miércoles, 30 de marzo de 2022

UN DÍA DE LLUVIA

Foto: J.X.

Era un día de lluvia. Había abierto el paraguas y andaba arrastrando los pies, más muerto que vivo, por un calle peatonal, sin aceras.

Llegó una camioneta y la conductora le dijo que se arrimara a la pared si no quería morir atropellado.

La conductora tenía razón y se arrimaba cada vez más a las fachadas de los edificios.

Llegó otra camioneta y el conductor le dijo, a voz en grito: ¡No se arrime tanto a la pared, que uno sabe conducir y no voy a atropellarle!

Este conductor también tenía razón. Siguió andando, bajo el paraguas, más muerto que vivo.

Entre esta dos voces de conductores, pensó entonces en otra voz, en otras voces, y se preguntó: "Cuando una voz te mata por amor o por desamor, ¿se puede andar por la vida de otra manera que no sea arrastrando los pies, un día de lluvia, por calles peatonales sin aceras, bajo un paraguas?"

Tenía todo el cuerpo invadido de ausencia. La extrañeza le subía de los pies a la cabeza. En estas condiciones, ¿qué más podía hacer un alma gastada?

lunes, 28 de marzo de 2022

LAS ALMAS TAMBIÉN SE RESFRÍAN

Foto: J.X. 

Lo primero que hacía al entrar en un local: tienda, bar, ateneo, centro cívico, cualquier local abierto al público -pues hacerlo en casas privadas era muy difícil, tarea casi imposible, aunque se podía intentar-, era mirar si había dos puertas opuestas, contrarias, abiertas: la de entrada y salida, y otra al fondo o en un lateral, generando corrientes de aire.

Así, pues, en caso de que el local tuviera dos puertas y ambas estuviesen abiertas, hiciera frío o calor, él ya se preparaba, con disimulo, para cerrar una de ellas en cuanto le fuera posible.

Cuando, pese a todo el trabajo de astucia que requiere un disimulo bien realizado, le pillaban con las manos en la masa, es decir, con la manos en la puerta que ya estaba a punto de cerrar, y le preguntaban, ¿qué estaba haciendo, por qué cerraba la puerta?, él tenía, como argumento rápido, una excusa espiritual: les decía que las corrientes de aire le enfriaban el alma.

Pero con tal excusa solo conseguía que los cálculos y preparativos para cerrar una puerta se le vinieran abajo y se le complicara la tarea del cierre con toda la burla de que era objeto.

Entonces, agarraban la puerta de inmediato y abriéndola otra vez, le respondían de mala manera que lo que le pasaba era que tenía un miedo terrible a los resfriados. Que era un miedoso y además un incívico que hacía las cosas sin consultar a los demás.

Vapuleado por todas partes, se despedía como podía, pidiendo disculpas y estornudando. Mientras los otros se reían y lo arrastraban a la calle, él se defendía diciendo que estornudaba por culpa de las dos puertas abiertas, y que muy pronto se quedaría sin alma, ahuyentada por esas corrientes de aire. Que si estornudaba -añadía-, era porque las almas también se resfrían.

Su esposa y sus tres hijos también se reían -con cierta ternura- de  esta lucha extravagante, de este duelo a espadas que él mantenía contra las corrientes de aire, aunque a veces tuvieran que ir a la comisaría o al hospital a recogerlo.

viernes, 25 de marzo de 2022

EN BUSCA DEL TESORO

Foto y encuadernación,   J.X.

Se acercó a una mesa situada al fondo del bar, muy al fondo -un poco a oscuras por falta de luz-, donde estaban hablando dos personas, una mujer y un hombre, de mediana edad. Él se acercó más y se puso de rodillas junto a la mesa, casi rozando una de las sillas, y dijo:

Por favor, déjenme participar en sus confidencias, déjenme amarles como si nadie hubiera muerto aún.”

El hombre y la mujer no escucharon lo que les decía, y sin mirarle siquiera, llamaron al camarero para que echara a aquel vagabundo lejos de su mesa..., "si es fuera del bar, mejor", aconsejaron ambos al camarero. con una sonrisa cómplice.

Pero antes de que el camarero lo agarrara por el brazo, él se levantó de prisa y se marchó corriendo del bar.

Con los latidos del corazón resonando en las manos apretadas, cada vez más confundido, salió a la búsqueda de otro lugar, de otra mesa y de otros comensales.

En busca de otros seres vivientes, no tan indiferentes, que tuvieran la bondad de escuchar su plegaria, y de corresponder a la oferta de participar en el descubrimiento de un tesoro: ese tesoro de amor con que se estremecen los corazones.

