domingo, 30 de noviembre de 2008

EL GABINETE DEL DR. CALIGARI

James Joyce, Ulises










Apollinaire, Caligrama


YouTube - John Lee Hooker and Bonnie Raitt play "I'm In The Mood"




Dr. Caligari


- Bob Dylan- "Three Angels"-MIRANDO A LOS TRAPECISTAS

Balthus, Mujer joven en un parque










YouTube - Bob Dylan "Three Angels"





Tres ángeles por encima de la calle,
cada uno tocando una trompeta,
vestidos con túnicas verdes y con alas prominentes,
llevan allí desde la mañana de Navidad.
El tipo más lanzado de Montana pasa como una exhalación,
luego una mujer con un brillante vestido color naranja,
una furgoneta de alquiler, un camión sin ruedas,
el autobús de la Décima Avenida rumbo al oeste.
Los perros y los pichones alzan el vuelo y revolotean,
un hombre con una placa pasa dando saltitos,
tres compañeros que se arrastran de vuelta a su trabajo,
nadie se detiene a preguntar por qué.
El camión del pan se para frente a la valla
donde los ángeles permanecen sobre sus pértigas,
el conductor mira con disimulo tratando de encontrar un rostro
en este mundo de hormigón lleno de almas.
Los ángeles tocan sus trompetas todo el día,
toda la tierra en marcha parece pasar de largo.
Pero, ¿escucha alguien la música que tocan?
¿Lo intenta alguien siquiera?

Bob Dylan, Tres ángeles
(trad. Carlos Álvarez, Canciones/2, Espiral/Ed. Fundamentos, Madrid, 1985)


Un fan sin blog

sábado, 29 de noviembre de 2008

SIGLO XX-ESTADÍSTICAS-SIGLO XXI-REALIDAD VIRTUAL-15 MILLONES DE NIÑOS MUEREN DE SIDA ANUALMENTE Y MILLONES...

Francis Bacon, Figura con carne













Arcimboldo, El jurista




En la oscuridad de la sala se refrescaba la memoria y sucumbía a sus sueños de antaño. Juntamente con la idea del amor romántico, otro concepto se le reveló: el de la belleza física. Ambas ideas eran probablemente las más destructivas de la historia del pensamiento humano. Ambas nacían de la envidia, medraban en la inseguridad y terminaban en la desilusión. Equiparando belleza física con virtud, Pauline desgarró su mente, la trabó, y recogió a montones el desprecio hacia sí misma.

Toni Morrison, Ojos azules
(trad. Jordi Gubern, Ediciones B, Barcelona, 1998)

TRES POESÍAS
1
Ya no me queda nada por decir.
Todo lo que tenía que decir
ha sido dicho no sé cuántas veces.

2
He preguntado no sé cuántas veces
pero nadie contesta mis preguntas.
Es absolutamente necesario
que el abismo responda de una vez
porque ya va quedando poco tiempo.

3
Sólo una cosa es clara:
que la carne se llena de gusanos.

Nicanor Parra, Antipoemas
(Ed. Seix Barral, Barcelona, 1972)

Un enemic del poble

viernes, 28 de noviembre de 2008

ATRAVESANDO EL CICLO MÁGICO DE JUAN-EDUARDO CIRLOT

Joan Ponç, (Dau al set, 1951)








Artículo de J.E. Cirlot en el "Correo de las Artes"( nº. 10, 1958)














Cardona Torrandell, Los amantes




CICLO DE BRONWYN, III
(Fragmento)

Y en realidad, esos pasos que se oyen, esa voz que resuena, esa actividad que se cumple, no son los de un ser terreno. Pero no hay que temer; casi nunca ese extranjero sabe que lo es. Y cuando lo sabe, no tiene ningún medio a su disposición para comunicarlo verdadera y efectivamente.

La olas sin espuma viniendo lentamente
desde la eternidad repitiendo sin ruido
lo nunca.

¿Son de formas distintas? ¿Qué son formas?
¿Son las revelaciones de otra imagen?

Un cielo se separa de este cielo:
las voces de unos ojos que vienen de lo gris.

*
DEBAJO DE ESTA TIERRA.

*
La torre con dos labios.
Tu cuerpo destrozado por las hojas aún verdes.
Y son tantas las piedras.

*
Son tantas las estrellas que nadie las oiría
entre las llamas negras que defienden la noche,
cuando todo son manos que buscan por el mar
las ramas de tu nombre.

*
Las ramas azuladas que propagan lo no.

¿Son los miembros humanos el centro de este mundo?
¿Lo son todo, acaso?

*
Hablaba de tu cuerpo de dedos y de manos
o tocaba en tu frente los milenios de luz.
Y las rosas se abrían dividiendo despacio
la nieve desolada del abismo marino.

Las almas son aún un polvo más oscuro,
una luz más violeta
en el dolmen doliente al que me abrazo.

*
“Los árboles descienden, ¿no los ves?”

Siempre estoy como echado en el musgo más húmedo,
como calladamente preguntando a la tierra;
como si hubiera sido después de que la sombra
me arrebató de un mundo en que no existes.

*
He podido escarbar bajo la hierba
y tocar las heridas, las hierbas de tu nombre.
Y he sollozado muerto por los campos marinos
bajo las aves blancas de la nada desnuda.

*
Oigo los movimientos de los entrelazados,
el avance tan lento con que las espirales
alumbran su condena de tan sólo estar siempre
intentando elevarse contra la altura inútil.

*
A veces, son las cruces
que vacilan, se agrietan.
O repiten los nombres grabados en las losas,
en las heladas losas verdes ya tan pálidas.

*
Si puedes,
mira cómo me envuelvo con los cabellos blancos de mi espíritu
contra el yerto alfabeto que recita tu nombre,
Bronwyn.


*
ASPIRACIÓN AL OTRO CIELO.


Juan-Eduardo Cirlot, Poesía, 1966-1972
(Ed. Nacional, Madrid, 1974)



AT



jueves, 27 de noviembre de 2008

UNA MODESTA PROPOSICIÓN PARA COCINAR EPÍGONOS

Picasso, La cacerola esmaltada














UN NUEVO VERBO

JAC escribe en su comentario del 15 de noviembre 2008 que la noción de vanguardia implica la idea de experimentación permanente para crear lo nuevo (“ el arte y la literatura nunca visto o leído”) pero también advierte que esa idea puede crear un arte “epigonal”, es decir un arte hecho por epígonos.

La palabra epígono deriva del griego que significa “nacido después” y que en latín pasa a epigonus que significa “sucesor”. Nuestra RAE dirá en su 23ª edición: “Persona que sigue las huellas de otra, especialmente el que sigue una escuela o un estilo de una generación anterior” (en la 22ª edición decía “Hombre que...”). Supongo que no es nombre epiceno y a la mujer que siga las huellas de otro u otra se la puede llamar “epígona”. En catalán “epígon” según el diccionario del IEC en su 2ª acepción es: “Seguidor o imitador d’un autor o d’un estil d’una generació anterior”, en su 3ª acepción: “Descendent, persona nascuda més tard, d’una generació més jove” y la 1ª es referencia a los “epigoni” de los siete contra Tebas de Esquilo. En alemán se usa habitualmente como “discípulo” o “seguidor” (por ejemplo el libro de Otto Liebmann “Kant und die Epogonen” que anuncia hacia 1865 el neo-kantismo al grito de: Zurück nach Kant! ) y los ingleses agrega además, un significado derogatorio de mal imitador (inferior imitator) que el Oxford Dictionary define como “a less distinguished follower or imitator” (un seguidor o imitador menos distinguido). El inglés también tiene forma adjetival (epigonic) y sustantivo (epigonism). Shakespeare no utiliza el vocablo en ninguna de sus obras.

