Foto: J.X.
La
poesía,
como arma maldita de seducción,
tarde o temprano te condenará
a deambular, callejeando,
por desiertos del alma,
donde todos somos reos encadenados
al furtivo deseo.
Sólo, con el tiempo,
manos visionarias
podrán cerrar las heridas abiertas.
Recuérdalo,
al escribir
un poema,
al escribir con las manos,
furtivas,
otro poema.

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