lunes, 31 de mayo de 2021

LEJOS, MUY LEJOS

 Foto: J.X.

La ausencia te acoge y te da la mano.

Te lleva de palabra en palabra, de calle en calle, de la mano, como si fueras un niño que se ha extraviado en el bosque, o que se ha perdido entre la muchedumbre de la ciudad.

Extraviado, perdido, la ausencia te lleva de la mano.

Pero no sabes a dónde vais, a dónde te conduce.

Ella no habla, y tú no preguntas, ni te resistes a lo desconocido. Te da lo mismo cualquier destino. O ninguno.

Como un niño perdido, extraviado en un bosque, o malherido entre la muchedumbre de una ciudad, y acogido por la ausencia, que le da la mano y se lo lleva lejos, muy lejos de aquí.

domingo, 30 de mayo de 2021

EN SACO ROTO

 Foto: J.X.

Sólo le quedan tres o cuatro palabras a las que agarrarse por la cola.

Lo conducen de una calle a otra, como si fuera un saco roto que ha ido perdiendo lo que llevaba de la vida, un peso muerto mal cerrado.

Vida caída en saco roto, cuyo destino es el vertedero de flores marchitas y objetos inútiles, abandonados, que hay detrás de las últimas casas de la ciudad, extramuros.

sábado, 29 de mayo de 2021

LA SIMULACIÓN

Foto: J.X.

Cuando salimos del bar me contó que hacía tiempo que había muerto de amor, pero que simulaba vivir, que aún estaba vivo, porque nadie quería certificar su muerte por amor. 

Lo suplicó en las administraciones, aquí y allá, pero todo fue en vano. Los funcionarios le respondían que no era tan fácil morirse oficialmente. Que no era real, por mucho que él afirmara su muerte, y que más bien parecía una broma de mal gusto ir a comunicar una muerte así, hacerse el muerto de amor, pero seguir viviendo e incordiando en las oficinas administrativas de la vida.

Así, pues, tenía que simular que vivía y morir otra vez, de lo que fuera, de cualquier enfermedad, de cualquier accidente, pero no de amor.

De otro modo, era imposible morirse y que te entregaran en manos de pompas fúnebres, a fin de conseguir el preciado certificado de defunción, y que te dejaran en paz, muerto de amor.

Esperaba con verdadera ansia e ilusión que, por fin, lo consideraran un muerto cualquiera y borraran su nombre de la lista de los vivos, para siempre.


viernes, 28 de mayo de 2021

UNA PREGUNTA DELICADA

 Foto: J.X.

Iba de una tienda a otra del barrio preguntando si la habían visto pasar. La buscaba y no la encontraba.

Por la calle se acercaba a los vecinos y les preguntaba también si la habían visto pasar. La buscaba y no la encontraba por ninguna parte. Ha salido de casa hace unos días y aún no ha vuelto, añadía.

Una tarde se me acercó y me preguntó lo mismo, varias veces: si la había visto por la calle, o en alguna tienda..., si había visto pasar a su novia, a la novia muerta.

jueves, 27 de mayo de 2021

CUANDO MUERE EL AMOR

Foto: J.X.

Cuando muere el amor, de cualquier golpe de muerte, cuando muere el amor, en el lugar del corazón -una vez derramadas la ausencia y la tristeza hasta la última gota y desecadas junto al abismo-, en el lugar del corazón se enrosca un trozo gélido de desierto, como una serpiente congelada, que no late, sino que repta y va dando tumbos y escalofríos de un lugar a otro del cuerpo desértico, sin sentir y sin sentido, a merced del vacío nocturno. 

No hay palabras. No hay nada que decir. No hay consuelo, sino un vacío oscuro, desalmado, que, luego de derramar y desecar la ausencia y la tristeza, se revuelve a coletazos, con violencia, y te desangra con su cola afilada, en el lugar del corazón, cuando muere el amor.

De noche, en el lugar del corazón, en ese trozo abandonado de desierto, crecen malas hierbas que atan y amordazan las flores, enclaustran e inutilizan los días. Cometen toda clase de fechorías contra la vida, y no dejan flor sin marchitar. Aprovechando el frío nocturno del abandono, que se ha enroscado muy adentro, en el lugar del corazón, dejan un silencio escarbado, yermo, un vacío oscuro cuyo peso es de piedra helada, partida a trozos.

