Foto: J.X.
Esta mañana viviré
para decir
que dejo de escribir,
que no te escribiré
aquello que deseaba hablar contigo,
y de lo cual
tan sólo anunciaré
las primeras palabras.
Infinita, la desoladora ausencia de ti.
Habitaciones
Foto: J.X.
Esta mañana viviré
para decir
que dejo de escribir,
que no te escribiré
aquello que deseaba hablar contigo,
y de lo cual
tan sólo anunciaré
las primeras palabras.
Infinita, la desoladora ausencia de ti.
Foto: J.X.
Un día, mi amigo el cantante,
me confesó que tenía, muy adentro,
un pequeño diablo,
un ser endemoniado,
al cual había matado
a fuerza de sacrificios.
(No contaba, jamás,
a qué sacrificios
se refería.)
De vez en cuando, sin embargo,
este ser demoníaco,
muerto a manos de él
y sepultado dentro de sí,
resucitaba,
por obra y gracia del azar,
y le obligaba a hacer
“fechorías de higo en rama”,
como él lo llamaba, poetizando
los avatares de la piel.
En realidad, se trataba
de enamoramientos breves,
o de seducciones efímeras,
que él consideraba
que lo ensuciaban por dentro,
poseyéndolo en cuerpo y alma,
devorándolo,
con el objetivo de alimentar
a ese ser endemoniado
y mantenerlo, dentro, resucitado.
Por mucho que se lavara,
enjabonándose,
frotándose de arriba a bajo,
decía que se sentía sucio.
Sucio, embrutecido,
de la cabeza
a la cintura,
del corazón a los pies,
y, descendiendo,
bajando, bajando,
de los pies
al alma,
y del alma
al vacío.
Foto. J.X.
La angustia de existir
te hace sentir la angustia de crear,
que se calma en el “placer del texto”
(recordando a Roland Barthes).
No en las grietas de otro cuerpo,
sino en las grietas del lenguaje
que te hace gozar el placer del texto.
Aquí, por ejemplo,
en este espacio poético,
exprimes el fruto ausente,
las últimas gotas de la substancia
que derrama un trozo de alma hereje,
¿la tuya?, ¿la de quién?,
medio quemada.
El cuerpo, vacío.
El lenguaje, vacilante,
pero afilado,
entrometiéndose
en la intimidad agrietada
de nombres y formas,
con nocturnidad y alevosía verbal,
figuras imaginadas
(con pelos y señales),
y amadas.
Foto: J.X.
Llegas por el amor muerto y el dolor,
a la hoja de afeitar que te rasga por dentro,
hasta hacer trizas la entraña.
Este es el poema que amasas
con tu carne troceada,
echándole por encima
gotas de tu propia sangre derramada,
que se desprenden de la hoja de afeitar.
Pastel de carne y sangre
del poema.
Foto: J.X.
1
Antes,
no podía confiar en su cuerpo,
ni en su alma.
A medias, los primeros estudios,
los primeros trabajos.
A medias, las primeras pruebas de amor.
Todo a medias,
excepto la muerte,
las primeras muertes.
2
Ahora,
anda a trancas y barrancas,
con frases a medias,
que se resisten a ser dichas,
por temor a las últimas palabras
de las frases enteras.
Sigue, pues, andando
a medias.
Foto: J.X.
Aparece y desaparece
la novia muerta,
como una niebla
que se levanta de la cama,
a media tarde.
Abre y cierra la puerta
con suavidad.
Baja por la escalera
y sale del Hospital.
Regresa a casa,
con toda naturalidad,
la novia muerta.
Le espera
en el rellano de la escalera,
para no asustarle
llamando a la puerta.
Los vecinos,
al pasar,
no la ven,
suben y bajan
sin percibir la aparición
de la novia muerta,
que está esperándole
en el rellano de la escalera.
Foto: J.X.
"AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE",
ESCRIBÍA FRANCISCO DE QUEVEDO,
CUANDO ERA YA DEMASIADO TARDE
PARA ESE AMOR, EN VIDA.
