martes, 7 de diciembre de 2010

ESTADO DE ALARMA EN LAS BIBLIOTECAS














la vanguardia.es
Las bibliotecas implantan fórmulas para evitar problemas por la presencia de indigentes.

Con tanta alarma social y estado de alarma -dice el vagabundo del barrio que es cliente asiduo del bar-, ya no podrá leer el periódico ni ojear algún libro de poesía en las bibliotecas, ni hacer luego la siesta e ir al lavabo. Ahora también problemas de día con las bibliotecas. Ya es complicado visitar por las noches las Cajas y Bancos, encontrar una oficina tranquila en el barrio que haga de Pensión, que no esté muy ocupada y que el ambiente no sea violento..., ahora también las puertas de las bibliotecas se nos cerrarán a los vagabundos, dice.
Si fueran más limpios, y no lo dice por él comenta la hija del panadero, pero es verdad que si un mal olor no los delatara, podrían pasar más desapercibidos y nadie les prohibiría el paso a la biblioteca.
Cama sobrante no tengo, responde el poeta romántico del barrio al vagabundo, pero sí que le traerá mañana un ejemplar de su último libro de poemas, un cuadernillo titulado El hombre que cantaba ópera en la estación de metro, y que publicó hace hoy exactamente veintidós años, nos explica a todos mientras invita al vagabundo a un café con leche desnatada.

















 El suplente del cronista

8 comentarios:

Anónimo dijo...

hay un porcentaje tan alto de bibliofilos, bibliomanos, bibliodependientes, entre los ciudadanos pobres callejeros, y pobres border-callejeros, y entre los guarros, y entre los que viven sin agua caliente ni calefaccion en el w.c. ...,
como hay (ay) en la biblomania un tanto de sindrome de diogenes.

si el problema es el olor, deberían instalar saunas y yakuzzis en las bibliotecas

y zonas de fumadores, y servicio de cafeses,
y reservados donde leerse lineas los amantes

no creo que la bunkerización de las biblios sea para defender a sus usuarios del Enemigo; en la de Historia alegan "hurtos", y recuerdo que hace 26 años que los carteles avisan del riesgo

Bibliotecodependiente, ex-indigente callejero guarro, usuario de w.c. cuando las necesidades llaman.

Ulises dijo...

Los libros, los lectores y los indigentes (antes denominados pobres, o los miserables, decía Victor Hugo en su novela descomunal).
Abiertos los lavabos de los bares sólo a sus clientes, ahora pondrán una tasa en los lavabos públicos de los Mercados (en el Triángulo del Fnac ya existe), y el control de la miseria en las bibliotecas.
Reservado el derecho de admisión en lavabos y urinarios. Allá cada uno con sus necesidades. Siempre nos quedarán las calles, dicen los más atrevidos.

Usuario de bibliotecas y lavabos públicos

Ulises dijo...

Una cosa es la cultura y otra muy distinta las necesidades fisiológicas.

Ensayista

Ulises dijo...

Y luego dirán que los pobres no leen...

Insurrecta (hija de pobres)

Ulises dijo...

Me gusta disfrutar de la paz y los libros de una buena biblioteca, sin malas presencias y olores feos.

Belle de jour

Ulises dijo...

No volveré a poner un pie en las bibliotecas. Prefiero leer el Eclesiastés al aire libre.

Indigente poeta

Anónimo dijo...

Eclesiastés, cap. I

1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.

eclesiastes dijo...

en el Patio de la biblio del Hospital
había mesitas pa leer
compartiamos espacio yonkerio, massaneras, guiris, paseantes, lectores, currelas a la salida del,
- varios con multiple militancia -
en correcta coexistencia,
atendidos por un amable distribuidor de prensa,
k tambien dejaba sus libros

lo han quitado con el frío, recojía firmas;
tampoco debía gustarles que hubiera pobres de esos

antes, quitaron el cesped y pusieron flores con espinas,
valladas
y borraron las viejas pintadas del viejo anarquista que se quedaba ciego;
estaban detras del bar moderno que han puesto.

esforzarse tras el viento, que dijo aquel.