sirve mejor la elipsis que tiene dos centros, como también le conviene la asíntota, por no consumada.


El amor, y tanto mas el deseo, se definen por la incompletud y la insatisfacción.
Pere Gimferrer en su poema Dea nos hace pasar, ya en el primer verso, sin transición –¿lo sabe él?– de la alcoba a la playa al describirnos el escenario donde va a alojar a su diosa; y si bien nos concede un respiro con la coma después de “estío”, nos deja sin aliento hasta el punto final del cuarto verso. Intentad leerlo en voz alta. ¡Qué prisa por abandonar el cuarto....verso!

No comienza mal: “cámaras y recámaras del estío”evoca el calor veraniego a través de la penumbra fresca de las habitaciones veladas, pero entonces, ¿porqué llamar así a las playas? De acuerdo que en las costas mediterráneas hay calas que pueden ser más o menos recogidas, pero ¿una cámara? Concedámosle que “maquinaria rosa de la tarde” para decir crepúsculo o atardecer tenga cierta gracia, aunque se haya dicho tantas veces. ¿Y las “cúpulas”? ¿Son las que se pueden intuir desde el Lido aunque el poema haya sido escrito en Niza?, ¿Las de las suecas de Es Trenc boca arriba o las de las mulatas de Rio boca abajo?


¿La “luz sulfurosa” insinúa que por allí anda el diablo por aquello de que la mujer es estopa?

El “estuco del mar que el azul pinta a rayas” es bastante preciso y limpio en su decir.
En el segundo cuarteto ya nos presenta a su deidad haciéndola aparecer .....de culo!!, advirtiéndonos de que ya no es una niña cuando nos dice que hace ya tiempo que las hayas han dejado de verdear (“Lejos quedó el solemne verdear de las hayas”). Si ya hace tiempo que el hayedo perdió su verde se supone que las “frutales nalgas” no son veraniegas sino, como mínimo, otoñales; y siendo así, la metáfora frutal y la imagen que nos trae quizá –eso depende de cada quien– de un melocotón suculento, se trueca en un fruto seco. Melocotón o castaña, el agotador deslizamiento metonímico hace finalmente reposar todo el cuerpo, después de un largo viaje desde las playas a los tapices mayas. El verso que concluye el cuarteto me sume en la confusión, ¿los pétalos de rosa caen de las hayas en el cielo/cuenco?
En el tercer cuarteto la “carne” se vuelve “celeste”, como Aída, y también "arcilla". ¿Se identifica aquí el poeta con el divino alfarero? En fin, ya sea de carne o arcilla, la señora brilla (“fulges como un verso de Hugo y de Rubén”, dice el bardo). Es una pena que no haya leído el conocido tratado de Víctor Darío sobre el pulido de los metales, tal vez habría conseguido hacerla refulgir. La epidermis camaleónica de madame esta vez se torna en oro –no será la última transformación– que se moja con las gotas, gotitas marinas que las olas hacen saltar al romper contra la orilla: “el oro de tu piel recoge en su gavilla los azules miniados que asaltan el arcén”.
Debo confesar que tuve un momento de hesitación con este arcén; como veníamos de paseo por playas y hayedos no supe, por un momento, si debía tropezarme con él o cobijarme a su sombra. El arce o arcén es, también, ese árbol tan bello que deja caer unas semillas con alas muy poéticas. La duda se resuelve en el tercer verso del primer terceto. Es sólo orilla.


Pero no es la orilla de la costa turca ni hay serrallo (“no es serrallo de Mozart ni carnaval de harén”), ni el cantor es el Belmonte mozartiano aunque el amo del cuerpo de la dama sea Tiziano (“tu cuerpo de Tiziano”) y que “la luz no mancilla”. Además, ¿porqué habría de hacerlo? ¿Acaso la bella tiene algún defecto que la luz puede revelar? Nuestro arrojado no-Belmonte no se detiene en la contemplación, nos hace saber que beberá literalmente de “la orilla de tu piel oceánica”, es decir, de allí donde la piel se hace orilla y se ahonda en profundidades rezumantes aunque, eso si, de “satén”. No creáis que habrá alguna defensa que no sepa batir, ¿quién se conformaría sólo per davant si hay una promesa per darrera? El culo de la diosa es ahora adarga áurea que se aparta complaciente para dejar expedito el “portón de lo oscuro” cuando su creador le dice: “Ven”. Supongo que todo el mundo recuerda la conocida canción que dice: “...si tu me dices ven, lo dejo todo”. Escudo o lo que sea ¡¡faltaría más!!

