domingo, 16 de noviembre de 2008

Los Experimentos del Dr. Mallarmé


Jacques Villon, El escribiente











De acuerdo totalmente con el concepto de "sumas y restas" expuesto por JAC sobre el desarrollo de la estética (dejaremos la palabra "dialéctica" para otra ocasión).

Si bien habría que considerar también que, a lo largo de la historia de la estética, los modelos clásicos han sido sometidos a imitación -y no como homenaje a la obra original divina como querían Platón y Aristóteles-, sino como mero acomodo a las formas preestablecidas por la tradición. Y, aun cuando el espíritu vanguardista
-del que habla la "pensionista" JX- cayera por impotencia en la repetición de los modelos vanguardistas -ya clásicos también- del dadaísmo, surrealismo, música atonal, pintura abstracta, etc., siempre cabría argumentar que sólo llevan cien años escasos de repeticiones, en tanto que los escritores y artistas acomodaticios vienen plagiando o mareando las estructuras clásicas -no el espíritu- desde hace más de dos mil años de tradición (sin olvidar a los innumerables poetas chinos, a los místicos y poetas persas, sufíes, etc.) Una estimable diferencia de tiempo en el proceso de las repeticiones estéticas.

AT







sábado, 15 de noviembre de 2008

Experimentación

Algunos residentes —¿será mejor llamarlos pensionistas?— de este sitio han manifestado su insatisfacción por el hecho de que la literatura del presente haya renunciado a experimentar. Es un sentimiento que, como tal, comprendo y comparto; pese a que su formulación me chirría. ¿Es exactamente la experimentación —la vanguardia— lo que se echa en falta? Cabe pensar, entonces, que «vanguardia» no sea lo que es, una actitud artística propia de una parte del siglo XX, sino un término más global que signifique algo así como: el arte y la literatura nunca antes visto o leído. En ambos casos, sin embargo, las condiciones que se le exige al escritor —experimentar, ser vanguardista o crear un arte nunca visto— apuntan hacia un arte y una literatura epigonal. Es decir, la repetición de un arte y de una visión artística que ya ha existido. Si el arte ha de ser vanguardista: o el término «vanguardista» no significa nada, y entonces no se afirma nada, o el aserto significa: el arte ha de ser la repetición de un gesto consolidado por la historia del arte: como fue la vanguardia.

La formulación de esta inquietud por parte de algunos pensionistas no me parece correcta; sin embargo, sentimentalmente estoy con ellos. Hay algo que no resulta satisfactorio en el arte del presente, y aunque se parece mucho a lo que hizo la vanguardia, en modo alguno puede ser repetir la vanguardia. Voy a tratar de expresarlo mejor (sin estar seguro de conseguirlo).

El arte (y la literatura) se pueden construir sumando y restando. Se suma al incorporar —de manera consciente o inconsciente— gestos, maneras, hábitos artísticos de otros momentos o autores. No es un procedimiento con valor en sí mismo: los renacentistas incorporaron la tradición clásica para potenciarse a sí mismos —de qué manera y con qué originalidad— y los neoclásicos hicieron lo mismo para poco más que copiar. Se resta al despojar en la obra personal cualquier referencia, motivo, gesto o manera que a uno le recuerde obras de maestros que ha admirado. En general cabría decir que el artista trabaja con sumas y restas, y que en ese diálogo es donde descubre su propia personalidad. El equilibrio entre las influencias que incorpora y los gestos o el estilo personales da la medida de satisfacción de una obra artística.

