viernes, 31 de julio de 2026

MONTÍCULO DE PIEDRAS

 Foto: Wikipedia


En un montículo de piedras del bosque, sobresalía la punta de un papel.

No estira de esa punta para mirar el papel.

Prefiere imaginar un dolor de ausencia, infiltrado en el montículo de piedras, descrito mediante un bolígrafo de tinta verde.

La tinta aguada por la lluvia, seguramente habrá difuminado la mitad de las palabras, la mitad de la confesión de ausencia.

Y no sabremos cuál era la intensidad del dolor causado por esa ausencia, que intentaba ser revelada, ser nombrada en el papel.


lunes, 27 de julio de 2026

NO HAY OTRO LUGAR

Imagen: Photoroom.com


Toda la tristeza del mundo

se derramaba

cuerpo abajo,

entre las piernas

de la novia,

que, hoy, ha muerto

a las seis de la tarde,

con los ojos abiertos,

asombrados.

Suben a la habitación del Hospital

los ángeles de la muerte,

que abren y cierran la puerta.

Envuelven en una sábana

a la novia muerta.

Se la llevan.

Tú sigues ahí, todavía,

en el mismo lugar,

contemplando

la ausencia de la novia muerta,

la representación cruel

del vacío.

En el mundo,

al perder el lugar que ella ocupaba,

no hay otro lugar

para ti.


domingo, 26 de julio de 2026

CAER EN SACO ROTO

 Foto: J.X.


Lleva, a la espalda,

un saco de arpillera, roto,

por cuyos desgarros

se escapan despojos de tristeza

que van a caer,

al azar,

en los surcos de este poema.

Atrocidades de la vida,

como carne torturada,

apaleada,

gotea del saco,

y los surcos rebosan,

se desparraman

hacia un mar, hacia una sangre

sin fondo,

abismal.

sábado, 25 de julio de 2026

GASTAR EL ALMA

Foto: J.X.




Un espectro locuaz,

le recomendaba:

Te quedan pocas palabras.

No las ahorres.

Gástalas.

Hay que decirlas,

ahora o nunca.

Por ejemplo:

No te quiero”.

O bien: “Te quiero”.

Gasta el amor,

gasta el alma,

apura el cáliz,

estés donde estés.

No dejes de pelar

la fruta verde o madura,

y exprime el zumo.

Si mueres envenenado,

qué más da.


Hizo lo contrario

de lo que le aconsejaba

el espectro locuaz:

no gastó el alma,

ni exprimió

frutos verdes o maduros,

y de igual modo

murió envenenado.


viernes, 24 de julio de 2026

TEATRO DE MARIONETAS

Muñeco y fotografía: J.X., Violinista sin violín



Mortal y rosa.

Francisco Umbral


La bailarina coja.

Mónica Maragall



No es fácil hacer teatro de marionetas,

ante la mirada de los vivos,

cuando el marionetista

se siente medio muerto.

Incapaz de accionar

ninguna de las marionetas...,

salvo una, de coja,

que baila, sola,

sin manipulación alguna,

por los rincones del escenario,

iluminada por un resto de memoria

y deseo,

en azul, mortal y rosa.


sábado, 18 de julio de 2026

ARRIBA Y ABAJO DEL MUNDO

 Foto grafiti: J.X.




De los escalones

de la pureza,

a los escalones

de la bajeza,

en línea espiral,

invertida.

De vez en cuando,

un tiempo de arrepentimiento

y un vano consuelo.

Vuelta atrás,

y prosigue

la evolución

negativa,

la inversión

de la línea espiral:

de los escalones de la bajeza

de arriba,

a los escalones de la bajeza

de más abajo.

Al fondo del corredor oscuro, una pequeña luz blanca se enciende y se apaga.


jueves, 16 de julio de 2026

ESCAPAR DEL AMOR DESTRUIDO

 Foto: J.X.




La destrucción o el amor.

Vicente Aleixandre

I

EL HILO ROTO DE ARIADNA


Cuenta la leyenda

que una, enamorada,

moría en vida,

lentamente,

por alguien

cuya piel no conocía.

Otro, enfermaba de amor

por alguien

cuya piel había tocado,

y, muy pronto,

moría de abandono.

En ambos casos,

el destino era la destrucción.


