Foto: J.X.
Cuando yo muera,
y tú, la novia muerta,
otra vez mueras dentro de mí,
no habrá nadie
que, mediante el recuerdo,
nos invite a bailar
en una sala o en el campo,
donde tanto nos gustaba bailar,
a ti y a mí,
aquellos días y noches
que tenían la misma belleza,
y el tiempo no era el intruso
que todo lo desbarataba.
Cuando yo muera,
y tu, la novia muerta,
dentro de mí mueras otra vez,
no habrá nadie que sepa
los juegos de palabras diminutivas
que nos inventábamos para querernos,
aquellos días y noches
que tenían la misma belleza.

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