En resumen, a pesar de la refinada definición de la RAE, creo que la palabra “epígono” en el sentido usado por JAC, no es un verdadero elogio sino una palabra con cierta ambigüedad y por lo tanto útil para la discusión.

Debido a esas cualidades propongo aquí crear un verbo nuevo que represente la acción de ser epígono y que denote una cierta manera de escribir o de crear y un estilo creador especial que se apoya en la imitación o el seguimiento de un personaje admirado o envidiado.
El nuevo verbo podría ser EPIGONEAR (o EPIGONIZAR) y en el presente sonaría así:


Primera posibilidad- Segunda posibilidad

Yo epigoneo -Yo epigonizo
Tu epigoneas -Tu epigonizas
Él epigonea- Él epigoniza
Nosotros epigoneamos -Nosotros epigonizamos
Vosotros epigoneais -Vosotros epigonizais
Ellos epigonean -Ellos epigonizan


El gerundio - esa forma verbal tan importante - sería epigoneando o epigonizando.
Yo me inclino más por la primera posibilidad (epigonear) pero ofrezco a los pensionistas la posibilidad de un referéndum para determinar cual de las dos opciones del nuevo verbo les parece más aceptable. Lingüísticamente las dos son viables.

Puedo imaginar que en discusiones futuras este verbo podría ser útil para comentar situaciones tales como que recientemente el escritor A ha comenzado a epigonear con entusiasmo y frecuencia al escritor B, que a su vez es el ídolo del escritor C (enemigo acérrimo del escritor A) y epigoneador activo del escritor D, especialmente desde que entró en la Academia.

Y aquí concluyo, parafraseando al Sr. Jonathan Swift y ofreciendo esta “modesta propuesta” a la atención de los pensionistas.


OS

SENDEROS POÉTICOS

Fotografía: Heidegger en su cabaña





Ràfols-Casamada, Saudade





EL POEMA

El gato
se encaramó
en un remate

de la alacena y
primero la pata
delantera derecha

cautelosamente
después el trasero
desapareció

en el abismo
de la vacía
maceta

William Carlos Williams
(trad. Octavio Paz, Veinte poemas, Ed. Era, México, 1973)

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(1)
El camino y la medida,
el sendero y la canción
se encuentran en la misma vía.

Camina soportando
el fracaso y la cuestión,
por la única senda que es tuya.

(2)
Cuando la temprana luz de la mañana crece en silencio sobre los montes...

El oscurecimiento del mundo jamás alcanza la luz del Ser.

Venimos demasiado tarde para los dioses y demasiado pronto para el Ser. El poema que éste ha iniciado es el hombre.

Ponerse en camino hacia una estrella, nada más.

Pensar es ceñirse a un único pensamiento, que un día se mantendrá como una estrella en el cielo del mundo.

(11)

Cuando los rayos del sol de la tarde, entremetiéndose por algún resquicio en el bosque, circundan de oro los troncos...

Los troncos vecinos de la poesía son el canto y el pensamiento.

Los tres brotan del Ser y se elevan en su verdad.

Su relación nos da a pensar aquello que Hölderlin canta de los árboles del bosque:

Y quedan sin conocerse el uno al otro
los troncos vecinos
el tiempo que están en pie.

Martin Heidegger , Desde la experiencia del pensamiento
(tra. Joan B. Llinares, Ed. Península, Barcelona, 1986)

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Ten en cuenta:

I. Que el mundo entero es materia para la poesía;
II. Que no existe ninguna materia específicamente poética.

El exquisito entorno del hecho. El poema final será el poema del hecho en el idioma de los hechos. Pero será el poema del hecho nunca antes realizado.

¿Cómo ha logrado el espíritu humano sobrevivir a la espantosa literatura con la cual ha tenido que competir?

Para cualquier originalidad es preciso tener el valor de ser un
amateur.

La lectura de un poema debería ser una experiencia. Tanto más debería serlo su escritura.

Un poema no necesita tener significado y, como la mayoría de las cosas de la naturaleza, a menudo no lo tiene.

La visión poética de la vida es más amplia que cualquiera de sus poemas (algo más amplio que cualquier poema); y reconocerlo es el comienzo del reconocimiento del espíritu poético.

Wallace Stevens, Adagia (Proverbios)
(trad. Marcelo Cohen, Ed. Península, Barcelona, 1987)

El Antólogo Ermitaño












miércoles, 26 de noviembre de 2008

- Janis Joplin -Me and Bobby Mc Gee


YouTube - Janis Joplin Me and Bobby Mc Gee

IMPUESTOS SOBRE LA MUERTE

Josef Lada, Ilustración de "Relatos de Bugulma"






El escritor checo Jaroslav Hasek,autor de los "Relatos de Bugulma","Las aventuras del buen soldado Svejk", etc.,hizo la siguiente propuesta de creación de impuestos para aumentar las finanzas de la monarquía austrohúngara





Un inspector de alcantarillas


lunes, 24 de noviembre de 2008

BREVEDADES A PROPÓSITO DE ROBERT WALSER

Robert Walser en uno de sus paseos diarios (Fot. C. Seelig)


Miquel Barceló



















Rosa Mª. Anguera, Ombres



Uno diría que Walser se consume mientras escribe. Esto requiere una explicación. Y al buscarla nos encontramos con una característica muy suiza de este escritor: la vergüenza. Se cuenta la siguiente historia de Arnold Böcklin, su hijo Carlo y Gottfried Keller: un día estaban setados en el hostal, como de costumbre. Su tertulia era ya conocida de hacía tiempo por el talante lacónico y hermético de sus integrantes. También esta vez los tres permanecían en silencio. Entonces, al cabo de mucho rato, el joven Böcklin hizo una observación: "Hace mucha calor". Transcurrido un cuato de hora, dijo su padre: "Y sin viento". Por su parte, Keller esperó otro rato; después, se levantó exclamando: "No quiero beber entre charlatanes". La vergüenza campesina de hablar, fijada aquí en una ocurrencia excéntrica, es propia de Walser.

(...)

"Me horroriza la idea de que yo pudiera tener éxito en la vida", dice Walser parafraseando el monólogo de Franz Moor (personaje de Schiller). Todos sus héroes participan de este horror. ¿Por qué? No por aversión al mundo, por resentimiento moral o patetismo, sino por razones puramente epicúreas. Quieren gozar de sí mismos, y poseen una rara habilidad para conseguirlo. También poseen una nobleza extraordinaria (...). Esta nobleza infantil de los personajes de Walser se asemeja a la de los cuentos, donde los personajes emergen también de la noche y de la locura, del mito(...). Pero Walser comienza donde los cuentos finalizan. "Y si no están muertos, todavía hoy viven". Walser muestra cómo viven.

Walter Benjamin, Robert Walser

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CARL SEELIG PASEANDO Y HABLANDO CON ROBERT WALSER, EN UNA DE SUS VISITAS AL SANATORIO, DONDE EL ESCRITOR ESTUVO RECLUIDO HASTA SU MUERTE EN LA NIEVE

-¿Y no le gustaría a usted ir a Turquía?

-¿No, merci! A uno también le pueden suceder las mismas cosas que a un turco en otros lugares, incluso quizá más que en Turquía. No quiero ir a ninguna parte. ¿Para qué necesitan viajar los escritores mientras dispongan de imaginación?

Añado, como de pasada:

-Encontré ese punto de vista en uno de sus libros, en que dice: "¿Acaso la naturaleza viaja al extranjero? Contemplo los árboles y me digo que si ellos no se van, ¿por que no he de poder yo quedarme también?"

Y Robert dice:

-Sí, el viaje sólo es importante en sí mismo.

