Foto: J.X.
Ya de niño,
lo asustan
y lo desgarran
con el filo
de las palabras:
le dicen
que no sabe
hacerlo.
De joven,
la sentencia
es la misma:
no sabe hacerlo.
Tiempo después,
redimida la pena,
ya es demasiado tarde
para hacerlo.
Vida torcida,
toqueteada
por dentro y por fuera.
Gusanos de seda
tejen y destejen
la tierna memoria herida,
y sigue ahí,
en carne viva,
la desgarradura
de no saber hacerlo,
a la medida y capricho cruel
de los hombres y las mujeres.
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