Vayamos ahora al presente. A la que un observador almacene un pequeño capital de experiencia artística y literaria, se dará cuenta de que la mayor parte de las obras del presente, aquellas que le dejan insatisfecho, se realizan por el proceso de adición más descarado. Muchos libros y exposiciones suenan al popurrí final de una orquesta de fiestas patronales. Pero tal vez no es eso lo que realmente deje insatisfecho, pues convierte la lectura en un pasatiempo bastante entretenido: descubrir los hipertextos mentales con los que el autor ha construido su fábula. Lo realmente desazonador de la literatura, y del arte, de una buena parte de nuestro presente es la ausencia absoluta de la actitud de resta. La impresión de que el autor en ningún momento ha querido despojar a su trabajo de cuanto en él está formado por materiales ajenos. Sólo suma —rápida adición para construir contrarreloj—, nunca reposada resta: esto tal vez sea lo que algunos pensionistas denominan falta de experimentación. Experimentar sería entonces el acto el despojar al trabajo propio de los ecos que han entrado en él —ecos de época, de autores, de citas, de clásicos, de vanguardistas, de conocidos, de recónditos, copiados a propósito o inconscientemente...—. Eso es lo que yo echo de menos, esta experimentación. Esta actitud ética ante la estética.

JAC

viernes, 14 de noviembre de 2008

MEMORIAS A DEBATE, II (Giménez-Frontín y la ciudad)

Mª. del Mar Bonet y Jaume Sisa con el "Grup de Folk", en los años sesenta
(Parc de la Ciutadella, Barcelona)


UN RETRATO DE LOS TIEMPOS

Uno de los aspectos más interesantes que se ofrece al lector de autobiografías y memorias es la posibilidad de inferir, con cierto conocimiento del asunto, la relación que el autobiógrafo mantiene consigo mismo, a partir de la forma en que construye su perspectiva de los diferentes personae que habitan y han habitado en su cabeza y con los que está obligado a convivir. Que no somos de una pieza, que el sujeto se ve obligado a mantener a raya a múltiples yoes generados en su larga relación con los demás, con el mundo, fue suficientemente estudiado por Carlos Castilla del Pino (Teoría de los sentimientos, 2000). Pero importa decir que la escritura autobiográfica renueva y vivifica el postulado intelectual constantemente. Tal vez no haya tema más apasionante de análisis que la observación reiterada, nunca fatigosa, de esa apertura de compás que el autobiógrafo traza respecto a sus múltiples identidades en el pasado, las líneas de fuga que, en conjunto, dibujan una silueta definida: el sentido que da a su propia experiencia, en su dimensión más pública (memorias), o privada (autobiografía).


El prólogo a Los años contados, del escritor José Luis Giménez-Frontín, plantea honestamente esta cuestión: expone su temor a perder la perspectiva, abandonarse a la infatuación y a la puesta en escena interesada de sí mismo. La resuelve, con un punto de comodidad, proponiendo al lector un “retrato de los tiempos”. Opta pues por el formato de las memorias. Pero siempre es el tiempo de las memorias, escrituras a medio camino entre la agitación de la actualidad y el frío de la Historia.

La horquilla biográfica que se propone al lector va de un recuerdo borroso de un niño en una cuna con barrotes de color marfil hasta su cese como director de una importante fundación cultural, pasando por lo que él llama una última vuelta de tuerca a su texto (capítulo 70), donde critica las inercias contraídas por la generación de la lucha antifranquista, su generación: “Éramos expertos en mirar siempre hacia otro lado. Pequeños maestros de la impostura, eso es lo que éramos”. Porque, en efecto, los tiempos permitían condenar duramente la disidencia soviética, mientras se aceptaba la megalomanía de una supuesta razón de Estado, como planteó en su día Martin Amis en Koba el Terrible. Giménez- Frontín dice sentirse ahora muy alejado de los partidos políticos. El único que podría representarlo es un partido sin ansia de poder, un partido que no tiene himno ni bandera. Es el de Giner de los Ríos, María Zambrano, Isaias Berlin, Albert Camus, Hannah Arendt, Nina Hagen-Thorn. Ya ven que no es un partido cualquiera: es el de quienes siempre defendieron el entendimiento y la libertad, costara lo que costase. (Ahora lo que cuesta es tunear el coche de Ernest Benach).