(Dicen algunos que ya de joven, a partir del día en que alguien no acudió a una cita primordial para él, de vida o muerte, comenzó a ir por mal camino, y que unos años más tarde se entregaba ya, de manera descarada, a la mala vida propia de un sinvergüenza. Por eso ahora, en su vejez, como redención, iba arrodillándose por los bares ofreciendo a los desconocidos un tesoro de amor, más imaginario que real, puesto que él no sabía lo que era amar. Nunca había querido a nadie y, por esa misma falta de amor, había hecho daño y había traicionado a amigos y amigas. Lo que se dice un perfecto sinvergüenza, que, para redimirse, ahora que es viejo, se arrodillaba en cualquier bar, ante desconocidos, para pagar una cuenta pendiente, una trágica deuda de amor (hablan de una novia muerta). Todo un misterio que no vamos a profanar, como él hubiera hecho.

Cuentan que, antes de morir, su cuerpo y su alma derramaron tanta sangre que, desde entonces, la novia muerta yace envuelta en rosas y sábanas rojas.)

jueves, 24 de marzo de 2022

LA MASCARILLA DE LAS PALABRAS

Al principio, se ponía la mascarilla para cortar la intercomunicación con el virus de la pandemia que andaba suelto por el mundo -”la intercomunicación viral”, como decía él.

Pero, al poco tiempo, comprobó que la mascarilla era también una ventaja muy útil para ocultar las conversaciones íntimas consigo mismo mientras merodeaba por las calles.

De este modo, mediante la mascarilla, conseguía mantener bajo secreto diplomático sus discusiones imaginarias con determinados vivos (líderes políticos y de opinión, representantes sociales, militantes de sindicatos, de partidos políticos, y, en suma, con periodistas y demás opinadores mediáticos con los que estaba en total desacuerdo).

Pero, sobre todo, era una manera de hablar con sus queridos muertos, sin llamar la atención.

Hablar tranquilamente con los muertos y cortejar a su novia difunta mientras callejeaba, sin temor al qué dirán los vivos fisgones de tales amoríos furtivos.

Todo gracias a la función aislante de la mascarilla, que disimulaba los movimientos labiales y ocultaba las palabras susurradas a los muertos.

Una vida secreta que era posible mantener por ir enmascarado, por ser el transeúnte enmascarado.

Con la mascarilla en la boca, en la nariz y en las palabras.

"Tengo que olvidar tantos buenos recuerdos..., para sobrevivir", decía, balbuceando, con los dos ojos tristes y la mascarilla puesta, en el interior de aquel bar, al fondo, más al fondo, en esta mesa, gracias.

miércoles, 23 de marzo de 2022

UN ASUNTO DE VIDA Y MUERTE

Foto: J.X.

No puede hacer esto o lo otro, ni puede atender las peticiones de los vivos.

Tiene a su cargo a alguien, a una persona que le exige toda la atención.

No para mantener viva a esta persona.

Porque es ella, la novia muerta, quien, desde la muerte, intenta mantenerlo con vida a él.

Pero, a cambio, él ha de ofrecerle la debida atención.

Son asuntos de vida y muerte.

Cosas difíciles de explicar y que los vivos puedan comprender.


domingo, 20 de marzo de 2022

LO QUE NO PUEDE SER NOMBRADO

Foto: J.X.

Hay un trozo de tierra en un lugar solitario, con una planta cuyas raíces se impregnan de la sangre del alma de la novia muerta.

Porque hay restos de almas que aún sangran en los escondrijos de la tierra, y cuyas flores no son rojas.

Tienen un color que no puede ser nombrado.

Son flores innombrables.

Las palabras del poema pueden arriesgarse e ir más allá, ¿pero sabrán encontrar después el camino de regreso? 

Si vuelven al poema, ¿será posible descifrar y entender lo que digan? ¿Lo que han entrevisto, lo que han adivinado?

Hay algunas flores cuyo color no puede ser nombrado.


viernes, 18 de marzo de 2022

EL DESTINATARIO AUSENTE

Con las manos sobre el mármol jaspeado de la mesa del bar, me confiesa que casi todos los días escribe cartas al novio  difunto. O poemas.

Lo envía por correo a una dirección facilitada por un funcionario que le aseguró que conoce bien estos trámites y cómo muchos de ellos acaban en nada por mala gestión en la comunicación.

No se desanima, pues, cuando le devuelven los sobres por destinatario ausente. El cartero o mensajero no escribe, en el dorso del sobre, “destinatario desconocido”, sino “ausente”. Solo ausente. En consecuencia, esto significa que los vecinos de tal lugar no desconocen al destinatario del correo, sino que ahora mismo estaría ausente por un tiempo.

Calla unos segundos..., y me susurra, entrelazando las manos sobre el mármol jaspeado de la mesa: “En realidad, todo lo que le escribo no son cartas ni poemas, sino “actas de acusación” contra mí misma, sin derecho a defensa propia.”

Un silencio..., y añade: “Autoinculpaciones algo embellecidas, claro está, confesiones respetuosas en la medida de lo posible, por amor y por delicadeza. Para que la forma suavice el contenido crudo de esas cartas al destinatario ausente.”

