martes, 18 de noviembre de 2008

ALGARABÍA EN EL PUERTO

Cesare Pavese




















François Desnoyer, Escalas (1940)

YouTube - Karen Dalton Tribute


POÉTICA*

El muchacho se ha percatado de que el árbol vive.
Si las tiernas hojas se abren a la luz
por la fuerza, desgarrando sin piedad, la dura corteza
debe sufrir mucho. Sin embargo, vive en silencio.
Todo el mundo está cubierto por plantas que sufren
bajo la luz, y ni siquiera se oye un suspiro.
Es una luz tierna. Ignora el muchacho
de dónde procede, y anochece; pero los troncos destacan
sobre un fondo mágico. Dentro de poco habrá oscurecido.

El muchacho –hay quien sigue siendo un muchacho
por tiempo excesivo- que se asustaba de la oscuridad,
va por la calle y no repara en las casas ensombrecidas
por el crepúsculo. Inclina la cabeza a la escucha
de un lejano recuerdo. En las calles, desiertas
como plazas, se acumula un pesado silencio.
El transeúnte podría estar solo en un bosque,
donde los árboles fuesen enormes. La luz
con un escalofrío recorre los faroles. Las casas
ofuscadas se vislumbran entre el vapor azulado,
y el muchacho levanta la vista. Aquel silencio lejano
que agarrotaba el aliento del transeúnte, ha florecido
en la luz inesperada. Son los antiguos árboles
del muchacho. Y la luz es el embrujo de entonces.

Y, por el diáfano círculo, alguien comienza
a pasar en silencio. Por la calle, nadie
revela jamás la pena que le roe la vida.
Caminan apresurados, como abstraídos en su andar,
y grandes sombras se bambolean. Tienen rostros surcados
y ojeras dolientes, pero nadie se queja.
A lo largo de toda la noche, en la luz azulada,
deambulan como en un bosque, entre casas infinitas.

Cesare Pavese
(Poesía, trad. C. José i Solsona, Ed. José Batlló, Barcelona, 1986)

*Italo Calvino, en la nota correspondiente a este poema, señala que éste fue uno de los 16 poemas escritos por Pavese durante los siete meses de su confinamiento político en Brancaleone ( de agosto de 1935 a marzo de 1936).


AT

Emmylou Harris - C'est la vie/Tardes de radio


YouTube - Emmylou Harris - C'est la vie











Fotografía: Ollé, Tardes de radio



La Cenicienta

HEREJÍAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ


Dibujo original de san Juan de la Cruz







AL FINAL DE LA ESCALERA,
ARRIBA,
¿HAY ALGUIEN ESCONDIDO?




Cosa es digna de espanto lo que pasa en nuestros tiempos, que cualquiera alma de por ahí, con cuatro maravedises de consideración, si sienten algunas hablas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y suponen que es así, diciendo: “Díjome Dios”, “Respondióme Dios”. Y no es así, sino que ellas mismas se lo dicen y ellas mismas se lo responden, con la gana que tienen de ello.

San Juan de la Cruz, Avisos y sentencias espirituales

Una monja portuguesa

lunes, 17 de noviembre de 2008

UNA HISTORIA SUFÍ

Râbi'a, la Gran Santa Sufí de Basora (miniatura india)

















Un día la gente vio a Râbi'a corriendo apresurada con una antorcha en una mano, y un cubo de agua en la otra; le preguntaron:

-Señora del Otro mundo, ¿adónde vas? ¿Qué andas buscando?

Y ella contestó:
-Voy al cielo. Quiero prender fuego al Paraíso y apagar el fuego del Infierno.
Así, Infierno y Paraíso desaparecerán y sólo quedará Aquel al que se busca.


Râbi'a al-'Adawiyya (mística sufí, s. VIII)
(trad. Mª. Tabuyo Ortega, J.J. de Olañeta Ed., Palma de Mallorca, 2006)

Heterodoxo Menéndez Pelayo

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA, II


Pau Maragall, Home i cadira (1973)


YouTube - Bob Dylan - Ballad of a Thin Man (NDH - Full Audio)


Quién pudiera
lanzar a gran altura
el mundo
para que el viento
pasara a través de parte a parte.

Hilde Domin, Quién lo pudiera
(Poemas, tra. H.L.Davi, El Bardo, Barcelona, 2002)


El Jinete anterior

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA

Van Gogh, Rueda de presos


Bajo el sol de mediodía,
azada y cereales empapan de sudor la tierra.

Ante el tazón servido,
¿quién conoce de cada grano toda la pena?

Li Shen, Compasión (Dinastía Tang, 772-846)

(La pagoda blanca, trad. G. Dañino, Ed. Hiperión)

..................................

Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?

Bertolt Brecht, El cambio de rueda (1953)

(Poemas y canciones, trad. J.López Pacheco y V. Romano, Alianza Ed.)

El Jinete del Antifaz


domingo, 16 de noviembre de 2008

27 DE SEPTIEMBRE, LA NARRACIÓN DE UN DÍA


Seraphine Louis, El árbol del paraíso (1929)

[En 1935, Maksim Gorki inició una empresa que tituló “Un día del mundo”. Su idea era que los escritores del mundo describieran con la mayor precisión posible un día de ese año, concretamente el 27 de septiembre. El proyecto no prosperó; sin embargo, en 1960 el periódico moscovita "Izvestia" recuperó la idea e invitó a participar a todos los escritores del Este. Christa Wolf aceptó la invitación y escribió su 27 de septiembre de 1960. Y, aunque el proyecto de Izvestia tampoco prosperó esta vez, Wolf no dejaría ya de escribir sus sucesivos 27 de septiembre. ¿Por qué lo ha hecho a lo largo de más de cuarenta? “No soy consciente de todas las causas que lo motivaron, pero puedo mencionar algunas: en primer lugar mi horror al olvido que, como he observado, se lleva consigo sobre todo la vida cotidiana, que tanto aprecio”, escribe en la recopilación de sus entradas, publicada en 2003. Uno de los libros más hermosos y honestos que he tenido la oportunidad de leer (Christa Wolf, "Un día del año (1960-2000)", trad. de Carmen Gauger, Galaxia Gutenberg, 2006).
Con Esmeralda Berbel y otras amigas nos propusimos escribir, este año, nuestro 27 de septiembre. Pero pongamos que ese día lo pasé en la "Pensión Ulises", en una habitación con vistas, y con mi diario en el escritorio ...]


Sábado, 27 de septiembre de 2008

Apenas he podido dormir. Los nervios del viaje me han tenido insomne, tensa, hasta muy tarde en la noche. A las siete ha sonado el despertador. Me levanto con la cabeza pesada y pienso que eso no es nada para lo que me queda por delante: un largo viaje hasta Guanajuato, México. Veinticuatro horas de trayecto y tres aviones. El accidente ocurrido en Barajas el pasado verano me dejó, definitivamente, sin ganas de volar. Qué diferencia con la emoción que sentía hace años cada vez que viajaba.

