sábado, 24 de enero de 2009

DEBATE DE LA PROSA Y LA POESÍA

Pollock, Búsqueda





















I. "Recuerdo yo una época en que una cuestión de lengua poética estaba también en el aire, cuando Ezra Pound proclamó: “La poesía ha de estar tan bien escrita como la prosa".

T.S. Eliot,
Función de la poesía y función de la crítica


II. "Pero como ya he dicho, se impuso la “fioritura”. Y un buen día, el señor Sthendal, sin pensar en Homero, Villón o Catulo, pero con un agudo sentido de la actualidad, se dio cuenta de que la poesía, “la Poésie” –tal como la escribían en aquel momento sus compatriotas, o tal como se la lanzaba desde el escenario, era un aburrimiento mortal. Y decretó que la poesía, con sus pelucas, sus pantorrillas falsas, sus peplos, su énfasis “a lo Luis XIV”, era decididamente inferior a la prosa, como instrumento destinado a transmitir una idea clara de los diversos estados de nuestra conciencia (“les mouvements du coeur”).
Y a partir de entonces, el serio arte de escribir pasó a la prosa, y, durante algún tiempo, los desarrollos de la lengua, como medio de expresión, fueron los de la prosa. Y una persona no puede entender claramente o juzgar certeramente el valor del verso, del verso moderno, de cualquier verso, a menos que comprenda esto".

Ezra Pound,
Para un método


III. Ahora, la cuestión a formular es la siguiente:

¿Lo que dicen Sthendal, Pound y Eliot es que los poetas se han acostumbrado a escribir mal con tanta floritura lírica, escudados bajo tantas metáforas vanas y volátiles? ¿Escriben con menos responsabilidad lingüística, gramatical, que los prosistas, dado que la “palabra esencial” de la poesía, al separarse del lenguaje común en su significado, justifica cualquier atropello del lenguaje también en la forma? Y esta característica difusa, vaga, de la poesía, ¿no puede hacer que ciertos escritores, que no saben escribir o escriben con desidia, se sientan más cómodos escudándose en la poesía para disimular su incapacidad literaria, ya que en la prosa serían fácilmente descubiertas sus carencias?

En consecuencia, entre tanta floritura y carencia, ¿no podría hablarse de unos poetas viciados y excusados por la naturaleza abstrusa, ambigua y hermética de la propia poesía? Sin llegar a decir lo que Sartre escribe en “San Genet, comediante y mártir”, al definir el lenguaje poético como próximo al lenguaje de la locura, ¿acaso sí que podríamos considerar que ciertos escritores, ciertos poetas, se ocultan y disimulan sus debilidades y carencias en esa misma incoherencia, en esa falta de lógica lingüística de la que participan tanto el lenguaje de la locura como el lenguaje de los sueños, esto es, el lenguaje poético?
Ésta son las preguntas que Sthendal, Pound y Eliot me han sugerido y que formulo aquí, con toda clase de reservas y dudas.

Un poeta dubitativo de la Plaza Real