viernes, 10 de noviembre de 2017

LOS TIEMPOS CAMBIAN QUE ES UNA BARBARIDAD

"Los tiempos cambian y progresan que es una barbaridad, pero la cárcel permanece, sigue vigente como fuerza mayor, coercitiva, cuando se pierde la confianza en la fuerza de la razón para convivir, hablar y entenderse, y uno u otro transgreden las normas", lee la hermana del informático en el móvil.
La cárcel como penitencia y castigo, ¿por quién fue inventada?, ¿nadie de ustedes lo sabe?, pregunta la hija de la bibliotecaria.
Un turista mexicano, que bebe un vaso de cerveza y no de tequila, se anima y nos lee un texto publicado en Internet, Sistema Penitenciario Mexicano (de Irma García Andrade): 
El origen de las cárceles se pierde en la noche de los tiempos, pues surgieron cuando el hombre tuvo necesidades de poner a buen recaudo a sus enemigos. Las primeras cárceles fueron cuevas, tumbas, cavernas, etc., lugares inhóspitos a donde se enviaban desterrados a los enemigos del Estado. Ya en la Biblia encontramos mencionados esos lugares. No eran precisamente cárceles en el sentido moderno del término, tal como las conocemos en la actualidad. Eran lugares adaptados para cumplir con la finalidad de separar a todos aquellos que eran considerados peligrosos para la sociedad y el Estado.
¡Vamos,que los tiempos no han cambiado!, señala la nieta del anarquista.
No compares, niña, que ahora todo es más cómodo, casi una residencia de lujo, como indican los reportajes de algunos medios, replica la cuñada del dentista.
Hay pájaros que al ser enjaulados dejan de cantar, apunta el poeta romántico del barrio.
Como algunos que yo me sé, que, luego de cometer un delito, pierden el canto y confiesan que todo era imaginario, virtual, simbólico, sentencia la vecina taxista.
Si se encuentra el cuerpo del delito, no puede ser virtual, añade la vidente, aficionada a leer novelas de Simenon y Agatha Christie.
¿Y si no se encuentra?, ¿y si es sí, pero no?, pregunta el humorista.
En la Unión Soviética y en otros regímenes autoritarios, se convertía la dignidad en indignidad mediante amenazas, interrogatorios,  autocríticas y condenas, comenta el politólogo del barrio.
Otro café descafeinado y copa de ron, marchando, esto sí que está claro y resuelto!, exclama la dueña del bar.













Dibujo de Franz Kafka

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