Foto: J. X.
¿Pero acaso -contesta-
no me has hecho mirarte
con
los ojos remotos de otro niño olvidado?
José Ángel Valente, A Pancho, mi muñeco
Embutir,
rellenar,
con virutas de paja nueva,
el corazón desgarrado
del muñeco de trapo,
que desde la infancia
te ha acompañado
cada vez que moría
un ser amado.
Manos anónimas
desgarraban los dos corazones,
el tuyo y el del muñeco de trapo,
y ambos se desparramaban
hasta quedarse vacíos.
Entonces, debías ir en busca
de nuevas virutas,
semejantes a rizos de paja
que rellenaran el corazón desgarrado.

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