En Los pasos contados, Giménez-Frontín recorre muchos pasajes que forman parte ya de un imaginario memorialístico (catalán, burgués y castellanohablante) muy establecido y, sin embargo, siempre matizable: los jesuitas de la calle Caspe, el veraneo en Caldetas, después en Cadaqués, los estudios en la activa Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, la rebeldía marxista, la bohemia generacional de los sesenta, el antifranquismo. Pero ahí empiezan las divergencias del autor, siempre suavizadas por una prosa que aspira a hacer atestado de sí mismo. Su llegada a Bristol en 1971 y el contacto con la juventud inglesa, entonces a la vanguardia de Europa, marcó un antes y un después en la configuración de su mundo personal y literario, atraído desde entonces por la filosofía oriental y el conocimiento de las construcciones simbólicas (léase Woodstock road en julio, de 1996).

El punto de comodidad al que me refería está relacionado con el descarte del autor de aquellos aspectos pertenecientes a su educación sentimental, apenas insinuada. Aunque la opción sea coherente con la elección del modelo memorialístico (que atiende a los orígenes, la formación, los grados de compromiso, los cambios), es de lamentar que no incluya el tanteo de la intimidad. Se nos dice, en el único capítulo irritado del libro, que la actual exhibición pública y obscena de los sentimientos en el medio televisivo ha fagocitado su expresión, incluso literaria. ¿Cómo expresar “lo sentimental” de un modo no gastado? se preguntaba recientemente Julián Rodríguez en Cultivos. Es un tema que reclama un debate en profundidad y en el que debería implicarse toda la sociedad española. Mientras tanto, entiendo que la observación de Giménez -Frontín es un refugio, no una explicación. Pero el “pacto memorial” es otro, menos preocupado por la introspección que por un deseo de conservación. Y aquí el autor de Los años contados acierta plenamente.


Anna Caballé

jueves, 13 de noviembre de 2008

MEMORIAS A DEBATE

María-Helena Vieira da Silva, Jardines colgantes

















UN LIBRO DE REFERENCIA

Hace dos meses que tenemos en las librerías el volumen de memorias -no la autobiografía, porque estrictamente el término comporta otro protocolo literario- de José Luis Giménez-Frontín,
Los años contados. Indico el tiempo porque hay una manera de hablar de los libros en términos de servicio de novedades, donde son obligadas las dimensiones informativa y crítica; y otra, una vez que el libro, pasada esta fase, ya ha entrado en un ritmo de fondo. Entonces -ahora-, el cronista, liberado de estas servidumbres (y todavía más desde las páginas de opinión), puede hacer balance y mirar el caso con la perspectiva de la referencia de los otros.


Tal liberación se resquebraja cuando el cronista constata que, los que tenían que hacer el trabajo con el libro recién salido, no lo han hecho demasiado bien
-para utilizar un eufemismo frontiniano. Sorprende, salvo alguna excepción (excelente, nuestro amigo Castillo en el “Avui”), el poco eco mediático de esta crónica de la sociedad literaria y de un sector importante de la sociedad civil, que va de la segunda mitad del franquismo -la época del 600 y las revueltas de estudiantes- hasta la actualidad. Para entenderla desde una óptica intelectual y artística, y dentro de ésta la más imbricada y comprometida con la sociedad, Los años contados es -tendría que ser- una obra de referencia. ¿Dónde está la sociedad literaria retratada en sus páginas a la hora de recibir este regalo? La pregunta es retórica: con tantas desapariciones, tal sociedad debe de haber dejado de existir.