Las cartas devueltas las sepulta bajo las flores, en la tierra de unas macetas. Escribe cartas nuevas -con el mismo texto, aunque modifica o añade algunas frases-,  y las envía de nuevo al novio difunto. 

Mientras ella habla, no puedo evitar pensar en el poeta Jacint Verdaguer y en su escrito en defensa propia cuando era perseguido y acusado por los poderes religiosos y periodísticos de la época.


miércoles, 16 de marzo de 2022

FIGURAS RECORTABLES DE PAPEL

Imagen: www.pinterest.com

Aquel día, cuando salimos del bar, parecíamos dos siluetas recortables de papel, como aquellas que de niños recortábamos para construir la figura de un soldado con sus armas, o de una muñeca con sus vestidos y zapatos, o de indios a caballo con sus flechas y vaqueros con sus pistolas, también a caballo. Cuerpos frágiles que apenas se mantenían en pie una vez pegados todos los miembros y construidas las figuras de papel.

Éramos, pues, dos figuras recortables deambulando por la calle, a la espera de no sabíamos qué. 

O sí que lo sabíamos, pero no era un buen momento para hablarlo..., para decir que un día vendría la muerte con sus tijeras y nos recortaría la vida para coleccionarla en su álbum. Como si realmente fuéramos siluetas recortables de papel, figuras impresas en una lámina aguardando el corte inapelable de unas tijeras.

domingo, 13 de marzo de 2022

CUANDO NO ES POSIBLE HABLAR

Foto de un libro en blanco de Judith Xifré, encuadernado con vidrios pulidos por el mar y transformados en cristales de colores arrojados por las olas a la playa.

Cuando en la voz se entromete la muerte, es difícil hablar, articular palabras que se puedan entender.

Hay una distancia mortal, una ausencia, que se derrama en las palabras, por dentro, como la sangre de una hemorragia interna que empapara cada letra, cada sílaba de las palabras.

Entonces las palabras pierden el equilibrio, caen al abismo y se agarran a la única rama enraizada en el precipicio: la poesía, que transforma, como el mar, los vidrios que sangran en cristales de colores, arrojados por las olas a la playa como si fueran piedras preciosas. Aunque solo sean vidrios pulidos por el mar, clavados en el cuerpo y en lo que resta de alma.

Y todo es balbuceo. El balbuceo del dolor que ya no puede hablar.

viernes, 11 de marzo de 2022

CUANDO LA SANGRE ESCRIBE UN NOMBRE

Foto: J.X.

Mientras da vueltas por la Isla II del Cementerio del Mar, un vuelo de palomas le trae a la memoria un fragmento del filósofo musulmán Ibn Arabi (Murcia, 1165-Damasco, 1240), del libro Tratado del Amor, en el cual comenta que Zulaykha (esposa de Putifar), al cortarse una de las venas, la sangre que gotea al suelo va escribiendo un nombre: “¡Yusuf, Yusuf!”, que es el de su amado (un amado que, sin embargo, la rechaza), y cuyo nombre se ha esparcido a través de la sangre de sus venas.

Hay nombres amados que se escriben con sangre. 

Una gota de sangre por cada letra, por cada sílaba, hasta completar  el nombre del ser amado.



miércoles, 9 de marzo de 2022

ENCUENTRO INESPERADO EN EL BAR

Foto: J.X.

Solo él vio su última mirada (no sabe lo que ella veía), y le cerró los ojos.

Cuando uno anda al azar, sin destino, con el corazón mordisqueado y un pedazo reseco de alma dentro del cuerpo, ¿qué más te puede sostener?, pregunta y no pregunta, mirando al vacío.

Hay un dolor que no se puede compartir.

No sé qué decirle. Dejamos por hoy las palabras.

Un muerto, sentado a la barra del bar, me guiña un ojo, pide otra copa de cava y brinda por nosotros dos.

Le sonrío y le doy las gracias.

Mi compañero me advierte que no es bueno confiar en desconocidos, aunque estén muertos.

Le digo que la novia muerta pensaba lo contrario. Por una extraña razón, que nunca entendí del todo, ella confiaba en las flores de los desconocidos.


domingo, 6 de marzo de 2022

EN DIRECCIÓN CONTRARIA

Aunque no sabía conducir ni tenía vehículo alguno (ni una bicicleta siquiera), decían de él que conducía en dirección contraria, en dirección prohibida, para llegar cuanto antes a la muerte.

Quizá se referían a su forma de andar, a aquel ir corriendo de una iglesia a otra, sin fe, pero ahí seguía, corriendo de una calle a otra hasta llegar al interior de una iglesia y reposar.

Otros decían que iba en busca de vicios prohibidos.

Simplemente, se burlaban de él.

No rezaba, no creía en ningún Dios. Pero él, dijeran lo que dijesen, sin importarle las burlas de los vecinos, necesitaba estar allí, dentro de una iglesia, y sentir aquella paz, aquel sosiego que había perdido y que no hallaba ni en las casas ni en las calles.