Cuando muere el amor, todo se marchita y muere, todo es muerte, un vaivén absurdo y desolador, un vacío de muerte en el lugar del corazón.

(No sé qué opinarían sobre este tema los dos espíritus amigos: el espíritu que resbala con las flores y el espíritu que bebe cervezas del tiempo (no frías). Cuando vengan de allá, del bosque de los espíritus, a visitarme, les preguntaré qué piensan sobre la muerte del amor en este mundo.)


miércoles, 26 de mayo de 2021

LA SOMBRA DE LAS PALABRAS

Foto: J.X. 

Hay palabras que tienen su sombra, su propio silencio.

¿Qué se esconde tras la sombra, enmascarándose y ensombreciendo las palabras?

¿Qué huye del sonido y se oculta en la sombra, en el interior del silencio de las palabras?

Lo indecible, lo impronunciable, aquello que no puede decirse.

La soledad. Esto que no puede nombrarse constituye la soledad, el aislamiento en que pervive lo más íntimo. Las palabras solitarias.

¿Y si nos arriesgamos a decirlas? ¿Cruzar las sombras y atravesar los silencios, y decirlo todo, sin sombras ni silencios en las palabras?

El peligro será el castigo a que pueden someterte las otras palabras, aquellas que se sienten deslumbradas y escandalizadas por tanta desnudez. Las palabras corrientes, las que se dicen.

Para esquivar este peligro, la palabra permanece en la sombra, como si estuviera encubierta o encarcelada. Como un sonido delincuente que no puede hablar, que no puede confesar, y se hace sombra, silencio.

Junto a la sombra de esta palabra, que no puede ser libre y decirse, no hay otra palabra, ni otro silencio, sino el perfume de una flor marchita que embruja a las otras palabras, a las palabras corrientes, y desaparecen en la sombra.

Toda la tristeza, toda la desolación de una vida cabe en la sombra de una de esas palabras.

Hasta que mueren en la propia sombra, desconocidas.


martes, 25 de mayo de 2021

LA EXTRAÑEZA

Foto: J.X.
Con el semblante y la voz cada vez más extraños, el otro día, cuando nos encontramos en el bar, me dijo que iba a la iglesia a descansar, no a rezar. Porque él no podía rezar. Ninguna plegaria podría mediar en su caso.

No sabía qué decir y le hice una pregunta absurda: le pregunté si creía en el infierno.

Me respondió que el infierno ya estaba dentro de él, en este mundo. Y añadió, con el semblante y la voz cada vez más extraños: “Su muerte sí que es mi castigo. Su muerte es mi castigo”.

¿Su muerte? Me recordó que él también tiene una novia muerta, y que, en este mundo infernal, no puede haber, para él,  un castigo peor que la muerte de ella. Éste era el castigo a su culpa, el peor castigo.

No quería hablar más, me dio la mano y se fue del bar, casi corriendo, o más bien huyendo de los recuerdos demasiado dolorosos y de las palabras.


Una vez solo, anduve merodeando por las calles, al azar, diciéndome en voz baja, como si alguien estuviera a mi lado: cada vez más extraño todo, cada vez más extraños los otros, uno mismo, las casas, las calles, todo.

Con pocas palabras él dice su extrañeza, yo digo mi extrañeza.

La extrañeza de uno mismo, de todo, del mundo entero.

Cada vez más extraños, y cada vez con menos palabras.

Las palabras, también, cada vez más extrañas, innombrables. Que no pueden ser dichas. Porque las palabras tienen sus silencios, sus propias sombras.

La vida y la culpa. La vida y la muerte.

La extrañeza.


lunes, 24 de mayo de 2021

OTRA VEZ, OTRA VEZ LA VIDA

 Foto: J.X.

Pon una mano en el corazón.

Pon la otra mano en una flor.

E intenta vivir. Si te dejan...

Y si no te dejan, inténtalo de nuevo,

aunque tengas el corazón más herido

y una flor marchita.

Recupera tu infancia, extrae el barro

que se ha pegado a la inocencia,

encharcándola al borde del precipicio.

