Foto: J.X.
Bajo la piel,
entre las costillas,
ninguna mirada
podía verla.
Era imperceptible,
invisible
al ojo humano.
Era una herida,
en el costado izquierdo,
bajo la piel.
La herida del silencio,
incurable,
pero que seguía ahí,
alargándose en el tiempo,
desde el amor de la infancia
hasta el amor de la culpa
y la expiación.
La herida,
disimulada bajo la piel,
en el vacío del abandono.