miércoles, 3 de junio de 2009

UNA VENTANA PARA LA CRISIS

Josef Sudek, La ventana de mi taller (1944)





















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NO NOS LO PODEMOS PERMITIR

Ayer, sobre las siete de la tarde, entró en la tienda un hombre que amablemente me ofreció su currículum, al tiempo que me informaba de su condición de carpintero en paro y me ofrecía sus servicios para lo que pudiera interesarme. No le pude dar muchas esperanzas, aunque le prometí tenerle en cuenta. Hablamos sobre los malos tiempos que corrían y sobre las causas de tal desastre; él mencionó los indícios de que se podía estar produciendo una recuperación; yo le replique sus argumentos y apunté que las cosas aún se podían poner peor; él ignorando mis argumentos y con tenacidad, siguió defendiendo una pronta mejora de la situación.


Entonces me di cuenta de algo que me hizo subir la sangre a la cabeza y me dejó el corazón oprimido: el hombre era de edad madura y le faltarían aún unos cinco años para la jubilación, y, si las cosas no mejoraban, su situación sería muy difícil, tanto que no se lo quería ni imaginar. No podía admitir que los ricos, los políticos, las honorables organizaciones internacionales eran los culpables de esta crisis y, ellos mismos, los que sin ninguna enmienda la estaban administrando, porque entonces "su futuro no tendría solución y esto no podía ser".

Con torpeza le di la razón y nos animamos mutuamente porque, con coraje, pronto las cosas se pondrían mejor. Nos despedimos y le volví a prometer que si le necesitaba le llamaría.
Ayer por la tarde, después de que se fuera aquel hombre, cuyo nombre ya no recuerdo y cuyo currículum ya no es más que una bola de papel en el fondo de la papelera, comprendí que no nos lo podemos permitir, no nos podemos permitir cuestionar al poder establecido, no nos podemos permitir dudar de sus medidas, no nos podemos permitir...


Luis Nadal
Sitges, 2-6-2009

5 comentarios:

Ulises dijo...

Menos mal que aún nos queda el corresponsal de Sitges, con un fondo de esperanza en medio de la tormenta.
Esperanza que compartiría
si el sistema político se regenerara;
si los políticos pensaran y actuaran en beneficio de todos los ciudadanos;
si dejaran de pensar exclusivamente en el beneficio de sus respectivos partidos en las próximas elecciones, que tanto abundan;
si la política no la hubieran convertido en un simple juego deportivo, donde lo que sólo importa es vencer al contrario, no el beneficio y bienestar de todos;
si los partidos políticos sufrieran una regeneración moral y la vocación política fuera una vocación de servicio general, y se dejaran de guerras absurdas y componendas partidistas.
En fin, tengo la esperanza utópica de que nazcan "otros" políticos que cumplan con su "palabra", la "palabra" votada, y que lo hagan con auténtica moral política, democrática, y vocación particular y universal de servir. Una utopía, sí.

at

cacho de pan dijo...

A no preocuparse, señores, que nuestro poético presidente ya ve llegar los brotes tiernos de la esperanza; verde, como ya se sabe.

Nadal dijo...

LAMENTO HABERME EXPRESADO MAL:
Cuando digo que "no nos lo podemos
permitir", no es para dar un voto de confianza al poder establecido, es por impotencia, es porque ya "ni" nos podemos permitir el juego democratico de la oposición, sin
asumir el trágico destino que se nos impone.
No somos héroes y en nuestra debilidad nos aferramos neciamente a cualquier esperanza. Miramos a nuestro alrededor, la familia, los amigos, los vecinos...
y no nos podemos permitir..., ni siquiera nos podemos permitir...

Nadal dijo...

PIDO DISCULPAS.
Porque no me lo podía permitir y lo he hecho y con el anterior comentario lo he reafirmado.
Como no soy un héroe, parecería que soy masoquista, pero simplemente soy un hombre abrumado por las cirscunstancias que intenta compartir sus temores y sentirse acompañado, usando la palabra.
Los Hados nos son nefastos, pero los antiguos sabían que Fortuna es caprichosa, negar toda esperanza
sería de necios.

Ulises dijo...

Ha quedado claro, Luis Nadal, que nos estás hablando de una esperanza relativa, de una esperanza poco esperanzada (y no es redundancia). Herbert Marcuse, al final de su libro "El hombre unidimensional", citaba una frase que si no recuerdo mal era de Walter Benjamin: "Gracias a los hombres sin esperanza nos es dada la esperanza". Una frase crítica, sabia y muy oportuna en este momento histórico de confusión económica, política, con unos líderes que sólo se cuidan de su imagen electoral y de vencer, no a la crisis, no a la miseria y a la ignorancia, sino al partido contrario. Viscosa endogamia, siempre pensando en el enemigo a batir, simpre intentando destruir al que les mueva la silla del poder, y así por los siglos de los siglos (esperemos que nuevas generaciones digan "basta" a esta competición inútil de "intereses creados", a esta repugnante antropofagia política que todo lo corrompe).

at