¿Puede haber sido determinante -pregunto- la falta de escándalo y sangre, la falta de amarillez pseudomediática en estas páginas elegantes y mesuradas? De la moderación, en el sentido montaigniano, y de la justicia histórica,

Giménez-Frontín ha hecho un ejercicio de estilo, una máquina de relojería cuyo exactitud emocional no se permite el más mínimo desfallecimiento. Utiliza la misma retórica tanto para describir un hecho divertido, como al tratar uno que lo ha herido o que ha provocado un agravio moral y un perjuicio material en su vida. He ahí una opción literaria, pero también una manera de asegurarse el control sentimental. Para un devoto del barroco como este cronista, este método -los retóricos lo llaman homogeneidad de la cláusula- es de gran valor, y Giménez-Frontín lo ejercita de forma implacable e impecable, con un éxito irrefutable.

Por otro lado, de este tratamiento, que es una rotunda declaración de principios tanto literarios como morales, sale un espléndido autorretrato, elaborado a tal efecto, implícitamente, a lo largo de las casi cuatrocientas cincuenta páginas del libro. Giménez-Frontín nos transmite qué ha visto y cómo lo ha incorporado al contenido, y además, en el modo de explicarlo, nos dice cómo es él mismo; nos retrata su bondad, su sentido de la equidad y de la justa consideración de los actos propios y de los demás, sin que en ningún momento, ni en los más difíciles, ni en los más conflictivos, el discurso se le escape de las manos. El lector encontrará mucha y muy buena información histórica, pero también un modelo de nobleza para situarse uno mismo en medio de los hechos vividos.

(Traducido del catalán)

Miquel de Palol
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Un llibre de referència

Fa dos mesos que tenim a les llibreries el volum de memòries –no l'autobiografia, perquè estrictament el terme comporta un altre protocol literari– de José Luis Giménez-Frontín “Los años contados”. Assenyalo quant fa perquè hi ha una manera de parlar dels llibres en termes de servei de novetats, on són obligades les dimensions informativa i crítica, i una altra un cop el llibre, passada aquesta fase, ja ha entrat en un ritme de fons. Aleshores
–ara–, el cronista, alliberat d'aquestes servituds (i encara més des de les pàgines d'opinió), pot fer balanç i mirar el cas amb la perspectiva de la referència dels altres.

Tal alliberament s'esquerda quan el cronista constata que els qui havien de fer la feina amb el llibre acabat de sortir no l'han fet gaire bé –per utilitzar un eufemisme frontinià. Sobta, tret d'alguna excepció (excel·lent, el nostre amic Castillo a l'Avui), el poc eco mediàtic d'aquesta crònica de la societat literària i d'un sector important de la societat civil que va de la segona meitat del franquisme –l'època del 600 i les revoltes d'estudiants– fins a l'actualitat. Per entendre-la des d'una òptica intel·lectual i artística, i dins d'aquesta la més imbricada i compromesa amb la societat, Los años contados és –hauria de ser– una obra de referència. On és la societat literària retratada en les seves pàgines, a l'hora de rebre aquest regal? La pregunta és retòrica: a cop de desaparicions, tal societat deu haver deixat d'existir.

Pot haver estat determinant, pregunto, la falta de sang i fetge, la falta de grogor pseudomediàtica d'aquestes pàgines elegants i mesurades? De la moderació, en el sentit montaignià, i de la justícia històrica, Giménez Frontín n'ha fet un exercici d'estil, una màquina de rellotgeria d'embridament emocional que no es permet el més mínim defalliment. Utilitza la mateixa retòrica per descriure un fet divertit que per un que l'ha ferit i ha estat un greuge moral i un perjudici material en la seva vida. Vet aquí una opció literària, però també una manera d'assegurar-se el control sentimental. Per un devot del barroc com aquest cronista, aquest mètode –els retors en diuen homogeneïtat de la clàusula– és una gran qualitat, i Giménez Frontín l'exercita de forma implacable i impecable amb un èxit inobjectable.

