viernes, 29 de mayo de 2026

El ORFEO DE BARRIO BUSCA EN VANO A SU EURÍDICE DE BARRIO

 Foto: J.X.


I

Un Orfeo de barrio

cruza otra vez la tierra limítrofe,

y traspasa el corazón de las tinieblas.

Observa que unos restos de luz

permanecen en las flores que ardieron en este lugar,

pero sin alcanzar a iluminar el otro lado,

el lugar donde la Eurídice de barrio

desapareció.

Ambos,

el Orfeo de barrio

y la Eurídice de barrio,

prosiguen buscándose en vano

en esta tierra de cenizas,

en este inframundo.

El Orfeo de barrio

alarga la canción

para que ella,

Eurídice de barrio,

reviva.

Pero no es consuelo

ese canto, ni milagroso.

No hay sonido alguno

que pueda enmascarar

la ausencia, la muerte,

más abajo

del corazón de las tinieblas.



II

Colgado en la cruz de papel

del poema,

el Orfeo de barrio

repasa las tentaciones

que malgastaron el amor.

Al mismo tiempo

que lo anuncia,

duda

del propósito de enmienda,

y decide

no contar nada más.

Es anunciación

de aquello

que no se encarnará

en el poema.

Los exorcistas,

sin ángeles caídos a la vista,

sin ángeles caídos al oído,

se quedaron sin palabras,

con la boca abierta.



III

Te presiento.

Al extender la mano,

con los dedos abiertos,

sobre el cristal de la ventana,

te presiento.

Sin embargo,

no encuentro el rastro de tu cuerpo,

y en vano, con mis canciones,

me encomiendo a tu alma.

No sé dónde,

en qué lugar profundo del bosque,

entre qué raíces,

podríamos encontrarnos.

Toda la tristeza de la tierra

se derrama en estos versos,

arrasadas las raíces

hasta lo más hondo.

Desclávame, querida ausente,

las garras de agujas de coser

que me clavan a esta cruz de papel,

y que, sin ti, me atormentan.

Subamos la escalera,

vayamos a casa,

y no miremos atrás,

no miremos.



IV

Cuando empezamos

a bajar y subir

del inframundo,

desbaratando ataduras

y raíces,

al cabo de poco tiempo

era ya como si lo hiciéramos

por la escalera de nuestra casa,

acostumbrados al paliativo del dolor.

Las plantas y flores

de balcones y ventanas

se iban apagando,

como nosotros mismos

en la oscuridad de la escalera.

No hay canto

que pueda consolar.

Enmascararé la ausencia,

pondré un antifaz

a la voz de la novia muerta.



No hay comentarios: