miércoles, 8 de abril de 2026

Textos publicados en "Café Montaigne", Revista Cultural: https://cafemontaigne.com


 

                            DOS CUENTOS-POEMAS PUBLICADOS EN:

Café Montaigne, Revista Cultural

https://cafemontaigne.com



INTENTO DE IDILIO ROMÁNTICO

EN EL SUPERMERCADO


Cuando la veía desde la calle,

atendiendo en la caja del supermercado,

se apresuraba a entrar,

escogía un paquete de té

o de pañuelos de papel,

se dirigía a la caja,

y le preguntaba

a la cajera,

titubeando,

si disponían de cambio

de un billete de 50 euros.

Siempre la misma pregunta,

a la misma cajera,

que invariablemente

le respondía que sí.

¿Por qué tanto misterio?

Le gustaba,

mediante la operación de cambio

del billete de 50 euros,

demorarse

con monedas y pequeños billetes,

y poder rozarle así

las puntas de los dedos.

Llegando incluso, a veces,

aparentando confusión,

a rozarle

parte de la mano.


A Ella

-que no era ella,

ni ésta ni aquélla,

sino la hechicera caminando

bajo el cielo de los bosques-,

no le hubiera gustado esta parodia,

ese transformismo poético

mediante dinero en metálico,

de un idilio ridículo en el supermercado.

O sí, ¿por qué no?

Sí.

Ven conmigo

-primero,

sal del escondite, hechicera-,

y te mostraré

a este viejo amigo nuestro

ensayando folletines románticos

con la cajera del supermercado.




EL CUENTO DE LA MADRIGUERA

I

Se oía

el rumor de una voz.

Al distinguirla mejor

y escuchar mejor el cuento,

adivinabas siempre la misma historia,

con variaciones

y disonancias.

Decía la voz:

“Nadie vendrá

a salvarme,

y seguiré aquí,

en esta madriguera

de conejos perseguidos,

atrapado en las montañas más altas.

Nadie vendrá

a esta guarida destinada

a los desertores de la vida.

Nadie vendrá a rescatarme

de las garras del terror.

Ni tampoco aparecerá, iluminada,

la desconocida del cuento.”


II

Sólo de este modo,

contando su triste leyenda,

se consolaba

las noches en que salía

a mirar las estrellas,

alejándose un poco de la madriguera,

con la esperanza de encontrar, tras un árbol,

la flor mágica de los bosques perdidos.

Aquella inmensa flor encendida

cuyos pétalos

adormecieran las heridas del fugitivo,

lacerado por dentro.

Sin embargo, ella,

que era la amada del bosque,

la bella desconocida del cuento,

tenía también vulnerado el cuerpo,

por el veneno de un mal amor.

No podía levantarse y andar

para llegar a la madriguera

donde se ocultaba el desertor,

liberarlo y ofrecerle otro refugio

y un consuelo de fruta abierta.


Fotografía: J.X.



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