Miro por la ventana, ya no llueve, las calles están secas, apenas hay coches. Se nota que es sábado. Clarea lentamente. Sólo me da tiempo a tomar una taza de té. La buena noticia es que Oriol me acompaña al aeropuerto. Lo último que hago antes de subir a las salas de embarque es comprar pesos mexicanos. Un euro, trece pesos. Cuando llegue a DF. me daré cuenta de que ha sido un error: allí el euro se compra a diecisiete pesos. Mi despedida de Oriol está cargada de costumbre.

El vuelo a Madrid, sin incidencias. Pero ante el retraso en abrir las compuertas del avión la gente se pone nerviosa: tiene miedo a perder la conexión de sus vuelos. Constato una vez más que la terminal 4 de Barajas es enorme. Mi puerta de embarque es la U 58.

Ya instalada en el inmenso Airbus leo toda la prensa que cae en mis manos. La fotografía de la gran Meryl Streep llegando a San Sebastián para recoger su Concha de Oro ocupa la mayoría de las portadas, con su aspecto elegante y risueño. La sensación de dicha que emana de su rostro compite con los terribles titulares financieros del día. Me quedo con Streep. Ojalá que a los tiburones de Wall Street, que ahora chapotean en el charco de la Bolsa, se los llevara un tsunami hasta un lugar de regreso imposible. Pero ¿cuánto tiempo tardarían en salir nuevos tiburones, más ávidos de sangre inocente?

Pienso en México. Anoche tuve la alegría de recibir un último correo, antes de apagar mi ordenador definitivamente (hasta la vuelta), de Paco Solano (¿hay alguien que conozca mejor México?). Un correo tan tranquilizador que mis aprensiones se esfumaron. Me recomienda tomar un tequilita en El Gallo Pitagórico de Guanajuato.

Sigo en el Airbus. Tengo mi ventanilla ligeramente descubierta, a pesar de los ruegos de la azafata, empeñada en que el avión permanezca a oscuras. Me entra luz suficiente: los tonos naranjas del sol despiden una intensidad abrumadora. ¿Son los colores del atardecer? Pero todo el mundo duerme a mi alrededor (¿cómo lo consiguen?). Yo leo el Diario, de Katherine Mansfield, que no me impresiona como cuando lo leí más o menos a la misma edad en que ella lo escribió, y el libro de Paco, Bajo las nubes de México. También pienso en mis hijos, ya estoy echando de menos su conversación, sus cosas.


Llego a DF. sin novedad, no demasiado cansada, pero me quedan cuatro horas de espera antes de tomar el último avión a Guanajuato. Me siento en un confortable bar americano de cómodos sillones a esperar, y a pesar de lo tarde que ya es para mí (la una de la madrugada) tomo la mejor decisión. Empiezo la biografía de Lutero, de Lucien Febre, editada por el "FCE" y que acabo de comprar en una de las varias librerías que el "Fondo" tiene repartidas por el inmenso aeropuerto de DF. El libro me absorbe por completo y me sumerjo en las disputas religiosas del siglo XVI, reformistas contra papistas, olvidándome de todo.

Por fin sale el avión a Guanajuato. He perdido la noción del tiempo. En casa llevan horas durmiendo mientras aquí apenas son las nueve de la noche. Siete horas de diferencia que empiezan a pesar. Ya no leo en el avión. Sólo espero llegar a alguna parte y dormir. De pronto me cruza una sensación de pánico: no he traído conmigo ninguna referencia del lugar al que voy. No tengo teléfonos de contacto, ni la dirección del hotel, ni nada de nada. Si no me recogen en el aeropuerto de León –¿a cuántos kilómetros está, por cierto, de Guanajuato?- no sabré adónde ir. El miedo queda amortiguado por el cansancio. Por fortuna, al llegar me estarán esperando: la profesora Ana Alba, su marido y su hija pequeña. Todo en orden.

Último tramo del viaje: del aeropuerto de León a Guanajuato, unos 50 kilómetros. Cuando llegamos al hotel -se llama "Abadía Panorámico", en lo alto de la ciudad-, me doy cuenta de que no es un hotel para mí, demasiado inhóspito para pasar tantos días. Compruebo algo que observa Paco en su libro: las puertas y ventanas quedan peligrosamente abiertas, con las hojas sin encajar. ¡Qué corrientes de aire dentro y fuera de la habitación! Pero pensar en eso queda para mañana. Bajo al vestíbulo otra vez y me despido de Ana. Después, me dejo caer en la cama y miro el cuarto detenidamente: hay los muebles justos (dos camas, una mesilla de noche, un escritorio y una silla), de estilo colonial, con cruces incrustadas en la madera. Lo más sorprendente es el brillante color de las paredes, pintadas en azul eléctrico y naranja. Azules y naranjas empiezan a dar vueltas en mi mente de la mano de un Lutero sedentario y bonachón, las sensaciones se confunden ...

Anna Caballé

Los Experimentos del Dr. Mallarmé


Jacques Villon, El escribiente











De acuerdo totalmente con el concepto de "sumas y restas" expuesto por JAC sobre el desarrollo de la estética (dejaremos la palabra "dialéctica" para otra ocasión).

Si bien habría que considerar también que, a lo largo de la historia de la estética, los modelos clásicos han sido sometidos a imitación -y no como homenaje a la obra original divina como querían Platón y Aristóteles-, sino como mero acomodo a las formas preestablecidas por la tradición. Y, aun cuando el espíritu vanguardista
-del que habla la "pensionista" JX- cayera por impotencia en la repetición de los modelos vanguardistas -ya clásicos también- del dadaísmo, surrealismo, música atonal, pintura abstracta, etc., siempre cabría argumentar que sólo llevan cien años escasos de repeticiones, en tanto que los escritores y artistas acomodaticios vienen plagiando o mareando las estructuras clásicas -no el espíritu- desde hace más de dos mil años de tradición (sin olvidar a los innumerables poetas chinos, a los místicos y poetas persas, sufíes, etc.) Una estimable diferencia de tiempo en el proceso de las repeticiones estéticas.

AT







sábado, 15 de noviembre de 2008

Experimentación

Algunos residentes —¿será mejor llamarlos pensionistas?— de este sitio han manifestado su insatisfacción por el hecho de que la literatura del presente haya renunciado a experimentar. Es un sentimiento que, como tal, comprendo y comparto; pese a que su formulación me chirría. ¿Es exactamente la experimentación —la vanguardia— lo que se echa en falta? Cabe pensar, entonces, que «vanguardia» no sea lo que es, una actitud artística propia de una parte del siglo XX, sino un término más global que signifique algo así como: el arte y la literatura nunca antes visto o leído. En ambos casos, sin embargo, las condiciones que se le exige al escritor —experimentar, ser vanguardista o crear un arte nunca visto— apuntan hacia un arte y una literatura epigonal. Es decir, la repetición de un arte y de una visión artística que ya ha existido. Si el arte ha de ser vanguardista: o el término «vanguardista» no significa nada, y entonces no se afirma nada, o el aserto significa: el arte ha de ser la repetición de un gesto consolidado por la historia del arte: como fue la vanguardia.

