LIBERTAD
Y LEY
Un
magnífico artículo de Josep Ramoneda (elpais.com) sobre la libertad
y la ley, en que analiza el abuso que algunos hacen de las leyes, así
como el pretexto de la seguridad jurídica que utilizan como
argumento contra cualquier cambio que altere las relaciones y el
monopolio del poder. Abuso de poder que utilizan ciertos gobiernos
para impedir la aparición de nuevas leyes, más justas y
democráticas, que no obstaculicen la evolución política e
histórica de los países.
Una
involución revestida con una apariencia conservadora-progresista en
la que caen, no sólo los políticos, judicializándolo todo, sino
también ciertos intelectuales, de tal modo que se conforma "un
malabarismo de la alianza entre lo reaccionario y lo progresista, que
intelectuales antaño críticos defienden apasionadamente con
reactivas respuestas a quienes osan cuestionarlo, como si fuera el
mejor de los mundos posibles", indica Ramoneda.
Como
si ciertos poderes y el sistema jurídico que los fundamenta y
ampara, temieran perder sus privilegios al ser cuestionados en nombre
de una mayor justicia y libertad y unas nuevas leyes que las
protejan.
MUERTE
La muerte. Guerras, atentados. Muertes y más muertes, el ser humano como creador de muerte. ¿Creador de vida, decíamos antes, el ser humano creador de vida? Un error de publicidad, un error milenario. O una estafa, un negocio, un cuento infantil. ¿Creador de vida? En todo caso, de vida para la muerte, que es muerte y más muerte, que pasa de un siglo a otro, matando, persiguiendo y matando, con la legalidad de cada uno en la mano (la pasión criminal disfrazada, como decía el marqués de Sade).
La muerte. Guerras, atentados. Muertes y más muertes, el ser humano como creador de muerte. ¿Creador de vida, decíamos antes, el ser humano creador de vida? Un error de publicidad, un error milenario. O una estafa, un negocio, un cuento infantil. ¿Creador de vida? En todo caso, de vida para la muerte, que es muerte y más muerte, que pasa de un siglo a otro, matando, persiguiendo y matando, con la legalidad de cada uno en la mano (la pasión criminal disfrazada, como decía el marqués de Sade).






