¿Y todo este despliegue de materiales naturales y/o manufacturados, aunque nobles todos ellos, para obtener qué? Un frío beso “con tus labios de plata”, que es todo lo que una imagen puede dar. Es el problema que plantea esta Dea que asemeja más bien una poupèe gonflable; otra cosa es el que plantean las mujeres de verdad. Hay ocasiones en que el silencio es el mejor homenaje.


Alejandro Gómez-Franco




lunes, 20 de octubre de 2008

PROSIGUE EL DEBATE: POESÍA AMATORIA ESCRITA EN UNA PENSIÓN DE LA CALLE DEL CARMEN POR JEAN GENET


EL CONDENADO A MUERTE
(
Fragmento del poema que Jean Genet dedicó a la memoria de su amigo Maurice Pilorge, ejecutado el 17 de marzo de 1939)

El viento que en los patios arrastra un corazón;
un ángel que solloza suspendido de un árbol,
la columna de azul a la que envuelve el mármol,
alumbran en mi noche salidas de emergencia.

Un pájaro que muere y el sabor a ceniza;
el recuerdo de un ojo dormido sobre el muro
y el dolorido puño que amenaza el azul,
al cuenco de mis manos hacen bajar tu rostro.

(...)

Desde allí siembras, regio, blancos encantamientos,
copos sobre mis páginas, en mi muda prisión:
lo espantoso, los muertos en sus flores violetas,
la parca con sus gallos, sus espectros de amantes.

(...)

Evoquemos, Amor, a cierto duro amante,
enorme como el mundo y de cuerpo sombrío.
Nos fundirá desnudos en sus oscuros antros,
entre sus muslos de oro, en su cálido vientre.

(...)

Las solemnes mañanas, el ron, el cigarrillo...
Las sombras de tabaco, de prisión, de marinos
acuden a mi celda, y me tumba y me abraza
con grávida bragueta un espectro asesino.

(...)

Del tan temido cielo de los crímenes
de amor viene este espectro. Niño de las honduras,
nacerán de su cuerpo extraños esplendores
y perfumado semen de su verga adorable.

(...)

¡Oh, quemadme, matadme, almas que yo maté!
Miguel Ángel exhausto, en la vida esculpí,
mas la belleza siempre, Señor, yo la he servido:
mi vientre, mis rodillas, mis anhelantes manos.

(...)

¡No tiemblo ya, Señores! Si rueda mi cabeza
en el fondo del cesto con los cabellos blancos,
mi pija para gozo en tu grácil cadera
o, para más belleza, mi pichón, en tu cuello.

(...)

Solicito a la muerte la paz, los largos sueños,
un canto de querubines, sus perfumes y cintas,
Angelotes de lana en tibias hopalandas,
y aguardo oscuras noches sin soles y sin lunas
sobre landas inmóviles.


Jean Genet, Poemas (trad. A. Martínez Sarrión, Visor, Ed., Madrid, 1981)

AT

domingo, 19 de octubre de 2008

LA MODERNIDAD DE LA POESÍA AMATORIA, SEGÚN FRAY LUIS DE LEÓN

"Mas lo que se sigue, no sé cómo las compañeras de la esposa, ni de dónde lo pudieron adivinar. Dicen:

El tu ombligo como taza de luna que no está vacía. Vaso de luna, es decir, hechura de luna; esto es, perfectamente redondo. “Mixtura”, entiéndese de vino mezclado con agua y templado. Quiere decir: sobre estas dos hermosas columnas de tus piernas se asienta el edificio de tu persona. La primera parte de él es el ombligo y vientre tuyo, el cual está muy hermosamente proporcionado, porque no parece sino una taza tan redonda como la luna , y que esta taza está siempre llena de mixtura, que es vino aguado para beber; así, ni más ni menos es el tu vientre redondo y bien hecho, ni flojo ni flaco, sino lleno de virtud que nunca le falta, y para más declarar esta loa del vientre, torna a decir:

Tu vientre como montón de trigo rodeado de violetas, y es muy gentil apodo éste, porque el montón de trigo está por todas partes redondo, e igual en redondez, que en ninguna parte de él hay hoyo ni seno alguno, porque luego los granos lo hinchen, y así dice: ser de todas partes lleno y levantado el vientre de la esposa. Por el ombligo, como por parte, entiendo el vientre que Aristóteles y Galeno llaman inferior, que es así redondo; la parte más alta que toca en el estómago y se avecina del pecho, es de quien dice: tu vientre como montón de trigo cercado de violetas, que es añadir hermosura a hermosura. Suben del vientre a los pechos viniendo por su orden en la fábrica del cuerpo".

Fray Luis de León, en su versión y comentario de los versos del cap. VII de El Cantar de los Cantares.

(Por fragmentos como éste, Fray Luis tuvo que “dar respuesta” a las autoridades eclesiásticas desde la cárcel, en el año de 1573).

AT

sábado, 18 de octubre de 2008

Agua no potable

En un encuentro sobre Machado de Assis que se ha celebrado estos días en Madrid, el profesor portugués Abel Barros Baptista realizó una reflexión muy interesante. En la época de Machado de Assis todos los escritores sabían lo que tenían que hacer: crear y ensalzar la identidad de un país recién creado. En este contexto, la obra de Machado de Assis supone una absoluta reivindicación de la libertad individual para la creación. Pasado cien años, esta cuestión plantea cuestiones muy interesantes —reflexiona Barros Baptista— como el hecho de que Brasil haya designado como escritor representante de la identidad nacional al escritor que más radical defensa realizó de la identidad individual. Machado de Assis, que adelantó todas las tensiones del siglo que le vio morir —hoy hace cien años y tres semanas—, también acertó en esta profunda contradicción del presente: una sociedad que sacrifica al individuo siempre en favor de unos valores colectivos, que han forjado individualidades radicales. Esta recuerdo de Machado de Assis viene a cuento de nuestro debate sobre la poesía amatoria. No le gusta a Juan Pablo Roa que abuse de la sociología. Una obra, me dice, empieza y acaba en las páginas que se abren y cierran como puertas (¿de pensión?). Bien, es muy interesante esta cuestión. Es un concepto altamente social y colectivo comprender las obras por cuanto objetivamente hay en ellas de valioso. Encomio a quien así piensa. Es de hecho el pensamiento que ha creado la corriente crítica más determinante de nuestro siglo pasado. Pero también en la crítica, creo yo, cabe asumir el legado de Machado de Assis: la libertad de comprensión de los textos. Y en virtud de ella, entender un libro no como un universo de signos escritos, sino como un universo de referencias heterogéneas, entre las que se mezclan el diálogo de lo leído con el acervo lector de quien lee, la simpatía o antipatía que despierten sus actos públicos o privados (¿dónde estará ya la frontera?), los paradigmas y modelos literarios en los que el lector crea o descrea, el cansancio de la tarde en que le tocó en suerte que abriera el libro, el desprecio o la mirada cómplice de la persona que se lo vendió o regaló, el acierto del editor al colocar una ilustración o su aplomo (o desplome) al redactar los elogios… todo forma parte de la experiencia lectora y de todo ello cabe hablar. Sólo existen lectores objetivos en la mente de los inquisidores de la literatura: ¿cuántas veces no se habrá utilizado la jerga crítica para otorgar privilegios a quien sólo los merece por razones no literarias? No se trata de que la cuestión sea moral o inmoral, sino de que el caño ofrezca agua potable o no potable. Un poema de amor es tan importante para comprender quién es uno en este mundo que cualquier fruslería lo aleja de nuestra memoria tal vez para siempre. Juan Pablo, no sólo hablo de lo que leo, sino también de aquello en lo que puedo creer o no creer como lector, o mejor, del agua que me sacia, o no sacia ninguna sed.
JAC
PD. Sigamos debatiendo, por favor. Pero subid aquí arriba: podéis colgar las entradas con vuestra clave.

