miércoles, 10 de febrero de 2010

LA LITERATURA Y EL MAL
















Sostiene Jean-Paul Sartre que Flaubert era el idiota de la familia, que: "A la edad en que todo el mundo habla, él todavía tiene que imitar a los hablantes", en una especie de raro tartamudeo. Sostiene Sartre que Baudelaire se hacía el perverso con guantes blancos de seda, y que Lautréamont quería asustar a los niños y a los padres como si fuera un sacristán descreído. Sostiene Sartre que el único que realmente "existió en el mal" (adquiriendo "la soberanía del mal", como diría Georges Bataille), fue Jean Genet, quien ya nos advirtió que su obra era su delito, es decir, que iba a corrompernos el alma -y algo más, si nos dejábamos- al embellecer el mal con su poética de piedras preciosas, encantadoramente falsas pero de alta carga poética.
Sin embargo, ya sabemos que Baudelaire, Flaubert, Lautréamont, Genet (también podríamos aquí citar a Rimbaud, Verlaine, Kafka, Oscar Wilde, Proust, Joyce), que todos ellos fueron unos "seductores de la palabra", unos "malditos" e inmensos creadores de la palabra, como Sartre mismo, cuyo estilo también bizqueaba deslumbrado ante los reflejos del bien y el mal.

Se diría que algunos políticos parecen también sacristanes descreídos, que tartamudean en las crisis y se ponen unos guantes finos para no tocar la realidad, bizqueando ante la presencia de los conflictos económicos y sociales, y dando la culpa del mal al vecino. Pero no son creadores de belleza, y cuando lo intentan parecen malos poetas, con o sin experiencia.

El suplente del cronista

4 comentarios:

Ulises dijo...

El mal literario, el mal poético, es menos malo que el mal social, económico, en una palabra, el mal político, que es irreversible. Además, el mal literario, es decir, la literatura que está a favor del mal, la poesía endemoniada, maldita, autodestructiva y destructora, está revestida de belleza, de resentimiento embellecido por la palabra escrita. La política, no.

El malvado inocente

Ulises dijo...

Me quedo con Rimbaud.

Lectora adolescente

Ulises dijo...

Ayer estuve con Baudelaire, y me trató mejor que mis padres (que pertenecen a un partido político cuyo nombre no recuerdo).

Hija de militantes

Ulises dijo...

Dicen que Genet dejó de escribir cuando leyó el prólogo (casi unas mil páginas)que Sartre escribió para su obra. Aquello no era un prólogo, sino un ensayo descomunal, donde desmenuzaba la obra y el alma de Genet. Brutal.

Uno que estuvo seducido por el mal