Foto: J.X.
Como no se entendía con los vivos,
salía a pasear
y bailaba
con los muertos.
Cuando las palabras
le rechazaban,
cuando el deseo
no era correspondido,
encontraba siempre
un buen amigo
o una dulce novia,
en el jardín clandestino,
entre los muertos,
dispuestos a bailar
hasta el amanecer.
¿Querida, querido,
me permite otro vals?
Y bailando, bailando,
se alejaban cada vez más
del cementerio,
cruzaban de un bosque a otro,
avanzaban entre montañas,
danzando al pie de las colinas,
hasta llegar al mar.

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