La formulación de esta inquietud por parte de algunos pensionistas no me parece correcta; sin embargo, sentimentalmente estoy con ellos. Hay algo que no resulta satisfactorio en el arte del presente, y aunque se parece mucho a lo que hizo la vanguardia, en modo alguno puede ser repetir la vanguardia. Voy a tratar de expresarlo mejor (sin estar seguro de conseguirlo).

El arte (y la literatura) se pueden construir sumando y restando. Se suma al incorporar —de manera consciente o inconsciente— gestos, maneras, hábitos artísticos de otros momentos o autores. No es un procedimiento con valor en sí mismo: los renacentistas incorporaron la tradición clásica para potenciarse a sí mismos —de qué manera y con qué originalidad— y los neoclásicos hicieron lo mismo para poco más que copiar. Se resta al despojar en la obra personal cualquier referencia, motivo, gesto o manera que a uno le recuerde obras de maestros que ha admirado. En general cabría decir que el artista trabaja con sumas y restas, y que en ese diálogo es donde descubre su propia personalidad. El equilibrio entre las influencias que incorpora y los gestos o el estilo personales da la medida de satisfacción de una obra artística.

Vayamos ahora al presente. A la que un observador almacene un pequeño capital de experiencia artística y literaria, se dará cuenta de que la mayor parte de las obras del presente, aquellas que le dejan insatisfecho, se realizan por el proceso de adición más descarado. Muchos libros y exposiciones suenan al popurrí final de una orquesta de fiestas patronales. Pero tal vez no es eso lo que realmente deje insatisfecho, pues convierte la lectura en un pasatiempo bastante entretenido: descubrir los hipertextos mentales con los que el autor ha construido su fábula. Lo realmente desazonador de la literatura, y del arte, de una buena parte de nuestro presente es la ausencia absoluta de la actitud de resta. La impresión de que el autor en ningún momento ha querido despojar a su trabajo de cuanto en él está formado por materiales ajenos. Sólo suma —rápida adición para construir contrarreloj—, nunca reposada resta: esto tal vez sea lo que algunos pensionistas denominan falta de experimentación. Experimentar sería entonces el acto el despojar al trabajo propio de los ecos que han entrado en él —ecos de época, de autores, de citas, de clásicos, de vanguardistas, de conocidos, de recónditos, copiados a propósito o inconscientemente...—. Eso es lo que yo echo de menos, esta experimentación. Esta actitud ética ante la estética.

JAC

viernes, 14 de noviembre de 2008

MEMORIAS A DEBATE, II (Giménez-Frontín y la ciudad)

Mª. del Mar Bonet y Jaume Sisa con el "Grup de Folk", en los años sesenta
(Parc de la Ciutadella, Barcelona)


UN RETRATO DE LOS TIEMPOS

Uno de los aspectos más interesantes que se ofrece al lector de autobiografías y memorias es la posibilidad de inferir, con cierto conocimiento del asunto, la relación que el autobiógrafo mantiene consigo mismo, a partir de la forma en que construye su perspectiva de los diferentes personae que habitan y han habitado en su cabeza y con los que está obligado a convivir. Que no somos de una pieza, que el sujeto se ve obligado a mantener a raya a múltiples yoes generados en su larga relación con los demás, con el mundo, fue suficientemente estudiado por Carlos Castilla del Pino (Teoría de los sentimientos, 2000). Pero importa decir que la escritura autobiográfica renueva y vivifica el postulado intelectual constantemente. Tal vez no haya tema más apasionante de análisis que la observación reiterada, nunca fatigosa, de esa apertura de compás que el autobiógrafo traza respecto a sus múltiples identidades en el pasado, las líneas de fuga que, en conjunto, dibujan una silueta definida: el sentido que da a su propia experiencia, en su dimensión más pública (memorias), o privada (autobiografía).


El prólogo a Los años contados, del escritor José Luis Giménez-Frontín, plantea honestamente esta cuestión: expone su temor a perder la perspectiva, abandonarse a la infatuación y a la puesta en escena interesada de sí mismo. La resuelve, con un punto de comodidad, proponiendo al lector un “retrato de los tiempos”. Opta pues por el formato de las memorias. Pero siempre es el tiempo de las memorias, escrituras a medio camino entre la agitación de la actualidad y el frío de la Historia.

La horquilla biográfica que se propone al lector va de un recuerdo borroso de un niño en una cuna con barrotes de color marfil hasta su cese como director de una importante fundación cultural, pasando por lo que él llama una última vuelta de tuerca a su texto (capítulo 70), donde critica las inercias contraídas por la generación de la lucha antifranquista, su generación: “Éramos expertos en mirar siempre hacia otro lado. Pequeños maestros de la impostura, eso es lo que éramos”. Porque, en efecto, los tiempos permitían condenar duramente la disidencia soviética, mientras se aceptaba la megalomanía de una supuesta razón de Estado, como planteó en su día Martin Amis en Koba el Terrible. Giménez- Frontín dice sentirse ahora muy alejado de los partidos políticos. El único que podría representarlo es un partido sin ansia de poder, un partido que no tiene himno ni bandera. Es el de Giner de los Ríos, María Zambrano, Isaias Berlin, Albert Camus, Hannah Arendt, Nina Hagen-Thorn. Ya ven que no es un partido cualquiera: es el de quienes siempre defendieron el entendimiento y la libertad, costara lo que costase. (Ahora lo que cuesta es tunear el coche de Ernest Benach).

En Los pasos contados, Giménez-Frontín recorre muchos pasajes que forman parte ya de un imaginario memorialístico (catalán, burgués y castellanohablante) muy establecido y, sin embargo, siempre matizable: los jesuitas de la calle Caspe, el veraneo en Caldetas, después en Cadaqués, los estudios en la activa Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, la rebeldía marxista, la bohemia generacional de los sesenta, el antifranquismo. Pero ahí empiezan las divergencias del autor, siempre suavizadas por una prosa que aspira a hacer atestado de sí mismo. Su llegada a Bristol en 1971 y el contacto con la juventud inglesa, entonces a la vanguardia de Europa, marcó un antes y un después en la configuración de su mundo personal y literario, atraído desde entonces por la filosofía oriental y el conocimiento de las construcciones simbólicas (léase Woodstock road en julio, de 1996).

