

Un poeta liberal





Se suele utilizar la expresión «novela de poeta» para descalificar un subgénero narrativo que utiliza un lenguaje artificioso, retórico (no en el sentido clásico del ingenio, sino en el moderno del abuso) y pretencioso. Se utiliza la expresión «novela de poeta» pero, la verdad, yo no conozco ninguna novela escrita por un poeta que se ajuste a estas características. Siempre he tenido la intuición, sin embargo, de que existían las «novelas de poeta», aunque lejos del engrudo lingüístico. Siempre he creído que la formación del poeta le llevaba a escribir un tipo de novela que no se ajustaba con el modelo canónico establecido por las novelas de los novelistas (si es que puede hablarse en estos términos, de los que tampoco estoy muy seguro). Hasta ahora no había encontrado ninguna novela que me permitiera aclarar esta intuición. Hoy ya sé lo que caracteriza —en esencia— una novela de poeta. Por decirlo con dos palabras: es una narración «fosterianamente inestable».
Foster dejó bien inventariados los elementos de la narración que parecen inherentes a su existencia: narrador, punto de vista, espacio, tiempo, estructura, personajes... La diferencia entre una novela y una «novela de poeta» es que en la narrativa todos los elementos fosterianos conforman una decisión apriorística del escritor que afecta a toda la novela. Por muchos cambios de narrador, espaciotemporales, de personaje, estructurales que este idee, todos ellos se ajustan a una cohesión impecable (porque si peca, sabe que el crítico se lo va a recriminar), es decir, una cohesión fosterianamente estable.
La novela que me permite establecer el paradigma de la novela de poeta es Estiércol de león, publicada en 1980 por Manuel Mantero, y ahora reeditada en el volumen dos de sus Obras completas (rd editores, Sevilla, 2008). Esta novela contiene todas las características propias de una novela de poeta. La primera, está escrita en lenguaje narrativo; es decir, no es un poema en prosa, ni un remedo de sonoridades etílicas. Es una novela. Sobre eso no hay duda. Luego: «de poeta» ¿Por qué? Por la inestabilidad de los elementos constitutivos de la narración, cuya definición no depende de esta, sino de cada uno de los fragmentos que la constituyen. Se alterna, sin valor estructural, primera y tercera persona. El tiempo no respeta la comprensión de ninguna acción. El espacio se crea en cada fragmento. La estructura atiende más a lo connotativo que a la denotación de un planteamiento-conflicto-desenlace. Los personajes aparecen y desaparecen sin dar cuentas al lector. Y de los principales vamos obteniendo datos desordenados, dispersos, no acompasados por una acción determinante. El narrador crea un marco narrativo lo suficientemente amplio como para suscitar en el lector expectativas más amplias que las que exige la intriga. Y dentro de ese marco, el escritor se mueve por impulsos que, se adivina, proceden de la biografía, de la crítica social, de la expresión de sentimientos... y se van mezclando unos con otros, formando el cuerpo de una narración que no crece linealmente hasta un desenlace, sino verticalmente, hacia las simas del significado de la historia. A estas características, que Manuel Mantero ilustra de manera espléndida en Estiércol de león, se les puede denominar elementos fosterianamente inestables. Y esta es la verdadera razón de un subgénero narrativo aún por clarificar y clasificar que es, ahora dicho en sentido positivo, la «novela de poeta».
JAC





El Filósofo Autodidacta, también llamado "el pedante de la taberna"




Thomas Browne
*Por ejemplo, el rock, diríamos hoy.











