Foto: J.X.
Lleva, a la espalda,
un saco de arpillera, roto,
por cuyos desgarros
se escapan despojos de tristeza
que van a caer,
al azar,
en los surcos de este poema.
Atrocidades de la vida,
como carne torturada,
apaleada,
gotea del saco,
y los surcos rebosan,
se desparraman
hacia un mar, hacia una sangre
sin fondo,
abismal.

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