O, MODIFICANDO LA BELLEZA DE LA CITA:
EL MALABARISMO SALTIMBANQUI DEL AMOR.
Ha
cerrado la puerta,
sin hacer ruido,
y nos ha dejado.
Él, aunque esté aquí,
también se ha ido,
muy lejos.
Ambos
nos han abandonado.
Él se ha ido con ella,
detrás de la novia muerta.
Foto: J.X.
Con el tiempo,
poco a poco,
ahora una pócima,
ahora un embrujo,
sometido
a enamoramientos efímeros,
de visión en visión,
desorientado...,
un pájaro, que descendió de las nubes,
le fue vaciando los ojos
y lo enloqueció de sangre oscura,
mojado de arriba abajo,
sucias las manos
de tanto malbaratar el amor.
Foto: J.X.
como arma maldita de seducción,
tarde o temprano te condenará
a deambular, callejeando,
por desiertos del alma,
donde todos somos reos encadenados
al furtivo deseo.
Sólo, con el tiempo,
manos visionarias
podrán cerrar las heridas abiertas.
Recuérdalo,
al escribir
un poema,
al escribir con las manos,
furtivas,
otro poema.
https://cafemontaigne.com/dos.../escalera-de-palabras/admin/
DOS
CUENTOS-POEMAS
1
EL DELITO DE HABER NACIDO
Y HABER MAL AMADO
El delito mayor del hombre
es haber nacido.
Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño.
El cuerpo del delito,
en este maldito caso,
es, por supuesto, un amor.
Aparecido el cuerpo,
atado a las tinieblas del espíritu,
el delito mortal es haber nacido y haber mal amado.
Haber caído,
un deseo tras otro,
en la maldición del amor y el desamor.
El delito de haber conocido el amor, y, sin embargo, haberlo dilapidado en las apuestas organizadas por el deseo clandestino, efímero.
La suerte de tenerlo y, al mismo tiempo, la mala suerte o el desamor de apostarlo todo en juegos de azar, y perder.
Una travesía extraviada por malos sueños, que se convierten en deudas de amor, impagables.
Delito de amor, sin perdón.
2
LA CRUEL AUSENCIA
And
death shall have no dominion.
Dylan
Thomas
Y
la muerte no tendrá dominio.
Dylan Thomas
La novia muerta está en la escalera, esperando.
Es la cita que tiene él con la novia muerta. Ella ha subido la escalera y le está esperando en el rellano de la casa. Pero él ya no vive aquí. La casa está vacía. Esa casa donde hay, dentro, escondido, un amor antiguo.
A él no le dejan entrar al portal y subir la escalera. No puede acudir a la cita.
Desencuentros que despojan al amor. Pero la muerte no puede arrojar, al abismo, todo lo que ha robado y que se le va cayendo por el camino, ocasión que el amor aprovecha para saltar y escaparse a través del bosque y más allá del mar.
Al final de la cruel ausencia, él consigue subir por la escalera y llegar a la casa donde ambos hace ya tiempo que no viven, y rescata a la novia muerta que le estaba esperando en el rellano, ante la puerta cerrada.
Los dos bajan por la escalera, dándose la mano, y el amor sobrevivirá en un lugar, más allá de los bosques y del mar, en que la muerte no tendrá dominio.
Fotografía primera: https://www.totbarcelona.cat/cultura-i-oci/
Fotografía segunda: Judith Xifré
Foto: J.X.
Escapar de la vida,
del terror,
del odio,
de cualquier crucifixión,
ahora mismo,
cruzar el límite,
ir al otro lado de la sangre derramada.
Clandestino,
furtivo,
desertar,
ir por delante, camuflado,
ir por detrás,
ir por los lados,
por ambos lados,
por los dos costados,
el del corazón y el otro,
por arriba,
por abajo,
fugarse,
desertor, camuflado, emboscado.