El punto de comodidad al que me refería está relacionado con el descarte del autor de aquellos aspectos pertenecientes a su educación sentimental, apenas insinuada. Aunque la opción sea coherente con la elección del modelo memorialístico (que atiende a los orígenes, la formación, los grados de compromiso, los cambios), es de lamentar que no incluya el tanteo de la intimidad. Se nos dice, en el único capítulo irritado del libro, que la actual exhibición pública y obscena de los sentimientos en el medio televisivo ha fagocitado su expresión, incluso literaria. ¿Cómo expresar “lo sentimental” de un modo no gastado? se preguntaba recientemente Julián Rodríguez en Cultivos. Es un tema que reclama un debate en profundidad y en el que debería implicarse toda la sociedad española. Mientras tanto, entiendo que la observación de Giménez -Frontín es un refugio, no una explicación. Pero el “pacto memorial” es otro, menos preocupado por la introspección que por un deseo de conservación. Y aquí el autor de Los años contados acierta plenamente.


Anna Caballé

jueves, 13 de noviembre de 2008

MEMORIAS A DEBATE

María-Helena Vieira da Silva, Jardines colgantes

















UN LIBRO DE REFERENCIA

Hace dos meses que tenemos en las librerías el volumen de memorias -no la autobiografía, porque estrictamente el término comporta otro protocolo literario- de José Luis Giménez-Frontín,
Los años contados. Indico el tiempo porque hay una manera de hablar de los libros en términos de servicio de novedades, donde son obligadas las dimensiones informativa y crítica; y otra, una vez que el libro, pasada esta fase, ya ha entrado en un ritmo de fondo. Entonces -ahora-, el cronista, liberado de estas servidumbres (y todavía más desde las páginas de opinión), puede hacer balance y mirar el caso con la perspectiva de la referencia de los otros.


Tal liberación se resquebraja cuando el cronista constata que, los que tenían que hacer el trabajo con el libro recién salido, no lo han hecho demasiado bien
-para utilizar un eufemismo frontiniano. Sorprende, salvo alguna excepción (excelente, nuestro amigo Castillo en el “Avui”), el poco eco mediático de esta crónica de la sociedad literaria y de un sector importante de la sociedad civil, que va de la segunda mitad del franquismo -la época del 600 y las revueltas de estudiantes- hasta la actualidad. Para entenderla desde una óptica intelectual y artística, y dentro de ésta la más imbricada y comprometida con la sociedad, Los años contados es -tendría que ser- una obra de referencia. ¿Dónde está la sociedad literaria retratada en sus páginas a la hora de recibir este regalo? La pregunta es retórica: con tantas desapariciones, tal sociedad debe de haber dejado de existir.

¿Puede haber sido determinante -pregunto- la falta de escándalo y sangre, la falta de amarillez pseudomediática en estas páginas elegantes y mesuradas? De la moderación, en el sentido montaigniano, y de la justicia histórica,

Giménez-Frontín ha hecho un ejercicio de estilo, una máquina de relojería cuyo exactitud emocional no se permite el más mínimo desfallecimiento. Utiliza la misma retórica tanto para describir un hecho divertido, como al tratar uno que lo ha herido o que ha provocado un agravio moral y un perjuicio material en su vida. He ahí una opción literaria, pero también una manera de asegurarse el control sentimental. Para un devoto del barroco como este cronista, este método -los retóricos lo llaman homogeneidad de la cláusula- es de gran valor, y Giménez-Frontín lo ejercita de forma implacable e impecable, con un éxito irrefutable.

Por otro lado, de este tratamiento, que es una rotunda declaración de principios tanto literarios como morales, sale un espléndido autorretrato, elaborado a tal efecto, implícitamente, a lo largo de las casi cuatrocientas cincuenta páginas del libro. Giménez-Frontín nos transmite qué ha visto y cómo lo ha incorporado al contenido, y además, en el modo de explicarlo, nos dice cómo es él mismo; nos retrata su bondad, su sentido de la equidad y de la justa consideración de los actos propios y de los demás, sin que en ningún momento, ni en los más difíciles, ni en los más conflictivos, el discurso se le escape de las manos. El lector encontrará mucha y muy buena información histórica, pero también un modelo de nobleza para situarse uno mismo en medio de los hechos vividos.

(Traducido del catalán)

Miquel de Palol
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Un llibre de referència

Fa dos mesos que tenim a les llibreries el volum de memòries –no l'autobiografia, perquè estrictament el terme comporta un altre protocol literari– de José Luis Giménez-Frontín “Los años contados”. Assenyalo quant fa perquè hi ha una manera de parlar dels llibres en termes de servei de novetats, on són obligades les dimensions informativa i crítica, i una altra un cop el llibre, passada aquesta fase, ja ha entrat en un ritme de fons. Aleshores
–ara–, el cronista, alliberat d'aquestes servituds (i encara més des de les pàgines d'opinió), pot fer balanç i mirar el cas amb la perspectiva de la referència dels altres.

Tal alliberament s'esquerda quan el cronista constata que els qui havien de fer la feina amb el llibre acabat de sortir no l'han fet gaire bé –per utilitzar un eufemisme frontinià. Sobta, tret d'alguna excepció (excel·lent, el nostre amic Castillo a l'Avui), el poc eco mediàtic d'aquesta crònica de la societat literària i d'un sector important de la societat civil que va de la segona meitat del franquisme –l'època del 600 i les revoltes d'estudiants– fins a l'actualitat. Per entendre-la des d'una òptica intel·lectual i artística, i dins d'aquesta la més imbricada i compromesa amb la societat, Los años contados és –hauria de ser– una obra de referència. On és la societat literària retratada en les seves pàgines, a l'hora de rebre aquest regal? La pregunta és retòrica: a cop de desaparicions, tal societat deu haver deixat d'existir.

Pot haver estat determinant, pregunto, la falta de sang i fetge, la falta de grogor pseudomediàtica d'aquestes pàgines elegants i mesurades? De la moderació, en el sentit montaignià, i de la justícia històrica, Giménez Frontín n'ha fet un exercici d'estil, una màquina de rellotgeria d'embridament emocional que no es permet el més mínim defalliment. Utilitza la mateixa retòrica per descriure un fet divertit que per un que l'ha ferit i ha estat un greuge moral i un perjudici material en la seva vida. Vet aquí una opció literària, però també una manera d'assegurar-se el control sentimental. Per un devot del barroc com aquest cronista, aquest mètode –els retors en diuen homogeneïtat de la clàusula– és una gran qualitat, i Giménez Frontín l'exercita de forma implacable i impecable amb un èxit inobjectable.

A més, d'aquest tractament que és una rotunda declaració de principis, tant literaris com morals, en surt un esplèndid autoretrat, elaborat per tal efecte implícit al llarg de les quasi quatre-centes cinquanta pàgines del llibre. Giménez Frontín ens transmet què ha vist i com ho ha encarat en el contingut, i a més, amb la manera d'explicar-ho ens diu com és ell mateix, ens retrata la seva bondat, el seu sentit de l'equitat i de la justa consideració dels actes propis i dels altres, sense que en cap moment, ni en els més difícils, ni en els més conflictius, el discurs se li escapi de les mans. El lector hi trobarà molta i molt bona informació històrica, però també un model de noblesa per situar-se un mateix enmig dels fets que ha viscut.