Este desasosiego lo comenzó a sentir desde el mismo instante en que ella fue raptada por la muerte. Él bajó por la escalera blanca del hospital, anonadado, y al salir a la calle empezó a correr, con un pañuelo en la mano, dando manotazos al viento que soplaba en dirección contraria.

Todo había cambiado. Jamás nada, ni él, volvería a ser como antes. La ternura, la delicadeza, también habían muerto. Las alimañas de la muerte te devoran el corazón, o te lo muerden y te dejan continuar, vagando por la vida en un desvivirse con el corazón mordido, troceado, o malviviendo sin corazón.

sábado, 5 de marzo de 2022

MAÑANA DE VIENTO Y DE POCAS FLORES

Foto: J.X.


No ha encontrado al vendedor de flores.

Era demasiado pronto.

O tal vez, como hacía demasiado viento, ya no vendría  la camioneta de las flores.

De un arbusto ha arrancado una ramita en flor para la novia muerta.

El viento del mar ha tumbado los tiestos, ha deshecho los ramos y ha desparramado las flores, también las de tela y las de plástico, dejando el suelo enramado, floreado.

Él ha dejado la ramita en flor en un rincón de la estancia de la novia muerta, a resguardo de los golpes de viento.

Los muertos de naturaleza triste se ponen más tristes cuando el viento pasa haciendo tanto barullo y huye con las flores.

Cuando salió del cementerio se le acercó un desconocido y le dijo: "La muerte me rechazó dos veces. La próxima vez, no quiero que nadie me salve."

jueves, 3 de marzo de 2022

LOS EXTREMOS DE LA TRISTEZA

Foto: J.X.

Cuando el suelo está resbaladizo y él pisa un extremo de la tristeza, cae de bruces en el vacío, sin remedio.

En estos casos, el único consuelo es volver a manosear el trocito de infancia que guarda en el bolsillo.

Aunque ese trocito escondido se haya ido pudriendo, a lo largo de tantos días de silencio y destrucción, entre hojas secas y palabras dichas y escritas en mala hora.

Cuando llegó al colmo de la tristeza, dicen que se lavaba todo el cuerpo, y especialmente las partes pudendas, por si existía el alma y, al no tener escapatoria por falta de fe del cuerpo, se veía obligada a salir por allí en caso de urgencia.

También murmuran que no disponía de tiempo para ir a una consulta médica muy importante para su salud, ya que debía acudir a una cita con la novia muerta, que le esperaba en una esquina, cita en la que él murió abrazado a ella, la novia muerta que murió otra vez. Y ambos fueron felices el resto de la vida misteriosa y de la muerte.

Hay muchas formas de espiritualidad en este mundo maldito.

miércoles, 2 de marzo de 2022

CUANDO EL MUNDO SE TE ESCAPA DE LAS MANOS

 Foto: J.X.

Dicen que vivía fuera del mundo.

La muerte de una persona querida lo había arrojado lejos, fuera del mundo. Muchos familiares, pasado un tiempo de la muerte del ser querido, vuelven e ingresan de nuevo en el mundo.

Pero otros no pueden regresar y se quedan en los márgenes, o más allá de los límites del mundo. No regresan ya.

Cuentan que, en él, ya de niño, todo era añoranza. Siempre vivió y murió de añoranza. Como si todo (un amor, algunas flores, un día determinado, un amigo, algún objeto), al escapársele de las manos, le arrancara el corazón.  


sábado, 26 de febrero de 2022

UNA RAMA EN EL PRECIPICIO

 Foto: J.X.

Sin más palabras para hablar sobre la vida y la muerte, ya es hora de retirarse en silencio, decía.

No obstante, de vez en cuando, para no desequilibrarse del todo en la cuerda floja, prosigue hablando y añade palabras abandonadas, palabras perdidas en la calle, sobre la vida y la muerte.

Palabras abandonadas, palabras perdidas en la calle, y recuperadas, como una rama enraizada en la pared más encrespada del precipicio, donde uno puede agarrarse para retrasar la caída mortal.

miércoles, 23 de febrero de 2022

SECRETO DE CONFESIÓN

Foto: J.X. 

No hablaremos de ternura, ni de malentendidos, ni de separaciones y reencuentros.

Era secreto de confesión..., que él, en su juventud, pudo sobrevivir gracias al amor de ella, porque él no quería a nadie y había intentado suicidarse.

Era secreto de confesión..., que, años más tarde, llegó a amarla de un modo que hubiera dado la vida por ella.

Era secreto de confesión..., que esa necesidad de morir por ella sería desde entonces su modo de amar. Como una mística amorosa.

Ella, sin embargo, a la hora de la verdad, no pudo sobrevivir.

Al ser vencida por la muerte, él perdió el sustento más fuerte y auténtico: el amor de ella.

Fue en vano, pues, el afán de sacrificio de él. Sobrevivió el amor débil, el suyo, que no pudo sostener ni el cuerpo ni el alma de ella. Un amor sin fin, un amor inútil. Un charco en el bosque con restos de alma.

Intentó suicidarse. Pero esta vez no lo hizo en la habitación de su casa, como cuando era adolescente. Fue un acto más siniestro y sorprendente, que muchos no se explican aún: lo hallaron tendido en el cementerio, sin sentido, junto al nicho de ella, con varios frascos de píldoras y un ramo de flores deshecho alrededor del cuerpo, vivo aún.

Sobrevivió, sin poder sacrificarse por amor. 

Era descorazonador ver al pobre amante con los brazos extendidos, palpando el vacío que lo acompañaba a todas partes. 

Ponía el corazón triste verlo andar calle arriba, calle abajo, arrastrando los pies, como si fuera un payaso con la cruz a cuestas, a quien van a crucificar al lado de un artesano callejero del cuero, italiano, sin papeles (Giuseppe), y de una vendedora ambulante, también artesana (Judith), sin permiso para vender, que llevaba de un mercado a otro una mochila cargada de álbumes, libros en blanco, porta-fotos y carpetas hechas a mano.

Una araña teje flores de tela para los vivos que visitan a los muertos.

La infancia corretea entre las palmeras, con una pierna enyesada, cuando quedaban lejos los eucaliptos de la estación del tren, cuyos troncos jaspeados ella admiraba, y más lejos todavía los cipreses del mar. 

lunes, 21 de febrero de 2022

A TÍTULO PÓSTUMO

Foto: J.X.

No hablaba apenas con nadie y lo señalaron como insociable. Fue denunciado por unos vecinos.

Y lo detuvieron.

Pero se escapó aprovechando un descuido de la vigilancia.

Se fugó lejos de la ciudad. Sus piernas nunca le habían flaqueado. Excepto una vez, cuando la vio a ella en la cama del hospital, rígida, con los ojos muy abiertos. Le dio un beso y le acarició, bajo las sábanas, el lugar del dolor donde escarbó la muerte, el lado izquierdo del vientre muerto.

Años después, lo hallaron en un bosque, bajo unos matorrales, con el corazón abierto a navajazos.

Fue enjuiciado, sentenciado y ejecutado a título póstumo, en efigie, como uno de aquellos herejes fugados de las garras de la Inquisición. 

domingo, 20 de febrero de 2022

EL BRAZO

Foto: J.X.

Se arremangó la camisa, apoyó el brazo en la barra del bar y me mostró las cicatrices. Eran unos cortes, me dijo, señalándose las venas.

Por un asunto de juventud se las había cortado, me confesó, poetizando lo ocurrido para no explicarlo con tanta crudeza: “La sangre se derramaba por el brazo como si fueran hilos o tallos delgados de un ramo marchito, que goteaba en el suelo de la habitación.

Como si las flores secas se deshojaran bajo una fina lluvia roja, formando un pequeño charco de pétalos y sangre.”

Se bajó la manga de la camisa, se abotonó el puño, y salimos del bar. Ya en la calle, sentí un escalofrío húmedo en el brazo, como si alguien me cortara las venas con una hoja de afeitar y la sangre comenzara a derramarse. No dije nada. Nos dimos la mano y paseamos un rato, sin hablar, como dos novios improvisados. Como dos novios recientes, difuntos. 

Pasaron los días y las palabras.

Una noche lo encontraron muerto en la calle.

Llevaba un papel escrito en el bolsillo, envuelto en un pañuelo rojo. Era una confesión, dirigida a mí.

Sí, había sido él. 

Sentí un escalofrío de ceniza en la mano.

viernes, 18 de febrero de 2022

UNA POLILLA EN CASA

Era incorregible.

Se había enamorado otra vez.

Otro amor efímero: esta vez era una polilla que hacía varios días que vivía con él en casa.

Le gustaba verla revolotear de una lado a otro, en los cristales del balcón, en las habitaciones, o parada en una cortina.

Tampoco le importaba que se comiese algo de borra o lana de la ropa guardada en el armario, como le había advertido siempre su madre cuando ponía unas bolas blancas de naftalina en la ropa para ahuyentar la voracidad de las polillas, decía. Al contrario, ahora que vivía solo, dejaba el armario entreabierto para que esta amiga pudiera acceder al interior y alimentarse para sobrevivir.

Pero un mediodía, mientras él fregaba unos platos, la polilla revoloteaba por la cocina, se paró en el mármol de la pila del fregadero y una salpicadura de agua le mojó las alas. Al intentar salvarla, la polilla, moviendo apenas las alas mojadas, se desprendió de los dedos dejando un polvillo, y fue tragada por el desagüe de la cocina.

Aún hoy siente pena por la pérdida de aquella polilla.


miércoles, 16 de febrero de 2022

UN LARGO VIAJE

 Foto: J.X.

