jueves, 1 de febrero de 2018

CONFIDENCIAS EN EL MÓVIL


Esto se acabó, el proceso catalán ha muerto, como anunció Rosa Quintana, sentencia la cuñada del dentista.
¿Quiere decir que ya no habrá más presos?, pregunta la hermana del informático.
No, niña, no, que no te enteras, ¡ya no hay referéndum que valga como excusa, ni soberanismo, la farsa terminó en derrota: Rajoy 1- Puigdemont 0!, replica la vecina taxista.
Aún hay partido, queda la segunda parte. Fuentes bien informadas me comunican que el expresidente Puigdemont se ha adelantado a los acontecimientos, es decir, a ese posible “sacrificio” que algunos estaban preparando e iban anunciado en los medios, comenta el politólogo del barrio.
Mi madre le repetía a uno de sus exnovios, uno de esos pesados que pretenden enrollarse de nuevo, que "nunca segundas partes fueron buenas", bromea la hija de la bibliotecaria.
Vale, que no cunda el pánico, recomiendan siempre los bomberos, dice la sobrina de la peluquera.
Recuerden al poeta y sacerdote Jacint Verdaguer, que convirtió en victoria la humillación, persecución y castigo de que fue objeto por parte de las fuerzas vivas de la sociedad, por cambiar de acera en las Ramblas, como dijo él mismo, y ponerse al lado de los pobres y endemoniados (a estos últimos les aplicaba algunos exorcismos liberadores, como hace más o menos mi hermana psicoanalista). Y se defendió mediante una serie de artículos publicados en prensa, vapuleando a sus feroces atacantes, explica la vidente.
En defensa pròpia, se titula el libro, y me queda un ejemplar en la tienda, con el descuento habitual, por si les interesa, apunta la librera del barrio.
La lucha política, cuando se embrutece, es siempre terrible, decía mi abuelo. Provocadora de guerras, persecuciones, traiciones, cárceles, torturas, asesinatos, suicidios (voluntarios o no), y toda clase de conjuras, advierte la nieta del anarquista
Aterrador, sí, aunque después viene la épica y poetiza los combates sangrientos, indica el periodista en paro.
La distancia todo lo suaviza y embellece, y la sangre derramada puede convertirse en un diamante rojo, añade el poeta romántico.
Como Diamante de sangre, aquella película de Leonardo DiCaprio, apunta el humorista del barrio.
¡Pues dicen que en primavera van a quedar todos inhabilitados!, advierte un desconocido.
Basta de noticias y rumores, ¡y marchando un carajillo de “Anís del Mono” contra la gripe y el desánimo!, exclama la dueña del bar.

Hay algunos aplausos.










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