Foto: J.X.
COMPONIENDO EL SIN MAÑANA
La angustia de existir
te hace sentir la angustia de crear,
que se calma en el “placer del texto”
(recordando a Roland Barthes).
No en las grietas de otro cuerpo,
sino en las grietas del lenguaje
que te hace gozar el placer del texto.
Aquí, por ejemplo,
en este espacio poético,
exprimes el fruto ausente,
las últimas gotas de la substancia
que derrama un trozo de alma hereje,
¿la tuya?, ¿la de quién?,
medio quemada.
El cuerpo, vacío.
El lenguaje, vacilante,
pero afilado,
entrometiéndose
en la intimidad agrietada
de nombres y formas,
con nocturnidad y alevosía verbal,
figuras imaginadas
(con pelos y señales),
y amadas.
COMPOSICIÓN DEL POEMA
Llegas por el amor muerto y el dolor,
a la hoja de afeitar que te rasga por dentro,
hasta hacer trizas la entraña.
Este es el poema que amasas
con tu carne troceada,
echándole por encima
gotas de tu propia sangre derramada,
que se desprenden de la hoja de afeitar.
Pastel de carne y sangre
del poema.
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