lunes, 8 de junio de 2020

A MODO DE PLEGARIA DICHA EN EL BOSQUE DE LOS ESPÍRITUS


Foto: J.X.

Un instante después, ya no será posible.
Ya será tarde.
Demasiado tarde.
Será demasiado tarde.
Un instante después, ya será demasiado tarde.
Imposible modificar una frase, corregirla.
Imposible decir una palabra más o una palabra menos.
Un instante después, no será posible que hable el silencio.
Reducir el silencio con otra palabra, ya no será posible.
También aquel día era ya demasiado tarde.
Un instante después, el silencio ya no hablaba, sólo se ampliaba, se hacía cada vez más grande, como un abismo sobre el que goteaban las venas abiertas de la ausencia, en un vacío incurable.
Día y noche goteando, derramándose la sangre de la ausencia, abismo abajo.
Hasta que un día, al anochecer, un espíritu los rescató del lugar donde sangraba la herida mortal, y se los llevó, a él y a la novia muerta, hasta el bosque de los espíritus, donde conviven todos juntos, desde hace meses, con los árboles y las flores. Sin sangre derramada.
Hablando otra vez el silencio, resonando de nuevo una voz en el interior de las piedras.
Desde aquí, escuchamos el rumor lejano de los ríos y las ramas de los chopos blancos, cuya brisa nocturna nos trae al bosque el aroma de una rosa blanca, anunciando el fin del confinamiento de los vivos y los muertos.
Las plumas de los pájaros caen como hojas de seda y copos de algodón para abrigar a la novia muerta.



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