
En la segunda de las Jornadas Poéticas dedicadas a Joan Maragall, que celebra la ACEC en el Museo Picasso, el profesor y escritor Pere Maragall, en su conferencia "La poesia tot just ha començat. Joan Maragall i la paraula poètica", nos habló del concepto poético de la "Palabra viva" creado por Joan Maragall. En esa poética, Maragall nos anuncia la necesidad del poeta de vivir y mirar las cosas en su plenitud, de interiorizar la forma de las cosas, para darles, tiempo después, mediante la operación del lenguaje, la otra forma, la forma poética, la "palabra viva", esa palabra vital adecuada para hacer revivir, en el lector, lo visto, lo vivido, aunque sea una "palabra viva" escrita.
Pero en esta operación poética, lo vivido y lo escrito que el poeta ofrece ahora al lector, mediante la palabra escrita que también es a la vez palabra muerta, impresa, sólo dará vida al lector si ésta, la palabra poética, es dicha, es pronunciada como "palabra viva". Palabra que resucita memoria y sensación, un poco a la manera de Proust, nos recordó Pere Maragall.
También citó el Elogi de la paraula -que Joan Maragall leyó cuando se inauguró su presidencia en el Ateneu de Barcelona-, y el Elogi de la poesía, para terminar con los versos del poema Dimecres de cendra, donde la palabra poética es designada como puñal que, a traición, penetra en la casa íntima del lector, pero que le dará vida aunque le entre mortalmente en las entrañas:
T'em ficaré als ulls, t'em ficaré al cor.
Mon brillant punyal fins a les entranyes
t'entrarà, donant-te la vida amb la mort.
Palabra que será viva, palabra vital, aunque esté escrita, si sabemos vivificarla en el acto de la lectura o, mejor, al decirla, al darle voz, un poco a la manera de los antiguos trovadores, de los antiguos poetas, concluyó Pere Maragall.
En la segunda parte, Pau Riba, Joan Vinuesa y David Castillo nos llevaron a los años de la "Contracultura", donde militó el fallecido pintor y poeta Pau Maragall, y también se citó, entre otros, a su hermana Mónica Maragall, poeta, pintora y magnífica prosista.
Pau Riba consideró que el núcleo expansivo de la Contracultura fue tanto el malestar de la juventud como la divulgación mundial de la substancia del LSD, que permitió dar salida al malestar existencial y cultural, y experimentar en los límites y más allá de la realidad cotidiana. Más de uno, entre el público, se preguntaba: "¿Sin esa substancia no hubiera sido posible la Contracultura, o también habría existido, pero de otro modo, distinta?".
Joan Vinuesa, por su parte, defendió el derecho a ser, aún, "contracultural", pese a las contradicciones de la propia Contracultura y a las asimilaciones implacables del sistema, que todo lo digiere, nos dijo en su "panfleto cósmico-satírico".
Y David Castillo recordó a los amigos de la Contracultura que cayeron por el camino, y mencionó la lucha artística y anarquista, los trabajos siempre marginales de los poetas, pintores, cantantes y editores de la Contracultura.
Hoy se celebra la tercera y última de las Jornadas Poéticas, con la confrencia de Adolfo Sotelo, Joan Maragall y las letras españolas, presentada por José María Micó, y el posterior recital de clausura con los poetas: Marta Binetti, Marga Clark, Laura Frucella, José Florencio Martínez, Pura Salceda, Oriol Sàbat y Carlos Vitale.
El suplente del cronista