lunes, 30 de marzo de 2009

CUENTO DE BARRIO

Massimo Campigli, En el balcón






















PANORAMA DESDE EL BALCÓN

Dicen, que medio mundo critica al otro medio; y qué verdad es. Aquí no se salva nadie, Por ejemplo, el otro día me comentaron que por ahí andan chismorreando sobre mi forma de vida; que si frívola, que si ligera de cascos por dar las llaves de mi piso a un desconocido..., cada día oigo uno de nuevo, pero como comprenderán, a estas alturas, estoy curada de espantos. No pretendo ni deseo agradar a “ambos mundos” (casualmente en Barcelona, en la plaza Real tan citada en este blog, hay un restaurante que se llama así, “Ambos mundos”).

En realidad, hoy, más que hablar de mí, les quería explicar la vida de mi “inquilino particular”, el vecino de los” pies y alas”, alado, que sube y baja de mi piso como “Pedro por su casa”, y no lo hago por excusarme de haber tomado tal decisión. No, pues creo que es una vida bastante interesante, la de este señor, para ser contada. En el barrio es conocido como el ”Pintor”. Todos creíamos al principio que se trataba de un pintor de brocha gorda, de esos que pintan paredes. Pues no. Se trata de un pintor de verdad, pinta cuadros, lo que se llama un “Artista Pintor”, de cierto prestigio tiempo atrás, y que un día, por razones que nunca hasta ahora nos ha explicado, lo dejó todo, fama, dinero y trabajo. Y se vino a vivir al barrio, desengañado, suponemos.

Un día, de pronto, apareció por el bar “Buenos Días”, convirtiéndose en un habitual del lugar, pero algo distinto a los demás parroquianos. Su forma de vestir, de mirar, y siempre llevaba un libro en el bolsillo de la americana..., pequeños detalles que lo hacían diferente a los demás. No solía hablar con nadie, pero a todo el mundo saludaba, se le veía educado. Cuando conoció al farmacéutico, ambos simpatizaron enseguida. Empezaron a compartir mesa, el farmacéutico solía invitarle a un café, a una copa, y poco a poco fue surgiendo una amistad entre ellos. Comenzaron a mantener, y aún mantienen, grandes charlas filosóficas "de bar", a veces subidas de tono, pues el farmacéutico tiene la voz ronca y es algo sordo. Y así fue como el farmacéutico, una tarde, le propuso al Pintor si quería ser su bibliotecario particular, es decir, que le organizase y catalogase su biblioteca, ya que él estaba muy ocupado en su farmacia. En realidad, era una manera de ofrecerle al Pintor la posibilidad de disponer de un trabajo que le aportase algún dinero para sus necesidades.

Los de la Pensión Ulises, advertidos por el farmacéutico, le alquilaron una habitación por un módico precio, en el primer piso. En realidad, los administradores de la Pensión Ulises le comentaron que se sentirían pagados si pintaba un mural en la entrada o en el pasillo principal de la Pensión; por ejemplo, una alegoría de la Odisea, a ser posible.


El dueño del bar “Buenos Días" también contribuyó asegurándole al Pintor las tres comidas del día, a cambio de pintar en las vidrieras del bar alguno de los platos, alguna de las especialidades de la casa, como la tortilla de calabacín.
Como podrán comprobar, mi decisión tampoco fue tan alocada, pues cuando acepté que subiera a mi casa, ya venía avalado por esas cuatro personas del barrio a las cuales tengo en gran estima, el farmacéutico, el dueño del bar y los de la Pensión. Qué bien hice, qué sublime decisión la mía, al entregarle las llaves de casa. Tengo que decirles que el Pintor, a la semana de subir a mi piso, ya parecía otra persona, le cambió el rostro, se le veía más jovial, dicharachero, yo diría que hasta mas feliz. Un día me confesó que las vistas desde mi balcón le habían inspirado mucho, le habían ensanchado la mirada, le habían retornado a la vida y quería de nuevo volver a sus cuadros. A pintar de verdad.

Mi casa se ha convertido en una auténtica galería de arte, tengo naturalezas muertas y vivas por todas partes. Figuras sentadas de pie. Jarros con flores, sin flores. Paisaje nocturnos y diurnos. Un sinfín de colores envuelven mi casa . Y es que me ha dicho el Pintor que un antiguo galerista (yo creo que el farmacéutico está detrás de todo esto) le ha propuesto volver a exponer, y ahora está inmerso totalmente en su trabajo, día y noche. Es más, para comodidad de ambos hemos decidido que se instale “a todo estar” en mi casa. Así no me despertará al amanecer, cuando la luz que da en mi balcón a esas horas es perfecta para pintar, dice él, su cuadro Panorama desde el puente.
Menos mal que, como mujer previsora que soy, tengo un sofá-cama para las visitas, y así cada uno con sus sábanas.

Muñequita Linda



5 comentarios:

Ulises dijo...

He leído la última aventura de Muñequita Linda, y debo decir que, aun pareciéndome interesante, creo que las aventuras de su vida son "un cuento demasiado largo" para el espacio de un blog. No se trata de censurar sus aventuras, sino de pedirle más precisión y brevedad en los "cuentos" de su vida peculiar (por no decir, estrafalaria). No sé qué opinarán los otros "pensionistas".
Gracias, de todos modos, por su colaboración, por dedicarnos su tiempo "narrativo".

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Nadal dijo...

Se me ha ocurrido que Muñequita Linda
está como tirando del hilo de Ariadna
Tal vez un día nos sacará del laberinto o tal vez nos quedaremos encerrados para siempre,perdidos por quebrados pasadizos.
Yo voy echando miguitas de pan...
a algún lugar llegaremos...mientras no vayamos dando vueltas por el mismo recorrido,a algún lugar llegaremos.

Urko Ugarte dijo...

nº 3 de la revista de arte y literatura Como un ángel sentado en manos de un barbero.

Ulises dijo...

Sí, como dice Luis Nadal, dejemos que Muñequita Linda vaya tirando del hilo de su barrio, y quizá un día lleguemos a salir del laberinto. Con todo, estaría bien que el hilo del discurso de sus aventuras fuera más breve, como aconsejaría Baltasar Gracián.

Nadal dijo...
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