lunes, 13 de octubre de 2008

Alguien trata de engañarnos

Algunos libros de los últimos años, y no me refiero en especial a los de Gimferrer, despiertan ciertas sospechas sobre la función de la poesía amorosa, o amatoria, en el presente. Con independencia del valor literario de los títulos publicados, el fenómeno ha adquirido tintes sociológicos. Se trata de autores que se encuentran entre esa fase que los psicólogos llaman «el sol del mediodía» —cuyo paciente más emblemático es el Quijote— y la jubilación. Tal vez fueran poetas prometedores en su juventud, pero han dedicado la madurez a crear un impresionante currículum o una fortuna razonable. De hecho, todos nos hemos dado cuenta de que durante estas décadas unos han fortificado su posición académica y otros su cuenta bancaria. En este período intermedio de sus vidas, de repente han descubierto el amor. Y han decidido celebrarlo con un libro de poesía dedicado a vitorear la novedad, y a la dama que la ha propiciado. Hasta aquí el retrato sociológico que, a poco que uno haga cuentas, descubrirá que acaso sea también el de una generación.
La poesía amorosa ha sido tradicionalmente una manera de cifrar las ideas sobre la vida. Garcilaso, Quevedo, Bécquer, Cernuda… su poesía amatoria linda más con la filosofía que ninguna de las otras artes de su época. ¿Qué idea sobre la vida dejan estos autores que redescubren el amor entre el sol del mediodía y la jubilación? Quienes arrastramos nuestro penoso currículum y nuestra anoréxica cuenta bancaria, es decir, los lectores de poesía, en general no estamos para estas fiestas de cohetes que es enamorarse a los 60 con rubores de quinceañero. No por la escasez de currículum o cartilla, que nada tiene que ver con subirse al carro de los aplausos, sino porque el amor ha sido para nosotros, los lectores de poesía, un lento, hondo, agotador trabajo diario de amar. En el que hemos dejado nuestra vida porque un día comprendimos que eso era lo más importante, y que cargos y dinero no valían nada al lado de una caricia, un paseo por el monte, una tarde jugando con los niños. Nosotros, los lectores, ahora leemos esos libros celebratorios del amor repentino y sentimos que nos insultan. Que nos dicen: mira qué tonto eres: yo me he pasado la vida ganando medallas y billetes, y ahora lo disfruto enamorándome como un quinceañero y empezando la vida desde el principio, pero con tratamiento vip y buenos restaurantes. ¿Qué hacemos, nosotros, los lectores, ante tal obscenidad? ¿Qué idea de la vida cifra esa utillería amatoria de quienes han despreciado durante décadas la poesía a favor de la prosa de los currículos y los dineros, y ahora nos restriegan su ingenuidad amorosa como si acabaran de nacer?
JAC

jueves, 9 de octubre de 2008

A PROPÓSITO DE LA POESÍA AMATORIA DE PERE GIMFERRER, O ¿SIGUE SIENDO VÁLIDO EL "AMOR" COMO TEMA LITERARIO?

Vivir es, desde el principio, separarse.
Pedro Salinas,
Razón de amor.

Els homes anaven amb un test amb la flor.

Mercè Rodoreda,
Viatges i flors

Supongamos por un momento que, pese a celebrar las exequias del amor, insistimos aún en escribir poesía amatoria, a la manera de los últimos poemarios de Pere Gimferrer, Amor en vilo y Tornado. ¿Es ello posible en tiempos de descrédito?, diría nuestro querido aguafiestas Bertolt Brecht.

