miércoles, 2 de septiembre de 2009

18 % Y PICO, & SEXO DE PAGO EN LA BOQUERÍA, & MASAJISTAS CHINOS EN LA PLAYA, I


Hasta ayer mismo el 18 % de la población activa, en paro, tenía derecho al servicio económico de los masajes chinos en las playas españolas. Pero desde ayer, al menos en las playas de Barcelona y el Maresme, estará penalizado tanto el hecho de recibir masajes los bañistas (multa de 180 euros), como ejercer de masajista en la playa por parte del personal chino, acusado de intrusismo profesional (constituye "delito de masaje", penado con multa y posible expulsión del país de acogida). Sin reconocer, por otra parte, que son los chinos quienes más saben de masaje coporal por tradición familiar y cultural, digan lo que digan las asociaciones de masajistas occidentales que han aprendido del Lejano Oriente.

En cuanto al sexo de pago, para turistas y nacionales, ofrecido por las noches entre los soportales del mercado de la Boquería, de Barcelona, y a la venta de drogas en plena calle:
"Se trata siempre de la misma serie interminable de la vida cotidiana a la que ya estamos acostumbrados en el barrio, y que siempre vuelven a reponerla con éxito en verano, para olvidarla el resto del año (véanse, si no, fotografías en el diario "El País" ayer, y otras de parecidas en el diario "La Vanguardia" el verano pasado)", nos comentan algunos vecinos del barrio, que viven estas cosas desde la más tierna infancia.

El suplente del cronista

4 comentarios:

Ulises dijo...

Siempre ha habido una "vida dura" en los barrios bajos de Barcelona. Pero todo se hacía con más "educación", dentro de lo posible. Y no es verdad que esta problemática del Raval no se pueda resolver con una buena reglamentación cívica. Anque Juan Goytisolo -a propósito de Jean Genet y el Raval-, diga que esta problemática (sexo, drogas, delincuencia, etc.) forma parte de la naturaleza del barrio, y que debemos conformarnos. Se nota que Juan Goytisolo ha sido solamente un "paseante" del Barriochino, haciendo "poses" a lo Jean Genet, que sí que lo vivió como mendigo y homosexual.

Un vecino del barrio

Ulises dijo...

Si ciertos políticos e intelectuales no fueran de "casa y educación pijas", y conocieran la realidad de las calles de Barcelona y de otras ciudades, a lo mejor podríamos vivir con menos miseria humana alrededor. Desde los "barrios altos" se ven de otra manera las cosas de los "barrios bajos". Falla la perspectiva y el conocimiento directo, y sobra exotismo, demagogia folklórica.

Un kioskero

Ulises dijo...

No sólo es un problema de "pijería" barcelonesa, que se ha cebado con los "falsos encantos" del Barriochino (e incluso algunos han hecho su buen negocio con las supuestas "perversiones" del barrio). Les puedo decir que yo tenía un amigo que vivía en la calle Robadors, y su madre no era una puta. Y mi padre (vivíamos en la calle San Jerónimo) trabajaba en La Maquinista. No éramos delincuentes ni borrachos ni travestis, es decir, no éramos sujetos típicos, exóticos, del Barriochino pervertido, para el consumo de la pijería nacional y del turismo extranjero.

Un exvecino

Nadal dijo...

Yo también tengo un amigo.
Tengo un amigo que diré que se llama Juan, por decir algo y que vive en el Raval, no diré donde pero sí que su familia siempre vivió aquí.
Sé, porque me lo contó, que tuvo un hermano, ya fallecido, que fue un famoso delincuente. Su padre, ahora un anciano pacifico y achacoso, no tuvo la fama de su hijo pero la guerra que dió no fue poca. De su madre, en paz descanse, no lo sabe seguro pero cree que cuando su padre "veraneaba" en la calle Entenza, hacer la calle le permitía mantener la familia. Juan no es un delincuente, más por dejadez que por convicción moral, se dedica a hacer trabajos "no cualificados" y con esto y la miserable pensión de su padre va tirando y si se queda corto, vende un poco de chocolate a sus amigos.
A mi amigo Juan le he mostrado este debate de la Pensión Ulises sobre su barrio. Lo ha leido con dificultad y de una primera lectura me ha dicho que no entendía casi nada y me ha preguntado por Jean Genet y Juan Goytisolo. Pero antes de que pudiera aclararle algo, me ha pedido que le dejara volver a leerlo, y con el ceño fruncido, se ha puesto a releer minuciosamente el debate. Cuando ha terminado me ha mirado fijamente, y enfadado y dolido, me ha dicho:
"¿Pero que quieren estos pijos?,
¿nos quieren echar del barrio?."