II

MÁS ALLÁ DE LA DESTRUCCIÓN


Una vez destruido el amor,

sólo podrá rescatarte

del infierno de la destrucción,

el encuentro,

el descubrimiento de un amor

que se dé

de tal modo

que, con los años,

de tanto darse,

consiga

guiarte,

tanteando

en la oscuridad.

Y despertar en ti,

otra vez,

una sensación de amor,

pese a la destrucción

que había atrapado y desgarrado,

hasta la muerte,

el sentimiento anterior

de

cualquier amor.



jueves, 9 de julio de 2026

LA ESPALDA DEL ALMA, LLAMADA CUERPO (A modo de réquiem)

Foto: J.X.



I

Eran dos jóvenes que se querían.

Uno partió.

El otro,

no partió y se quedó

hablando 

sobre los fracasos

del primer amor.

Pasaron demasiado tiempo,

juntos, el dolor y él.

Compusieron

un réquiem casero,

y algunos versos:

¿Hay amores y almas

para usar y tirar?

¿Es el cuerpo

el que resiste

los ultrajes de la vida,

hasta la oscuridad final?

El pobre cuerpo, exánime,

las almas, muertas,

¿todo organizado

por gusanos de seda

y valvas de nácar

para celebrar

la última cena,

bajo tierra?


II

El oficio de vivir,

diría Cesare Pavese.

Ese no sabemos qué,

ese sentir,

ese peso

que, una persona,

sola o acompañada,

sostiene

en la espalda del alma,

que es el sufrido cuerpo.

Días, semanas, meses, años,

esclavizado

aquel que no partió

y se quedó,

esperando en vano

en el infierno del barrio.

Días, semanas, meses, años,

sin poder ir a los mismos sitios

donde había sido feliz.


III

Cuando se desmorona el cuerpo,

no siempre es posible resistir,

ni la suerte,

en última instancia,

suele ser favorable.

Entonces,

cae también, alborotada,

el alma.

Al final del camino,

llamó a la verja de un jardín,

musgoso, escondido.

Abrieron la puerta.

Escudriñaron

su lastimoso aspecto.

Le dijeron,

sintiéndolo mucho,

que era demasiado tarde

para darle asilo.


miércoles, 1 de julio de 2026

EL REPUDIO DE LAS PALABRAS

Fotografía: J.X. 


Érase una vez un poeta

que fue repudiado por sus propias palabras.

Esas mismas palabras que, juntadas,

mal medidas en verso,

estaban forzadas a decir,

por mediación metafórica,

lo contrario de lo que decían en el poema.

Así, pues, todo era símbolo, fabulación,

excepto un resto amoroso, contrahecho,

que andaba por ahí,

de esquina en esquina,

sin venderse al mejor postor malhechor,

a pesar de su deterioro y baratura.


Moriría de silencio,

repudiado por las palabras.


Ellas, las palabras, se rebelaron contra el poema

y se vengaron del poeta que las había sometido

a decir lo que no querían decir.


Hay palabras que dan vida,

vitalizan y van más allá de la sombra.

Hay otras, o a veces las mismas,

que no pueden sostenerse en pie,

fatigadas, y se desangran con las sílabas abiertas,

y pierden el sentido.

Hay otras más, aún,

que te agarran del brazo

al borde del abismo,

y te hacen andar, a tientas, pero erguido,

en el laberinto de la desolación.


La voluntad y el deseo,

resquemados por el abuso,

semejan caracoles

rehuyendo, contraídos, el pedernal,

el dominio de las piedras encendidas. 


Las palabras reclaman

el perjuicio causado.

No citan nombres

de los perjudicados.

Ni señalan qué intimidades

fueron reveladas, traicionadas.

Pero reclaman el perjuicio causado.


Amotinadas,

las palabras hacen arrodillarse

a quien todo lo sacrificó

por crear un mundo de ficción,

un mundo paralelo que le diera cobijo.

Denunciado por ir contra la realidad,

ignoramos cuál fue la sentencia,

aparte de hacérsela escuchar arrodillado.


Acudo al lugar de la cita.

La esquina de siempre, junto al mar.

No hay nadie. 

Espero.

No vienes. 

Esperaré.

La espalda apoyada contra un muro gris.

Espero sin esperar.