CÉSAR VALLEJO, O LA SOMBRERERÍA ESTÁ EN AQUELLA ESQUINA

César Vallejo












Opisso, Sastrería Padró



Todas las cosas llevan su sombrero. Todos los animales llevan su sombrero. Los vegetales llevan también el suyo. No hay en este mundo nada ni nadie que no lleve la cabeza cubierta. Aunque los hombres se quiten el sombrero, siempre queda la cabeza cubierta de algo que podríamos llamar el sombrero innato, natural y tácito de cada persona.
Desde el punto de vista del hombre, los sombreros se clasifican en sombreros naturales y sombreros artificiales. Se llama sombrero natural aquel que nace con cada persona y que le es inseparable aun después de la muerte. En el esqueleto, la presencia del sombrero natural y tácito es palpable. Se llama sombrero artificial aquel que se adquiere en las sombrererías y del cual podemos separarnos momentánea o eternamente. En el esqueleto, la falta de este sombrero artificial es, asimismo, evidente.
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Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.
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Un médico afirma que para fruncir el entrecejo se necesita poner en juego sesenta y cuatro músculos, mientras que para reír son suficientes trece músculos. El dolor es, por consiguiente, más deportivo que la alegría.


César Vallejo, Contra el secreto profesional



Jugador de Billar

miércoles, 12 de noviembre de 2008

ESCENARIO / 1919 / 2008

John Dos Passos

Jorge de los Santos


Cartier-Bresson










Javier Carles






Con la colaboración de:

John Dos Passos, 1919 (de Trilogía USA)
Cartier-Bresson, Manhattan-1947
Jorge de los Santos, Escena
Javier Carles, Reflejos en un ojo solitario, IV

Segundo conde de Montecristo

TODO ES RELATIVO


LA OTRA SOCIEDAD PROTECTORA DE ANIMALES

martes, 11 de noviembre de 2008

COLLAGE DE UN LECTOR AGOBIADO



F.K., Dibujos



Dices que debo seguir bajando, pero ya estoy muy abajo, se me corta la respiración, aquí mismo ya casi es demasiado profundo; pero ya que ha de ser así, estoy dispuesto a quedarme. ¡Qué espacio! Es probablemente el lugar más profundo. Así y todo, me quiero quedar; eso sí, no me obligues a seguir bajando.

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En el bastón de paseo de Balzac: “Yo destruyo todos los obstáculos”;
en el mío: “Todos los obstáculos me destruyen”.
Coincidimos en el “todos”.


Franz Kafka, Aforismos
(trad. A. Kovacsis, J. Parra y A. Sánchez Pascual, Ed. Random House Mondadori, Barcelona, 2006)

Un Lector Agobiado

lunes, 10 de noviembre de 2008

SOMBRAS DE SOSPECHA

Federico Gallego Ripoll, Dibujo


















Sobre el espíritu de la vanguardia en la actualidad, sobre el valor y la ambición estética de artistas y escritores:

¿No será que el compositor de música contemporánea ya da al público por perdido y por lo tanto no tiene miedo de experimentar?

¿No será que el pintor (no hablemos de los escultores, pobres), tiene el extravío del mercado en la mente que le solicita productos siempre novedosos (no frescos, de auténtica vanguardia), cuanto más extravagantes mejor, a subastar y vender anualmente?

Y en cuanto a narradores y poetas, ¿no será que muchos (seamos optimistas) quieren ser también modernos, de espíritu nuevo, vanguardista, partidarios de la ruptura, pero una directiva de agentes y editores les ha inculcado (seamos otra vez optimistas) que los lectores son idiotas, unos pobres diablos que no quieren leer más que fotonovelas y melodramas actualizados, obras como las que ellos deben y son capaces de escribir?
Acaso todo sea, en definitiva, un puro manicomio de las bellas artes y de las bellas letras. Como la sociedad misma. Pobres autores y pobres lectores...

Un Lector Depresivo fumigador de novelas premiadas (mi tarifa es de voluntariado)

domingo, 9 de noviembre de 2008

VANGUARDIAS Y UNA PREGUNTA



Paul Klee, Colonia de barracas






Andy Warhol, Big Electric Chair












YouTube - John Cage - 4'33" by David Tudor

ESCRITO EN ROJO SOBRE LA PARED VERDE DE UNA FÁBRICA DE BARCELONA




¿Se puede ser vanguardista (en el sentido de búsqueda, de ruptura) en la música contemporánea y en el arte actual, y no serlo en la poesía y la narrativa del siglo XXI?





Un Curioso Impertinente


ANÉCDOTAS EXISTENCIALES















Sören Kierkegaard, el filósofo paseante


I
Chuang-Tzu agonizaba. Sus discípulos le dijeron que deseaban honrarlo con un funeral decoroso. Él repuso: “El cielo y la tierra por féretro y tumba; el sol, la luna y las estrellas por ofrendas funerarias; y la creación entera acompañándome al sepulcro. No necesito más”
Los discípulos insistieron: “Tememos que los buitres devoren tu cadáver”. Chuang-Tzu respondió: “Sobre la tierra me comerán los buitres; bajo ella, los gusanos y las hormigas. ¿Quieres despojar a los primeros sólo para alimentar a los últimos?”

Selección de textos de Chuang-Tzu
(Introd. Octavio Paz, Ed. Siruela, Madrid, 1997)

II
Algunos dicen que, al morir, encargó que lo dejaran sin enterrar para que cualquier animal pudiera alimentarse de él; o que lo arrojasen a un hoyo y le echaran encima un poco de polvo. Otros, que lo echaran al río Iliso, para ser de utilidad a sus congéneres.

Diógenes Laercio, Vida de Diógenes, el Cínico
(La secta del Perro, trad. C. García Gual, Alianza Ed., Madrid, 1987)

III
Ha sido una justa ironía de mi parte, vivir por las calles y callejones en tanto me disponía a escribir mis obras con seudónimo. La ironía consistía precisamente en el hecho de que, a pesar de pertenecer a otra esfera en mi calidad de escritor, erraba por las calles y el mercado. Era una ironía contra los personajes de la extravagancia y de la intelectualidad hegeliana, tal como se comporta o se comportaba entre nosotros. Pero apenas la otra parte, la "abyección literaria"*, intenta hacer creer que en verdad tengo por domicilio a la calle, la ironía se desvanece al instante y yo abandono la calle.


Sören Kierkegaard, Diarios (trad. M. Angélica Bosco. S. Rueda Ed., Buenos Aires, 1955)


*Abyección literaria. Kierkegaard se refiere a la campaña de burla e infamia a que lo sometió la revista satírica "El Corsario", por cuestionar existencial y filosóficamente a la religiosidad oficial danesa representada por el obispo Mynster. Nada queda de los sermones del obispo, mientras el filósofo del paraguas, "angustiado y jorobado", sigue con sus correrías por calles y mercados de frutas y verduras.

