miércoles, 13 de junio de 2018

POESÍA PRISIONERA

Fotos, Judith Xifré: Ventana prisionera



Dicen que era partidario de la poesía, pero un día empezó a escribir comentarios sobre política (su padre, desertor y emboscado, siempre le había aconsejado que no se metiera en política).

Así, pues, cada vez escribía más sobre política y escribía menos poesía. Opinaba, debatía, se sentía cómodo hablando de anarquismo, de las teorías de Kropotkin y Bakunin, de la autodeterminación de los pueblos que Lenin había defendido frente a Rosa Luxemburgo, comentaba a sus amigos. Eran tiempos de entusiasmo y rebeldía, de revolución en las ideas y costumbres, en el arte y la literatura, en la manera de ser.

Pero las cosas fueron a peor en su país, y empezaron a surgir delatores estimulados por el poder, cada vez más despótico. Un día alguien lo denunció y fue detenido. En pocos días acabó en la cárcel.
Dicen que tuvo como compañero de celda a otro poeta, pero éste sólo escribía poesía y había vivido ajeno a la política. ¿Qué hacía, pues, allí, encarcelado como él?, preguntó el poeta politizado al otro poeta. Y éste le contestó que lo detuvieron por atentar contra la moral pública, por haber cometido el delito de escribir, con poca esperanza, sobre el presente y el futuro de los seres humanos. 

Por contra -le dijeron, sentenciándolo-, se atrevía a publicar elogios poéticos a la Paz y al vuelo libre de los pájaros, y reclamaba, una y otra vez,  unas alas para la tristeza de los humanos y de las tortugas.















          Telaraña en Monjuïc

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