Foto: J. X.
No sabes si ella,
en este justo i eterno momento,
sube hasta el rellano de la escalera
y llama a la misma puerta
de la que había sido vuestra casa.
Con ella ausente, desaparecida,
tú, al cabo del tiempo,
dejaste también la casa
y buscaste refugio
en otra casa,
para solitarios.
Ahora,
desde los recovecos de la muerte,
es más difícil encontrarse
en un lugar de la vida,
con la puerta abierta,
en otra casa.

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