El Espadachín Enmascarado

sábado, 8 de noviembre de 2008

CURSILLO SOBRE EL NUEVO CAPITALISMO


YouTube - Georges Brassens-Il n'ya pas d'amour heureux (English Sub.)











SE NOTIFICA QUE EN BREVE SE INICIARÁ EL CURSILLO SOBRE
“LA REFUNDACIÓN DEL NUEVO CAPITALISMO MUNDIAL”,
IMPARTIDO POR LOS REPRESENTANTES DE MEDIO MUNDO.
EL OTRO MEDIO MUNDO, RECIBIRÁ NOTICIAS CONCISAS POR VÍA SATÉLITE AL DÍA SIGUIENTE DE LA CLAUSURA DEL CURSILLO.

ROGAMOS SE ABSTENGAN DE ASISTIR LOS DELEGADOS DE LA MASA ASALARIADA POR FALTA DE SILLAS TAPIZADAS Y RECAMADAS EN PIEL. A QUIEN PRESENTE LAS OPORTUNAS Y JUSTIFICADAS RECLAMACIONES, LE SERÁ ENTREGADO UN EJEMPLAR MINIADO DE LA NOVELA
“EL CASTILLO”, DEL ILUSTRE DR. FRANZ KAFKA.


EL Departamento de Control del Sano Juicio


Texto descubierto por El Espadachín Enmascarado





viernes, 7 de noviembre de 2008

GARCÍA LORCA EN EL HOSTAL DE LOS MUERTOS


García Lorca con su sobrina














SE HA ENCONTRADO AL FIN UN HUESO DE LA MANO DEL ESQUELETO DEL CADÁVER DEL CUERPO DEL ESPÍRITU DE GARCÍA LORCA


Se ruega llamar por teléfono para confirmar asistencia (aforo limitado) al vernissage con servicio de fotografía que se celebrará el próximo miércoles, a las 19.30, en el salón principal del nuevo Hostal de los Muertos, donde será expuesto el citado descubrimiento.


La Dirección
Se servirá una copa en el transcurso del acto
...............



Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo.
Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.

Federico García Lorca, Nocturno del hueco
(del libro Poeta en Nueva York)

Corresponsal de El Cronista Desterrado

CORRIGIENDO EL MAL DE OÍDO

Cómo sois de mal pensados los escritores y poetas! ¿No creéis que quizás la cita de las palabras de Joan Margarit está incompleta? Me consta de buena fuente que la frase completa es: "Fernando Pessoa quiso ser cuatro poetas (heterónimos), y no consiguio siquiera ser un poeta; logró, eso sí, ser todos los poetas".
Si la fuente resultara no ser fiable, la posibilidad que cabe pensar es que le haya cogido la conocida "diarrea del premio". De mal pronóstico, habitualmente se convierte en crónica.

A.G-F

jueves, 6 de noviembre de 2008

¿SON PELIGROSOS LOS VIRUS ALEGRES DE LOS PREMIOS?



¿Qué les ocurre a los escritores, a los artistas, cuando son premiados o demasiado premiados?








Aubrey Beardsley, Pierrot


"Fernando Pessoa quiso ser cuatro poetas (heterónimos), y no consiguió siquiera ser un poeta." (traducido del catalán)

Declaraciones a una cadena de tv., de Joan Margarit, reciente Premio nacional de Poesía (y no obstante, buen poeta).


Firmado: Colectivo de escritores aspirantes a ser premiados, con el buen propósito de celebrar cada uno de los premios con sana contención

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL DUENDE - FEDERICO GARCÍA LORCA-LEONARD COHEN


YouTube - FEDERICO GARCIA LORCA Leonard Cohen








Hyeronymus Bosch, El Jardín de las Delicias (detalle del panel central)

Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Sólo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que hace que Goya, maestro en los grises, en los platas y en los rosas de la mejor pintura inglesa, pinte con las rodillas y los puños con horribles negros de betún; o que desnuda a Mosén Cinto Verdaguer con el frío de los Pirineos, o lleva a Jorge Manrique a esperar a la muerte en el páramo de Ocaña, o viste con un traje verde de saltimbanqui el cuerpo delicado de Rimbaud, o pone ojos de pez muerto al conde Lautréamont en la madrugada del boulevard.

Federico García Lorca, Teoría y juego del duende
(Prosa, Alianza Ed. Madrid, 1969)

AT

¿PARA CUÁNDO UN PRESIDENTE MESTIZO?

Amigos, conocidos, saludados, lectores en general:
Ya sé que estamos en un blog de contenido literario y artístico. Pero después del empacho de tanta campaña americana y a pesar de la ilusión que ha generado el resultado en tanta gente, ilusión a la que no soy ajena, no puedo evitar hacer una breve reflexión. Todos los medios de difusión han hablado y hablan hasta la saciedad del hito que supone para un negro alcanzar la presidencia de Estados Unidos. Algunos utilizan el término afroamericano. Y a mí me sorprende muchísimo. Porque Obama es mestizo. Hijo de negro y blanca. ¿Es que no existen? ¿Es que dan carta de naturaleza al prejuicio racista que supone que alguien con una gota de sangre negra ya sea negro? ¿Es más políticamente correcto hablar de negro que de mestizo? A mí me da que pensar.

LaMaragda

RESPUESTA A "UN LECTOR ANÓNIMO"

Agradezco el elogio del lector anónimo a mi lectura del poema DEA, de Pere Gimferrer, y al mismo tiempo me permito agregar algunos comentarios mas. Ya que el lector anónimo ha hecho alusión a mi oficio quiero precisar que, si bien es imposible quitar de mis ojos el cristal psicoanalítico porque ya forma parte de ellos, he intentado que ese cristal no distorsione mi lectura de simple lector de poesía. Cuando Heidegger lee y comenta a Trackl no sólo lo hace como filósofo sino, creo que fundamentalmente, como lector apasionado que busca el placer estético a la par de la iluminación y sabiduría que el poeta anticipa al recoger en su obra el sentir/saber de su tiempo. Una anticipación que luego desplegarán la ciencia y el pensamiento. Allí, en esa anticipación, está la grandeza ética de la poesía, que no es sin arreglo al bien decir. Y allí es, según mi modesta opinión, donde el poema de Pere Gimferrer no está a la altura exigible. Justamente allí donde Fray Luis, lector y comentador del rey poeta, sí lo está. Para ilustrar lo que intento decir os regalo una coplilla de amor de cuyo autor no diré el nombre, pero que, tal vez algún erudito reconozca.

Pelusilla de tus labios
es la del durazno prisco,
por eso es que más que al beso
tu boca tienta al mordisco.