(Hay una trad. al castellano, de Carlos Fortea, de este documento de Carl Seeling, Paseos con Robert Walser, Ed. Siruela, Madrid, 2000)


Un bibliotecario en paro

Recordando a Roy Orbison, el tenor del rock, según Bob Dylan

Tamara de Lempicka, El bugatti

YouTube - Roy Orbison - A Love So Beautiful


















Un fan sin blog

¿LA POESÍA A REMOLQUE DE LA PROSA?















Picasso, Retrato de Jaume Sabartés



Digamos, por amor al argumento, que después de la depresión de la Edad Media, la prosa recobró conciencia con Maquiavelo; admitamos que ciertos tipos de prosa habían ya existido, en verdad todos los tipos de prosa habían existido. Herodoto escribió historia que es literatura. Tucídides era un periodista. (Es una locura moderna el suponer que la vulgaridad, la vileza, tienen el mérito de la novedad: han existido en todo tiempo y no tienen interés por sí mismas).

Ha habido ampulosidad, elocuencia oratoria, discurso legal, frases bien equilibradas, efectos ciceronianos; Petronio había escrito una sátira romana, Longus había escrito una delicada novela.

La prosa del Renacimiento nos deja a Rabelais, Brantôme, Montaigne. Un especialista apasionado podría extraer algunos pasajes interesantes, incluso magníficos, de Pico de la Mirandola, de los místicos de la Edad Media, de los escolásticos, de los platónicos. Pero no tendrá la menor utilidad para el que intenta aprender el arte de una “renovación de la lengua”.

Me refiero a que, desde el comienzo de la literatura hasta 1750, la poesía ha sido el arte superior, y como tal ha sido considerada; y cuando se leen obras compuestas antes de esta fecha, se comprueba que el número de obras interesantes en verso es al menos igual al de obras en prosa que han permanecido legibles; y es la poesía la que contiene la quintaesencia. Cuando deseamos saber cómo eran las personas antes de 1750, cuando queremos saber si eran de sangre y hueso, como nosotros, recurrimos a la poesía de su tiempo.

Pero como ya he dicho, se impuso la “fioritura”. Y un buen día, el señor Stendhal, sin pensar en Homero, Villon o Catulo, pero con un agudo sentido de la actualidad, se dio cuenta de que la poesía, “La poésie” –tal como la escribían en aquel momento sus compatriotas, o tal como se la lanzaba desde el escenario-, era un aburrimiento mortal. Y decretó que la poesía, con sus pelucas, sus pantorrillas falsas, sus peplos, su énfasis “a lo Luis XIV", era decididamente inferior a la prosa, como instrumento destinado a transmitir una idea clara de los diversos estados de nuestra conciencia (“les mouvements du coeur”).

Y a partir de entonces, el serio arte de escribir pasó a la prosa, y, durante algún tiempo, los desarrollos de la lengua, como medio de expresión, fueron los de la prosa. Y una persona no puede entender claramente o juzgar certeramente el valor del verso, del verso moderno, de cualquier verso, a menos que comprenda esto.

Ezra Pound, Para un método
(Introducción a Ezra Pound,
trad. Carmen R. de Velasco y Jaime Ferrán, Barral Ed., Barcelona, 1973).

Estos argumentos los desarrollará Ezra Pound -en esquemas más didácticos pero siempre heterodoxos- en su manual "El ABC de la lectura".
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Recuerdo yo una época en que una cuestión de lengua poética estaba también en el aire, cuando Ezra Pound proclamó que “la poesía ha de estar tan bien escrita como la prosa”, y él y sus compañeros fuimos calificados de “bolcheviques literarios” por un escritor del “Morning Post”, y de “ilotas borrachos” (con una intención que siempre se me ha escapado) por Arthur Waugh.

T.S. Eliot, Función de la poesía y función de la crítica
(trad. J. Gil de Biedma, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1968)

Un poeta desencantado

sábado, 22 de noviembre de 2008

PASEANDO CON LOVECRAFT

Tarifas de corrección



H.P. Lovecraft





Caspar David Friedrich










ANÉCDOTAS DE LA VIDA DE LOVECRAFT


De este modo, Lovecraft se convirtió en escritor para otros... La mayor parte de su trabajo de “revisión” consistía meramente en corregir errores de máquina, de puntuación y de ortografía, con alguna mejora de estilo. Pero a veces, cuando un relato despertaba su imaginación, reescribía el texto entero, utilizando sus propias ideas. Sus tarifas al principio solían ser más o menos de un octavo de centavo por palabra.
(...)
Por último, una tienda de restos de fábrica le vendió un traje marrón decoroso, con un pantalón extra por 11,95 dólares. Arthur Leeds le había enseñado muchas argucias, como recurrir a tiendas de restos de fábrica, o comprar un sombrero de paja a final de temporada, por casi nada.
Lovecraft se sintió encantado de que la patrona del 169 de Clinton Street, Mrs. Burns, fuera inglesa. Le gustó menos cuando se enteró de que tenía la británica costumbre de tener baja la calefacción de la casa. También solía apagar el calentador del agua durante las horas en que muy poca gente se baña o se afeita. Y cuando Lovecraft se compró una estufa eléctrica, le prohibió utilizar el aparato porque subían demasiado los recibos de la luz.


Así que el tiritante Lovecraft se dispuso a comprar una estufa de petróleo. Por la actividad que desplegó en la elección, compra e instalación de la estufa, uno podía creer que estaba construyendo una nave espacial. Cuando tuvo ya la estufa, no obstante, le sirvió al menos para calentarse las latas de judías, de estofado y de espagueti.

De abril hasta julio, Lovecraft estuvo preocupado con los ratones. Puso cepos y cogió varios. Cuando cogía uno, lo arrojaba con cepo y todo:

Desde que te escribí he atrapado dos “invasores” más, en cada caso me he deshecho del cepo también. Total, cuestan cinco centavos los dos y no tienes que ocuparte de los detalles repulsivos, ¡cuando puedes ahorrártelos a 2 ½ centavos por cada experiencia!


Sprague de Camp, Lovecraft
(trad. Fco. Torres Oliver, Ed. Alfaguara, Madrid, 1978)


UN POEMA DE LOVECRAFT

LA VENTANA

La casa era vieja, con alas caprichosamente enmarañadas
cuya disposición nadie conocía a ciencia cierta,
y en una pequeña estancia hacia la parte trasera
había una extraña ventana cegada con piedra antigua.
Allí, en una infancia atormentada por los sueños, solía ir
siempre solo cuando reinaba la noche vaga y negra,
apartando telarañas con una curiosa falta de miedo
y sintiéndome cada vez más maravillado.

Más tarde, llevaría allí a los albañiles
para descubrir qué vista habían rehuido mis lejanos antepasados.
Pero cuando perforaron la piedra entró impetuosa
una ráfaga de aire del vacío ignoto que se abría al otro lado.
Entonces huyeron..., pero yo me asomé y encontré desplegados
todos los mundos salvajes que me había revelado mis sueños.