Nos queda tal vez el recurso de reducir el amor a técnica literaria. Hagamos una prueba teórica. Respecto al asunto del “enamoramiento” como técnica literaria, lo calificaremos como una técnica que nace del “descrédito del amor”. Lo sabe todo el mundo, y es profecía (como diría J.V. Foix), que es tarea de laberinto, ardua, mantener comunicación amorosa con nadie, ni con "los vitalistas del nuevo mundo que nunca paran quietos", ni tampoco con los "desengañados del viejo mundo que no se mueven" (recordemos a las protagonistas de Henry James, que se destrozan entre América y Europa en busca del amor, siempre letal cuando lo encuentran). Nos recomiendan que hay que hacer pruebas amorosas, aventurarse sin miedo. Insistir en el amor. De acuerdo. Pero aquí se trata de querer vivir el amor a solas, del amante o del poeta solitario que utilizará el amor como técnica poética; que volverá solo a casa, sin que nadie le espere para mirarle, para quererle y, claro es, para hacer la vida de rigor mediante el “rigor amoroso”. ¿Un poeta solitario que no cree en el amor y que, sin embargo, intentará escribir un buen poema amoroso? Perplejidad. Sin embargo, también él, desde la “tierra baldía, gastada”, reclama su derecho a escribirlo.

En cuanto al famoso deseo, nombremos al deseo, sus celadas, sus dominios privados, su satisfacción fugaz: siempre habrá que rendirle cuentas de algún modo por haber atravesado sus dominios. Asimismo, al poeta que se desvía del camino, que no quiere amar sino como técnica literaria, o que por lo menos tal es su pretensión, le sucede a menudo que puede estar jugando con fuego, como se dice. Pero todo, ya lo sabemos, se reduce a una cuestión de tiempo y destiempo. En suma, hay que saber esperar. Y, por otro lado, a veces lo más práctico, y menos doloroso, es comunicarse con desconocidos o "representar amor en las calles del amor oscuro", donde es posible amar sin preguntar. A la larga, resulta menos costoso en todos los sentidos, y el resultado de la satisfacción viene a ser casi el mismo, nos diría el sofista pragmatista. Pues ya Freud advertía que, en las historias amorosas de una pareja, hay siempre más de dos personas, incluso cuatro, dos presentes y dos ausentes (aquí se ha colado el humor). Si esto es así, como dice Freud, que en toda relación de pareja, entre la piel y el deseo de esas parejas se congrega y late una multitud de personas (ahora exageramos un poco,) a las que hemos deseado y odiado de algún modo en otro tiempo, el descrédito del amor parece evidente, aunque no se perciba a primera vista en el lecho confortable, en el campo de plumas del que hablaba Góngora en sus días más optimistas. Por otro lado, el marqués de Sade nos anuncia que todo amor, toda pasión es criminal. En todo amor siempre hay un indicio criminal, y en los peores casos una huella de sangre. Visto y sufrido lo cual, que seres desconocidos hagan de médium y convoquen en la alcoba a esa multitud que uno lleva dentro de sí, parecería tan digno y amoroso como el llamado “amor auténtico”. ¿Esta clase de amor, el amor principal, el amor auténtico, el de las parejas llamadas enamoradas, no acaba siendo al final también un compromiso de “interés”, no sólo sentimental?, se pregunta otra vez el sofista, cada vez más tentado por lo prohibido.

Éste es, pues, el descrédito del amor, del que nace el “enamoramiento” como técnica literaria, y mediante la cual se pueden escribir los versos más tristes y amorosos esta noche, como diría Neruda. Y quizá tan auténticos y sentidos como los escritos por los llamados “enamorados de verdad”, los fieles del amor. Con lo cual quedaría abolida la patente de autenticidad del lenguaje de la poesía amorosa al uso, considerado éste ya como arcaico, más propio de otros tiempos mitificadores.

Por lo tanto, ¿el último poemario de Pere Gimferrer es de naturaleza verbal arcaica? ¿Incorporar al verso la palabra “clítoris” (aunque sea de seda) u otra semejante, es suficiente para actualizar el discurso poético? ¿La forma poética, pues, continuará siendo arcaizante? Así es, a no ser que pronostiquemos que también en Gimferrer se da el tema del amor como técnica poética, como pretexto para crear y recrear el tema del amor mediante la técnica del collage literario (incorporación e imitatio de versos de Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, etc.). En consecuencia, en su poesía, el amor también sería un recurso, una técnica estrictamente literaria, y quizá esto mismo, el juego literario, la “forma recreada”, lo haría más moderno pese al lenguaje arcaizante de su estilo poético.

O dicho de otro modo, ¿acaso no podemos alcanzar el amor, después de su descrédito, mediante el recurso de la “técnica del enamoramiento” y posterior arte poética? En suma, se trata de considerar si, no obstante las exequias del amor que apuntábamos al principio, podemos todavía escribir poemas de amor, aun no sintiéndolo como verdadero, como auténtico al iniciar el poema, antes de la elaboración técnica del mismo. ¿Será acaso menos auténtico éste que el otro poema, el de antaño, el del “amor verdadero”? ¿Quizá sólo distingue y separa a ambos una pura cuestión de fe amatoria? ¿Cuál de los dos, en suma, es más auténtico?

Ante semejante duda o disyuntiva, serán aceptadas apuestas y réplicas de sofistas, poetas, lectores y enamorados. Ahora se acercan personajes de otra época y transeúntes de hoy a declarar, a darnos su testimonio de amor en la mesa de juego. Que se haga el silencio. Escuchemos en el vacío “la música de las esferas” al rozarse, el sonido puro, original, como recomiendan los neopitagóricos. Ruedan los dados sobre el tapete verde.

AT


DOS POEMAS DE PERE GIMFERRER


VIADERA

El saqueo de luz del condottiero
cuando Florencia es una rosa rota,
estos campos que ven agazapados
la estirpe del moral en la terraza,
esta escalada de las alïagas
cuando las nubes miran en el rostro
del condottiero un espejo de sal;
vamos así cegados, en la endecha
que tus colinas dicen en mis manos,
en el paisaje de tu luz a tientas,
la copa de blancura de tus nalgas,
más costumbre de fruta que de luz,
más costumbre de tacto que de fruta,
donación del espíritu frutal,
como en los bosques viven los espíritus
y hablan con voz de savia al condottiero
que se desgarra y que se descarría,
que rasga la campiña de teatro
para yacer en tu monte de Venus:
la cabeza de playa que clarea,
el parabrisas de la intensidad,
esta insaculación que me echa a suertes
y me reparte en bólidos el ser;
sólo entregarse, sólo estar hundido
como en la espuma muere el hidroplano,
yacer sólo en los ojos de tu playa,
verme en la nube de tu respirar.

(del libro Tornado, Ed. Seix Barral, Barcelona, 2008)


DEA

Cámaras y recámaras del estío, las playas
donde ha reverberado la maquinaria rosa
de la tarde de cúpulas en la luz sulfurosa
del estuco del mar que el azul pinta a rayas.

Lejos quedó el solemne verdear de las hayas,
y con nalgas frutales hoy tu cuerpo reposa
como el sol atigrado en los tapices mayas,
cielo o cuenco vertido de pétalos de rosa.

Carne, celeste carne de la mujer, arcilla:
fulges como el verso de Hugo y de Rubén;
el oro de tu piel recoge en su gavilla
los azules miniados que asaltan el arcén;

no es serrallo de Mozart ni carnaval de harén
tu cuerpo de Tiziano que la luz no mancilla;
no sabría beberme con los ojos la orilla

de tu piel oceánica en noche de satén;
este escudo de oro de tus nalgas astilla
el portón de lo oscuro cuando te digo "Ven"

y con las claridades del estuco del mar
con tus labios de plata me llegas a besar.

Niza, 17-VIII-2005

(del libro Amor en vilo, Ed. Seix Barral, Barcelona, 2006)