Alejandro Gómez-Franco

- Ray Charles - Song for you



YouTube - Ray Charles - Song for you






Piranesi, Interior de prisión










Firmado: El tercer hombre

ARTAUD & A. PIZARNIK & L.Mª PANERO


YouTube - Un Día Con Leopoldo María Panero (1/3)











Egon Schiele, Desnudo masculino de pie con paño rojo en las caderas

ARTAUD SEGÚN ALEJANDRA PIZARNIK

¿Qué fue Baudelaire?
¿Qué fueron Edgar Poe, Nietzsche, Gerard de Nerval?
Cuerpos
que comieron,
digirieron,
durmieron,
roncaron una vez por noche,
cagaron
entre 25 y 30.000 veces,
y frente a 30 o 40.000 comidas,
40 mil sueños,
40 mil ronquidos,
40 (mil) bocas amargas y agrias al despertar,
tienen que presentar unos 50 poemas.
Verdaderamente no basta
y el equilibrio entre la producción mágica
y la producción automática está
muy lejos de ser mantenido,
está absolutamente roto.
Pero la realidad humana, Pierre Löeb, no es eso.
Somos 50 poemas,
el resto no somos nosotros
sino la nada que nos reviste,
se ríe de nosotros primero,
vive de nosotros después.
Ahora bien, está nada no es nada.

Antonin Artaud, El tiempo donde el hombre era un árbol (fragmento).
(Textos, trad. Alejandra Pizarnik y A.López Crespo, Ed. Aquarius, Buenos Aires, 1974)

AT

martes, 4 de noviembre de 2008

BAJO LA CARPA DEL CIRCO


YouTube - OTTO E MEZZO









MARIONETAS

Los espectadores están situados alrededor
de una sábana, de manera que al lado derecho
(los hombres) ven directamente las
marionetas, mientras al otro lado
(las mujeres) sólo ven la sombra proyectada
en la sábana por la luz de un fanal.

Joan Brossa, Poesia rasa, II
(Edicions 62, Barcelona, 1991)


Marionetes

Els espectadors estan situats al voltant
d'un llençol, de manera que a la banda
dreta (els homes) veuen directament les
marionetes mentre que a l'altra banda
(les dones) només veuen l'ombra projectada
en el llençol per la llum d'un fanal.

El Espadachín Enmascarado

COMENTARIO DE UN LECTOR ANÓNIMO












Boccioni, Visiones simultáneas




Comentario al análisis de Alejandro Gómez-Franco

El análisis al poema Dea de Gimferrer realizado por Alejandro Gómez-Franco es irrefutable, apabullante casi y extremadamente completo. Acaso por su profesión de analista lacaniano, al autor le falta, sin embargo, un acercamiento al tema estrictamente literario, quiero decir el realizado desde la perspectiva de la historia de la literatura. En este sentido, creo que el poema en cuestión aparece con un siglo de retraso. Se trata de un texto típica y tópicamente modernista, como escrito por un discípulo otoñal y sutilmente rijoso de Rubén. Un texto que nace un punto arqueológico, como si se tendiera un puente abarrocado por encima de toda la producción poética del siglo XX, para enlazar lo más cursi y floral del modernismo hispánico con la tradición escatológica del iberismo, que Cela llevó a sus más altas cotas contemporáneas.


No dudo, sin embargo, de la eficacia del poema como broma o juego de alcoba en una tradición literaria, la nuestra, tan pudibunda y poco dada a ejercicios en este terreno.


Un Lector Anónimo

TABLERO DE ANUNCIOS EN LA COMUNIDAD DE VECINOS

SE CONVOCA EL PRÓXIMO "PREMIO LITERARIO DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS", AL QUE PODRÁN CONCURRIR TANTO LOS VECINOS FIJOS COMO LOS RESIDENTES PROVISIONALES DE ESTA COMUNIDAD

DOS SON LOS TEMAS SELECCIONADOS PARA ESTA CONVOCATORIA

I. ¿A los partidos políticos del mundo les será dado entrar en los ámbitos del más allá, sin devolver previamente los créditos bancarios?

II. ¿El origen de todo es siempre un misterioso agujero negro?

Secretario: El Espadachín Enmascarado

lunes, 3 de noviembre de 2008

POETAS Y EDITORES


















Beneyto, Retrato de Lautréamont

CARTA AL EDITOR


Señor.

Tenga usted la bondad de enviarme “El suplemento a las poesías de Baudelaire”. Le incluyo 2 francos, el precio, en sellos postales. Con tal de que sea lo más pronto posible, porque lo necesitaría para una obra de la que le hablo más abajo. Tengo el honor, etcétera.

I. Ducasse –Faubourg Montmartre, 32.

PS.
¿Lacroix ha cedido la edición o qué ha hecho? ¿O usted la ha rechazado? Él no me ha dicho nada. No lo he vuelto a ver desde entonces. Usted sabe, he renegado de mi pasado. Ya no canto sino la esperanza; pero para esto es necesario atacar ante todo la duda de este siglo (melancolías, tristezas, dolores, desesperaciones, lúgubres relinchos, perversidades artificiales, orgullos pueriles, maldiciones extrañas, etc.). En una obra que llevaré a Lacroix en los primeros días de Marzo, elijo las más bellas poesías de Lamartine, de Víctor Hugo, de Alfredo de Musset, de Byron y de Baudelaire, y las corrijo en el sentido de la esperanza; indico cómo habrían debido hacerse. Al mismo tiempo, corrijo tres trozos entre los más malignos de mi condenado libraco.

Lautréamont, Cartas
(trad. Aldo Pellegrini, Los Cantos de Maldoror, y otros textos. Barral Ed. Barcelona, 1970)

Carta escrita por Isidore Ducasse a Verbroeckhoven, un socio del editor Lacroix, para intentar convencerlo sobre el proyecto de su segundo libro, "Poesías", y preguntando qué se había hecho de los ejemplares de su primer libro, "Los Cantos de Maldoror", después de haberlo editado con escandaloso fracaso.
Algún día se valorará más el humor surreal de Lautréamont, como ya sucede con Kafka, después de haberlos clasificado a ambos durante mucho tiempo como autores siniestros, monstruosos casi -cuya obra "sigue siendo peligrosa", como señalaba Le Clézio en 1971, ingenuamente, al comentar la obra de Lautréamont.

("L'autre est Lautréamont", J.M.G. Le Clézio, citado por Ana Alonso en "Dossier Lautréamont/2006", Revista Barcarola, nº. 68/69).

AT





domingo, 2 de noviembre de 2008

LOS TIEMPOS NO CAMBIAN












Pere Marra, Bodegón

"Tal lujo, también presentaba aberraciones y extravagancias, y en prueba de esto pueden citarse los festines donde contaban a millares los pescados y pájaros que servían; los manjares cuyo único mérito era lo caro que habían costado, como por ejemplo cierto plato compuesto de los sesos de quinientos avestruces; y otro, donde se veían cinco mil lenguas de pajaros, todas las cuales, naturalmente, habian cantado".