H.P. Lovecraft, Hongos de Yuggoth, y otro poemas
(trad. J.A. Santos/S. Tribaldos, Ed. Valdemar, Madrid, 1994)

Nota. Lovecraft escribió centenares de artículos y cartas, y corrigió y reescribió innumerables artículos y relatos para un círculo de periodistas y novelistas aficionados. Éstos publicaban en periódicos y revistas no profesionales, pero que tenían sus propias asociaciones rivales como la “National Amateur Press Association”, la “United Amateur Press Association”, la” Providence Amateur Press Club”, cada una de las cuales disponía de su periódico o revista. También Lovecraft fundó su propia revista, “The Conservative". Pese a sus necesidades económicas, Lovecraft se consideraba un escritor de condición pura, aristocráticamente “amateur”, y enviaba gustosamente sus prosas y poemas a esas publicaciones, e incluso a veces –como buen caballero- se olvidaba de cobrar sus honorarios como corrector de estilo de los otros autores aficionados. En ciertas ocasiones corregía tanto el texto, que devolvía a su autor un relato nuevo, completamente distinto. Otra de sus manías, era visitar siempre las ruinas y cementerios de los pueblos y ciudades que visitaba, en busca de vestigios que dieran vida póstuma a sus relatos. Asimismo, en caso de mudanza, se llevaba siempre consigo los muebles de su infancia, de madera noble, los arrastraba de una vivienda a otra con los consabidos problemas de traslado y espacio. Se casó con Sonia Greene, modista pero también escritora amateur afiliada al "Blue Pencil Club", asociación neoyorkina de periodistas aficionados. Sin embargo, se dice que Lovecraft en realidad casi siempre hizo vida de soltero.
Como curiosidad bibliográfica, decir que la Ed. Seix Barral publicó en 1967 la novela de Lovecraft, "En las montañas de la locura", traducida por el escritor cubano Calvert Casey, que se suicidaría dos años después ( autor de "Memorias de una isla" y "Notas de un simulador", Montesinos Ed.).

AT

¿HABRÁ ALGÚN INSECTO ESCONDIDO EN LA CÚPULA DE MIQUEL BARCELÓ?

El otro Barceló














Marcel Duchamp, Escultura muerta (con dos insectos)






















EL DESEO DE CREAR FORMAS

Nadie negará la profunda relación mutua que existe entre el artista y la comunidad. El artista depende de ella: su tono, su tempo, su intensidad, las extrae de la sociedad de la que forma parte. Pero el carácter individual de la obra que el artista crea depende de algo más; está vinculada a un decidido deseo de “crear formas”, que es un reflejo de su personalidad, y no existe obra de arte significativa si no se produce este acto de deseo creador.

Herbert Read, El significado del arte
(trad. José de Castro, Col. Novelas y Cuentos, Madrid, 1973)
...............................

EL VIAJE

Por su contenido, su forma y su lenguaje, Le Voyage (Baudelaire) es el poema de un momento de transición social. Un aire de decadencia recorre el mundo burgués. Bajo la riqueza se abre el vacío; bajo la pasión, el tedio. ¿Qué hacer? ¿Quedarse o partir hacia lo desconocido? ¿Permanecer inmóvil o avanzar penosamente? El romántico Baudelaire llama a la muerte. El rebelde Baudelaire quiere la victoria de lo Nuevo sobre la nada. Por el tema, la forma y el lenguaje de su poesía, Baudelaire reacciona subjetivamente ante una situación social real.

Ernst Fischer, La necesidad del arte
(trad. J. Solé-Tura, Ed. Península, Barcelona, 1973)
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Un dematí marxem, amb l’ànima abrandada,
el cor ple de rancúnia, d’amargs desigs bastards,
i anem, seguint el ritme d’onada rera onada,
gronxant l’infinit nostre sobre el finit dels mars.

Charles Baudelaire, El viatge
(Les flors del mal, trad. Xavier Benguerel, Ed. del Mall, Barcelona, 1985)


En defensa del Colectivo de Artistas Damnificados

Firmado: El Espadachín Enmascarado

viernes, 21 de noviembre de 2008

TIEMPO DE DESTRUCCIÓN











YouTube - El proceso 13/13




Edvard Munch, Angustia

I. Transporte de cuerpos y espíritus

Junto a mí había ido durante todo el viaje, aprisionada como yo entre un cuerpo y otro, una mujer. Nos conocíamos hacía muchos años y la desgracia nos había golpeado a la vez, pero poco sabíamos el uno del otro. Nos contamos entonces, en aquel momento decisivo, cosas que entre vivientes no se dicen. Nos despedimos, y fue breve; los dos, al hacerlo, nos despedíamos de la vida. Ya no teníamos miedo.

Primo Levi, Si esto es un hombre
(trad. P. Gómez Bedate, Muchnik Ed., Barcelona, 1987)

II. La banalidad del mal

Fue como si en aquellos últimos minutos resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.
(...)
También comprendo que el subtítulo de la presente obra puede dar lugar a una auténtica controversia, ya que cuando hablo de la banalidad del mal lo hago solamente a un nivel estrictamente objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que en el curso del juicio resultó evidente. Eichmann no era un Yago ni era un Macbeth, y nada pudo estar más lejos de sus intenciones que “resultar un villano”, al decir de Ricardo III. Eichmann carecía de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria diligencia en orden a su personal progreso. Y, en sí misma, tal diligencia no era criminal; Eichmann hubiera sido absolutamente incapaz de asesinar a su superior para heredar su cargo. Para expresarlo en palabras llanas, podemos decir que Eichmann,
sencillamente, no supo jamás lo que se hacía.

Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén (Un estudio sobre la banalidad del mal),
(trad. C. Ribalta. Ed. Lumen, Barcelona, 1999)

III. Sobre “la banalidad del mal”, o el mal ejecutado por hombres corrientes, respondió así Jean Améry (seudónimo francés del ensayista austríaco Hans Mayer) a Hanna Arendt

No existe, pues, la “banalidad del mal”, y Hanna Arendt, que se refirió a ello en su libro sobre Eichmann, conocía al enemigo del hombre sólo de oídas y lo observaba sólo a través de la jaula de cristal.
(...)
Pero en el mundo de la tortura, el hombre subsiste sólo en la destrucción del otro. Una ligera presión con la mano provista de un instrumento de suplicio basta para transformar al otro, incluida su cabeza, donde tal vez se conservan las filosofías de Kant y Hegel y las nueve sinfonías completas y El mundo como voluntad y representación, en un puerco que grita estridentemente de terror cuando lo degüellan en el matadero. El torturador mismo puede entonces, cuando ha ejecutado todo, expandiéndose en el cuerpo del prójimo y extinguiendo cuanto le quedaba de espíritu a la víctima, fumarse un cigarrillo o desayunar o, si tiene ganas, ensimismarse en la lectura de
El mundo como voluntad y representación.
Cuando se cansaron de torturarme, aquellos tipos de Breendonk se contentaron con unos pitillos y seguramente dejaron en paz al viejo Schopenhauer. Pero no por este motivo, el mal que me infligieron era banal. Eran, si se quiere, estólidos burócratas de la tortura. Pero eran también algo más...

Jean Améry, Más allá de la culpa y la expiación
(trad. E. Ocaña, Ed. Pre-Textos, Valenca, 2004)

IV. El día después y los pasos

Por mucho que escuchara, siempre hablaban de lo mismo, la libertad, pero no decían ni una palabra de la sopa. Yo estaba, por supuesto, muy contento de que fuéramos libres, pero no podía evitar pensar que el día anterior no había ocurrido nada por el estilo, pero teníamos sopa.
(...)
“De todas formas –añadí- yo no me di cuenta de que eran horrores”. Se quedaron muy sorprendidos con mi respuesta y me preguntaron cómo debía interpretarse eso de que “no me di cuenta”. Entonces les pregunté qué habían hecho ellos en aquellos “tiempos difíciles”. -“Pues... vivir”, dijo uno. –“Intentar sobrevivir”, dijo el otro. Claro, observé, habían dado una paso tras otro. Querían saber qué significaba eso de los pasos, y yo les conté cómo se hacía eso en Auschwitz. Había que calcular más o menos –les dije, añadiendo que tampoco conocía los números exactos- unas tres mil personas por tren. De ellas, por ejemplo, mil hombres. Sin contar las personas que estaban al principio y al final de la cola, había que calcular un segundo o, como máximo, dos para cada examen de aptitud. Entonces, para los que nos encontrábamos hacia la mitad, como yo, había que calcular una espera de diez o veinte minutos hasta llegar al punto donde se decidía si íbamos al gas enseguida o nos quedaba de momento cierta posibilidad de seguir con vida. Entretanto, la cola se movía, avanzaba sin parar, todos íbamos dando pasos, más grandes o más pequeños, dependiendo de la velocidad del procedimiento.