A més, d'aquest tractament que és una rotunda declaració de principis, tant literaris com morals, en surt un esplèndid autoretrat, elaborat per tal efecte implícit al llarg de les quasi quatre-centes cinquanta pàgines del llibre. Giménez Frontín ens transmet què ha vist i com ho ha encarat en el contingut, i a més, amb la manera d'explicar-ho ens diu com és ell mateix, ens retrata la seva bondat, el seu sentit de l'equitat i de la justa consideració dels actes propis i dels altres, sense que en cap moment, ni en els més difícils, ni en els més conflictius, el discurs se li escapi de les mans. El lector hi trobarà molta i molt bona informació històrica, però també un model de noblesa per situar-se un mateix enmig dels fets que ha viscut.

CÉSAR VALLEJO, O LA SOMBRERERÍA ESTÁ EN AQUELLA ESQUINA

César Vallejo












Opisso, Sastrería Padró



Todas las cosas llevan su sombrero. Todos los animales llevan su sombrero. Los vegetales llevan también el suyo. No hay en este mundo nada ni nadie que no lleve la cabeza cubierta. Aunque los hombres se quiten el sombrero, siempre queda la cabeza cubierta de algo que podríamos llamar el sombrero innato, natural y tácito de cada persona.
Desde el punto de vista del hombre, los sombreros se clasifican en sombreros naturales y sombreros artificiales. Se llama sombrero natural aquel que nace con cada persona y que le es inseparable aun después de la muerte. En el esqueleto, la presencia del sombrero natural y tácito es palpable. Se llama sombrero artificial aquel que se adquiere en las sombrererías y del cual podemos separarnos momentánea o eternamente. En el esqueleto, la falta de este sombrero artificial es, asimismo, evidente.
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Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.
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Un médico afirma que para fruncir el entrecejo se necesita poner en juego sesenta y cuatro músculos, mientras que para reír son suficientes trece músculos. El dolor es, por consiguiente, más deportivo que la alegría.


César Vallejo, Contra el secreto profesional



Jugador de Billar

miércoles, 12 de noviembre de 2008

ESCENARIO / 1919 / 2008

John Dos Passos

Jorge de los Santos


Cartier-Bresson










Javier Carles






Con la colaboración de:

John Dos Passos, 1919 (de Trilogía USA)
Cartier-Bresson, Manhattan-1947
Jorge de los Santos, Escena
Javier Carles, Reflejos en un ojo solitario, IV

Segundo conde de Montecristo

TODO ES RELATIVO


LA OTRA SOCIEDAD PROTECTORA DE ANIMALES

martes, 11 de noviembre de 2008

COLLAGE DE UN LECTOR AGOBIADO



F.K., Dibujos



Dices que debo seguir bajando, pero ya estoy muy abajo, se me corta la respiración, aquí mismo ya casi es demasiado profundo; pero ya que ha de ser así, estoy dispuesto a quedarme. ¡Qué espacio! Es probablemente el lugar más profundo. Así y todo, me quiero quedar; eso sí, no me obligues a seguir bajando.

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En el bastón de paseo de Balzac: “Yo destruyo todos los obstáculos”;
en el mío: “Todos los obstáculos me destruyen”.
Coincidimos en el “todos”.


Franz Kafka, Aforismos
(trad. A. Kovacsis, J. Parra y A. Sánchez Pascual, Ed. Random House Mondadori, Barcelona, 2006)

Un Lector Agobiado

lunes, 10 de noviembre de 2008

SOMBRAS DE SOSPECHA

Federico Gallego Ripoll, Dibujo


















Sobre el espíritu de la vanguardia en la actualidad, sobre el valor y la ambición estética de artistas y escritores:

¿No será que el compositor de música contemporánea ya da al público por perdido y por lo tanto no tiene miedo de experimentar?

¿No será que el pintor (no hablemos de los escultores, pobres), tiene el extravío del mercado en la mente que le solicita productos siempre novedosos (no frescos, de auténtica vanguardia), cuanto más extravagantes mejor, a subastar y vender anualmente?

