miércoles, 1 de octubre de 2008

La exigencia estética como exigencia ética. (Esto no es un manifiesto)

Al exponer que demasiados escritores actuales escriben como a finales del siglo XIX, no se está defendiendo "lo nuevo por lo nuevo", sino que el escritor tiene también la obligación de investigar en la forma. Un contenido de tristeza, de dolor, de soledad, expresado a través de frases, imágenes y metáforas antiguas, más propias de otro siglo, ¿acaso no significa también una desidia artística, una falta de "experiencia poética", como diría Eliot? ¿Y cómo se consigue esa experiencia? Conociendo las otras formas que han sido investigadas por los creadores más arriesgados, aquellos que, después de valorar a los clásicos, después de apropiarse de las obras de los siglos precedentes e incluso de imitarlas durante un tiempo (tiempo de juventud), se ven, ahora, en la madurez, en la obligación estética de situarse en el límite de las formas conocidas, cruzar más allá y adentrarse en el dominio de lo nuevo.
¿Por qué de lo nuevo? De lo nuevo, de lo desconocido, de lo no plasmado aún, concebido como una exigencia ética del creador. La exigencia estética, pues, considerada como una exigencia ética, ya que el creador debe, ante todo, como investigador de formas y contenidos, penetrar en la luz y en la sombra de las nuevas formas. No limitarse, en suma, a la mera expresión adecuada, embellecida, de sus sentimientos y pensamientos, sino exigirse algo más, una investigación de los propios contenidos mediante unas formulaciones más arriesgadas: la búsqueda de otras formas estéticas para esos contenidos. ¿Por qué el creador debe ser también investigador, como pedía J.V. Foix? Por pura necesidad dialéctica en el mundo de la creación. Crear es aportar, revelar algo no revelado hasta entonces. ¿Cómo distinguir lo ya revelado de lo no revelado, de lo que está aún por revelar, o bien de lo que ya está en proceso de revelación estética? Sólo a través de la forma, ya que sólo en casos muy particulares los temas son realmente nuevos. Por ejemplo, la defensa del crimen en los tratados amatorios del marqués de Sade, la revolución dadaísta y surrealista, Kafka, James Joyce, T.S. Eliot, Virginia Woolf, César Vallejo, los heterónimos de Pessoa, la poesía y el teatro de Brecht, la narrativa y la poesía de los escritores judíos que sobrevivieron al holocausto, la vida y la obra subversivas de Jean Genet, el "vicio absurdo" de la muerte y del suicidio en Pavese..., en la obra de cada uno de esos escritores hay un tema profundo, misterioso en su particularidad, incluso un mundo excepcional en algunos de ellos, pero sólo por la "forma" destacan soberanamente unos sobre otros. "El alma y las formas", como dice un ensayo de György Lukács.
Se da ya, en estos ejemplos o "casos" literarios, la forma consumada, soberana, que se ha convertido en estilo. Y esa forma surge de una exigencia estética que, a su vez, procede de una exigencia ética o espiritual. En definitiva, la forma no es, valga la redundancia, una mera cuestión formal, sino también una exigencia ética: el escritor debe ser también investigador, creador de formas nuevas, ya que sólo así podrá participar realmente en la dialéctica de la creación. Lo contrario, no serán sino penas y soledades envueltas en formas convencionales, según la tradición. Formas usadas, técnicas que vienen de otro siglo, ligeramente edulcoradas para hoy, día de fiesta, que serán consumidas en grupo o ateneo después de los postres. En suma, una falta de estilo, una creación muerta.
AT

2 comentarios:

cacho de pan dijo...

bienvenido(s)al mundo blog...
¡que lo disfrute(s)!

Sintagma in Blue dijo...

Parece que será una pensión muy agradable. Gracias por invitarnos a pasar.