sábado, 24 de enero de 2009

LO QUE NOS FALTABA

Fotografía: Suárez, La Plaza Real



















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Leo la nota del pensionista que firma con el seudónimo Un Poeta dubitativo de la Plaza Real, y me digo, lo que nos faltaba por ver u oir: ahora resultará que los poetas, que se cuidan al máximo de la elección de sus palabras, de la pureza de la palabra, de lo esencial en el decir, ahora resultará, digo, que los poetas escriben peor que los prosistas. Un poeta no tiene por qué examinarse delante de un prosista, sino más bien todo lo contrario. Ojalá un novelista o un autor de cuentos tuviera el poder mágico de la palabra, ese poder taumatúrgico que sólo tiene el decir poético, la palabra mistérica de la poesía.

En un poema cabe más conocimiento, más intuición cognoscitiva, más gnosis iluminadora que en una novela de doscientas a quinientas páginas, muchas de las cuales no son sino paja seca y requemada. Por mucho que intenten imitar en vano a Robert Walser, a Juan Rulfo o a Borges, siempre caen en la verborrea imparable de los novelistas decimonónicos, repitiendo una y otra vez lo que ya estaba dicho, mal que bien, en las primeras diez páginas (y soy condescendiente y benévola).

En los poetas no se dan esos casos, y cuando por descuido y apasionamiento se dan, raro es el poeta contemporáneo que escribe largos poemas de doscientas a quinientas páginas (bueno, mejor no dar ideas y vayan a caer también en la verborrea de los prosistas).

Una defensora de la poesía

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