Imagen: Photoroom.com
Y la muerte no tendrá dominio.
Dylan Thomas
El día de la muerte
era rozar sus párpados
y custodiar
aquella mirada
tan fija, tan lejana.
El día de la muerte
era poner la mano
sobre la parte de su cuerpo,
rígido, pero aún caliente,
que la había matado.
Uno o dos minutos después,
avisó a la enfermera.
La muerte
impuso así
todo su dominio
entre las paredes blancas
del último día.
Luego, la desencarnada ausencia.
El dominio del amor
sobre la muerte,
vendría más tarde.
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