Después de aquel largo ajetreo, de aquel incómodo trajín en el penúltimo vagón del tren de la vida y la poesía, el azar -en el que siempre había confiado- le había conducido a la tan esperada estación término, al destino final del viaje.

Bajó del tren y se dirigió al lugar de la cita, con una devoción amorosa que antes jamás había sentido. La cita era un poco más allá de la estación.

Ya de lejos vio un resplandor de color. Era ella.

Apresuró el paso. Había llegado antes que él. La novia muerta ya le estaba esperando, con media hoja de papel jaspeado en cada mano, recién pintadas. 

Ahora yo comprendía las palabras de aquel amigo tan especial, de aquel novio de la novia muerta, cuyo corazón quería vivir y resistió días y días. Pero ella quería morir, y el corazón dejó de resistir.
Cada vez que él acudía a la cita y se encontraba con la novia muerta, le decía: 
"Quiero morir para vivir a tu lado. Al lado muerto de la vida".

Era un largo viaje.

domingo, 13 de febrero de 2022

EL VERTEDERO

Foto: J.X.

Esta vez no pudo llegar a su destino.

Cuenta la leyenda que no pudo soportar más el peso de la realidad. Había conocido a una persona cuya bondad y belleza la muerte destruyó. No pudo resistirlo. Le quedó el alma desprotegida, desnuda. Fue entonces cuando la memoria pesó y supuró todo el veneno que su cuerpo había ido acumulando a lo largo de la vida. El alma, sin aquella protección vital de bondad y belleza, también fue a su vez envenenada. Medio muerta por el veneno, aún pudo, sin embargo, refugiarse en un escondrijo sano del cuerpo envenenado y ocultarse por un tiempo.

Cuando llegó la muerte y encontró el escondrijo del cuerpo de él, ya sin vida, el alma había desaparecido. Pero aprovechó para atormentar más aún al cuerpo envenenado y muerto, hasta matarlo otra vez, un cuerpo dos veces muerto, y descubrir el origen de la maldición, de los sueños oscuros de su vida, que la propia muerte ignoraba.

La narración de la leyenda no puede ir más allá, desangrada con las últimas palabras, y seguir revelando el misterio de la doble muerte de aquel cuerpo y de la enfermedad de su alma fugitiva.

Él no pudo soportar, pues, la realidad, y cayó de bruces en un lugar recóndito situado entre dos rocas, al borde de un precipicio, con la memoria envenenada supurando en el polvo, y un ramo de flores en las manos.

Se incorporó a duras penas, hasta que pudo arrodillarse. 

Y permaneció allí el resto de su vida, entre las dos rocas, descalzo de cuerpo y sin alma, sobre un suelo de cristales rotos, junto al precipicio, lejos de todo el mundo, como un ermitaño malherido.

El ramo de flores se marchitó prendido a los huesos de las manos del esqueleto arrodillado.

Una noche se acercó a las dos rocas el conductor de un camión de la basura, que, indeciso, resolvió al fin introducir con una pala aquellos restos de huesos y flores en bolsas de plástico.

Al amanecer, lo descargó todo en el vertedero de un acantilado, cerca del mar, donde reciclaban la basura de la ciudad que recogían cada noche.

Uno de los trabajadores de la industria recicladora recuerda que, aquel día, había unos huesos extraños que se resistían a ser reciclados como el resto de la basura recogida. Eran trozos de aquel cuerpo envenenado, de aquellos huesos del esqueleto que se había quedado sin alma, arrodillado al borde de un precipicio, entre dos rocas, y polvo de flores en las manos descarnadas.


sábado, 12 de febrero de 2022

DOS CERVEZAS, POR FAVOR

 Foto: J.X.

La tenía a su lado, muy cerca, a unos pocos palmos de distancia.

Lo acompañaba desde hacía meses, tanto en casa como en la calle, adondequiera que fuese allí estaba ella, flanqueándolo.

Si entraba en un bar y se dirigía a la barra, ella también entraba y se subía a uno de los taburetes de la barra del bar. Él la invitaba y pedía una cerveza para cada uno. Ella, que no estaba acostumbrada a beber ni una cerveza, enseguida se animaba y hablaba más de la cuenta.

Le pedía disculpas por lo del otro día, por haberse llevado a su novia. Por haber raptado de aquella manera, con tanta precipitación, a la novia muerta.

Era así. Tomaba una cerveza y ya hablaba más de la cuenta, la muerte.

Al final, salieron del bar tropezando el uno con la otra, él y la muerte. Ella se fue calle abajo, hacia el barrio del puerto. Él giró a la derecha por una esquina, y subió hacia la montaña, calle arriba.



jueves, 10 de febrero de 2022

SE LLAMABA MODESTA

Foto: J.X.

Se llamaba Modesta, y era una vagabunda italiana que una noche se desmayó y murió en la calle, más sola y abandonada que nunca, por ir dejada y sucia de cuerpo, como han muerto otros vagabundos.

