viernes, 2 de octubre de 2009

TEBEOS DE HAZAÑAS BÉLICAS (CONTINUARÁ)
















la vanguardia.es

Mueren civiles en un ataque aéreo de tropas holandesas en Afganistán
Varios insurgentes talibanes fueron abatidos en otro ataque aéreo separado

Kabul.(dpa) -
Siete civiles afganos murieron en un ataque perpetrado el miércoles por dos cazas de las fuerzas holandesas en Afganistán por orden del Ejército estadounidense, al tiempo que varios insurgentes talibanes fueron abatidos en otro ataque aéreo separado, informaron autoridades locales.
El comandante de las tropas holandesas en el país, el general Peter van Uhm, lamentó hoy la muerte de civiles en el bombardeo de dos cazas F16 de su aviación. No obstante, aseguró que en la ofensiva se cumplieron con todos los reglamentos militares.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), bajo cuyo mando operan las fuerzas extranjeras en Afganistán, confirmó en un comunicado la muerte de civiles, incluidas mujeres y niños, cuando un caza lanzó una "única bomba de precisión teledirigida" sobre un supuesto enclave de la insurgencia en el distrito Nad Ali, situado en la sureña provincia de Helmand.


OCTAVILLA DEL ESPADACHÍN
Los jefes de gobierno mundiales prefieren superar dialécticamente el estadio de la angustia jugando a la pelota en Copenhague, apuntaría el filósofo solitario danés Sören Kierkegaard. No sabemos lo que opinaría Hegel, que tenía más sentido de Estado (y deportivo) que Kierkegaard, cuyo ejercicio físico consistía en dar una o dos vueltas por los mercados municipales de Copenhague (con un paraguas, una mirada irónica y unas verduras, eso sí).
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*La ilustración de esta nota es de Salvador Mestres, Aventuras de Guerra (Ed. Favencia,1951). Aprovechando la concordancia en el apellido, felicitamos a Juan Carlos Mestre por el Premio Nacional de Poesía a su poemario La casa roja.
(Por cierto: ¿No sería mejor premiar al conjunto de la obra poética de un autor? Porque, dicen las malas lenguas, que un buen poemario lo puede llegar a escribir, tarde o temprano (más bien, tarde), cualquier poeta que sea constante y no sucumba a las adversidades de la vida cotidiana.

El espadachín enmascarado

10 comentarios:

Ulises dijo...

No critiquemos los Premios Nacionales cuando están bien concedidos, como es el caso del libro de Juan Carlos Mestre.

Partidario del Premio Nacional

Ulises dijo...

Tampoco estaría mal que a un libro se le diera el premio de la Crítica, como se hacía antes, y el Premio Nacional al conjunto de la obra, no sólo a un libro.

Otro partidario de los premios

Ulises dijo...

Con los premios se puede hacer más de una olla de "egos, huesos y quebrantos". La buena poesía, la calidad poética es otra cosa, ¿no?
¿O debo leer sólo los poemarios premiados, ya que son los mejores según el jurado de turno?

Una poeta virgen

Ulises dijo...

Ojalá los políticos se dedicaran sólo al juego deportivo, y sus guerras fueran sólo eso, deportivas, como en el ajedrez. A jugar, pues, a correr, y que el jaque mate sea sólo de ficción.

Poeta que hace deporte

Ulises dijo...

No estoy de acuerdo. No creo que un mal poeta se pueda hacer bueno mediante la constancia. Podrá escribir mejor, dominar la técnica con más experiencia (incluso sabrá plagiar, imitar mejor), pero no llegará nunca a ser un buen poeta.

El poeta frustrado

Ulises dijo...

He leído por internet unos poemas de "La casa roja", y creía que estaba leyendo los poemas surrealistas de Vicente Aleixandre, Juan Larrea, García Lorca... ¿Son de Juan Carlos Mestre, un poeta actual?

Lectora de poesía on-line

Ulises dijo...

No todos pueden leer bien la poesía de Juan Carlos Mestre, último Premio Nacional de Poesía. Es una lástima. Su "visión poética" no está al alcance de cualquier lector. Es surreal en la imagen poética, sí, pero no por ello deja de ser realista y muy terrenal y actual. He aquí un fragmento de su poema "Los refugiados":

"Algún día lo que ahora escribo será inteligible. Algún día, en el perímetro de las cosas sabidas, la época de los sufrimientos que hicieron visible el mercado de las heridas, será entendida como edad de una sábana rota, órbita de nuestra desnudez recubierta de insectos como lengua de gran pez moribundo".

Defensora de la metáfora

Ulises dijo...

Pues a mí me encanta este fragmento de "La casa roja", de J.C. Mestre, esto sí que es poesía:

"El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con humo de lo ardido y lava de diamante. La geometría bebe veneno, en el canto de los pájaros suena la armonía del baile de los muertos. En la casa roja hay una mesa blanca, en la mesa blanca hay una caja de plata con la nada del sábado. La intemperie gime contra los muros, la tristeza gime contra los mármoles. El profeta tuvo una casa de papiro a la orilla del lago, la muchacha del ghetto vivió en la casa de las preguntas. Mi mano izquierda luce un anillo de agua, en el camafeo de la supersticiosa brilla el mercurio de la temperatura. Lo que canto es lumbre, caballos lo que canto contra la aritmética y los números. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja, una casa bajo el índice del cielo y el negro nenúfar de la amante devota. El muchacho con ojos de ebonita ama la enfermedad y el rubí de los reyes. Las mujeres hermosas sueñan con acuarelas, sueñan con garzas y volúmenes y súbitos prodigios sobre las alfombras de lana".

Lector de poesía

AT dijo...

Sartre, en su voluminoso ensayo sobre la vida y la obra de Jean Genet, llega a la siguiente conclusión: el lenguaje de la poesía se asemeja al lenguaje de la locura (si no recuerdo mal, creo que llega a decir que "es" el lenguaje de la locura, lo cual ya me parece excesivo aplicado a los sueños y palabras de los poetas).
Considero que la poesía de Juan Carlos Mestre está muy bien escrita, quizá demasiado "bien escrita", como dice Juan Marsé sobre cierto tipo de prosa que él denomina la "prosa sonajero".
Un exceso de imágenes poéticas, un exceso de riqueza verbal que se desborda, puede llevar a la no comunicación poética: el poema queda invadido, como inundado por un caudal verbal tormentoso que, al final de la lectura, ya no sabes muy bien por dónde ha fluido, y te quedas perplejo, anonadado bajo la corriente metafórica. Como si tanta riqueza, tanta exhibición verbal, redujera a silencio al poema. Más que un "decir no diciendo", como en los místicos, sería un "no-decir diciendo" demasiado.

at

Nadal dijo...

!!!!!!!!BRAVO!!!!!!!!!, at, te felicito por el anterior comentario.
En su brevedad es uno de los anális críticos de poesía más esclarecedores que he leido.
Pero como nunca está dicha la última palabra, tomo el hilo a partir de tus conclusiones: "...perplejo,anonadado..."
"...redujera a silencio al poema."
Anonadado en el silencio del poema, es cuando pueden aparecer los diez mil seres, como diría un maestro taoista.
Me dirás: que si nos ponemos así, todo vale...
¿Todo vale?... ¿por qué no?...
De todas maneras y como siempre, no está dicha la última palabra.