Imre Kertész, Sin destino
(trad. Judith Xantus, Acantilado Ed., Barcelona, 2001)

V. Un cuenco de sopa

El pan, la sopa, era toda mi vida. Era un cuerpo. Tal vez menos aún: un estómago hambriento. Y sólo el estómago sentía pasar el tiempo.
(...)
De vez en cuando se me ocurría soñar. Con un poco de sopa. Con un suplemento de sopa.
(...)
Como no teníamos permiso para inclinarnos, cada uno había sacado su cuchara y comía la nieve acumulada sobre la espalda del vecino. Un bocado de pan y una cucharada de nieve.

Elie Wiesel, La noche, el alba, el día
(trad. Fina Warschaver, Muchnik Ed., Barcelona, 1975)

AT





jueves, 20 de noviembre de 2008

EL TEJIDO DE LAS PALABRAS, II

Edward Gorey, Amphigorey (El ala oeste)

ARETUSA ES UN LUGAR

Silencio. Su presencia da valor a su contrario, marca una cadencia, un ritmo, un tempo. En música el silencio es una nota que no se ejecuta. Se podría decir, entonces, que el silencio es una palabra que no puede decirse a sí misma. Una palabra que se define por una ausencia.

Entrelazada en las junturas del silencio, la palabra toma forma, se alza y significa. El silencio pasa a ser tamiz, si pensamos el lenguaje como un tejido, o podemos llamarlo red y la palabras son los hilos que lo forman.

El lenguaje es lo que somos. Tiene nuestra única certeza.

Es lenguaje es un continuo intento de encontrarse con otro. Un puente de palabra a palabra, y así con los silencios. Cada palabra es una, tiene su peso, escogió estar allí, quien la dejó escrita, quien la cantó o la dijo sabía que era ésa y el fino hilo del silencio, a veces un silencio amplio.


Es la misma ausencia que nos ronda, la muerte del sonido. Pero es ahí donde se engendran nuevas voces, ciclo eterno de la vida-muerte-vida. Cualquiera que faltase, y seríamos otros.
Silencio y palabra dejan de ser opuestos. En el lenguaje oral y escrito. En ellos, nosotros con nuestra era y nuestros muertos, los vivos, la vida de hoy, la cotidianeidad donde el lenguaje ya no es esa mole estática de siglos, sino que cambia de manera continua.


Entonces, ¿cómo decir el silencio y la palabra en este tiempo de ruidos y fantasmas? ¿Dónde encontrar el sitio de unión, el puente que permita el cruce?

Primero se pintó y luego se cantó. La imagen que lleva a la música, la música vierte en lenguaje, representaciones de la canción. Durante el canto, el silencio.

Podría ser la poesía ese lugar. Viejo como nosotros en el presente.

La poesía registra nuestro paso. Intenta acercarse al mundo que se ha abierto y dejado una marca.


Dice también lo que callamos. Es entonces cuando más nos dice. Se pregunta acerca de sí misma, nos interpela. A través de ella, podemos intentar emprender algún camino de regreso a ese pasado, con la sangre y los huesos, y ser conscientes de nuestra humanidad.

Primero se pintó. Se cantaron las pinturas. El lenguaje es palabra y silencio vertidos en imágenes.
El lenguaje de las imágenes es una representación que nos refleja. Las imágenes llegan en silencio, cuando se les da espacio y tiempo.


La poesía es un lugar donde, a través de la imagen, silencio y palabra conforman un elemento vivo, a la que vez que siguen existiendo como silencio y palabra.

En el texto poético es posible la unión sin la pérdida de unidad y, tal vez, sea el único sitio donde nos permitimos ser libres.

La poesía se interroga, decía, nos interpela porque nos enfrenta a nosotros. En el cruce de lo que expresamos y lo que es silencio, nos deja sin respuestas.

En tiempos donde la incerteza no tiene lugar y todo semeja control y orden, el lenguaje nos muestra lo que somos. A través del discurrir poético, a través del símbolo, nuestra existencia real toma forma. Lo que dice es lo que somos, lo que hemos creado. Dice nuestro tiempo, nuestros miedos. Lo que es un murmullo de golpe, lo dice a voces. La poesía nos permite sentir con la intensidad de nuestros orígenes y transmitirlo en el presente.

Nuestra lengua es símbolo y abstracción. La poesía trabaja desde ahí, sabiendo que su materia prima es ante todo representación de un objeto o de una emoción.

A la velocidad con la que está cambiando la forma de comunicación pareciera imperativo el uso de un lenguaje despojado. Abreviado. Pareciera que con eso bastase.

Cambia el soporte y pueden existir fusiones, pero lo que cambia son las formas de comunicación, no nuestro pensamiento.

Una escritura donde el silencio denote la falta de red con la que vivimos, y que esa falta de red sea sacada a la luz por la palabra, es necesaria para no dejar de preguntarnos quiénes somos y quiénes hemos sido. El trabajo poético siempre nos recuerda que seguimos siendo los mismos. Nos enfrenta a esa realidad.

Una poética donde cada elemento que conforma un texto sea complementario del otro, sería pensar en una poética que remite al mito de Aretusa. Era ella una joven ninfa que, sin quererlo, enamoró al dios de un río que quiso tomarla por la fuerza. La joven ninfa pidió a los dioses ayuda y éstos la transformaron en fuente de agua, de la que ese río empezó a nutrirse. Aretusa entonces viajaba en las aguas del río, fertilizándolo, pero sin perderse a sí misma.

El trabajo poético debe ir por el río del lenguaje buscando, entre palabras y silencios, la imagen oculta de Aretusa.

Ximena Holzer

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Marcel Proust / EL TEJIDO DE LAS PALABRAS, I

Marcel Proust en Venecia

















Albert Marquet, La playa de Fécamp

YouTube - Marcel Proust


PREFACIO

En realidad, como ocurre con las almas de difuntos en ciertas leyendas populares, cada hora de nuestra vida se encarna, y se oculta en cuanto muere, en algún objeto material. Queda cautiva, cautiva para siempre, a menos que encontremos el objeto. Por él la reconocemos, la invocamos, y se libera. El objeto en donde se esconde –o la sensación, ya que todo objeto es, en relación a nosotros, sensación-, muy bien puede ocurrir que no lo encontremos jamás. Y así es cómo existen horas de nuestra vida que nunca resucitarán. Y es que este objeto es tan pequeño, está tan perdido en el mundo, que hay muy pocas oportunidades de que se cruce en nuestro camino. Hay una casa de campo en donde he pasado varios veranos de mi vida. He pensado a veces en aquellos veranos, pero no eran ellos. Había grandes posibilidades de que quedaran muertos por siempre para mí. Su resurrección ha dependido, como todas las resurrecciones, de un puro azar.

Marcel Proust, Ensayos literarios, I.
(trad. José Cano, Alianza Ed., Madrid, 1970)


LA SEGUNDA MIRADA, EL SEGUNDO RECUERDO

Es sabido que Proust no ha descrito en su obra una vida tal y como ha sido, sino una vida tal como la recuerda el que la ha vivido. Pero incluso esto se ha dicho de una forma imprecisa y excesivamente burda. Porque aquí lo fundamental para el autor que rememora, no es lo que ha experimentado, su experiencia, sino la misma forma de tejer el recuerdo, el trabajo de Penélope al hacer memoria.