De súbito, incorporarse, dejar atrás
la maldición de la tierra,
levantarse una vez
detrás de un árbol,
levantarse de nuevo
detrás de otro árbol,
y escapar de la vida que no es vida,
sino maldición.
Hacerlo -escapar-, sin resentimiento,
con un residuo amoroso, puro aún,
indestructible, dentro.
DOS CUENTOS-POEMAS PUBLICADOS EN:
Café Montaigne, Revista Cultural
INTENTO DE IDILIO ROMÁNTICO
EN EL SUPERMERCADO
Cuando la veía desde la calle,
atendiendo en la caja del supermercado,
se apresuraba a entrar,
escogía un paquete de té
o de pañuelos de papel,
se dirigía a la caja,
y le preguntaba
a la cajera,
titubeando,
si disponían de cambio
de un billete de 50 euros.
Siempre la misma pregunta,
a la misma cajera,
que invariablemente
le respondía que sí.
¿Por qué tanto misterio?
Le gustaba,
mediante la operación de cambio
del billete de 50 euros,
demorarse
con monedas y pequeños billetes,
y poder rozarle así
las puntas de los dedos.
Llegando incluso, a veces,
aparentando confusión,
a rozarle
parte de la mano.
A Ella
-que no era ella,
ni ésta ni aquélla,
sino la hechicera caminando
bajo el cielo de los bosques-,
no le hubiera gustado esta parodia,
ese transformismo poético
mediante dinero en metálico,
de un idilio ridículo en el supermercado.
O sí, ¿por qué no?
Sí.
Ven conmigo
-primero,
sal del escondite, hechicera-,
y te mostraré
a este viejo amigo nuestro
ensayando folletines románticos
con la cajera del supermercado.
EL CUENTO DE LA MADRIGUERA
I
Se oía
el rumor de una voz.
Al distinguirla mejor
y escuchar mejor el cuento,
adivinabas siempre la misma historia,
con variaciones
y disonancias.
Decía la voz:
“Nadie vendrá
a salvarme,
y seguiré aquí,
en esta madriguera
de conejos perseguidos,
atrapado en las montañas más altas.
Nadie vendrá
a esta guarida destinada
a los desertores de la vida.
Nadie vendrá a rescatarme
de las garras del terror.
Ni tampoco aparecerá, iluminada,
la desconocida del cuento.”
II
Sólo de este modo,
contando su triste leyenda,
se consolaba
las noches en que salía
a mirar las estrellas,
alejándose un poco de la madriguera,
con la esperanza de encontrar, tras un árbol,
la flor mágica de los bosques perdidos.
Aquella inmensa flor encendida
cuyos pétalos
adormecieran las heridas del fugitivo,
lacerado por dentro.
Sin embargo, ella,
que era la amada del bosque,
la bella desconocida del cuento,
tenía también vulnerado el cuerpo,
por el veneno de un mal amor.
No podía levantarse y andar
para llegar a la madriguera
donde se ocultaba el desertor,
liberarlo y ofrecerle otro refugio
y un consuelo de fruta abierta.
Fotografía: J.X.
Foto: J.X.
El peso muerto que lleva dentro,
a cada momento lo vivifica
hablando a solas con su memoria,
en el bosque sagrado de la ausencia.
Elevándose,
por amor al peso muerto,
a las más altas ramas del absurdo,
donde él habla a solas
con las raíces de la memoria de ella.
De tal modo, que el peso muerto
se hace peso vivo, liviano,
amoroso, muy adentro.
Foto: J.X.
Cuando yo muera,
y tú, la novia muerta,
otra vez mueras dentro de mí,
no habrá nadie
que, mediante el recuerdo,
nos invite a bailar
en una sala o en el campo,
donde tanto nos gustaba bailar,
a ti y a mí,
aquellos días y noches
que tenían la misma belleza,
y el tiempo no era el intruso
que todo lo desbarataba.
Cuando yo muera,
y tu, la novia muerta,
dentro de mí mueras otra vez,
no habrá nadie que sepa
los juegos de palabras diminutivas
que nos inventábamos para querernos,
aquellos días y noches
que tenían la misma belleza.