Y en cuanto a narradores y poetas, ¿no será que muchos (seamos optimistas) quieren ser también modernos, de espíritu nuevo, vanguardista, partidarios de la ruptura, pero una directiva de agentes y editores les ha inculcado (seamos otra vez optimistas) que los lectores son idiotas, unos pobres diablos que no quieren leer más que fotonovelas y melodramas actualizados, obras como las que ellos deben y son capaces de escribir?
Acaso todo sea, en definitiva, un puro manicomio de las bellas artes y de las bellas letras. Como la sociedad misma. Pobres autores y pobres lectores...

Un Lector Depresivo fumigador de novelas premiadas (mi tarifa es de voluntariado)

domingo, 9 de noviembre de 2008

VANGUARDIAS Y UNA PREGUNTA



Paul Klee, Colonia de barracas






Andy Warhol, Big Electric Chair












YouTube - John Cage - 4'33" by David Tudor

ESCRITO EN ROJO SOBRE LA PARED VERDE DE UNA FÁBRICA DE BARCELONA




¿Se puede ser vanguardista (en el sentido de búsqueda, de ruptura) en la música contemporánea y en el arte actual, y no serlo en la poesía y la narrativa del siglo XXI?





Un Curioso Impertinente


ANÉCDOTAS EXISTENCIALES















Sören Kierkegaard, el filósofo paseante


I
Chuang-Tzu agonizaba. Sus discípulos le dijeron que deseaban honrarlo con un funeral decoroso. Él repuso: “El cielo y la tierra por féretro y tumba; el sol, la luna y las estrellas por ofrendas funerarias; y la creación entera acompañándome al sepulcro. No necesito más”
Los discípulos insistieron: “Tememos que los buitres devoren tu cadáver”. Chuang-Tzu respondió: “Sobre la tierra me comerán los buitres; bajo ella, los gusanos y las hormigas. ¿Quieres despojar a los primeros sólo para alimentar a los últimos?”

Selección de textos de Chuang-Tzu
(Introd. Octavio Paz, Ed. Siruela, Madrid, 1997)

II
Algunos dicen que, al morir, encargó que lo dejaran sin enterrar para que cualquier animal pudiera alimentarse de él; o que lo arrojasen a un hoyo y le echaran encima un poco de polvo. Otros, que lo echaran al río Iliso, para ser de utilidad a sus congéneres.

Diógenes Laercio, Vida de Diógenes, el Cínico
(La secta del Perro, trad. C. García Gual, Alianza Ed., Madrid, 1987)

III
Ha sido una justa ironía de mi parte, vivir por las calles y callejones en tanto me disponía a escribir mis obras con seudónimo. La ironía consistía precisamente en el hecho de que, a pesar de pertenecer a otra esfera en mi calidad de escritor, erraba por las calles y el mercado. Era una ironía contra los personajes de la extravagancia y de la intelectualidad hegeliana, tal como se comporta o se comportaba entre nosotros. Pero apenas la otra parte, la "abyección literaria"*, intenta hacer creer que en verdad tengo por domicilio a la calle, la ironía se desvanece al instante y yo abandono la calle.


Sören Kierkegaard, Diarios (trad. M. Angélica Bosco. S. Rueda Ed., Buenos Aires, 1955)


*Abyección literaria. Kierkegaard se refiere a la campaña de burla e infamia a que lo sometió la revista satírica "El Corsario", por cuestionar existencial y filosóficamente a la religiosidad oficial danesa representada por el obispo Mynster. Nada queda de los sermones del obispo, mientras el filósofo del paraguas, "angustiado y jorobado", sigue con sus correrías por calles y mercados de frutas y verduras.

El Espadachín Enmascarado

sábado, 8 de noviembre de 2008

CURSILLO SOBRE EL NUEVO CAPITALISMO


YouTube - Georges Brassens-Il n'ya pas d'amour heureux (English Sub.)











