lunes, 10 de agosto de 2026

LA VIDA, A SACO, O EL ROPAVEJERO DEL BARRIO

 Marioneta y foto: J.X.



El cuerpo,

a trompicones,

va arrastrando el saco

de los sentimientos despojados,

abiertos en canal,

como ovejas

sacrificadas en el matadero.

(Algunas, tres o cuatro,

gotean sangre, aún,

sobre el mármol del mostrador

de la tienda de carnicería,

y empapan el serrín

que mi padre y mi madre

echaban sobre el suelo

de la tienda.)

A la vez, el alma,

-o como se llame

ese malestar

incrustado bajo la piel-

anda de cabeza

buscando 

una pena de redención

por haber mal amado,

y por sentir añoranza y deseo

de aquello que no conocía

e imaginaba.

Una vida, a saco,

maltrecha,

lleva a la espalda

el ropavejero del barrio.


(El dolor

atraviesa los límites

de la palabra, de la música, del arte,

desborda los límites de cualquier expresión,

y se precipita en el vacío del silencio,

en el vacío de aquello

que nunca podrá ser dicho.)



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