Foto: J.X.
Así como algunas plantas
arraigan
en una vertiente del acantilado
y florecen,
así, del mismo modo,
la vida,
antes de caer al vacío
y marchitarse,
se agarra a un clavo ardiendo.
Solitario, enmohecido,
como un poema no leído
que mantiene, siempre,
aunque olvidado,
resistencia de espíritu.