Walter Benjamin, Sobre una imagen de Proust
(Assaigs de literatura contemporània, trad. Pilar Estelrich, Columna Ed., Barcelona, 1981)



DEL CALENDARIO DE LOS HECHOS AL CALENDARIO DE LOS SENTIMIENTOS

Su indiferencia al separarse de Albertine al final de una jornada en Balbec, se transfoma en la más horrible de las ansiedades a causa de una simple observación que ella dirige a su tía o a una amiga: “Entonces, mañana a las ocho y media”. El acuerdo tácito de que el futuro puede ser controlado queda destruido. El acontecimiento futuro no puede ser examinado, sus implicaciones no pueden ser comprendidas, hasta que se encuentre definitivamente situado y se le asigne una fecha.

Samuel Beckett, Proust
(trad. B. Álvarez, Ed. Península, Barcelona, 1989)


Fanfan la Tulipe




La Capilla Sixtina de Miquel Barceló





¿TRADICIÓN Y VANGUARDIA DESDE LAS CUEVAS DE ALTAMIRA A LAS "COVES D'ANDRATX"?



¿Fondos públicos & Fondos privados incitan a la corrupción del espíritu del arte, consagrando la mera decoración del espacio?


¿Nuevos Valores Decorativos en los escaparates del mercado, patrocinados por los poderes públicos?


¿Y los murales de Diego Rivera, feroces aunque también patrocinados?


¿La necesidad del arte, dónde?= Cotización a la baja.



La víctima, ¿el artista? ¿El público? ¿Nadie? ¿Godot y la cantante calva?



Firmado: Cueva de artistas damnificados

martes, 18 de noviembre de 2008

ALGARABÍA EN EL PUERTO

Cesare Pavese




















François Desnoyer, Escalas (1940)

YouTube - Karen Dalton Tribute


POÉTICA*

El muchacho se ha percatado de que el árbol vive.
Si las tiernas hojas se abren a la luz
por la fuerza, desgarrando sin piedad, la dura corteza
debe sufrir mucho. Sin embargo, vive en silencio.
Todo el mundo está cubierto por plantas que sufren
bajo la luz, y ni siquiera se oye un suspiro.
Es una luz tierna. Ignora el muchacho
de dónde procede, y anochece; pero los troncos destacan
sobre un fondo mágico. Dentro de poco habrá oscurecido.

El muchacho –hay quien sigue siendo un muchacho
por tiempo excesivo- que se asustaba de la oscuridad,
va por la calle y no repara en las casas ensombrecidas
por el crepúsculo. Inclina la cabeza a la escucha
de un lejano recuerdo. En las calles, desiertas
como plazas, se acumula un pesado silencio.
El transeúnte podría estar solo en un bosque,
donde los árboles fuesen enormes. La luz
con un escalofrío recorre los faroles. Las casas
ofuscadas se vislumbran entre el vapor azulado,
y el muchacho levanta la vista. Aquel silencio lejano
que agarrotaba el aliento del transeúnte, ha florecido
en la luz inesperada. Son los antiguos árboles
del muchacho. Y la luz es el embrujo de entonces.

Y, por el diáfano círculo, alguien comienza
a pasar en silencio. Por la calle, nadie
revela jamás la pena que le roe la vida.
Caminan apresurados, como abstraídos en su andar,
y grandes sombras se bambolean. Tienen rostros surcados
y ojeras dolientes, pero nadie se queja.
A lo largo de toda la noche, en la luz azulada,
deambulan como en un bosque, entre casas infinitas.

Cesare Pavese
(Poesía, trad. C. José i Solsona, Ed. José Batlló, Barcelona, 1986)

*Italo Calvino, en la nota correspondiente a este poema, señala que éste fue uno de los 16 poemas escritos por Pavese durante los siete meses de su confinamiento político en Brancaleone ( de agosto de 1935 a marzo de 1936).


AT

Emmylou Harris - C'est la vie/Tardes de radio


YouTube - Emmylou Harris - C'est la vie











Fotografía: Ollé, Tardes de radio



La Cenicienta

HEREJÍAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ


Dibujo original de san Juan de la Cruz







AL FINAL DE LA ESCALERA,
ARRIBA,
¿HAY ALGUIEN ESCONDIDO?




Cosa es digna de espanto lo que pasa en nuestros tiempos, que cualquiera alma de por ahí, con cuatro maravedises de consideración, si sienten algunas hablas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y suponen que es así, diciendo: “Díjome Dios”, “Respondióme Dios”. Y no es así, sino que ellas mismas se lo dicen y ellas mismas se lo responden, con la gana que tienen de ello.

San Juan de la Cruz, Avisos y sentencias espirituales

Una monja portuguesa

lunes, 17 de noviembre de 2008

UNA HISTORIA SUFÍ

Râbi'a, la Gran Santa Sufí de Basora (miniatura india)

















Un día la gente vio a Râbi'a corriendo apresurada con una antorcha en una mano, y un cubo de agua en la otra; le preguntaron:

-Señora del Otro mundo, ¿adónde vas? ¿Qué andas buscando?

Y ella contestó:
-Voy al cielo. Quiero prender fuego al Paraíso y apagar el fuego del Infierno.
Así, Infierno y Paraíso desaparecerán y sólo quedará Aquel al que se busca.


Râbi'a al-'Adawiyya (mística sufí, s. VIII)
(trad. Mª. Tabuyo Ortega, J.J. de Olañeta Ed., Palma de Mallorca, 2006)

Heterodoxo Menéndez Pelayo

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA, II


Pau Maragall, Home i cadira (1973)


YouTube - Bob Dylan - Ballad of a Thin Man (NDH - Full Audio)


Quién pudiera
lanzar a gran altura
el mundo
para que el viento
pasara a través de parte a parte.

Hilde Domin, Quién lo pudiera
(Poemas, tra. H.L.Davi, El Bardo, Barcelona, 2002)


El Jinete anterior

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA

Van Gogh, Rueda de presos


Bajo el sol de mediodía,
azada y cereales empapan de sudor la tierra.

Ante el tazón servido,
¿quién conoce de cada grano toda la pena?

Li Shen, Compasión (Dinastía Tang, 772-846)

(La pagoda blanca, trad. G. Dañino, Ed. Hiperión)

..................................

Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?

Bertolt Brecht, El cambio de rueda (1953)

(Poemas y canciones, trad. J.López Pacheco y V. Romano, Alianza Ed.)

El Jinete del Antifaz


domingo, 16 de noviembre de 2008

27 DE SEPTIEMBRE, LA NARRACIÓN DE UN DÍA


Seraphine Louis, El árbol del paraíso (1929)

[En 1935, Maksim Gorki inició una empresa que tituló “Un día del mundo”. Su idea era que los escritores del mundo describieran con la mayor precisión posible un día de ese año, concretamente el 27 de septiembre. El proyecto no prosperó; sin embargo, en 1960 el periódico moscovita "Izvestia" recuperó la idea e invitó a participar a todos los escritores del Este. Christa Wolf aceptó la invitación y escribió su 27 de septiembre de 1960. Y, aunque el proyecto de Izvestia tampoco prosperó esta vez, Wolf no dejaría ya de escribir sus sucesivos 27 de septiembre. ¿Por qué lo ha hecho a lo largo de más de cuarenta? “No soy consciente de todas las causas que lo motivaron, pero puedo mencionar algunas: en primer lugar mi horror al olvido que, como he observado, se lleva consigo sobre todo la vida cotidiana, que tanto aprecio”, escribe en la recopilación de sus entradas, publicada en 2003. Uno de los libros más hermosos y honestos que he tenido la oportunidad de leer (Christa Wolf, "Un día del año (1960-2000)", trad. de Carmen Gauger, Galaxia Gutenberg, 2006).
Con Esmeralda Berbel y otras amigas nos propusimos escribir, este año, nuestro 27 de septiembre. Pero pongamos que ese día lo pasé en la "Pensión Ulises", en una habitación con vistas, y con mi diario en el escritorio ...]