Al fin y al cabo, todos caeremos por el precipicio.

No tengas miedo.

Vuelve a poner la mano en el corazón, herido,

y pon la otra mano en la flor marchita,

e intenta vivir otra vez.

Otra vez, otra vez la vida.

domingo, 23 de mayo de 2021

NOTICIA SORPRENDENTE DEL HOMBRE DEL BAR

 Foto: J.X.

El hombre del bar viene hoy acompañado. Nos presenta.

Muy sorprendido, le digo que ya conozco a sus acompañantes, y él me responde que ya lo sabe. Quienes lo acompañan son el espíritu que resbala con las flores y el espíritu que bebe cerveza natural, templada, haga frío o calor.

Les digo que es una coincidencia muy grande, muy extraña. Pero me explican que no es ninguna coincidencia.

Resulta que el hombre del bar (hoy ya compañero de tertulia) también hace visitas al bosque de los espíritus para estar un rato con su novia muerta, y allá, en una de sus frecuentes visitas, por mediación de su novia, conoció a una novia muerta que le habló de mí y le pidió que viniera al bar y me conociera. Le dijo que podríamos hacernos un poco de compañía y compartir la ausencia refugiados en este bar solitario, hablando de nuestras cosas, aunque ya le advirtió que hay días que "él está absorto, lejos de todo y de todos, y no suele hablar de casi nada".

Él aceptó el encargo amoroso, y fue así como nos conocimos en el bar, en un encuentro premeditado, organizado desde el bosque de los espíritus por las novias muertas, sin que yo lo sospechara.

Pero hoy han querido venir los tres juntos al bar, los dos espíritus y él, para hacerme esta revelación e iluminar el misterio cotidiano en que hemos estado viviendo ambos en el bar: él contándome historias y yo escuchándolas, y hablando apenas, como ya le habían anunciado en el bosque de los espíritus.

Resuelto el enigma de las idas y venidas entre el bosque de los espíritus y el bar, brindamos los cuatro con dos cervezas frías y dos cervezas naturales, templadas, una para el espíritu friolero y otra para mí, que aún no estamos en verano, comento. El compañero del bar y el espíritu que resbala con las flores se sonríen al vernos a nosotros dos brindando con un vaso de cerveza templada.

sábado, 22 de mayo de 2021

UNOS PÉTALOS EN EL SUELO

 Foto: J.X.

Con un vaso de cerveza entre las manos, como si rezara, me ofrece un poema:

En el balcón hay una planta cuyas flores se deshojan al menor soplo de aire.

Recoge unos pétalos que hay en el suelo. Los acaricia.

Con la punta de los dedos, toca la suavidad, la delicadeza de estas flores que se deshojan enseguida con el aire.

Con la punta de los dedos, toca la ternura que se oculta en la tierra de esta maceta cuyas flores son tan frágiles.

Son sus flores, las de este balcón, son las flores de la novia muerta.

Unos días después, apartó las macetas y se arrojó por el balcón. Era un segundo piso y tuvo la mala suerte de sobrevivir, como decía él mismo. Pero quedó cojo de la pierna derecha. Así pues, ahora, para mayor tragicomedia, viviría cojeando.    

...................................................

Cuando vuelvo a casa, abro el balcón y veo una estrella fugaz.

Hay unos pétalos en el suelo del balcón. Imito al personaje del poema que me ha ofrecido el compañero del bar, y con la punta de los dedos toco los pétalos caídos, la flor, la tristeza. No aparto las macetas.


viernes, 21 de mayo de 2021

UNA MANO EN EL BALCÓN

Foto: J.X.

Aunque nos encontramos en un bar de mala muerte, hay días en que abunda el ruido alocado de la vida, y se hace difícil hablar. Una o dos voces estentóreas son capaces de acabar con el sosiego que necesito para escuchar a mi compañero de bar. De todos modos, pese al jolgorio que suena y resuena en una de las mesas, escucho con atención lo que me cuenta (esta vez no me habla mediante susurros y le oigo mejor).

Ayer por la mañana, me dice, la mano de la novia muerta se posó en su mano y lo condujo hasta el balcón para que no se olvidara de regar las plantas. Si no llueve, hay que regarlas por lo menos cada dos días. Las plantas y la flores son muy frágiles, y pueden morir de delicadeza por culpa de nuestra indiferencia, si no las miramos y las atendemos como es debido, concluye mi compañero de bar.