Foto: J.X, Leyendo un poema en una masía de Olius.
Se
le cayó el alma al suelo, entre los pies,
y tardó mucho en recogerla,
herida por los cuatro costados.
Tarea casi imposible
coser las heridas abiertas
-que nunca se cierran ni se curan del todo-,
recuperarla
y acogerla bajo la piel,
dentro del cuerpo.
Ambos
-cuerpo y alma-,
embrujados por los destellos
del tesoro custodiado
bajo otra piel.
Todo esto ocurre
cuando el alma se rompe
y cae al suelo, entre los pies,
como el tallo seco, roto,
de una flor marchita hace tiempo.
Todo esto acaece, sin miramientos,
cuando tienes
el alma por los suelos.
Foto: J.X.
Aunque no aparezca escrito
en ninguno de los versos,
decirlo, invocarlo,
sin citarlo.
Para que viva en el poema.
Para hacerlo vivir,
sin escribirlo, sin nombrarlo,
pero diciéndolo.
II
Hay seres bondadosos y bellos,
que, sin decir su nombre,
sólo con su presencia,
con su mirada y su voz,
inspiran belleza y bondad
en otros seres,
originando, acaso,
una sensación de amor,
el posible amor humano.
Nada que ver con aquel mandato
mítico: “Creced, y multiplicaos”,
puro instinto generativo
de supervivencia
de todas las especies.
Ah, y el mal,
mientras tanto,
¿por dónde anda...
tramando,
con voluntad de poder
y
voluntad de posesión,
el secuestro del poema?
EL COLLAR
(Un posible cuento de Las mil y una noches)
Alrededor
del cuello,
quiere deslumbrar y no puede,
un collar
de huesos diminutos, gastados,
un collar de perlas falsas
y
amores deslucidos, desgarrados.
A medida que mueve el cuerpo
de un lado a otro,
las “malas piezas” del collar
chupan leche ácida.
Quedan esmaltados en plata,
los huesos y las perlas falsas.
Al mismo tiempo,
en la parte inferior del collar,
más ocultos,
los amores desgarrados
se deslizan cuerpo abajo,
exprimiendo limones verdes
sobre la tierna cicatriz
del desgarro.
Foto: J.X.
tendrás el mismo sueño,
la misma imposibilidad
de amar.
Entre
los dos cuerpos,
hay un espacio vacío
que el deseo
no puede atravesar.
El tiempo
ha malgastado el amor,
y queda el deseo
como fruta magullada.
Cortada
en dos mitades,
tiene el aroma desvanecido
a cada lado.
En medio,
el espacio vacío
que el deseo
no puede cruzar.
El primer y último día,
tendrás el mismo sueño,
la misma imposibilidad
de amar.
Tenía los pies
curtidos de tantos pasos.
Tenía el corazón
arrancado por haber amado.
Foto: J.X.
(TECLEANDO SINÓNIMOS PARA DESCIFRAR
LA CLAVE QUE PROVOCÓ
LA DESTRUCCIÓN EN UNA ESQUINA)
Ahora,
después de teclear,
el personaje deletrea
la palabra descorazonar:
(De des- y corazón.)
1. tr. Desanimar, acobardar, amilanar. (U. t. c. prnl.)
2. Sinónimos:
Desanimar, desalentar, desmoralizar, abatir, desolar, desesperanzar, deprimir, bajonear, achorcholar, decepcionar, amedrentar, acoquinar, acobardar, anonadar, intimidar.
3. Antinómicos:
Animar, alentar.
4. (Tr.) Arrancar, quitar, sacar el corazón.*
...........................................................
El
solitario,
destruido en una esquina,
cerró el libro,
sin acabar de encontrar
la clave de su destrucción.
Sangra,
tanta ausencia.
I giorni senza te,
canta Gino Paoli.
...............................................................
* Diccionario de la RAE.