domingo, 18 de enero de 2026

EN BUSCA DEL VACÍO

 Foto: J.X.


Cuenta la leyenda,

que no amaba a las mujeres,

ni tampoco a los hombres,

a los cuales aborrecía.

Se cuenta que, de niño,

se había encantado

de una niña y de otro niño.

La leyenda no dice

enamorado”,

sino “encantado”.

Y cuenta, además,

que ya de niño

fue violentado por fuera,

y agredido, muy adentro.

"Tienes

ojos de Bambi

mordido por perros de caza",

maldecían ellos.

"Tienes

ojos de Cenicienta",

maldecían ellas.

Al crecer,

el niño nunca entendió

la palabra amor.

Y en cuanto al deseo,

sólo sentía

curiosidad malsana

por averiguar y palpar

la soledad

de los escondrijos,

vacíos,

enmascarados de hojas,

de algunas hadas furtivas del barrio.

Sólo deseaba

esconder su propio vacío

-no de hombre, ni de niño,

sino de muerto errante-,

en el lejano y frondoso

bosque de esos vacíos.


No cuenta la leyenda,

pero sí comentan algunos del vecindario,

que un día,

quien había imaginado tanto

los vacíos,

fue arrojado a un barranco

desde un automóvil,

con un disparo en la cabeza,

por deudas de no se sabe qué.

Su cuerpo, al caer,

rebotaba en las piedras del barranco,

ensangrentando las escasas flores

y el vacío infinito.


Esta es, pues, la historia del amigo

que no pudo serlo.

Que hizo, entre broncas y silencios,

su vía crucis personal,

que era su manera de andar a solas

por los límites de la humanidad,

intentando ser ese amigo

que estaba destinado a no serlo.

Ya en su infancia

le advirtieron

que “sería de poca vida

y mucho encantamiento”.

El hada furtiva del barrio

que siempre lo había protegido,

como su ángel custodio,

un día fue acorralada,

mordida y despedazada

por los perros de caza del barrio,

y lo dejó solo en la tierra,

para siempre, 

hasta que por deudas lo mataron. 


Desangrado, al inicio del camino,

a los veinte años,

por una deuda.

Desangrado, al cabo de los años,

al final del camino,

por otras deudas.


Al final del camino,

una luz intermitente,

una débil luz

que se enciende y se apaga.


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