No hablamos más. El ruido nos expulsa del bar de mala muerte.

jueves, 20 de mayo de 2021

LA CRUCIFIXIÓN INTERIOR

Foto: J.X.

Cada día apuro el cáliz amargo de una cerveza en este bar de mala muerte, donde nos hemos conocido, me dice.

Y prosigue, hablándome en susurros:

Digo de mala muerte porque este lugar es el único que puede acogerme para apurar otro cáliz y hacer más llevaderos los pasos con que voy ascendiendo al Monte de las Cruces.

Mortificado por dentro a lo largo de la ascensión, cuando llegue a la cumbre estaré ya crucificado y muerto (les ahorraré una cruz a los verdugos), y podré ya ser arrojado abajo, directamente al vertedero con los otros crucificados que no son santos ni inocentes, como Cristo, sino culpables por haber malbaratado la vida de la peor manera.

No confesaré, no te confesaré nada más. Aunque sí que puedo añadirte que apuro el cáliz amargo de cerveza que me sirven cada día en este bar -en este lugar de mala muerte que acoge mi crucifixión interior-, por haber cometido delitos de amor en mi vida abismal, alucinada (ahora dicen “vida marginal, vida maldita”, no saben lo que dicen).

Hay arrepentimiento y castigo íntimos, como lo prueba la crucifixión interior que te destruye, pero no habrá confesión de los pecados en un confesionario, ni penitencia ni absolución de la pena. Hay autocastigo, crucifixión de uno mismo en soledad, incomunicado de todo el mundo, pero no habrá confesión, ni penitencia, ni perdón. Faltan las palabras.

Cuando salimos del bar y nos despedimos, nos separamos como si cada uno arrastrara por dentro una cruz, dudando al avanzar por la calle, después de apurar otro cáliz amargo de cerveza. Cada uno con su cáliz, cada uno con su cruz. Por delitos de amor.

miércoles, 19 de mayo de 2021

LA HUMEDAD

Foto: J.X.

Vivía en una ciudad húmeda desde que nació, y además en un barrio cerca del puerto. No es de extrañar, pues, que las manchas de humedad fueran una constante en su vida.

Aparte de las típicas manchas de humedad en las paredes de las casas, él sentía también la acción agresiva de la humedad en su interior.

Le costaba mucho recuperar el calor del cuerpo, incluso en verano. En cuanto al alma, siempre la tenía con escalofríos, con el consiguiente debilitamiento general.

Como si las manchas de humedad se hubieran instalado dentro de su cuerpo y se extendieran hasta manchar el alma. Como si ésta fuera un trozo de pared húmeda que le provocaba esos escalofríos que lo debilitaban para llevar una vida normal.

Esas manchas de humedad que aparecían en su interior imposibilitaban cualquier equilibrio, y por eso dudaba tanto cuando salía a la calle y coincidía con algunos amigos o conocidos: siempre estaba a la espera de que se produjera, en cualquier momento, la próxima caída.

Cuando la duda se agudizaba y los escalofríos del alma lo amenazaban con sepultarlo en la humedad, se veía obligado, con toda la discreción posible, a recurrir a algún pretexto urgente para irse cuanto antes y abandonar cualquier relación o reunión. Intentaba huir, salvarse de la corrosión de las manchas de humedad en el corazón, que lo iban desconchando poco a poco hasta abrirlo y resquebrajarlo.

lunes, 17 de mayo de 2021

LA DESPEDIDA

Foto: J.X.

Me invita a una cerveza, y cierra un ojo (esta vez no es uno de sus guiños habituales), antes de hablarme de la muerte.

Cuenta que en la memoria resonarán siempre los pasos de la muerte cuando uno la ha oído acercarse por los pasillos de los hospitales o de las casas.

De vez en cuando se oculta, como si no estuviera. Pero está ahí, merodeando arriba y abajo por el pasillo.