Los servicios de asistencia pública (ambulancias, etc.), no quisieron recogerla y la dejaron ahí tirada, en la calle, como un “fardo de suciedad”, que sólo podía ser recogida y trasladada por un camión de la basura, dijeron algunos.

Al hacerle la autopsia la lavaron de los pies a la cabeza con agua enjabonada y otros líquidos, mediante una manguera.

Seguramente, como hacen con los cadáveres de otros vagabundos, acabó en la fosa común o, tal vez, en una clase práctica de anatomía donde te diseccionan el cuerpo para que lo estudien los futuros médicos. La inutilidad de una vida, de un cuerpo vagabundo e inútil y rechazado por la sociedad, ahora podría ser estudiado, analizado e incluso digno de ser conservado para posteriores lecciones de anatomía, valorando clínicamente todas las partes del cuerpo, de arriba abajo... 

Pero nadie pudo ver el alma, limpia, transparente, que se escapaba de los instrumentos quirúrgicos por un agujero del cuerpo, un alma que no había sido lavada por las manos profanadoras de los hombres.

Por las noches, en algunas papeleras arden las últimas palabras desesperadas escritas en papeles manchados. Son cenizas de palabras que aún sangran cuando son arrojadas al vertedero.


miércoles, 9 de febrero de 2022

CUESTIÓN DE TRATO

Foto: J.X.

Que prefiriera el trato de los muertos al de los vivos, no era, decía, por mala educación, ni tampoco por descortesía al mundo, a la vida.

Era, simplemente, por el sosiego espiritual que sentía al tratar con ellos, con los muertos, sin aquellas malas jugadas, aquel juego sucio a que son tan dados los vivos, por naturaleza.

Era más agradable querer a los muertos y regalarles flores. Aunque el ramo hubiera perdido esplendor y entre las flores marchitas hubiera algunas malas hierbas, no despreciaban nunca el esfuerzo de la flor, aquel perfume de flor marchita.


martes, 8 de febrero de 2022

CARTEL

 

Cartel dibujado por Judith Xifré presentado al concurso convocado por la Travesía a nado del Puerto de Barcelona /2011, organizada por el club Atlètic-Barceloneta. 


OTRAS FORMAS DE AMOR

Foto: J.X.

Hoy no ha encontrado flores, le dice.

Se pone a su lado y le hace compañía, sin flores.

Ella parece entenderlo. Sin embargo, le reclama unas flores para el próximo día, “con dos flores es suficiente, ya lo sabes”, le recuerda.

Él asienta con la cabeza, y sigue ahí, a su lado. Le promete cumplir el compromiso amoroso de las dos flores.

Y sigue ahí, velándola, hablando de flores con ella, con la novia muerta.

Hay otras formas de amor.

lunes, 7 de febrero de 2022

EL RAMO MARCHITO

Dibujo de Judith Xifré de un ramo marchito para el libro, El espía del ramo marchito, con prólogo de Valérie Tasso, e ilustrado por Beneyto. Editorial Emboscall, 2007.



domingo, 6 de febrero de 2022

AL CERRAR LA PUERTA DE UN PORTAZO

Foto: J.X.

El día después de todo lo ocurrido (las enfermeras la habían lavado y peinado, como si la embellecieran para una boda u otra cita importante), cuando la muerte entró, la raptó, salió cerrando la puerta de un portazo y se fue con ella escaleras abajo..., fue entonces.

Entonces, él supo que el mundo le sería extraño y hostil para siempre.

Le costó mucho, al principio, abrir la puerta cerrada con aquel portazo, bajar las escaleras y salir, o mejor dicho, arrojarse a la calle, arrastrando los pies, con la novia muerte dentro.

Llevaba a la muerte estigmatizada en la cabeza y cuerpo abajo, acumulándose en los pies, que arrastraba.

Un triciclo turístico estuvo a punto de atropellarlo, el conductor frenó, indignado con el transeúnte.

Éste se acercó al conductor y le explicó que la muerte le ataba los pies y no podía andar sino arrastrándolos.

El conductor, pretendiendo consolarlo, le dijo que lo sentía y que todos, al fin, acabaremos muriendo.

Él le miró con ternura, sonrió, y se despidió saludándole abriendo la mano.

Siguió calle arriba, arrastrando los pies, en busca de una floristería que tuviera flores para la muerte. 

Cuando la muerte cerró la puerta dando aquel portazo, él perdió el lugar que habitaba. De ahora en adelante, ya no habría en el mundo ningún lugar para él.

Los últimos días de su vida seguía arrastrando los pies hacia más allá, con los brazos en cruz, un ramo marchito en la mano derecha y otro en la mano izquierda.

