Foto: J.X.
Hubo un tiempo
en que peregrinaba
de sótano en sótano,
en busca de una encrucijada
que ofreciera lluvia a la desnudez.
Sin embargo, en los sótanos
sólo había aguas estancadas.
Imposible limpiar, en esas aguas,
heridas de cuerpo y alma.
Así, pues, hubo un tiempo
en que temía
embarrar la piel de otro ser,
sus adentros.
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