Sábado, 27 de septiembre de 2008

Apenas he podido dormir. Los nervios del viaje me han tenido insomne, tensa, hasta muy tarde en la noche. A las siete ha sonado el despertador. Me levanto con la cabeza pesada y pienso que eso no es nada para lo que me queda por delante: un largo viaje hasta Guanajuato, México. Veinticuatro horas de trayecto y tres aviones. El accidente ocurrido en Barajas el pasado verano me dejó, definitivamente, sin ganas de volar. Qué diferencia con la emoción que sentía hace años cada vez que viajaba.

Miro por la ventana, ya no llueve, las calles están secas, apenas hay coches. Se nota que es sábado. Clarea lentamente. Sólo me da tiempo a tomar una taza de té. La buena noticia es que Oriol me acompaña al aeropuerto. Lo último que hago antes de subir a las salas de embarque es comprar pesos mexicanos. Un euro, trece pesos. Cuando llegue a DF. me daré cuenta de que ha sido un error: allí el euro se compra a diecisiete pesos. Mi despedida de Oriol está cargada de costumbre.

El vuelo a Madrid, sin incidencias. Pero ante el retraso en abrir las compuertas del avión la gente se pone nerviosa: tiene miedo a perder la conexión de sus vuelos. Constato una vez más que la terminal 4 de Barajas es enorme. Mi puerta de embarque es la U 58.

Ya instalada en el inmenso Airbus leo toda la prensa que cae en mis manos. La fotografía de la gran Meryl Streep llegando a San Sebastián para recoger su Concha de Oro ocupa la mayoría de las portadas, con su aspecto elegante y risueño. La sensación de dicha que emana de su rostro compite con los terribles titulares financieros del día. Me quedo con Streep. Ojalá que a los tiburones de Wall Street, que ahora chapotean en el charco de la Bolsa, se los llevara un tsunami hasta un lugar de regreso imposible. Pero ¿cuánto tiempo tardarían en salir nuevos tiburones, más ávidos de sangre inocente?

Pienso en México. Anoche tuve la alegría de recibir un último correo, antes de apagar mi ordenador definitivamente (hasta la vuelta), de Paco Solano (¿hay alguien que conozca mejor México?). Un correo tan tranquilizador que mis aprensiones se esfumaron. Me recomienda tomar un tequilita en El Gallo Pitagórico de Guanajuato.

Sigo en el Airbus. Tengo mi ventanilla ligeramente descubierta, a pesar de los ruegos de la azafata, empeñada en que el avión permanezca a oscuras. Me entra luz suficiente: los tonos naranjas del sol despiden una intensidad abrumadora. ¿Son los colores del atardecer? Pero todo el mundo duerme a mi alrededor (¿cómo lo consiguen?). Yo leo el Diario, de Katherine Mansfield, que no me impresiona como cuando lo leí más o menos a la misma edad en que ella lo escribió, y el libro de Paco, Bajo las nubes de México. También pienso en mis hijos, ya estoy echando de menos su conversación, sus cosas.


Llego a DF. sin novedad, no demasiado cansada, pero me quedan cuatro horas de espera antes de tomar el último avión a Guanajuato. Me siento en un confortable bar americano de cómodos sillones a esperar, y a pesar de lo tarde que ya es para mí (la una de la madrugada) tomo la mejor decisión. Empiezo la biografía de Lutero, de Lucien Febre, editada por el "FCE" y que acabo de comprar en una de las varias librerías que el "Fondo" tiene repartidas por el inmenso aeropuerto de DF. El libro me absorbe por completo y me sumerjo en las disputas religiosas del siglo XVI, reformistas contra papistas, olvidándome de todo.

Por fin sale el avión a Guanajuato. He perdido la noción del tiempo. En casa llevan horas durmiendo mientras aquí apenas son las nueve de la noche. Siete horas de diferencia que empiezan a pesar. Ya no leo en el avión. Sólo espero llegar a alguna parte y dormir. De pronto me cruza una sensación de pánico: no he traído conmigo ninguna referencia del lugar al que voy. No tengo teléfonos de contacto, ni la dirección del hotel, ni nada de nada. Si no me recogen en el aeropuerto de León –¿a cuántos kilómetros está, por cierto, de Guanajuato?- no sabré adónde ir. El miedo queda amortiguado por el cansancio. Por fortuna, al llegar me estarán esperando: la profesora Ana Alba, su marido y su hija pequeña. Todo en orden.

Último tramo del viaje: del aeropuerto de León a Guanajuato, unos 50 kilómetros. Cuando llegamos al hotel -se llama "Abadía Panorámico", en lo alto de la ciudad-, me doy cuenta de que no es un hotel para mí, demasiado inhóspito para pasar tantos días. Compruebo algo que observa Paco en su libro: las puertas y ventanas quedan peligrosamente abiertas, con las hojas sin encajar. ¡Qué corrientes de aire dentro y fuera de la habitación! Pero pensar en eso queda para mañana. Bajo al vestíbulo otra vez y me despido de Ana. Después, me dejo caer en la cama y miro el cuarto detenidamente: hay los muebles justos (dos camas, una mesilla de noche, un escritorio y una silla), de estilo colonial, con cruces incrustadas en la madera. Lo más sorprendente es el brillante color de las paredes, pintadas en azul eléctrico y naranja. Azules y naranjas empiezan a dar vueltas en mi mente de la mano de un Lutero sedentario y bonachón, las sensaciones se confunden ...

Anna Caballé

Los Experimentos del Dr. Mallarmé


Jacques Villon, El escribiente











De acuerdo totalmente con el concepto de "sumas y restas" expuesto por JAC sobre el desarrollo de la estética (dejaremos la palabra "dialéctica" para otra ocasión).

Si bien habría que considerar también que, a lo largo de la historia de la estética, los modelos clásicos han sido sometidos a imitación -y no como homenaje a la obra original divina como querían Platón y Aristóteles-, sino como mero acomodo a las formas preestablecidas por la tradición. Y, aun cuando el espíritu vanguardista
-del que habla la "pensionista" JX- cayera por impotencia en la repetición de los modelos vanguardistas -ya clásicos también- del dadaísmo, surrealismo, música atonal, pintura abstracta, etc., siempre cabría argumentar que sólo llevan cien años escasos de repeticiones, en tanto que los escritores y artistas acomodaticios vienen plagiando o mareando las estructuras clásicas -no el espíritu- desde hace más de dos mil años de tradición (sin olvidar a los innumerables poetas chinos, a los místicos y poetas persas, sufíes, etc.) Una estimable diferencia de tiempo en el proceso de las repeticiones estéticas.

AT







sábado, 15 de noviembre de 2008

Experimentación

Algunos residentes —¿será mejor llamarlos pensionistas?— de este sitio han manifestado su insatisfacción por el hecho de que la literatura del presente haya renunciado a experimentar. Es un sentimiento que, como tal, comprendo y comparto; pese a que su formulación me chirría. ¿Es exactamente la experimentación —la vanguardia— lo que se echa en falta? Cabe pensar, entonces, que «vanguardia» no sea lo que es, una actitud artística propia de una parte del siglo XX, sino un término más global que signifique algo así como: el arte y la literatura nunca antes visto o leído. En ambos casos, sin embargo, las condiciones que se le exige al escritor —experimentar, ser vanguardista o crear un arte nunca visto— apuntan hacia un arte y una literatura epigonal. Es decir, la repetición de un arte y de una visión artística que ya ha existido. Si el arte ha de ser vanguardista: o el término «vanguardista» no significa nada, y entonces no se afirma nada, o el aserto significa: el arte ha de ser la repetición de un gesto consolidado por la historia del arte: como fue la vanguardia.