Hasta que se decide a empujar la puerta señalada, entrar en la habitación y llevarse a la víctima que ha escogido hoy. La víctima, indefensa, abre mucho los ojos, como despedida desesperada, en un grito silencioso, más como rebelión última de la naturaleza que de acatamiento o resignación. No sabemos si, mediante esa mirada, vislumbra un lugar de luz, o una oscuridad inmensa, o nada...

Quien está a su lado, indefenso también en este momento único, de abandono mutuo, definitivo, calladas todas las palabras, deslumbrado por esa mirada fija cuyo vacío no puede describir ni entender, le cierra los párpados en un acto amoroso final, que nunca olvidará, por mucho que el mundo le gaste el alma.

domingo, 16 de mayo de 2021

LAS DOS PARTES, LAS DOS MITADES

Foto: J.X.



Cuando me lo contó no podía comprenderlo.

La muerte -me dijo-, con una fina hoja de acero, le había cortado por la mitad, seccionándolo en dos partes casi iguales.

Pero estaba condenado a sobrevivir con las dos mitades a cuestas: una mitad, viva, y la otra mitad, muerta.

Una de las dos partes, la viva, mueve los pies y anda todavía por ahí, vagando por las calles y mirando al azar, o entrando en este bar, donde a veces nos encontramos.

La otra parte, la muerta, la del corazón muerto, cuelga detrás de la parte viva, atada a su espalda, como si arrastrara un gran saco de días y recuerdos acumulados -unos, maltrechos, rotos a pedazos; otros, enteros, pero embalsamados-, todos ensangrentados desde el día en que la vida fue cortada en dos, por la mitad.

Vida de otro tiempo embutida en un saco de muerte sangrante, un saco agujereado, que gotea por las costuras y va dejando un rastro de sangre allá por donde pasa la parte viva y la parte muerta.

Ahora, con el paso del tiempo, he comprendido lo que me contó sobre las dos partes, las dos mitades de su vida.

sábado, 15 de mayo de 2021

ABRIR Y CERRAR LA PUERTA

 Foto: J.X.



Oigo unos pasos ligeros en la escalera.

Se detienen en el rellano de mi casa y llaman a la puerta.

Abro y no hay nadie. Sin embargo, ella entra, sin que yo la invite a pasar.

Le pregunto quién es, cómo se llama. Y me responde que es la representación de la ausencia, la mediadora entra la vida y la muerte.

Nos acercamos al balcón y hablamos un rato, de pie. Me informa que ha venido a quejarse de mi insistencia como doliente. Se queja de que siempre me lamento y la acuso de mis males a ella, a la ausencia. Le digo que lo siento por abusar de su nombre.

Hablamos un poco más. Me recrimina también que hace días que no visito ni brindo con la novia muerta. Mucho lamentarse en casa y quejarse de la ausencia, y luego... Le pido disculpas una y otra vez, le ruego por favor que me perdone por recurrir tanto a ella y evocar su nombre.

Ahora tiene que irse ya. Le doy una flor de una maceta del balcón,  como prueba de cordialidad y desagravio, y nos despedimos.

Abro y cierro la puerta, sin hacer ruido, y ella, la ausencia, baja por la escalera con pasos ligeros.

En casa, hay una pared resquebrajada, con una mancha de humedad,  rectangular, que aparece y desaparece según el clima de los días, como si hubiera un ojo triste en la pared que a veces llorara a escondidas. 

Hay unas señales grabadas dentro de ese rectángulo húmedo, que semejan esas rayas en la pared de una cárcel que cuentan los días que van pasando.


viernes, 14 de mayo de 2021

LA CAÍDA AL ÚLTIMO VACÍO

 Foto: J.X.

Al final, el alma se le cayó de la penúltima palabra, al vacío, como si ésta, la palabra, fuera un acantilado, y el alma un escalador que tiene mala suerte al poner el pie en el saliente de una roca.

O tal vez le ha abandonado la fe para seguir la ascensión. O le han faltado las fuerzas para escalar, palabra a palabra, todos los obstáculos que se interponían al subir hacia la misteriosa cumbre, de donde nadie -si hubo una vez alguien que la alcanzó- ha regresado jamás para contarlo.

Así fue la caída desde la penúltima palabra, la caída al último vacío, y el desamparo dejó de mortificarle.

jueves, 13 de mayo de 2021

DESPERTAR


Foto: J.X.

