Foto: J.X.
Despojado
de arriba abajo,
en un rincón de bosque,
se vacía los bolsillos
de pieles secas de fruta
y pescado chamuscado,
mientras repite
no sabemos qué nombre.
Se levanta del rincón,
camina hacia el vacío
del acantilado,
se
tambalea y cae.
Alados los cuerpos,
las puntas de los dedos juegan
con chispas de verbena.
Todo era nuevo,
todo era
la primera vez.
Todavía no conocíamos
el dolor del amor,
ni el dolor de la muerte.

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