sábado, 7 de noviembre de 2009

DE PIRATAS Y CORSARIOS, I

Bermúdez Yagüe, El niño pirata (Ed. Prigón, 1949)












Los muchachos senegaleses que trapichean por el barrio (y algunos se emborrachan con la ginebra que compran en el supermercado) cuentan y no paran sobre las aventuras de los piratas somalíes, los "Piratas del Índico". Los muchachos senegaleses que trapichean en el barrio admiran a los somalíes que trapichean en el mar: Nunca, dicen, se había logrado mantener en jaque, durante más de un mes, a un país de Occidente, a todo un gobierno y a todo un juez de un Estado, de una Potencia -(al decir "Potencia", beben otro trago de ginebra, dicen que ellos también son menores de edad, como los piratas somalíes, y se ríen).
Los que son del barrio de toda la vida, hacen una mueca, justifican la broma por la ginebra consumida, o bien hacen oídos sordos a los piratas que trapichean en el barrio, emulando a los que trapichean en el mar.

Hay un vecino, el más erudito, que nos advierte que no es lo mismo "pirata" que "corsario". En la antiguedad, los piratas iban por libre surcando los mares, mientras que los corsarios estaban al servicio de la corona, a la que rendían respeto y tributaban una buena parte de lo robado y secuestrado. Es decir, los corsarios eran lo que se dice unos ladrones que pagaban una comisión a la corona por permitirles seguir robando; a diferencia de los piratas, que no rendían cuentas a nadie.
Y añade que cualquier parecido con la realidad actual, con los tiempos modernos, es pura coincidencia, como en las películas o novelas de espías.

El suplente del cronista

1 comentario:

Ulises dijo...

Ojalá fuera todo como una película auténtica de piratas y corsarios. Los piratas y corsarios del siglo XXI son mucho más peligrosos, y no hablemos ya de los piratas y corsarios que han sido educados en las buenas maneras burguesas..., para ser mejores piratas aún!

El corsario de la princesa