En el bar estamos él y yo, solos, tranquilos, como en una iglesia.

Mira de reojo a la calle y me dice que el problema no es despertar al día siguiente, despertar a la vida de nuevo, sino despertar y vivir un día más la violencia de todo tipo, violencia política, violencia laboral, violencia amorosa, violencia callejera. Despertar, además, a ese control administrativo, agresivo, del cuerpo y el alma, para identificarte de los pies a la cabeza, sin escapatoria. Todo es indiferencia, todo es violencia. En este mundo eres un simple número, zarandeado por todas partes, a cada momento.

Desde que naces y despiertas a la vida (exceptuando a madres y padres, pero no a todos), nadie se esfuerza por tutelar amorosamente los pasos de tu vida, sin valerse de la coacción para dominarte.

Por eso mismo -resume-, despertar cada día no es para él una satisfacción, sino una prolongación de la violencia constante, cuya visión no le deja reposar completamente en ningún lugar de la ciudad, salvo en algún bar como éste o en una iglesia un día laborable.

Porque, cuando menos te lo esperas, ahí surge de nuevo un problema grave, sangrante, otra violencia. Ahí está esperándote otra vez el golpe, la sangre derramada.

Por eso hay quienes, como él, preferirían no despertar, no ver ni un día más el mundo terrible de siempre.

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL CONFESIONARIO

 Foto: J.X.

El vagabundo entra en la Iglesia de Betlem a descansar un rato.

Se sienta en el banco solitario de una capilla donde está el confesionario, justo enfrente del banco.

Al cabo de unos minutos se presenta un sacerdote joven -el padre confesor-, abre con llave las dos puertas del confesionario y enciende las dos luces interiores. Le invita a pasar, a entrar a confesarse. Pero el vagabundo le dice que no, que no está esperando para confesarse, que sólo ha venido a descansar. El confesor mueve un poco la cabeza y no dice nada. Merodea un rato por la capilla, como si aguardara una rectificación por parte del vagabundo, que le animara a confesarse.

¿Acaso no tenía nada que confesar?, parecía preguntarle a veces, mirándole de soslayo. Al contrario -le hubiera contestado-, su delito no podía ser absuelto ni en éste ni en ningún otro confesionario, ni en otro lugar, por ejemplo un tribunal de justicia, tampoco.

Como el sacerdote sigue ahí, dando vueltas por la capilla, como a la espera de un penitente, el vagabundo se levanta y busca reposo en el banco de otra capilla de la Iglesia. Acto seguido, el joven confesor apaga las luces y cierra otra vez con llave las dos puertas del confesionario.

Hay vagabundos y otros solitarios sin esperanza, que entran y salen de las iglesias para descansar de las calles endemoniadas y conseguir unos instantes de paz interior. No van a confesarse.

En realidad no pueden confesarse con nadie: les falta la esperanza y la palabra. No pueden pedir la absolución y recuperar la inocencia: un alma muerta o un corazón arrancado no puede hablar, no puede abrirse para ser escuchado, utilizar la palabra para comunicarse y sanar. Los arrepentidos, los absueltos mediante la confesión y el cumplimiento de una penitencia, son aquellos que aún pueden hablar en un confesionario o delante de un juez cualquiera, y reconciliarse con el mundo.

Los vagabundos y los solitarios con el alma muerta merodean arriba y abajo por caminos de perdición, en silencio, sin palabras, donde no hay salvación posible. Por lo menos, entre los límites de ese mundo roto, desesperado.Y más allá, quizá tampoco...

martes, 11 de mayo de 2021

MERODEANDO POR LA CALLE CON EL BOLSILLO AGUJEREADO

Foto: J.X.

Tristeza en el bolsillo.

La mano escarba. No hay nada. El bolsillo tiene un agujero, un diminuto vacío, por donde se escapa un trozo de alma, que cae al suelo y es pisoteada por el bullicio de la calle.

En el bolsillo sólo queda, en torno al vacío del agujero, un conjunto de hilillos rotos con los que la mano hace un pequeño ramo de tristeza.

Nadie sabe nada, ningún transeúnte percibe el aroma del ramo de la tristeza oculta.

lunes, 10 de mayo de 2021

UN VALS NOCTURNO

Foto: J.X.

