Foto: J.X.
El gorrión de Lesbia.
Catulo
Vivía
como un dolor en jaula abierta.
Para sentir menos
el enjaulamiento,
saltaba, salía y piaba,
imaginando el bulto de belleza
encrespado,
enmarañado en bucles,
que sugería una de las vigilantas.
A veces, imaginaba,
le era permitido
posarse en la blusa de ella,
escotada
-sin abotonar los primeros ojales-,
y cantar y ser acariciado,
com el gorrión de Catulo.
Al abrir los ojos,
al despertar a la realidad,
en vuelo solitario
regresaba a la jaula,
siempre abierta,
siempre vigilada,
y desaparecía,
cabeza y pico
bajo el ala,
entregado al sueño.
Al amanecer,
el dolor
despertaba otra vez
en jaula abierta,
piando en vano
la gracia de un aleteo
que le remojase las plumas,
bajo la sombra picuda,
perfumada,
de una blusa
desabotonada.
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