Amigas y amigos pensionistas, el colega accidental RR me ha hecho reflexionar profundamente. No soy un lector, soy un envidioso. De hecho lo que he leído no está en el libro, está en mi mente perversa y corroída. Es cierto. Solicito el perdón de los crédulos. Savater es un estilista al mismo nivel que Azorín, un narrador de la misma altura argumental que Baroja y un poeta superior a Juan Ramón Jiménez (el traca-taca lo demuestra, jamás a JRJ se le hubiera ocurrido un efecto sonoro tan intensamente satisfactorio). Lo certifico. Y certifico que de ahora en adelante todos los premios Planeta, Anagrama, Alfaguara, Tusquts, Torrevieja, Salamanca, Ateneo de Valladolid, Málaga... serán libros maravillosos que lucirán en el cielo estrellado de mi canon particular. Y los escritores que dirigen editoriales serán mis favoritos, y los poetas que ganan todos los premios nacionales reiteradas veces serán mi devoción. ¡Lo que voy a ahorrarme en horas de lectura con estas ideas que abrazo con entusiasmo! Y mientras tanto, todos esos autores que nunca salen en Babelia y que RR no lee porque nunca ganan un puñetero premio, ni siquiera el de su pueblo para que los tengamos en cuenta, todos esos autores que leo con admiración de lector, todos ellos ¡a la basura! Por no ser famosos. Dios mío, ¡cómo pude estar tan engañado! Con la de autores premiados y poderoso que hay, he ido a fijarme en cuatro muertos de hambre que publican en editoriales que no las conoce ni el padre del editor. RR me ha abierto los ojos. Gracias, amigo accidental. Y bienvenido a la pensión: tuya será la habitación del faquir, para que vayas leyendo premios, uno tras otro. 


Por ojearlo me llevé el libro a mi asiento de ventanilla. Luego colocaron a mi lado a una señora inválida y ya no tuve oportunidad de levantarme para cambiarlo por otro. El avión despegó y aunque llevaba 15 páginas sin entender nada, tuve que seguir leyéndolo durante el vuelo. Puedo afirmar que hasta la página 78 de La hermandad de la buena suerte, de Fernando Savater, premio Planeta 2008, leí sin saber en absoluto de qué hablaban ni quiénes eran los personajes. No se trataba de dificultad en la lectura (me formé en una época en la que las vanguardias tenían buena prensa), iba pasando páginas con fluidez, pero no conseguía comprender nada. En la página 81 por fin descubro un fragmento que entiendo. El primero. Se trata de un viaje en tren. Como sé lo que es viajar en tren, aunque en el momento de la lectura anduviera por las nubes, entendí lo que se narraba.



Un anticuario de la calle Baños Nuevos


2
¿Soy nadie? ¿Quién eres?
¿Eres -nadie- también?
¡Somos entonces un par!
No lo digas, son capaces de descubrirnos –lo sabes.
¡Qué horrible -ser- alguien!
Qué impudicia -como una rana-
decir vuestro nombre -todo el santo día-
a un admirativo pantano.
(trad. Silvina Ocampo, Poemas, Tusquets Ed., Barcelona, 1985)
3
No siempre han de mirarme con ceño. Un dulce día,
cuando me olvide ya de importunarles,
recordarán el frío que reflejó mi rostro
y que siempre decía: “Te lo ruego”.
Hacia la puerta correrán entonces
para llamar a aquella leve niña
que no puede dar las gracias, pues el hielo
cubrió sus labios mientras balbucía.
(trad. Marià Manent, Poemas, Col. Visor, Madrid, 1973)
3 FRAGMENTOS DE CARTAS y 1 POEMA
Jardín
Hoy te envío flores de mi jardín y, aunque habrán muerto ya cuando te lleguen, sabrás que estaban vivas mientras las tuve entre mis manos.
Primer amigo
El primero de mis amigos me escribió una semana antes de morir: “Si vivo, iré a verte. Pero si muero, puedes estar segura de que iré”.
Él me enseñó la inmortalidad.
Pequeños poetas
Hoy estoy sola, sin mis pájaros, porque llueve mucho y los pequeños poetas no tienen paraguas.
ENFADO
Nunca sabemos que nos vamos
cuando nos estamos yendo,
nos enfadamos y cerramos la puerta;
la infelicidad, al seguirnos,
la cierra con cerrojo,
y ya no insistimos más.
(versiones de Nuria Amat, Amor infiel, Ed. Losada, Madrid, 2004)
Nieta de la Biznieta de Guermantes