La formulación de esta inquietud por parte de algunos pensionistas no me parece correcta; sin embargo, sentimentalmente estoy con ellos. Hay algo que no resulta satisfactorio en el arte del presente, y aunque se parece mucho a lo que hizo la vanguardia, en modo alguno puede ser repetir la vanguardia. Voy a tratar de expresarlo mejor (sin estar seguro de conseguirlo).

El arte (y la literatura) se pueden construir sumando y restando. Se suma al incorporar —de manera consciente o inconsciente— gestos, maneras, hábitos artísticos de otros momentos o autores. No es un procedimiento con valor en sí mismo: los renacentistas incorporaron la tradición clásica para potenciarse a sí mismos —de qué manera y con qué originalidad— y los neoclásicos hicieron lo mismo para poco más que copiar. Se resta al despojar en la obra personal cualquier referencia, motivo, gesto o manera que a uno le recuerde obras de maestros que ha admirado. En general cabría decir que el artista trabaja con sumas y restas, y que en ese diálogo es donde descubre su propia personalidad. El equilibrio entre las influencias que incorpora y los gestos o el estilo personales da la medida de satisfacción de una obra artística.

Vayamos ahora al presente. A la que un observador almacene un pequeño capital de experiencia artística y literaria, se dará cuenta de que la mayor parte de las obras del presente, aquellas que le dejan insatisfecho, se realizan por el proceso de adición más descarado. Muchos libros y exposiciones suenan al popurrí final de una orquesta de fiestas patronales. Pero tal vez no es eso lo que realmente deje insatisfecho, pues convierte la lectura en un pasatiempo bastante entretenido: descubrir los hipertextos mentales con los que el autor ha construido su fábula. Lo realmente desazonador de la literatura, y del arte, de una buena parte de nuestro presente es la ausencia absoluta de la actitud de resta. La impresión de que el autor en ningún momento ha querido despojar a su trabajo de cuanto en él está formado por materiales ajenos. Sólo suma —rápida adición para construir contrarreloj—, nunca reposada resta: esto tal vez sea lo que algunos pensionistas denominan falta de experimentación. Experimentar sería entonces el acto el despojar al trabajo propio de los ecos que han entrado en él —ecos de época, de autores, de citas, de clásicos, de vanguardistas, de conocidos, de recónditos, copiados a propósito o inconscientemente...—. Eso es lo que yo echo de menos, esta experimentación. Esta actitud ética ante la estética.

JAC

viernes, 14 de noviembre de 2008

MEMORIAS A DEBATE, II (Giménez-Frontín y la ciudad)

Mª. del Mar Bonet y Jaume Sisa con el "Grup de Folk", en los años sesenta
(Parc de la Ciutadella, Barcelona)


UN RETRATO DE LOS TIEMPOS

Uno de los aspectos más interesantes que se ofrece al lector de autobiografías y memorias es la posibilidad de inferir, con cierto conocimiento del asunto, la relación que el autobiógrafo mantiene consigo mismo, a partir de la forma en que construye su perspectiva de los diferentes personae que habitan y han habitado en su cabeza y con los que está obligado a convivir. Que no somos de una pieza, que el sujeto se ve obligado a mantener a raya a múltiples yoes generados en su larga relación con los demás, con el mundo, fue suficientemente estudiado por Carlos Castilla del Pino (Teoría de los sentimientos, 2000). Pero importa decir que la escritura autobiográfica renueva y vivifica el postulado intelectual constantemente. Tal vez no haya tema más apasionante de análisis que la observación reiterada, nunca fatigosa, de esa apertura de compás que el autobiógrafo traza respecto a sus múltiples identidades en el pasado, las líneas de fuga que, en conjunto, dibujan una silueta definida: el sentido que da a su propia experiencia, en su dimensión más pública (memorias), o privada (autobiografía).


El prólogo a Los años contados, del escritor José Luis Giménez-Frontín, plantea honestamente esta cuestión: expone su temor a perder la perspectiva, abandonarse a la infatuación y a la puesta en escena interesada de sí mismo. La resuelve, con un punto de comodidad, proponiendo al lector un “retrato de los tiempos”. Opta pues por el formato de las memorias. Pero siempre es el tiempo de las memorias, escrituras a medio camino entre la agitación de la actualidad y el frío de la Historia.

La horquilla biográfica que se propone al lector va de un recuerdo borroso de un niño en una cuna con barrotes de color marfil hasta su cese como director de una importante fundación cultural, pasando por lo que él llama una última vuelta de tuerca a su texto (capítulo 70), donde critica las inercias contraídas por la generación de la lucha antifranquista, su generación: “Éramos expertos en mirar siempre hacia otro lado. Pequeños maestros de la impostura, eso es lo que éramos”. Porque, en efecto, los tiempos permitían condenar duramente la disidencia soviética, mientras se aceptaba la megalomanía de una supuesta razón de Estado, como planteó en su día Martin Amis en Koba el Terrible. Giménez- Frontín dice sentirse ahora muy alejado de los partidos políticos. El único que podría representarlo es un partido sin ansia de poder, un partido que no tiene himno ni bandera. Es el de Giner de los Ríos, María Zambrano, Isaias Berlin, Albert Camus, Hannah Arendt, Nina Hagen-Thorn. Ya ven que no es un partido cualquiera: es el de quienes siempre defendieron el entendimiento y la libertad, costara lo que costase. (Ahora lo que cuesta es tunear el coche de Ernest Benach).

En Los pasos contados, Giménez-Frontín recorre muchos pasajes que forman parte ya de un imaginario memorialístico (catalán, burgués y castellanohablante) muy establecido y, sin embargo, siempre matizable: los jesuitas de la calle Caspe, el veraneo en Caldetas, después en Cadaqués, los estudios en la activa Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, la rebeldía marxista, la bohemia generacional de los sesenta, el antifranquismo. Pero ahí empiezan las divergencias del autor, siempre suavizadas por una prosa que aspira a hacer atestado de sí mismo. Su llegada a Bristol en 1971 y el contacto con la juventud inglesa, entonces a la vanguardia de Europa, marcó un antes y un después en la configuración de su mundo personal y literario, atraído desde entonces por la filosofía oriental y el conocimiento de las construcciones simbólicas (léase Woodstock road en julio, de 1996).

El punto de comodidad al que me refería está relacionado con el descarte del autor de aquellos aspectos pertenecientes a su educación sentimental, apenas insinuada. Aunque la opción sea coherente con la elección del modelo memorialístico (que atiende a los orígenes, la formación, los grados de compromiso, los cambios), es de lamentar que no incluya el tanteo de la intimidad. Se nos dice, en el único capítulo irritado del libro, que la actual exhibición pública y obscena de los sentimientos en el medio televisivo ha fagocitado su expresión, incluso literaria. ¿Cómo expresar “lo sentimental” de un modo no gastado? se preguntaba recientemente Julián Rodríguez en Cultivos. Es un tema que reclama un debate en profundidad y en el que debería implicarse toda la sociedad española. Mientras tanto, entiendo que la observación de Giménez -Frontín es un refugio, no una explicación. Pero el “pacto memorial” es otro, menos preocupado por la introspección que por un deseo de conservación. Y aquí el autor de Los años contados acierta plenamente.


Anna Caballé