Comentarios en el bar del barrio:
-Cuánta
tristeza y dolor.
-Increíble,
en 2017, en Catalunya, reprimir de este modo por intentar votar en un
referéndum, con unos políticos de otro tiempo que no han tenido
el valor de permitir una votación con garantías, y se han escondido
detrás de los jueces y de la policía para intentar sofocarlo. El pasado que regresa al presente, lee
la hermana del informático en el móvil.
-El
horror, el horror, repite el poeta romántico del barrio.
-Esto
quedará en la memoria de varias generaciones, hasta convertirse en
memoria histórica de la represión política: votar con miedo, miles
y miles de personas, adultos, ancianos, jóvenes y algunos niños,
respirando el acoso, la persecución, sufriendo el miedo, otra vez,
como en otros tiempos. Cuánta tristeza y dolor, comenta alguien.
-En
los colegios electorales se respiraba la clandestinidad, en cualquier
momento podía aparecer la policía, como en el colegio de la calle
de más arriba, explica el politólogo del barrio.
-Dicen
que ya se acercan, que ya están aquí. ¿Qué hacemos?, preguntaba
una joven que acompañaba a su padre, esperando ya dentro del
colegio, con el censo bloqueado, otra vez bloqueado, sin que los
móviles de las mesas pudieran consultar el DNI de cada votante.
-Espeluznante,
el horror, el horror. Otra vez, decía una mujer que estaba en la
cola.
-No
pasarán, martillazos, golpes, no pasarán, empujones, personas
lanzadas por las escaleras como sacos, disparos, gases, heridos,
explica la hija de la bibliotecaria.
-¿Dónde
están los derechos humanos?, pregunta alguien.
-Por
fortuna, a falta de otra gente necesaria que ahora mira hacia otro
lado, había muchos observadores internacionales que han sido
testigos de la violencia desatada, comenta el periodista del barrio.
-¡Los
trabajadores de la policía cumplían órdenes, acataban el monopolio
de la violencia legal y proporcionada!, como dice mi marido, exclama
la cuñada del dentista.
-En
un mundo globalizado, ¿por qué una jurisdicción es, aún, superior
a otra? ¿Por qué un código es, aún, superior a otro? ¿Por qué
unas urnas son, aún, superiores a otras?, pregunta la sobrina de la
peluquera.
-Será
una cuestión de dominio y denominación de origen, como ocurre con
las marcas en las tiendas y supermercados, contesta el humorista del
barrio.
-A
veces hay productos caducados, apunta la hija de la
bibliotecaria.
-Como la ley del más fuerte, que, aun estando
caducada y superada por los derechos humanos, pervive como política
en algunos países, comenta la nieta del anarquista.
-Triste,
muy triste, terrible legalidad, dice la librera del barrio.
-Ah,
¿pero también hay una violencia legal?, pregunta una chica.
-Legal,
sí, pero esto no significa que sea siempre justa y legítima,
explica un estudiante de Derecho.
-Cuánta
tristeza, un gran dolor, dice la dueña del bar.
-Una
gran vergüenza, exclaman muchos, exclaman aquí y allá, comenta la
vidente del barrio.
-¿De
qué han servido tantos años de transición si hay que recurrir otra
vez a la guardia civil, a la policía nacional y a las misas de
denuncia de Montserrat?, pregunta el poeta romántico del barrio.
-Una
gran vergüenza, dice
la sobrina de la peluquera.
-Dolor,
tristeza, miedo, una vergüenza insoportable, dice la nieta del
anarquista.
-Con
miedo y violencia, sí, pero al final aparecieron las urnas, se votó y ha ganado el sí,
confirma alguien.
-¿Y ahora...?, pregunta alguien.