SE NOTIFICA QUE EN BREVE SE INICIARÁ EL CURSILLO SOBRE
“LA REFUNDACIÓN DEL NUEVO CAPITALISMO MUNDIAL”,
IMPARTIDO POR LOS REPRESENTANTES DE MEDIO MUNDO.
EL OTRO MEDIO MUNDO, RECIBIRÁ NOTICIAS CONCISAS POR VÍA SATÉLITE AL DÍA SIGUIENTE DE LA CLAUSURA DEL CURSILLO.

ROGAMOS SE ABSTENGAN DE ASISTIR LOS DELEGADOS DE LA MASA ASALARIADA POR FALTA DE SILLAS TAPIZADAS Y RECAMADAS EN PIEL. A QUIEN PRESENTE LAS OPORTUNAS Y JUSTIFICADAS RECLAMACIONES, LE SERÁ ENTREGADO UN EJEMPLAR MINIADO DE LA NOVELA
“EL CASTILLO”, DEL ILUSTRE DR. FRANZ KAFKA.


EL Departamento de Control del Sano Juicio


Texto descubierto por El Espadachín Enmascarado





viernes, 7 de noviembre de 2008

GARCÍA LORCA EN EL HOSTAL DE LOS MUERTOS


García Lorca con su sobrina














SE HA ENCONTRADO AL FIN UN HUESO DE LA MANO DEL ESQUELETO DEL CADÁVER DEL CUERPO DEL ESPÍRITU DE GARCÍA LORCA


Se ruega llamar por teléfono para confirmar asistencia (aforo limitado) al vernissage con servicio de fotografía que se celebrará el próximo miércoles, a las 19.30, en el salón principal del nuevo Hostal de los Muertos, donde será expuesto el citado descubrimiento.


La Dirección
Se servirá una copa en el transcurso del acto
...............



Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo.
Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.

Federico García Lorca, Nocturno del hueco
(del libro Poeta en Nueva York)

Corresponsal de El Cronista Desterrado

CORRIGIENDO EL MAL DE OÍDO

Cómo sois de mal pensados los escritores y poetas! ¿No creéis que quizás la cita de las palabras de Joan Margarit está incompleta? Me consta de buena fuente que la frase completa es: "Fernando Pessoa quiso ser cuatro poetas (heterónimos), y no consiguio siquiera ser un poeta; logró, eso sí, ser todos los poetas".
Si la fuente resultara no ser fiable, la posibilidad que cabe pensar es que le haya cogido la conocida "diarrea del premio". De mal pronóstico, habitualmente se convierte en crónica.

A.G-F

jueves, 6 de noviembre de 2008

¿SON PELIGROSOS LOS VIRUS ALEGRES DE LOS PREMIOS?



¿Qué les ocurre a los escritores, a los artistas, cuando son premiados o demasiado premiados?








Aubrey Beardsley, Pierrot


"Fernando Pessoa quiso ser cuatro poetas (heterónimos), y no consiguió siquiera ser un poeta." (traducido del catalán)

Declaraciones a una cadena de tv., de Joan Margarit, reciente Premio nacional de Poesía (y no obstante, buen poeta).


Firmado: Colectivo de escritores aspirantes a ser premiados, con el buen propósito de celebrar cada uno de los premios con sana contención

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL DUENDE - FEDERICO GARCÍA LORCA-LEONARD COHEN


YouTube - FEDERICO GARCIA LORCA Leonard Cohen








Hyeronymus Bosch, El Jardín de las Delicias (detalle del panel central)

Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Sólo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que hace que Goya, maestro en los grises, en los platas y en los rosas de la mejor pintura inglesa, pinte con las rodillas y los puños con horribles negros de betún; o que desnuda a Mosén Cinto Verdaguer con el frío de los Pirineos, o lleva a Jorge Manrique a esperar a la muerte en el páramo de Ocaña, o viste con un traje verde de saltimbanqui el cuerpo delicado de Rimbaud, o pone ojos de pez muerto al conde Lautréamont en la madrugada del boulevard.