Brillat-Savarin, Fisiología del gusto
(trad. Conde de Rodalquilar, pról. Néstor Luján, Ed. Bruguera, Barcelona, 1986)

Brillat-Savarin, el gastrónomo ilustrado, murió en 1826 de un mal resfriado, tiempo después de haber "resistido comer una gruesa de ostras -doce docenas, ciento cuarenta y cuatro piezas", como indica Nestor Luján. Tenía una hermana que falleció unos instantes después de gritar a la camarera: "Y ahora, hija mía, me queda poco tiempo: tráeme, por favor, los postres".

AT.

Más debate: LECTURA MINIADA DEL POEMA "DEA", DE PERE GIMFERRER






















Dalí, Venus y amorcillos

¿Poesía amatoria?, ¿poesía amorosa? En verdad no me parecen buenos adjetivos ninguna de las dos variantes. Sin duda no dicen lo mismo. Amatoria es excesivamente gimnástica, y amorosa adolece de una cierta ñoñería, y lo digo con esta palabra para acentuar más esa calidad de ñoño.

Amatoria alude más al acto, y amorosa descarna demasiado el acto dejándolo en una cortesía que no llega a rozar a la dama. Aunque los poemas de amor cortés no se privaban de la escatología. Ambas restan y ninguna suma. La una acentúa la vertiente combativa y la otra la amistosa. El equilibrio es difícil, no solo en poesía.
Al amor, cuando se trata de cantarle, no le conviene la forma descriptiva. Le sirve mejor la elipsis que tiene dos centros, como también le conviene la asíntota, por no consumada.


El amor, y tanto mas el deseo, se definen por la incompletud y la insatisfacción.
Pere Gimferrer en su poema Dea nos hace pasar, ya en el primer verso, sin transición –¿lo sabe él?– de la alcoba a la playa al describirnos el escenario donde va a alojar a su diosa; y si bien nos concede un respiro con la coma después de “estío”, nos deja sin aliento hasta el punto final del cuarto verso. Intentad leerlo en voz alta. ¡Qué prisa por abandonar el cuarto....verso!

No comienza mal: “cámaras y recámaras del estío”evoca el calor veraniego a través de la penumbra fresca de las habitaciones veladas, pero entonces, ¿porqué llamar así a las playas? De acuerdo que en las costas mediterráneas hay calas que pueden ser más o menos recogidas, pero ¿una cámara? Concedámosle que “maquinaria rosa de la tarde” para decir crepúsculo o atardecer tenga cierta gracia, aunque se haya dicho tantas veces. ¿Y las “cúpulas”? ¿Son las que se pueden intuir desde el Lido aunque el poema haya sido escrito en Niza?, ¿Las de las suecas de Es Trenc boca arriba o las de las mulatas de Rio boca abajo?


¿La “luz sulfurosa” insinúa que por allí anda el diablo por aquello de que la mujer es estopa?

El “estuco del mar que el azul pinta a rayas” es bastante preciso y limpio en su decir.
En el segundo cuarteto ya nos presenta a su deidad haciéndola aparecer .....de culo!!, advirtiéndonos de que ya no es una niña cuando nos dice que hace ya tiempo que las hayas han dejado de verdear (“Lejos quedó el solemne verdear de las hayas”). Si ya hace tiempo que el hayedo perdió su verde se supone que las “frutales nalgas” no son veraniegas sino, como mínimo, otoñales; y siendo así, la metáfora frutal y la imagen que nos trae quizá –eso depende de cada quien– de un melocotón suculento, se trueca en un fruto seco. Melocotón o castaña, el agotador deslizamiento metonímico hace finalmente reposar todo el cuerpo, después de un largo viaje desde las playas a los tapices mayas. El verso que concluye el cuarteto me sume en la confusión, ¿los pétalos de rosa caen de las hayas en el cielo/cuenco?
En el tercer cuarteto la “carne” se vuelve “celeste”, como Aída, y también "arcilla". ¿Se identifica aquí el poeta con el divino alfarero? En fin, ya sea de carne o arcilla, la señora brilla (“fulges como un verso de Hugo y de Rubén”, dice el bardo). Es una pena que no haya leído el conocido tratado de Víctor Darío sobre el pulido de los metales, tal vez habría conseguido hacerla refulgir. La epidermis camaleónica de madame esta vez se torna en oro –no será la última transformación– que se moja con las gotas, gotitas marinas que las olas hacen saltar al romper contra la orilla: “el oro de tu piel recoge en su gavilla los azules miniados que asaltan el arcén”.
Debo confesar que tuve un momento de hesitación con este arcén; como veníamos de paseo por playas y hayedos no supe, por un momento, si debía tropezarme con él o cobijarme a su sombra. El arce o arcén es, también, ese árbol tan bello que deja caer unas semillas con alas muy poéticas. La duda se resuelve en el tercer verso del primer terceto. Es sólo orilla.


Pero no es la orilla de la costa turca ni hay serrallo (“no es serrallo de Mozart ni carnaval de harén”), ni el cantor es el Belmonte mozartiano aunque el amo del cuerpo de la dama sea Tiziano (“tu cuerpo de Tiziano”) y que “la luz no mancilla”. Además, ¿porqué habría de hacerlo? ¿Acaso la bella tiene algún defecto que la luz puede revelar? Nuestro arrojado no-Belmonte no se detiene en la contemplación, nos hace saber que beberá literalmente de “la orilla de tu piel oceánica”, es decir, de allí donde la piel se hace orilla y se ahonda en profundidades rezumantes aunque, eso si, de “satén”. No creáis que habrá alguna defensa que no sepa batir, ¿quién se conformaría sólo per davant si hay una promesa per darrera? El culo de la diosa es ahora adarga áurea que se aparta complaciente para dejar expedito el “portón de lo oscuro” cuando su creador le dice: “Ven”. Supongo que todo el mundo recuerda la conocida canción que dice: “...si tu me dices ven, lo dejo todo”. Escudo o lo que sea ¡¡faltaría más!!

¿Y todo este despliegue de materiales naturales y/o manufacturados, aunque nobles todos ellos, para obtener qué? Un frío beso “con tus labios de plata”, que es todo lo que una imagen puede dar. Es el problema que plantea esta Dea que asemeja más bien una poupèe gonflable; otra cosa es el que plantean las mujeres de verdad. Hay ocasiones en que el silencio es el mejor homenaje.


Alejandro Gómez-Franco




LOS MÁS RICOS DEL CEMENTERIO

Albrecht Dürer, Cantera



YouTube - Elvis Presley - Crawfish - King Creole (1958)


Entre las fortunas del más allá destacan en los dos primeros lugares, Elvis Presley, el rey del rock, y Charles Schulz, el creador de "Snoopy", ya que ambos son, de entre los muertos, los que más dinero han ganado durante el último año -según el ránking de muertos famosos que hoy, día de los difuntos, publica la revista "Forbes".
AT