 

Eran dos viejos amantes que, pasada la medianoche, salían de su tumbas y bailaban un vals.

Mientras bailaban, ambos silbaban la melodía de un famoso vals, El Danubio Azul.

Sus pasos de baile eran como suaves tropezones alrededor de un ciprés.

Después del baile, cada uno regresaba a su nicho.

Los viejos amantes se habían suicidado juntos. Pero como no estaban casados ni habían previsto nada para el día después de su muerte, los descendientes enterraron a cada uno en el nicho que las familias respectivas tenían alquilado.

Por eso estaban separados en nichos distintos y, para verse, se citaban cada día, pasada la medianoche, junto a un ciprés. Se daban la mano, paseaban un rato y, antes de despedirse, bailaban un vals alrededor del ciprés, con suaves tropezones.

Mañana volverían a la cita.

domingo, 9 de mayo de 2021

UNA LUCHA DESIGUAL

 Foto: J.X.

No has escrito todas las palabras, aunque sí que has repetido una y otra vez algunas palabras y frases y variaciones sobre las mismas. ¿Por qué? ¿Una cuestión de estilo? Creo que no. ¿Cuál es el problema, entonces?

Es la mano alargada de la tristeza, que se introduce sin contemplaciones dentro de uno, sacudiéndole el alma y vampirizándole el cuerpo, desangrándalo hasta alcanzar la extenuación de la tristeza.

Frente a este ataque brutal, hay algunas palabras y frases de defensa que, con sus variaciones oportunas, se vuelven necesarias para oponerse a esta agresión desmedida de la tristeza.

Una lucha por otra parte desigual, ya que esa tristeza agresiva, tan violenta, no puede ser vencida sino con la muerte común de uno mismo y de la tristeza, desangrados ambos en el cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo, quedando el alma colgada en el vacío. 

Acabando de ese modo la vida y toda aquella tristeza que alargaba la mano dentro de ti, chupándote la sangre y manoseando el alma.

viernes, 7 de mayo de 2021

CUANDO LA AUSENCIA AGRIETA LAS PAREDES

 Foto: J.X.

No tengas prisa por llegar a casa. La ausencia no saldrá por el balcón, ni se irá por la ventana.

Te custodia la casa desde que vino y se instaló un mal día. Comenzó a señalar las paredes, a marcarlas, con cada uno de los recuerdos que se escondían en la casa. Los buscaba por rincones y armarios. Éstos pueden ser pequeños, grandes, buenos o malos recuerdos. A la ausencia, que te custodia la casa, no le importa el tamaño ni la calidad de esos recuerdos: los marca todos rascando las paredes. Hasta que uno de ellos perfora más que los otros, las agrieta y las hace sangrar.

Será después, quien regrese y viva entre esas paredes rascadas, el que sufrirá lo que la ausencia haya marcado con sangre. A no ser que una plegaria invoque a lo desconocido y un tiempo favorable descienda sobre el balcón y la ventana. Y entonces las flores se ramifiquen y broten en las paredes, aliviando el dolor, limpiando la sangre al florecer en las rascaduras y vacíos que la ausencia a abierto entre un recuerdo y otro.

(Al acabar de escribir este texto, una chica grita en la calle de una forma desgarradora, apoyando la cabeza y una mano en las paredes de las casas. En la otra mano, lleva la correa de un perrito asustado. La he visto gritar desde el balcón de casa. Nadie se ha acercado a ella, por temor. Se ha ido por otra calle, gritando. Luego, el silencio.)

Las palabras se habían convertido en un presagio aterrador del grito.

jueves, 6 de mayo de 2021

COMO UNA HORMIGA

 Foto: J.X.

Viene por detrás y se pone a mi lado, en un taburete de la barra del bar. Nos conocimos hace ya unos cuantos días, y siempre me sorprende: hoy me dice que se siente como una hormiga.

Pero que hay una diferencia entre ellas, las hormigas, y él. A simple vista, dice, si uno las observa bien, puede ver que corren en zigzag, como sin rumbo. Aunque no es así. Ellas corren en busca de algo, alimento o la ruta de su nido, el hormiguero. Aquel zigzag, pues, que parece una correría alocada, siempre tiene una finalidad, un destino.