Federico García Lorca, Teoría y juego del duende
(Prosa, Alianza Ed. Madrid, 1969)

AT

¿PARA CUÁNDO UN PRESIDENTE MESTIZO?

Amigos, conocidos, saludados, lectores en general:
Ya sé que estamos en un blog de contenido literario y artístico. Pero después del empacho de tanta campaña americana y a pesar de la ilusión que ha generado el resultado en tanta gente, ilusión a la que no soy ajena, no puedo evitar hacer una breve reflexión. Todos los medios de difusión han hablado y hablan hasta la saciedad del hito que supone para un negro alcanzar la presidencia de Estados Unidos. Algunos utilizan el término afroamericano. Y a mí me sorprende muchísimo. Porque Obama es mestizo. Hijo de negro y blanca. ¿Es que no existen? ¿Es que dan carta de naturaleza al prejuicio racista que supone que alguien con una gota de sangre negra ya sea negro? ¿Es más políticamente correcto hablar de negro que de mestizo? A mí me da que pensar.

LaMaragda

RESPUESTA A "UN LECTOR ANÓNIMO"

Agradezco el elogio del lector anónimo a mi lectura del poema DEA, de Pere Gimferrer, y al mismo tiempo me permito agregar algunos comentarios mas. Ya que el lector anónimo ha hecho alusión a mi oficio quiero precisar que, si bien es imposible quitar de mis ojos el cristal psicoanalítico porque ya forma parte de ellos, he intentado que ese cristal no distorsione mi lectura de simple lector de poesía. Cuando Heidegger lee y comenta a Trackl no sólo lo hace como filósofo sino, creo que fundamentalmente, como lector apasionado que busca el placer estético a la par de la iluminación y sabiduría que el poeta anticipa al recoger en su obra el sentir/saber de su tiempo. Una anticipación que luego desplegarán la ciencia y el pensamiento. Allí, en esa anticipación, está la grandeza ética de la poesía, que no es sin arreglo al bien decir. Y allí es, según mi modesta opinión, donde el poema de Pere Gimferrer no está a la altura exigible. Justamente allí donde Fray Luis, lector y comentador del rey poeta, sí lo está. Para ilustrar lo que intento decir os regalo una coplilla de amor de cuyo autor no diré el nombre, pero que, tal vez algún erudito reconozca.

Pelusilla de tus labios
es la del durazno prisco,
por eso es que más que al beso
tu boca tienta al mordisco.

Alejandro Gómez-Franco

- Ray Charles - Song for you



YouTube - Ray Charles - Song for you






Piranesi, Interior de prisión










Firmado: El tercer hombre

ARTAUD & A. PIZARNIK & L.Mª PANERO


YouTube - Un Día Con Leopoldo María Panero (1/3)











Egon Schiele, Desnudo masculino de pie con paño rojo en las caderas

ARTAUD SEGÚN ALEJANDRA PIZARNIK

¿Qué fue Baudelaire?
¿Qué fueron Edgar Poe, Nietzsche, Gerard de Nerval?
Cuerpos
que comieron,
digirieron,
durmieron,
roncaron una vez por noche,
cagaron
entre 25 y 30.000 veces,
y frente a 30 o 40.000 comidas,
40 mil sueños,
40 mil ronquidos,
40 (mil) bocas amargas y agrias al despertar,
tienen que presentar unos 50 poemas.
Verdaderamente no basta
y el equilibrio entre la producción mágica
y la producción automática está
muy lejos de ser mantenido,
está absolutamente roto.
Pero la realidad humana, Pierre Löeb, no es eso.
Somos 50 poemas,
el resto no somos nosotros
sino la nada que nos reviste,
se ríe de nosotros primero,
vive de nosotros después.
Ahora bien, está nada no es nada.

Antonin Artaud, El tiempo donde el hombre era un árbol (fragmento).
(Textos, trad. Alejandra Pizarnik y A.López Crespo, Ed. Aquarius, Buenos Aires, 1974)

AT