jueves, 9 de julio de 2026

LA ESPALDA DEL ALMA, LLAMADA CUERPO (A modo de réquiem)

Foto: J.X.



I

Eran dos jóvenes que se querían.

Uno partió.

El otro,

no partió y se quedó

hablando 

sobre los fracasos

del primer amor.

Pasaron demasiado tiempo,

juntos, el dolor y él.

Compusieron

un réquiem casero,

y algunos versos:

¿Hay amores y almas

para usar y tirar?

¿Es el cuerpo

el que resiste

los ultrajes de la vida,

hasta la oscuridad final?

El pobre cuerpo, exánime,

las almas, muertas,

¿todo organizado

por gusanos de seda

y valvas de nácar

para celebrar

la última cena,

bajo tierra?


II

El oficio de vivir,

diría Cesare Pavese.

Ese no sabemos qué,

ese sentir,

ese peso

que, una persona,

sola o acompañada,

sostiene

en la espalda del alma,

que es el sufrido cuerpo.

Días, semanas, meses, años,

esclavizado

aquel que no partió

y se quedó,

esperando en vano

en el infierno del barrio.

Días, semanas, meses, años,

sin poder ir a los mismos sitios

donde había sido feliz.


III

Cuando se desmorona el cuerpo,

no siempre es posible resistir,

ni la suerte,

en última instancia,

suele ser favorable.

Entonces,

cae también, alborotada,

el alma.

Al final del camino,

llamó a la verja de un jardín,

musgoso, escondido.

Abrieron la puerta.

Escudriñaron

su lastimoso aspecto.

Le dijeron,

sintiéndolo mucho,

que era demasiado tarde

para darle asilo.


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