Como anunciaba una visionaria del barrio, aficionada a las películas del Oeste y algo irónica: "Para salvar un alma, lo mejor es encontrar a alguien que la haya perdido."


sábado, 5 de febrero de 2022

EN LA TIERRA Y EN LAS NUBES

Foto: Judith Xifré sentada en tierra, y un servidor en la nubes, haciendo equilibrios, o algo parecido, en una rama.



viernes, 4 de febrero de 2022

DESPOJAMIENTO

Pedía perdón por todo y a todo el mundo, y entregaba como estampas de santidad  unas "felicitaciones de Navidad" de parte del basurero: dispuesto a recoger, como penitencia, toda la basura de las casas y de las calles, desde la más pequeña a la más grande basura.

Su cuerpo -decía al pedir perdón- había sido como una alimaña que hubiese devorado a su alma.

Y que ésta, su alma, al ser devorada, había acabado por envenenar al cuerpo y dejarlo sin vida. O, mejor dicho, vivo, pero muerto.

El cuerpo, sin habla, envenenado por el alma devorada. El espíritu carcomido, agujereado.

Por eso el cuerpo -seguía explicando en busca de perdón- ya estaba en el matadero, abierto en canal en la mesa de despiece.

Troceado, a piezas reconocibles (corazón, tripas, cerebro, hígado, lengua y otros menudillos), cuelgan ya de los ganchos de la tienda de carnicería de despojos. Algunas piezas sangran aún sobre el mostrador de mármol de la tienda.

Pasa por delante de la tienda y se ve a sí mismo, despedazado, como una alimaña sacrificada. Menudillos de alma y lengua de espíritu colgados de los ganchos y goteando la última sangre sobre el mostrador. Como exvotos ensangrentados.

Una vida despojada, despiezada. Despojos de casquería.

Pide perdón por todo y a todos, pero es en vano. Porque la única persona que podía perdonarle -y le perdonaba, dice-, desapareció en la soledad de los bosques y no volvió jamás.

Tampoco ella pudo salvarlo ni con todo el amor del mundo.

(Cuentan que una amiga psicoanalista le diagnosticó que se encariñaba demasiado con la gente, llegando incluso a enamorarse de mujeres y hombres a los que apenas conocía. Eran enamoramientos efímeros, decía él -tanto en lo físico como en lo afectivo-, puesto que después, por un motivo u otro, esa gente se trasladaba a otra parte y ya no volvían a verse. O bien, era él quien se iba -como si rompiera relaciones-, regresaba a casa, y aquí finalizaba el enamoramiento efímero. En realidad, nunca fue un amante, lo que se entiende como  un amante, desde que murió su novia en plena juventud y vivió solo el resto de su vida. Tenía amigas, amigos, y esos enamoramientos efímeros -que. aun siendo efímeros, le hacían sufrir mientras duraban, le advertía la amiga psicoanalista-, pero jamás fue el amante real de nadie).    

Era como un novio muerto, solitario, que vagaba de una calle a otra, de bar en bar, buscando el perdón y un ramo de flores para la novia muerta.

Todo es enigma y dolor. 

jueves, 3 de febrero de 2022

DE PARÍS A GRECIA

 Foto, Judith Xifré: "Autorretrato de interior"

Judith Xifré (a la izq.) en Grecia, con una amiga que conoció en el propio país haciendo autostop. Viaje que hizo sola en un barco griego desde Barcelona, después de trabajar más de un año como "femme de ménage" (criada) y vivir en buhardillas de mala muerte en París, relacionarse con algunos exiliados catalano-españoles, y estudiar la cultura y la lengua francesa en la Alliance Française. Otros tiempos, en días de penuria, aventura y riesgo.


FOTOGRAFÍA DE UN "MONTÓN DE AMARILLO"

Foto: Judith Xifré susurrando a su "montón de amarillo", como un poema irlandés nombra a un pajarillo de plumas amarillas. 



miércoles, 2 de febrero de 2022

“NO ABANDONES TODA ESPERANZA”

Foto: J.X.

No todas las almas aletean y vuelan bajo el azul del cielo.

El último trozo de su alma salió de su cuerpo, no volando, sino arrastrándose por el suelo de una calle sin salida, hasta fugarse por un agujero del muro que cerraba la calle.

Su cuerpo se quedó ahí, sin poder moverse, detenido en la calle sin salida.

El muro tenía clavada una madera escrita, que advertía:

    No abandones toda esperanza.

Alguien escribió aquí:

Aunque esté muerto y enterrado,

o incinerado y esparcidas las cenizas

al viento o al mar,

te echaré de menos,

te echaré de menos,

y los gusanos mojados de lágrimas

saldrán del cuerpo y del alma,

en busca de una flor para ti”.

martes, 1 de febrero de 2022

ESCRITO EN LA PARED DE UN CALLEJÓN

 Foto: Judith Xifré

Escrito en la pared de un callejón, a brochazos, con tinta negra:

Escribir hoy algo, lo que sea, cuatro o cincos palabras, o varias frases o versos, para mañana poder corregir lo escrito y, así, prolongar la vida un día más.