Foto: J.X.
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte.
Jorge Manrique
Ultrajados,
tendidos en el suelo
cuerpo y alma,
miras otra vez
y escuchas:
la respuesta
no es la que esperabas.
Sin embargo,
incorpórate
y escribe una o dos palabras.
Escógelas y escríbelas,
en una hoja,
o en un ordenador,
en un muro,
en la corteza de un árbol,
en la humedad de una pared,
escríbelas en cualquier sitio,
en donde sea.
Escríbelas
y te salvarás.
Te va la vida en ello,
recuérdalo.

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