Él, por el contrario, que anda también en zigzag por un enorme territorio, no sabe a dónde va, cuál es su destino.

De todos modos, dice, tampoco le importa mucho a donde le lleve ese vagabundear, ese recorrido sin sentido. Sea cual sea el punto de llegada, ya sabe que no encontrará lo que ha perdido. Nunca.


UN ESTORBO

 Foto: J.X.

Era una mujer que se consideraba un estorbo, un trasto inútil, como una cosa vieja que estaba de más y sobraba.

A las 10 de la noche bajaba a la calle con una silla y se sentaba a esperar.

Esperaba que llegara, con puntualidad, el camión de los trastos viejos, y a ver si esta vez tendría más suerte, se decía, y querrían recogerla y llevarse en el camión de los trastos viejos toda aquella vida  que se le había ido acumulando, envejeciendo por los rincones de la casa.

Pero los del camión no le hacían caso, ni miraban siquiera aquel bulto que se movía en una silla, y pasaban de largo.

Entonces, subía otra vez por la escalera, con la silla a cuestas. Hasta el día siguiente, a las 10 de la noche, que bajaba otra vez a la calle para esperar de nuevo al camión de los trastos viejos. Volvería a intentarlo, un día tras otro. Porque ella tenía en su casa toda una vida muerta que sobraba, que era una basura, un estorbo, les decía, e insistía para que lo recogieran todo y se lo llevaran cuanto antes, lejos de aquí, lejos de su casa, donde ya todo había muerto. Ella también, aunque nadie se diera cuenta, ella también había muerto, estaba muerta, ¿no querían llevárselo todo, por favor?


lunes, 3 de mayo de 2021

EL ALMOHADÓN DEL VAGABUNDO

 

Un vagabundo, un “sin techo”, que duerme, se despierta y malvive junto a una muralla romana de Barcelona, cuando se hace de día pone un cojín negro, uno de esos pequeños almohadones de sofá, a un lado del Paseo de la Muralla, con un bote de tomate vacío encima, a modo de corona real, para las monedas de los transeúntes.

Pero se presentan las autoridades y el servicio de limpieza y se llevan el cojín negro y la corona de lata: le advierten que un almohadón de sofá no puede obstaculizar el tránsito peatonal. Ni almohadones ni coronas de lata. El vagabundo no contesta, sólo mueve la cabeza.

Ni en la calle ni en casa se puede vivir tranquilo”, comenta alguien.

No hay lugar, no hay sitio libre para los vagabundos, ni para los enlutados por amor o desamor. Cuando la desesperación del alma se ramifica por dentro e invade todo el cuerpo, apenas si restan unas poca palabras gastadas, que no sirven para mediar ni compartir nada con nadie.

Por eso los vagabundos y los enfermos de amor sienten siempre mucho frío y van muy abrigados: tienen el cuerpo y el alma tan frágiles que se vuelven quebradizos, como un fino cristal expuesto a una corriente de aire frío.

Como almohadones abandonados y coronas de lata, oxidadas, arrojados por el viento de una calle a otra.


domingo, 2 de mayo de 2021

SIN APELACIÓN

 Foto: J.X.

No espera la absolución. Dice que no será absuelto. Ha sido ya condenado por las pequeñas y grandes cosas de la vida, y no hay salida posible: no tiene testigos de descargo, que hablen a su favor.

Al final, se ha hecho realidad, realidad dura, cotidiana, aquel horror del solitario acosado, perseguido, que leía entonces en algunas novelas. Ahora se encarna con dolor en la vida de uno mismo.

Porque de un tiempo a esta parte, aquellas acusaciones y persecuciones, absurdas pero legalizadas, no las sufre un personaje de novela, sino él mismo, en carne propia y en el alma, que van siendo colgadas en el abismo por los garfios del tiempo y sus formularios esclavistas. 

Cada día otra infracción, o un nuevo delito, una pena nueva, por el hecho de vivir. Incluso muerto tienes que declarar y justificar tu estado. Aunque ante la imposibilidad física de presentarte a la oficina de control, aceptan que sea un familiar o un representante tuyo quien aporte los datos de la defunción, para que por fin te den de baja definitiva del mundo. 

Sin apelación.