miércoles, 19 de enero de 2011

POEMA EN PROSA DE LA DEUDA PÚBLICA


Poema en prosa sobre la(s) deuda(s) pública(s)

Emitidas en subasta mensualmente a la luz del día o al atardecer, surcan el mar proceloso de las aguas territoriales propias y de otros países.
Plazo: 3, 6, 12 y 18 meses de noviazgo e incertidumbre, a bordo de un barco a la deriva. (En determinadas ocasiones y por criterios de oportunidad, el Tesoro Público elimina algunos de estos puertos o plazos de tiempo de duda durante el viaje).
Tributan en el IRPF al tipo fijo del 19%, cuando se calman las aguas procelosas de la tormenta, entre sombras angustiadas de los pasajeros (para los primeros 6.000 euros de renta del ahorro obtenidos por la persona física). Y del 21%, ya con la tormenta en calma y en puerto seguro  (para las rentas que excedan de los 6.000 euros indicados).
Se pueden deducir los gastos relacionados con la tramitación, adquisición, etc., así como los gastos de farmacia para heridas físicas y calmantes del espíritu desasosegado de los pasajeros durante el trayecto a la deriva. 
Tienen un valor nominal mínimo de 1.000 euros y se emiten al descuento, de modo que el viajero embarcado o comprador (en el mercado primario de los humanos turistas) de uno de estos títulos,  desembolsa una cantidad inferior a dicha cifra, y, si todo sale bien, a su vencimiento recupera los 1.000 euros invertidos en el viaje y la fe perdida en la civilización, los barcos y el mar.
(Variaciones sobre un fragmento de Wikipedia)

El suplente del cronista

5 comentarios:

Ulises dijo...

Mareado estoy.

El turista accidental

Ulises dijo...

Gaste 8 y gane 10, invierta 10 y gane 12, y así sucesivamente hasta que invierta 12 y pierda 24.

El chico de los números

Anónimo dijo...

Invirtiendo 8 y luego 10 en Deuda Pública has ganado 2 en cada una de las inversiones= 4. Después has perdido 24, ¿cuánto has perdido en total?

Enigmático

Anónimo dijo...

De deuda publica nada! Ni en prosa, ni en verso. Esta deuda es del sistema financiero actual y la culpa de que la pague el pueblo, no es sino de los políticos. Verguenza de tanta indefensión, no soy mas que un ciudadano...

Uno más.

Anónimo dijo...

En este país de chorizos, butifarras políticas y salchichas bancarias, a los únicos a los que no les llega para comer es a los trabajadores.

El afilador de cuchillos